Niños a la venta


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Esta tarde, la periodista Julia Otero se ha sobrecogido porque en la Italia de los años 40 se colgaban niños en columnas para su venta. Se suponía que eran niños que nadie quería y, por tanto, eran abandonados al mejor postor.

Julia Otero eliminó el tuit cuando supo que era un error. Esta es la imagen.
Julia Otero eliminó el tuit cuando supo que era un error. Esta es la imagen.

Una fotografía como la de arriba debería levantar sospechas antes de hablar. Por ejemplo, que esté escrito en francés «A vendre» y no en italiano. Pero hay más: ¿Se hacía de acuerdo con la ley o a pesar de ella? Si era en contra, ¿correspondía a una costumbre? Hay que tener cuidado cuando a la evidencia fotográfica le falta su pie. Pero sobre todo, hay que tener cuidado cuando desafía el sentido común.

1327587314-Saint-JustLa verdad la sacó el blog Hoax of Fame: Evidentemente, la fotografía es una postal; no es en Italia sino en Francia; y no son los años 40 sino 1904-1905. En la parte inferior izquierda de la pantalla se puede leer AS, que corresponde al editor francés Saint-Just, reconocible, además, por la flor de lis entre sus letras.

Hay más postales parecidas a ésta, desde luego, incluso a la venta más de 100 años después.

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Pero Otero se ha empeñado en error cuando le han señalado la posibilidad de estar equivocada.

Una cuenta anónima muy reputada que no se sabe de quién es. Corren buenos tiempo para el periodismo.

 

Por más democracia


 

La votación del Proyecto de Ley Orgánica por la que se hace efectiva la abdicación de Su Majestad el Rey Juan Carlos I de Borbón obtuvo 19 votos negativos. De ellos,

Los siguientes señoras y señores diputados, al emitir su voto negativo, dijeron:

La señora García Álvarez: Por más democracia, voto no.
El señor Garzón Espinosa: Por más democracia, voto no.
La señora Jordà i Roura: Por una república catalana, no.
El señor Lara Moya: Por más democracia, voto no.
El señor Llamazares Trigo: Por más democracia y por la república, voto no.
La señora López i Chamosa: Sí, que se jubile.
El señorNuet Pujals: Por más democracia, no.
La señora Ortiz Castellví: Por más democracia y derecho a decidir, voto no.
El señor Sixto Iglesias: Por más democracia y por la república, voto no.
El señor Tardà i Coma: Por la república catalana, voto no.
El señor Yuste Cabello: Por más democracia y el derecho a decidir, voto no.
El señor Bosch i Pascual: República catalana, o sea, no.
El señor Centella Gómez: Por más democracia, mi voto es no.
El señor Coscubiela Conesa: Por más democracia y derecho a decidir, voto no.
La señora De las Heras Ladera: Por más democracia, voto no.

López i Chamosa no rompió la disciplina del Partido Socialista, pero dejó constar su conciencia para una residencia de ancianos. Por lo demás, el problema entre república y monarquía no está en si una es mejor que la otra; sino en los motivos políticos, que hacen morales, los que suman cuñas al voto.

La Décima


La Décima comenzó a ganarse 24 de abril a las 21:01 cuando Sergio Ramos coló un obús con la cabeza en el fondo de las mallas del Allianz Arena. Pero comenzó a gestarse casi cuatro años antes, cuando Mourinho llegó a un Real Madrid con la necesidad imperiosa de competir. La llegada del entrenador portugués provocó una revolución en los asientos del Bernabéu: pocas veces la afición madridista ha sentido una unión y una fidelidad por su entrenador como la que sintió con Mourinho hasta que comenzó a ser cuestionado por los medios y, más tarde, por su enfrentamiento con Iker Casillas. Los ídolos no son de este planeta y las guerras contra ellos suelen comenzar ya perdidas.

Mourinho llevó la revolución al Bernabéu. Agarró de la pechera al señorío y recriminó en voz alta que los partidos no se ganaban con el puro en la boca. Despertó un madridismo salvaje, lo que muchos han definido como mourinhismo, pero que ni siquiera han sabido definir. Unos, muchos de ellos periodistas, lo han calificado de una ultraderecha efervescente, peligrosa, gritona. Con esos pobres argumentos han luchado. Otros, que se proclaman mourinhistas, no hacen sino un flaco favor a su significado porque, en realidad, nunca han visto más allá de su forofismo y Mourinho les ha servido de canalización.

