La soledad del portero


Triste-despedida-para-Iker-Casillas

La despedida de Casillas ha ensombrecido la entrevista a sus padres publicada ayer por El Mundo. Y viceversa. Y, a la vez, se han complementado de una forma dantesca: la entrevista responde preguntas que los periodistas en el comunicado del adiós jamás habrían realizado. Resulta que el guardameta y sus padres no se hablan, aunque parece que su madre le llama de vez en cuando para decirle que qué era eso de ir a un equipo como la Roma, o le escribe afirmando que se merece un equipo de más categoría que el Oporto. Su padre, por su parte, le recomendó no perdonar ni un céntimo al Madrid.

Por si fuera poco, ahora sabemos que en 2009, tras el inicio de la segunda etapa de Florentino Pérez en la presidencia, despidió a su entonces representante, Ginés Carvajal y demandó, a través de sus padres, al Real Madrid para que el club se hiciera cargo de la comisión del nuevo contrato que había firmado con el anterior máximo mandatario, Ramón Calderón. La demanda se alargó durante tres años, hasta el mismo día del juicio. El acuerdo al que llegaron, según parece, fue que Casillas acordaría una cantidad con su ex-representante y después, el Madrid se la abonaría al jugador.

Los padres de Casillas, según la entrevista, no tienen una buena relación con Sara Carbonero. Los problemas comenzaron en 2010, cuando el portero “decidió apartar a sus padres de una sociedad que había constituido junto a ellos para gestionar sus inversiones inmobiliarias y que contaba con un patrimonio de 30 millones de euros. Se abrió una brecha familiar a pesar de que Iker les entregó 5 millones, varios inmuebles y les fijó un sueldo de 9.300 euros al mes durante 15 años. A cambio, les pidió que firmasen un pacto de no agresión todavía en vigor y por el cual no pueden vertir comentarios despectivos contra él ni contra su entorno más cercano”.

La entrevista destila la sobreprotección de unos padres que terminan viendo en cualquier persona que no sean ellos mismos una amenaza para su hijo. Los millones que ha ganado Iker han golpeado a la familia como una herencia. Han originado la batalla que una madre nunca debe librar porque nunca puede ganar: la de la idoneidad de la nuera. Esa desconfianza nubla el juicio. Los hijos tienen que equivocarse como adultos. O acertar, porque acabarán haciendo lo que quieran igualmente.

El amor de los padres por su hijo y su borrosa relación con la realidad se pone de manifiesto cuando exigieron al propio Florentino que su hijo, de entonces 24 años, ganara lo mismo que Raúl. Estos son los mimbres que han sujetado la cabeza de Casillas sus últimas tres temporadas. Su familia, en cambio, prefiere ver una suerte de conspiraciones entre Florentino, Mourinho, periodistas y Arbeloa, un contubernio que ha hundido a su hijo porque se vive mejor echando la culpa a los demás. Los argumentos infantiles de sus padres se caen por su propio peso: de haber querido forzar la salida de Iker, Florentino habría fichado a un portero cuando Mourinho se lo pidió, y no habría esperado a la necesidad de llevar a Diego López por la lesión de Casillas. Se olvidan de que fue Mourinho quien salió poco después del club y de que Carlo Ancelotti también lo sentó. Si el portero jugó la Champions, fue porque el italiano no quería un cisma en el vestuario.

La despedida, a falta de la que habrá hoy en el Bernabéu en una rápida reacción del club tras las críticas vertidas, no fue la que un jugador como Casillas merecía. Pero no debemos olvidar que él lo eligió. Y se me antoja complicado pensar en cómo se puede convencer a alguien de que el adiós que merece debe ser distinto cuando se impone el rencor. Es fácil decir que el Madrid ha gestionado mal la salida de Casillas y olvidar que el club le puso todo tipo de facilidades para que fuera a su medida. La plantilla habría podido estar a su lado si las negociaciones no se hubieran roto tantas veces. Es fácil caer en el perverso cliché del empresario.