El mourinhismo no consistía, ni consiste, en la defensa a ultranza de una persona, haga lo que haga, diga lo que diga, de forma irracional; sino en la defensa de un equipo, de que lo políticamente incorrecto vale incluso más que lo correcto y que está bien decirlo, en que la lealtad es fundamental en el trabajo en equipo, en que el jefe siempre está en el banquillo y no en el campo pero, sobre todo, consiste en denunciar la trampa intelectual de que hay un buen fútbol y un fútbol malo. Es la denuncia de una moral impuesta por pequeños gerifaltes que creen que su opinión es verdad suprema. Una pelea contra esa moral que vale para el fútbol y para cualquier orden de la vida.

El mourinhismo es denunciar la hipocresía del que actúa como se espera de él en público, pero fanfarronea a micrófono cerrado. Denunciar que el Madrid, por no jugar como el Barcelona, no es peor equipo. Mourinho no es que fuera el mejor entrenador del momento, es que era el idóneo para atacar esos cimientos.

Venía a competir contra el mejor Barça de la historia, un equipo que había superado al Real Madrid. En esa imagen colectiva aterrizó el portugués, en tierra de guardiolismo absorbente ayudado, además, por los éxitos de la selección española. Una forma de pensar que consiste en una sonrisa permanente, en las buenas relaciones y formas porque todo va bien, en especial con los medios, en asombrar al mundo con el juego y los porcentajes de posesión. En el trabajo diario de una cantera frente a zarpazos financieros de fichajes millonarios; en la humildad frente a la soberbia; en el seny frente a la chabacanería; la democracia frente a la dictadura. En vender la imagen frente a la realidad. La guerra entre la pureza y lo maldito.

En Madrid comenzaban a sentirse los primeros síntomas de lo que Pedro Ampudia bautizó como el madridismo culé, que no es otra cosa que la madriditis pero sufrida por un merengue: una enfermedad que uno ve perfectamente en los demás, pero nunca reconoce en uno mismo. Eso, en toda la historia del Barça, sólo lo ha conseguido Guardiola y hay que reconocerle su mérito.

Mourinho devolvió competitividad al Madrid y acabó con el guardiolismo. Ese es su mayor triunfo. El propio Guardiola se bajó del carro un año antes, no sé si por estrés o porque veía venir un derrumbe que no quería que le pillara en casa. Decidió tomar aire y firmó un nuevo contrato con el equipo más potente de Europa, el Bayern de Munich que, como una profecía, había arrasado Barcelona con un 7-0 demoledor en las semifinales del año anterior. Parecía que Guardiola se movía en el fútbol como Fouché en política.

Para doblegar a Guardiola, Mourinho compitió hasta el límite, y los límites suelen agotar. La prensa, que esperaba sus ruedas de prensa con grabadoras, comenzó a acudir con cuchillas. Pensaron que tendrían titulares fáciles y, en efecto, los tuvieron: pero a costa de poner en evidencia sus propias miserias. Se movilizó de forma vergonzante, crearon un clima insufrible y, en medio de todo esto, se enrarecieron las relaciones en el vestuario donde el capitán jugó un papel crucial. La decisión de sentar a Casillas condenó a Mourinho. Buena parte de la afición se sintió agredida, se rompió definitivamente la armonía. Casi de la noche a la mañana, los aficionados se dividieron entre los que querían al entrenador en la calle, y los que acusaban a Casillas de traidor por dar munición a la prensa que, día tras día, disparaba en la rueda de prensa contra su jefe. Esos odios todavía quiebran con daños colaterales como Arbeloa Diego López.

Al final del año, el callejón condujo a la salida de Mourinho y la llegada de Ancelotti, quien demostró su carácter al sentar a Casillas desde el principio de temporada. Las críticas arreciaron y él, que no tenía nada personal contra Iker, pero que sabía que no podría capitanear esa nave en esos mares ni tampoco podía ceder, decidió que jugara la Champions. Era eso u otro año aciago para el Madrid. Carlo cogió un equipo casi hecho, con pocos cambios y lo ha adaptado a su visión del fútbol sin despreciar las armas cargadas que le entregó Mourinho. Ha podido llegar donde el portugués, por tres veces consecutivas, se quedó a las puertas.

Carlo ha doblegado el maleficio de Alemania, puesto a prueba tres veces seguidas. La brutal paliza al Bayern de Munich, donde se vio finalmente que el paseo triunfal de Guardiola por tierras bávaras no ha sido sino un espejismo en alta competición. Donde quedó demostrado que el fútbol del guardiolismo se debió a la conjunción de una seria de jugadores excepcionales y un gran entrenador. Guardiola llegó al equipo que enterró a su hijo, pero se topó con el equipo que creó su archienemigo, manejado con maestría por Ancelotti.

Parecía que, como Edipo, el Madrid se enfrentaría al destino de matar al padre, pero de esa batalla cruel se encargó Simeone, un hombre que ya ha hecho historia como entrenador en el Atlético de Madrid más competitivo que se recuerda. Han realizado una temporada memorable, inimaginable para cualquiera el pasado septiembre. En cierto modo, el Atlético ya la ha ganado.

Pero falta levantarla. Que la levante el Madrid.

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Muerte a cámara lenta


El periodismo, en su rápida carrera por llegar el primero a la meta, suele confundir el camino. Hoy, Isabel Carrasco, presidenta de la Diputación de León, ha sido asesinada. Mientras escribo esto no se saben los motivos -como si realmente importaran-, pero tenemos, desde hace una hora, tuits como éste:

Lo peor no es que ese comentario exista, sino que se justifican tirando del hilo. Los tiros y las adversativas: «hace una gestión tan pésima que le han descerrajado un tiro. Pero oye, condenamos su muerte». El asesinato de Carrasco sólo debe dar pie a informar de lo ocurrido. Su gestión, como su cesta de la compra, es completamente irrelevante. El periodismo nunca debe alimentar las especulaciones, pero es dado a informar de ellas con la trampa retórica de ser la correa de transmisión: me lo dicen, yo lo cuento, pero igual es un rumor. Los primeros minutos hay que llenarlos como sea y, ante la imposibilidad de investigar al desconocido criminal, se procede a investigar al muerto.

En la biografía que ha emitido La Sextan han colocado su adversativa en las declaraciones de un político de IU que no hablaba nada bien de Carrasco hace unos meses. El Mundo añade, en el cuarto párrafo de la noticia, que Carrasco fue acusada de malversación de fondos públicos.

La Sexta, además, ha llamado por teléfono a un periodista de Onda Cero León presente en el lugar del crimen. Después de describir lo que él veía en ese momento, le han preguntado sobre los hechos, y ha respondido, en contra de lo que se pudiera esperar de él, que prefería esperar a la versión oficial. Se han debido quedar un poco chafados en plató, porque luego han contactado con otra periodista, también presente, para que nos contara todos los rumores, que seguirán aumentando, desmintiéndose algunos y otros no.

El periodismo puede explicar el asesinato, sobre todo si se trata de un caso que se resuelve desde el sofá. Pero los móviles difícilmente se explican tan plácidamente. El «por qué» del periodismo no depende de una respuesta directa a una pregunta sobre la que el periodismo se abalanza con el hambre del que quiere terminar la pieza.

Por eso, sorprende la facilidad de Isabel San Sebastián en sus afirmaciones, que son tan graves como las que insinúan que, si hubiera sido buena gestora, hoy estaría viva. Las conclusiones de San Sebastián son asombrosas para una profesional: en muy poco tiempo ha logrado hablar con la familia de la víctima, la policía y la asesina a pesar de estar arrestada. Ha podido sonsacar toda la información necesaria para su conclusión. Y eso que no estaba en León.

https://twitter.com/isanseba/status/465906485864960000

Carrasco ha sido asesinada. Dos mujeres, madre e hija, han sido detenidas por ello. La policía estudia el móvil. Cuando escribo esto, no se sabe nada más, pero es suficiente para que la charlatanería mediática apunte a un despido realizado hace dos semanas, una semana o incluso hace un día, he llegado a leer.

Probablemente Isabel ha muerto en el momento. Mientras, el periodismo muere a cámara lenta, que se empeña en dispararse en los pies para luego nunca rectificar sus pasos.

Dignidad


Dignidad: Gravedad y decoro de las personas en la manera de comportarse.


Dignidad.
Dignidad.