Lo que no vale es proteger a Casillas como lo hacen sus padres. Tratarlo como a un niño. Como si no fuera dueño de sus decisiones. Como si él no fuera consciente, tanto como el Madrid, que la decisión de salir solo ante la prensa daría mala imagen al club. Y es que, para irse dignamente de un club como el Real Madrid, antes de nada, hay que hacer una reflexión sobre uno mismo y ser consciente de que ya no se rinde al nivel necesario. Es una ley de vida difícil de aceptar cuando eres dueño de todo calificativo milagroso.

A Casillas se le ha protegido tanto, que ayer estaba solo.

Muerte a cámara lenta


El periodismo, en su rápida carrera por llegar el primero a la meta, suele confundir el camino. Hoy, Isabel Carrasco, presidenta de la Diputación de León, ha sido asesinada. Mientras escribo esto no se saben los motivos -como si realmente importaran-, pero tenemos, desde hace una hora, tuits como éste:

Lo peor no es que ese comentario exista, sino que se justifican tirando del hilo. Los tiros y las adversativas: “hace una gestión tan pésima que le han descerrajado un tiro. Pero oye, condenamos su muerte”. El asesinato de Carrasco sólo debe dar pie a informar de lo ocurrido. Su gestión, como su cesta de la compra, es completamente irrelevante. El periodismo nunca debe alimentar las especulaciones, pero es dado a informar de ellas con la trampa retórica de ser la correa de transmisión: me lo dicen, yo lo cuento, pero igual es un rumor. Los primeros minutos hay que llenarlos como sea y, ante la imposibilidad de investigar al desconocido criminal, se procede a investigar al muerto.

En la biografía que ha emitido La Sextan han colocado su adversativa en las declaraciones de un político de IU que no hablaba nada bien de Carrasco hace unos meses. El Mundo añade, en el cuarto párrafo de la noticia, que Carrasco fue acusada de malversación de fondos públicos.

La Sexta, además, ha llamado por teléfono a un periodista de Onda Cero León presente en el lugar del crimen. Después de describir lo que él veía en ese momento, le han preguntado sobre los hechos, y ha respondido, en contra de lo que se pudiera esperar de él, que prefería esperar a la versión oficial. Se han debido quedar un poco chafados en plató, porque luego han contactado con otra periodista, también presente, para que nos contara todos los rumores, que seguirán aumentando, desmintiéndose algunos y otros no.

El periodismo puede explicar el asesinato, sobre todo si se trata de un caso que se resuelve desde el sofá. Pero los móviles difícilmente se explican tan plácidamente. El “por qué” del periodismo no depende de una respuesta directa a una pregunta sobre la que el periodismo se abalanza con el hambre del que quiere terminar la pieza.

Por eso, sorprende la facilidad de Isabel San Sebastián en sus afirmaciones, que son tan graves como las que insinúan que, si hubiera sido buena gestora, hoy estaría viva. Las conclusiones de San Sebastián son asombrosas para una profesional: en muy poco tiempo ha logrado hablar con la familia de la víctima, la policía y la asesina a pesar de estar arrestada. Ha podido sonsacar toda la información necesaria para su conclusión. Y eso que no estaba en León.

Carrasco ha sido asesinada. Dos mujeres, madre e hija, han sido detenidas por ello. La policía estudia el móvil. Cuando escribo esto, no se sabe nada más, pero es suficiente para que la charlatanería mediática apunte a un despido realizado hace dos semanas, una semana o incluso hace un día, he llegado a leer.

Probablemente Isabel ha muerto en el momento. Mientras, el periodismo muere a cámara lenta, que se empeña en dispararse en los pies para luego nunca rectificar sus pasos.

Follando sin airbag


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Car-Enveloping Airbag Technology, el nuevo airbag de Volvo. O no.