Entre el coche y el andén


Si eres pobre y de derechas eres un mísero desgraciado. El sistema te ha abducido con mentiras y promesas. Todos te miran y nadie te entiende: ¿cómo es posible que defiendas los intereses de los ricos cuando éstos no están dispuestos a compartir su renta contigo? La única explicación está en tu ignorancia. No has sido capaz de romper el cascarón, de ver la realidad. No te dejas guiar por los filósofos y mantienes tu mirada encadenada en la caverna. Prefieres un filete en Matrix a admitir que eres un oprimido por un sistema que sólo beneficia a unos pocos. Y tú, nunca, repito, nunca, estarás entre ellos. En cuanto asomes la cabeza te la pisarán, y la devolverás sonriente a la cueva porque eres, sencillamente, un idiota irresponsable.

Si eres pobre y de izquierdas, has despertado. Eres consciente de que el mundo hay que cambiarlo a través de la democracia o a pesar de ella. Tu conciencia social te hace solidarizarte con los que están todavía peor que tú -siempre hay alguno- y tu angustia vital te empuja a ayudarlos. No tienes intereses propios, al menos no egoístas. Por tanto tus intereses no son tuyos, sino de una conciencia superior, de clase, incluso de pueblo, con los que te identificas plenamente. Tus intereses son altruistas y, a través de la defensa del débil, quieres eliminar privilegios de los ricos e imponer una sociedad más justa: la tuya. Eres pobre, sí, pero ves la realidad tal y como es, y no como te la dibujan. Eres un ejemplo a seguir hasta tal punto, que tú mismo te pones como modelo ideal.

Si eres rico y de izquierdas vives como un marqués y piensas como Llamazares. Es la posición más ventajosa -y ventajista- de todas. Socialmente estás muy bien visto, pues te quejas del poder, el mismo sobre el que influyes en tus ratos libres, pero eres consciente de que hay mucha gente peor que tú y aseguras que tu deber moral es ayudarles a mejorar. Hay algo de pose en todo ello, porque en cuanto Hacienda mete las manos en tus bolsillos para proceder a la redistribución de la riqueza te cagas en su puta calavera, pero oye, es lo que tiene el equilibrismo. Sin duda alguna, esos impuestos que pagas compensan con creces tu imagen social, pues defiendes lo público con la misma compulsión con la que utilizas los servicios privados.

Si eres rico y de derechas no sé qué haces que no estás ocupado muriéndote, maldito fascista neoliberal. Caradura, golfo, sinvergüenza. Seguro que también eres empresario y tienes una SICAV. Te importa el mundo un rábano y los únicos intereses ajenos que valoras son los que te tienen que pagar. Al fin y al cabo, son tuyos. Banquero, más que banquero. Eres la estofa más inmunda que habita la Tierra, incluidas las orugas. Te dedicas a montar empresas y a ganar dinero con ellas, ¡explotador! Encarnas lo peor del ser humano, tu mera existencia genera un odio sólo comparable a tu ambición. Apenas tienes conciencia para lo tuyo y para los que son como tú. Entiendes la sociedad como un montón de trabajadores a tu servicio. Eres caprichoso y egoísta, y ni entiendes ni te interesa saber qué es el bien común. Haces las leyes y las trampas, y encima votas al PP.

Quintero entrevista a Escohotado


Jesús Quintero: Sabemos, señor Escohotado, que la historia es pendular. ¿Quiere eso decir que puede volver el comunismo?

Antonio Escohotado: El comunismo está desde que empezó una sociedad próspera. Antes de que hubiera sociedades prósperas no podía existir el comunismo, por eso surgió en la época de Augusto, el único momento próspero del mundo romano, porque hasta entonces la República había sido una historia muy extraña de saqueos. Con Augusto se pudieron hacer los últimos grandes saqueos, el saqueo de Egipto, que era donde de verdad estaba la pasta. El Fort Knox de la antigüedad era el tesoro egipcio de Cleopatra. Al mismo tiempo Augusto era un hombre correcto. Aquella sociedad cambió y comenzó a haber hombres de negocios, no sólo guerreros y clérigos. Entonces surge el comunismo. Siempre que haya sociedades prósperas, habrá comunismo. Es consustancial. En el alma humana hay un deseo de libertad y también lo hay de seguridad. Cada vez que se progresa en libertad, viene el deseo de seguridad y dice «¡qué peligro, qué peligro! ¡Vamos a hacer un control de esta libertad!» y entonces viene un brote comunista. Ya puede ser la revolución francesa, las guerras campesinas del Renacimiento, la predicación del evangelio, o lo que pasa en Pionyang o en La Habana.