Imagine que usted se ha comprado un Volvo. Usted no sabe de diseño y además no le importa. Puede incluso tener mal gusto y que su coche le parezca un prototipo de estética vanguardista. No pasa nada, vive en un mundo en el que todo importa una mierda, donde una tipa metida en una caja de cristal, es arte. Puede que le guste la tipa (en ese caso puede tener salvación), o puede que le guste la caja (en ese caso es usted imbécil). Decía, que usted se ha comprado un Volvo, y lo ha hecho porque valora la seguridad por encima de todo. Es usted de lo más normal. No me lo agradezca, no es un elogio.

La seguridad es, sin duda, asunto de importancia diaria. Valoramos a esas personas seguras de sí mismas a no ser que entrenen al Real Madrid, valoramos las alarmas de las casas y la presencia policial si no se llama antidisturbios y los tenemos justo en frente. Valoramos los condones sin agujeros. Grandes y pequeñas… seguridades. Usted, como no es de correr riesgos, sino más bien de hacer siempre los mismos cambios a partir del minuto 65, de uno en uno y sin empujar, se ha comprado el último grito en seguridad automovilística: el Volvo con la ‘Car-Enveloping Airbag Technology‘, que viene a significar algo así como “cariño, este condón gotea. Por fuera”. Amigo, se la han clavado.

Resulta que ayer fue el llamado ‘April Fools Day‘, fecha de bufonadas y chistes en muchos países. Todos, empresas incluidas, bromean en comunicados, incluso en vídeos. En España no. Aquí nos creemos alguno y lo publicamos. Eso es lo que ha pasado con Volvo y su nuevo airbag, sueño de todo narcotraficante de la película de Juanma Bajo Ulloa. Este superairbag sale de un compartimento del techo y envuelve el coche completamente en caso de impacto. Ignacio Badomar me señaló en Twitter que una parte de la prensa se había tragado lo que a todas luces parecía un bulo: Público, El País, El Mundo, ABC , EFE y algunos más. El error de la Agencia -y de los demás- consistió en no haber tenido en cuenta el día que era, pues dieron por válido un comunicado de Volvo.

Si la seguridad de Volvo está en los airbags, la del periodismo está en la confirmación de los hechos, y teniendo en cuenta que era la propia casa quien había difundido la noticia, comenzamos a buscar posibles desmentidos en páginas del extranjero que fundamentaran nuestras sospechas. El único lugar común donde se daba la noticia y era tratada como broma era en Autoevolution, una web de otro planeta. No encontramos ningún medio extranjero relevante que la diera. No he visto la noticia ni en La Vanguadia, ni en La Razón ni en El Periódico de Catalunya. Varias horas más tarde, Ignacio publicaba en Twitter el desmentido de Volvo en El Economista. Los periodistas, que en mañanas como esa nos levantamos con el esfínter bien prieto, no nos damos cuenta de que también nos cabe por la boca.

Cuando se sufre un bombardeo de mentiras desde fuentes oficiales no es raro creer en alguna. Pero lo verosímil no es lo veraz, y el trabajo periodístico consiste, precisamente, en saber si lo es o no. Sobre todo cuando la fuente más autorizada de todas, que es la propia empresa, asegura en el día de las bromas que es cierto. Por eso, en un día así, si hay una fuente no creíble, es la empresa. Afortunadamente, a nadie le dio ayer por bromear con las cosas del bombardear.

Contraindicaciones

Resulta que Público, que como hemos dicho le llegó la noticia hasta el esófago, se ha mostrado sorprendentemente despechado por el desmentido, como si la eyaculatoria hubiera salpicado por donde se asoma la vanidad.

Hombre, señores de Público, no hace falta el tono enfadica, que nadie les ha robado el bocadillo. Vale que se han creído la noticia a la primera. No han hecho esas comprobaciones de primero de Periodismo porque el comunicado era oficial, a pesar de ser uno de abril. A pesar de ser un render -y no una fotografía como señaló El País– bastante cutre. Pero no se hagan las despechadas, que es bastante ridículo. No nos señalen a los demás -¡en una noticia!- la línea que separa el buen gusto de la caja de cristal. Y enváinense su moralina.