[…]

AE: El comunismo, por volver a la pregunta original, a mi juicio, es consustancial a la sociedad moderna y muy particularmente a la sociedad próspera. Sólo cuando se produce un aumento de prosperidad vuelve el ideal comunista a plantear sus exigencias. Parece paradójico y a mí mismo me ha sorprendido. Yo no lo sabía, he tardado diez o doce años de estudio sobre las fuentes para darme cuenta de esta aparente incongruencia. Siempre me habían contado que estallaría el comunismo cuando la gente estaba pasándolo muy mal. No es cierto.

JQ: Cataluña independencia, Euskadi independencia, Amaiur…

AE: Odio y más odio, complejo de inferioridad consentido, odio y más odio. Es una forma de encontrar una causa para los que no han estudiado ni pensado nunca, para empezar, en el concepto de causa […].

JQ: ¿Ha encontrado alguna verdad fundamental?

AE: Sí, la tolerancia y la ciencia. La curiosidad, el asombro. Tengo que llamar la atención hacia la verdadera dictadura que ahora padecemos, en nombre de una academia de la lengua, que pretende ser la propietaria de un asunto que no tiene propietario, y que hasta 1994 definía curiosidad como interés por saber lo que las cosas son, y que desde entonces lo define como interés por saber indiscretamente lo que las cosas son. Antes definía asombro como origen del conocimiento filosófico, y desde esa misma edición del 94 lo hace como susto, espanto. Ahí es donde está la mano del mediocre que intenta recortar a los demás la vida y decirle por dónde tiene que ir, negarse a que la realidad es proceso e insistir en que la realidad es definición y dogma. Y entonces coge ‘curiosidad’ y dice: «curiosidad es mirar donde no debes». ¡Pero subnormal! Si la ciencia no es curiosidad y asombro, la ciencia no es nada, no será más que repetir un catecismo. Eso es lo que pretende una academia que se arroga la propiedad de aquello que sí que es obra del pueblo, sí que es obra impersonal, cotidiana. ¿Qué pueblo, que no sea una cultura funeraria, tiene academia de la lengua? Ninguno. Sólo las culturas funerarias tienen academias de la lengua. Las lenguas vivas no necesitan esos adefesios.

Rubbish


Desde media mañana, los medios españoles se han hecho eco de las palabras de Dennis Abbot, portavoz de la Comisión Europea, quien, según parece, ha dicho

No sé cómo decirlo más diplomáticamente, pero eso es basura

en referencia a los recortes de las becas Erasmus anunciadas por Wert. La noticia de El País (que sirve como ejemplo, pero no se salva ningún medio), es de las 14:24. La portada de la web del mismo periódico, a las 21:19 es la siguiente captura de pantalla.

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Esta tarde he escrito en Twitter que la traducción estaba mal hecha:

Hay un largo recorrido entre la estupidez y la basura, y es un recorrido que, en este caso, debe hacer el periodismo. El golpe del titular es, sin duda, mucho más duro con basura de por medio, la misma que se debe evitar. Un golpe casi diplomático, ya que se descalifican las palabras del ministro de Educación. Algunos me han dado la razón. Otros, sin embargo, me han dicho que daba igual la palabra utilizada, pues suponía una desautorización en toda regla.

Busqué el vídeo de la intervención y lo encontré en la siguiente noticia de El Mundo bajo el siguiente titular: «La UE desmiente a Educación sobre las becas Erasmus: ‘Es totalmente falso y es basura». Pero lean el penúltimo párrafo:

Varias horas después de la rueda de prensa, Abbott matizó sus palabras e indicó en su cuenta de Twitter que su expresión en inglés «that’s rubbish» debería ser entendida como «sinsentido» y no «basura».

Es en este momento cuando la basura pasa del Ministerio a la redacción. Hasta entonces, podría interpretarse todo como un malentendido. Pero desde las 16:48, hora en el que Dennis Abbot cuelga el tuit de abajo, sólo cabe una rectificación en la prensa. Y ya ven cómo están la portada de El País y la noticia de El Mundo. Parece ser que las aclaraciones del portavoz no han sido suficientes para que los periódicos rectificaran una información incorrecta. Y digo incorrecta porque, aunque el fondo de las palabras del portavoz de la Unión sean lo relevante, aquí se ha publicado la noticia como si fuera una desautorización un tanto airada de la UE cuando, cualquiera que vea el vídeo, cualquiera que traduzca con rigor y sentido común, y cualquiera que tenga en cuenta las explicaciones posteriores, sabe que no es así.