Sin embargo, lo peor ha llegado de la mano de ABC. Miren los dos tuits que, de nuevo, me facilitó Ignacio (como ven, éste artículo mío podría haberlo escrito él, pero tiene un blog de historia de mayor enjundia y requiere de su dedicación):

Noticia original de ABC capturada en Google.
Noticia original de ABC capturada en Google.

Pinchen en el enlace del tuit que pinchen, les llevará al mismo titular: “Volvo celebra el ‘April Fools Day’ anunciando un falso airbag”. La noticia original ha sido eliminada, pero he podido capturarla en una vista previa de Google antes de que desapareciera de su caché.

ABC no ha admitido un error, lo ha hecho desaparecer. Y cuando algo no existe, es complicado de subsanar, imposible pedir disculpas. No entiendo la vanidad de tantos periodistas a la hora de (no) reconocer errores. Eliminar el error nunca lo permitió el papel. Lo facilita Internet y eso es tentador y peligroso, porque es el camino más corto para no errar nunca, para de dejar de ser humano.

Política de sensaciones


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Beatriz Talegón saltó a la fama por un vídeo en el que criticaba a los altos cargos socialistas europeos.

En la Última de El Mundo del pasado día 16, Rafael J. Álvarez entrevistó a la socialista Beatriz Talegón. Ante la siguiente pregunta:

– ¿Qué hambre han conocido sus tripas para que le rujan tanto?
– Mis tripas han conocido el hambre viajando. Bolivia, Cuba, Uganda, Palestina… Eso lo he vivido y llorado (…).

no pude evitar pensar en la periodista Samanta Villar y lo que Manuel Jabois llamó periodismo de sensaciones, resumido en la máxima del programa que ella presentaba, 21 días: “no es lo mismo vivirlo que contarlo”. Como bien señaló el periodista, es una mentira insultante. Insultante porque Samanta y su sustituta desde finales de 2010, Adela Úcar, pretenden ponerse en la piel de otra persona a tiempo parcial y ser anoréxica, gitana, porrera, ciega, jugadora de póker, minera, sadomaso, cazadora, desahuciada, vivirlo y contarlo. Suena obsceno que te desahucien si vas a dormir el día 22 en tu casa. Jabois, y yo, y toda España quedamos especialmente decepcionados cuando Samanta anunció que iba a hacer porno y, en su último día, en vez de bajarse las bragas, se puso detrás de la cámara y rodó una escena.

Un par de meses antes que Jabois, Arcadi Espada sugirió a la periodista que fuera puta durante 21 días:

Si la reportera Samanta se dedicara durante 21 días a recibir en su alcoba a hombres o mujeres, con los que tuviera fricción sexual y luego cobrara por ello, ya no sería una reportera disfrazada de puta, sino una puta que cuenta su experiencia. Es decir, Samanta habría cruzado la fina línea que separa el hecho del simulacro, y además se habría puesto a sentir en serio.

Esa es la sensación que me ha dejado la respuesta de la socialista: Talegón es un simulacro. Es la política de sensaciones, es un postureo de respuestas amables, es sentir en tercera persona y llorarlo en primera. Porque Talegón no puede haber sentido el hambre de una mujer en Uganda, no digamos en Cuba: su respuesta es tan sensible como infantil. Es, en resumen, la flacidez del pensamiento vacío, comprometido con palabras embaucadoras sin el respaldo de las intenciones. Unas palabras, además, que gozan de la licencia que ella les da: Es zapaterismo en esencia pura.

Del fracaso del periodismo: De Bruselas a Zagreb


Los descubrimientos extraordinarios necesitan pruebas extraordinarias. Con esta afirmación, los científicos suelen tomar con cautela lo que los periodistas abrazamos con entusiasmo: la noticia del siglo. Si más tarde se demuestra falsa esa nueva hazaña de la humanidad, ya no es un problema nuestro, que hemos vendido nuestros periódicos y hecho nuestro agosto, sino científico. Por eso, el periodismo no pone reparos en publicar que una señora, en vez de hacerse 60 kms, se ha metido para el cuerpo 1450, ha repostado dos veces, ha dormido en el coche, ha visto señales en varios idiomas y solamente cuando su GPS le ha dicho que ha llegado a su destino, ella se ha dado cuenta de que, en vez de en Bruselas, estaba en Zagreb. Su única explicación es que iba distraída. Señores, 1390 kms. de distracción.

Pongamos el tema en perspectiva. Es como si usted, que está en Madrid, va a Guadalajara, se despista, y acaba en París. O como si usted, que vive en Barcelona, tiene intención de ir a Manresa y aparece en Stuttgart. O como si vive en México DF, quiere ir a Toluca, y termina en una penitenciaría de San Antonio, Texas. Creo que pillamos la idea.

La noticia es tan extraordinaria que debería exigir, como en la ciencia, confirmaciones extraordinarias. Así que veamos:

Dice The Telegraph que nuestra protagonista sale de Solre-sur-Sambre, una localidad a 38 millas de Bruselas, es decir, a unos 60 kms. Gracias a Google Maps, sabemos que la distancia más corta hasta el centro de la capital es de 74 kms. pero, dependiendo del destino final de la anciana, puede reducirse a unos 60. Todo parece correcto.

Sin embargo, la distancia con Zagreb varía enormemente. Se habla de 901 millas, es decir, de 1450 kms. Pero, por la imagen de Google Maps, las distancias van de 1277 kms. a 1325, muy lejos de la información. Es cierto que un GPS puede equivocarse y dirigir al usuario por caminos de tierra o calles prohibidas, pero en las distancias tan largas y destinos tan importantes como ciudades grandes, donde el camino más rápido suele ser de autopista, no tiene sentido una variación de 125 kms. con la distancia más larga.

La venerable señora afirma, también, que veía carteles en alemán. Supongo que después de cruzar toda Alemania y Austria, que se dice pronto, no se dio cuenta de que había otro idioma, el esloveno, porque también tuvo que cruzar Eslovenia de norte a sur. Pero no, parece que no se percató. Quizás, una mujer acostumbrada a ver carteles en flamenco, vio de pronto uno en esloveno y pensó: ya debo de estar cerquita.

Llegamos a la frontera y la mujer se encontró con la estampa de la imagen:

Resulta que Croacia no pertenece a la Unión Europea. Como vemos, hay unas vallas, varias colas de coches, y unas típicas casetas de frontera donde suele haber un policía que te pide el pasaporte. El señor lo hace en un idioma inteligible y tú se lo entregas porque sabes que estás en una frontera, no porque lo entiendas. Porque en las fronteras, lo que hace todo el mundo, es entregar el pasaporte. Se ha convertido en una costumbre. Pero sólo es un pequeño y molesto contratiempo para nuestra aventurera pues, la superabuela, por supuesto, lleva el pasaporte encima. Tampoco le extrañaría que, lo que para ella sería un peaje colocado de la noche a la mañana en las inmediaciones de Bruselas, le solicitaran la documentación, ya que es de popular conocimiento que, con el jaleo político entre flamencos y valones, todo belga que se precie sale con el pasaporte entre los dientes, no vaya a ser que un sábado salga de una discoteca de Bruselas a las seis de la mañana y resulte estar en un país extranjero.