Pero hay más. Poco más de una hora antes, Abbot publicó el siguiente tuit en el que aclaraba que no se refería al ministro, sino a la interpretación de la situación que había hecho el periodista.

Como Twitter es como una fiesta a la que cada uno llega cuando quiere, uno se suele encontrar con que tiene que aclarar las cosas varias veces.

Ahora es media noche. La portada de El País y la noticia de El Mundo no han cambiado. La basura tampoco.

Escapar de Corea del Norte (y III)


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Fuente: Ministerio de Unificación de Corea del Sur.

Segunda parte

El grupo de norcoreanos está preparado para salir. El pequeño Min Chao se despide con lágrimas. De acuerdo con el plan, llegan a la estación en el último minuto, justo antes de que salga el tren hacia el sur. Les espera un viaje de dos días hasta Kunming, una ciudad de unos cuatro millones de habitantes al sur de China, cerca de la frontera con Laos. Con el tren ya en marcha, se dan cuenta de que se ha subido una patrulla de la policía. Se ven obligados a esconderse. Afortunadamente, no los ven.

En Seúl, el pastor Chun se dispone a viajar en avión a Tailandia para prestarles ayuda en caso de que logren alcanzar Bangkok. «Las posibilidades de éxito son de un 50%», afirma el pastor. «Nunca les decimos lo difícil que será, no vendrían si lo hiciéramos». El peligro no se limita a China. Si la policía de Laos los detiene, también los deportarán a Corea del Norte. Sólo estarán a salvo cuando crucen la frontera con Tailandia. «Si estos países cooperaran podríamos ayudar a mucha más gente, pero estos países están en contra de lo que hacemos. Los arrestarán allá donde vayan, hay peligro por todas partes».

Una vez en Kunming, se suben a un minibus en dirección a la frontera de China con Laos. Pero está muy vigilada, piden identificación a todo el que entra y sale. «Estoy muy nerviosa», dice Mei, «tanto que siento que nos van a detener. Si me cogen, me suicidaré». Los guías deciden que cruzar la frontera por donde tenían pensado es demasiado arriesgado, por lo que tienen que buscar una ruta alternativa a través de la jungla. Se desvían por una carretera secundaria y, ya de noche, llegan a un refugio donde pasarán la noche. Por si la cogen, Mei graba un mensaje para su madre y su hermano en una cámara de vídeo.

Al día siguiente, con las primeras luces, antes incluso de que se divise el sol, el grupo se pone en marcha. Cruzan la frontera con Laos a través de la selva, alejados de patrullas. «Adiós China, gracias por la hospitalidad», ironiza una integrante del grupo. «No pienso volver», se alegra otra. El terreno aquí es más duro. La selva es cerrada, no se ve el sol. Hay riachuelos que cruzar constantemente, lo que obliga a caminar con los pies mojados durante horas hasta que alcanzan una carretera donde les espera el minibus en el que iban. El conductor, con los papeles en regla, ha cruzado solo la frontera sin problemas.

El viaje comienza a pasar factura: el pequeño Min se ha puesto enfermo. Le dan pastillas y más tarde se detienen en un puesto para comer. Se curan picaduras de mosquitos con ungüentos, pues no pueden arriesgarse a pedir ayuda médica y que los delaten. Intentan dar a Min de comer con una cucharilla, pero él aprieta los ojos y se agarra fuerte la garganta por el dolor mientras exclama que no puede tragar. Mei vomita. También se ha puesto enferma. Pero es fuerte: «Merece la pena», se dice, «merece la pena para ser libre». Tienen que aguantar. Ya sólo quedan 70 kilómetros para enfrentarse a su último obstáculo, el río Mekong. Si lo cruzo, mi vida cambiará por completo», dice Mei. «Estoy tan orgullosa de lo que he logrado hasta ahora que no sé si seré capaz de enfrentarme a todo de la misma manera de ahora en adelante».

El autobús se detiene y el grupo baja. Es noche cerrada, sólo se escuchan los ruidos de la selva. Están al borde del río y, al otro lado, pueden ver las luces de Tailandia. Uno a uno, suben a un bote de madera. El guía insiste en que deben hacerlo por el centro, con cuidado para que no vuelque. Entre las maderas se puede ver el agua. «Si volcamos, morimos todos», susurra el guía. Hay cocodrilos merodeando por debajo de la barca. También hay patrullas recorriendo el río. Por fin, la barca toca tierra en Tailandia. Y ponen, por primera vez en su vida, un pie en la libertad.

Por la mañana, Mei llama a su madre. «Has rezado por mí y he llegado a salvo», solloza. Por fin, ya en Bangkok, pueden entrar en la embajada de Corea del Norte y declararse desertores.

Meses después, su madre y hermano se reunieron con ella en Seúl. Min Chao encontró a su madre. Su viaje en busca de la libertad comenzó cruzando un río. Y en un río acabó.

De Poder a Poder


Baltasar Garzón, exjuez estrella que ilumina el camino.

La carta enviada por Baltasar Garzón y unos amigos suyos a la Conferencia Política del PSOE podría tener fecha de 1977 y no habrían cambiado ni una coma. Es perfecta para los tiempos que corren, los que corrieron y, si nadie lo remedia, para los que correrán. El anquilosamiento de la izquierda comienza a ser tan preocupante como su ceguera, la misma que les permite ver su evolución hacia la casilla de salida como progresos de la humanidad.

La carta vale su peso en Garzón, es decir, en Chavalín™, como magistralmente lo ha rebautizado José Antonio Montano. Es decir, vale poco. O mucho, según se mire, pues permite comprobar, negro sobre blanco, que el despropósito de las ideas, o de la carencia de ellas, sigue tan vigente como antaño. Y que la izquierda escarmentada sigue casi huérfana. Es una carta redactada a la contra, como siempre, a la contra de la derecha, claro. Ya se sabe que en este país la izquierda nunca ha gobernado pues, en cuanto gana las elecciones, lo hace todo mal, es decir, hace cosas de derechas. La izquierda, por tanto, sólo sabe hacer oposición. En eso eran expertos, pero con Rubalcaba al frente es complicado enfrentarse no ya a la derecha, sino a dos periodos de gobiernos socialistas, que se dice pronto.

En uno de ellos participó el Chavalín™. Guardó en un cajón los expedientes de corrupción y del GAL para ir de número dos en las listas del PSOE en las elecciones de 1993. Pasó del Judicial al Legislativo y al Ejecutivo con el cargo de delegado del Gobierno en el Plan Nacional sobre Drogas. No le gustó el trato dispensado y, en un ataque de señorona digna, lo dejó todo un año después para desempolvar los expedientes y acabar con los huesos de la cúpula de Interior en la cárcel. Años más tarde, en una entrevista con María Antonia Iglesias en El País, reconoció que se equivocó al pensar que «una persona sola consiguiera la solución de problemas que estaban en pleno apogeo, como la corrupción». Leída hoy, la entrevista es como la carta de antes de ayer: resiste el tiempo como las momias. Lean, si no, su primera respuesta:

Yo nunca me he considerado un juez estrella, pero acepto esa denominación porque me gusta darle a las cosas un enfoque positivo, y cuando se habla de estrella prefiero pensar en algo que da luz, que ilumina…

Sí, y da esplendor, Chavalín™. La carta es un lobby de sí mismo. Se ha proclamado representante de causas políticas que sólo la izquierda más desnortada quiere remover. Una carta de mal gusto donde se afirma que «el ejecutivo ha dejado en las cunetas del olvido a las víctimas de la dictadura y evita la recuperación de nuestra memoria, elemento clave para el reencuentro con nuestra dignidad como pueblo». Cunetas del olvido, los abajofirmantes. Cunetas. Casualmente, ayer, ¡qué oportuna coincidencia!, al Chavalín™ le tocó denunciar ante la ONU el abandono español a las víctimas del franquismo.

En 2012 fue condenado por prevaricación y sentenciado a «once años de inhabilitación especial para el cargo de juez o magistrado» en lo que la izquierda en bloque -y el propio juez- vieron un contubernio de la derecha contra él. Ahora manda cartas como quien envía currículums. Morriña de poder, quizás. Sería chocante, y extremadamente indecente, que el PSOE viera en él algo de luz. Algo falla si un condenado de un Poder del Estado por el ejercicio de sus funciones puede ejercer un cargo en otro de sus Poderes. Algo falla cuando un juez condenado puede acabar de ministro de Justicia.