Uno de los mejores medidores para detectar una noticia falsa o, al menos, dudar seriamente de ella, es acudir al periodismo anglosajón. Según Europa Press, y también según Flanders News, la noticia parte de Nieuwsblad, periódico flamenco que ya debería hacer sospechar a mas de uno ya que, al fin y al cabo, nuestra intrépida protagonista es francófona. En France Press no aparece la noticia. Tampoco la he encontrado en ningún medio francés serio. Ni en Reuters. En el periodismo anglosajón, tan solo en el sensacionalista Daily Mail, y en el ya más serio The Telegraph. No está ni en The Sun, tabloide sensacionalista por excelencia. En Estados Unidos, no saben ni quién es esta señora.

Ahora vayamos a la prensa española: El Periódico de Catalunya, La Vanguardia, El Mundo, Público, la mencionada Europa Press, El Confidencial, El Diario.es, El Diario Vasco, ABC, La Razón y EFE. Añadan todas las televisiones. Y seguro que hay muchos más. Solamente se ha salvado El País.

La noticia, además de inverosímil, carece del mínimo rigor periodístico. Por tanto, y mientras no se demuestre lo contrario, debe ser tomada como falsa. No hay, ni en lo más remoto, una sola comprobación de fuentes. Todos dan por bueno lo que ha escrito el de al lado. El Nieuwsblad tampoco cita fuentes. Sólo da un nombre común de una anciana que podría ser cualquiera y una foto que, por lo que a mí respecta, podría ser la madre del redactor. Las preguntas que yo me he hecho, que se hará cualquier hijo de vecino, no están contestadas en ninguna de las noticias. Todos dan por buenas las supuestas explicaciones de la anciana: estaba distraída.

Verán, el periodismo trata de filtrar noticias. El periodismo tiene que decidir qué es y qué no es relevante. Es imposible publicar todo lo que llega a una redacción de un periódico a diario. Por tanto, si filtra, es porque se supone que tiene un criterio formado para ello. Ejemplos como los de esta noticia, donde preguntas tan básicas y elementales no son contestadas y aún así se publican, demuestran el desmadrado fracaso de la profesión, el hambre por llegar el primero y justifican completamente el descrédito ante la sociedad. El periodismo se ha perdido el respeto a sí mismo, y no esperemos que nadie se lo tenga. No acusemos de intrusismo a cualquiera que escribe sobre lo que le da la gana, con mayor o menor acierto, cuando hemos decidido delegar nuestro trabajo en la desidia.

Arcadi Espada suele decir que la pregunta “por qué” es un atajo fácil para cerrar una historia. Que para llegar a la verdad, hay que hacer el resto de preguntas. Algunas, muchas veces.

El laberinto del why. Esa perversión. Todo lo que podemos saber de why, está en el qué, en el cómo, en el cuándo y en el dónde. Es una pregunta inevitable. Pero la respuesta solo puede darla un consorcio. El why no es una región diferenciada.

Esta noticia es un buen ejemplo. La infantil respuesta de la anciana, “me despisté”, solo puede ir precedida de un perezoso por qué.

Actualización (17/1/12 a las 16:03): Gracias a un comentario en este post, me llega que Manuel Ángel Méndez ha publicado hace apenas una hora, en Gizmodo, la verdadera historia después de hacer las preguntas correctas, a las personas adecuadas. Resumo, pero invito a que la lean:

Sabine Moreau, la protagonista de esta historia, padece demencia senil. Se equivocó al meter la dirección. No hubo, por tanto, ni un despiste colosal ni un fallo del GPS. La policía no sabe con seguridad siquiera si llegó a entrar en Croacia.

La historia, tal y como se nos contó era del todo increíble. Pero resulta ser una mujer enferma que, en vez de salir andando de casa, salió en coche y se pierde. Lo que nos cuenta Manuel entra dentro de lo sorprendente, pero es verosímil y, además, aporta datos suficientes, como el enlace a la comisaría belga que llevó el caso.

Que el nombre coincida, como dijo mik en un comentario, con el de una protagonista de Misión Imposible 4: Protocolo Fantasma, parece que no deja de ser una de esas ironías incalificables del destino.

Gracias, Manuel.