Rubbish


Desde media mañana, los medios españoles se han hecho eco de las palabras de Dennis Abbot, portavoz de la Comisión Europea, quien, según parece, ha dicho

No sé cómo decirlo más diplomáticamente, pero eso es basura

en referencia a los recortes de las becas Erasmus anunciadas por Wert. La noticia de El País (que sirve como ejemplo, pero no se salva ningún medio), es de las 14:24. La portada de la web del mismo periódico, a las 21:19 es la siguiente captura de pantalla.

Captura de pantalla 2013-11-12 a la(s) 21.15.15

Esta tarde he escrito en Twitter que la traducción estaba mal hecha:

Hay un largo recorrido entre la estupidez y la basura, y es un recorrido que, en este caso, debe hacer el periodismo. El golpe del titular es, sin duda, mucho más duro con basura de por medio, la misma que se debe evitar. Un golpe casi diplomático, ya que se descalifican las palabras del ministro de Educación. Algunos me han dado la razón. Otros, sin embargo, me han dicho que daba igual la palabra utilizada, pues suponía una desautorización en toda regla.

Busqué el vídeo de la intervención y lo encontré en la siguiente noticia de El Mundo bajo el siguiente titular: “La UE desmiente a Educación sobre las becas Erasmus: ‘Es totalmente falso y es basura”. Pero lean el penúltimo párrafo:

Varias horas después de la rueda de prensa, Abbott matizó sus palabras e indicó en su cuenta de Twitter que su expresión en inglés “that’s rubbish” debería ser entendida como “sinsentido” y no “basura”.

Es en este momento cuando la basura pasa del Ministerio a la redacción. Hasta entonces, podría interpretarse todo como un malentendido. Pero desde las 16:48, hora en el que Dennis Abbot cuelga el tuit de abajo, sólo cabe una rectificación en la prensa. Y ya ven cómo están la portada de El País y la noticia de El Mundo. Parece ser que las aclaraciones del portavoz no han sido suficientes para que los periódicos rectificaran una información incorrecta. Y digo incorrecta porque, aunque el fondo de las palabras del portavoz de la Unión sean lo relevante, aquí se ha publicado la noticia como si fuera una desautorización un tanto airada de la UE cuando, cualquiera que vea el vídeo, cualquiera que traduzca con rigor y sentido común, y cualquiera que tenga en cuenta las explicaciones posteriores, sabe que no es así.

Pero hay más. Poco más de una hora antes, Abbot publicó el siguiente tuit en el que aclaraba que no se refería al ministro, sino a la interpretación de la situación que había hecho el periodista.

Como Twitter es como una fiesta a la que cada uno llega cuando quiere, uno se suele encontrar con que tiene que aclarar las cosas varias veces.

Ahora es media noche. La portada de El País y la noticia de El Mundo no han cambiado. La basura tampoco.

Jugando en casa


Escribo esto a propósito de una conversación en Twitter sobre esos valientes alumnos que ayer negaron el saludo a WertMarcel Gascon, que ya ha escrito lo imprescindible al respecto, ha dicho en uno de sus mensajes que se le olvidó añadir que “lo difícil y meritorio era ahí romper la disciplina de grupo y saludar a Wert”. Y de traje, como algunos hicieron, más difícil aún, añado yo.

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Niño judío, niño catalán


El ex-alcalde de La Coruña, Francisco Vázquez, se ha despachado a gusto en la TVG al afirmar que (video, minuto 23:10) no aprecia ninguna diferencia

entre un judío con estrella amarilla perseguido por los nazis, y un niño castigado, por hablar en castellano, en el patio del recreo.

Se debería reconducir el debate antes de empezar a defender las pedradas de los nuestros solo porque son nuestros adoquines. La tribuna en El País de la secretaria de Educación, Montserrat Gomendio, me parece muy centrada. Es un buen punto de partida. Tan disparatada es la bravata de Vázquez, como la de Tardá al calificar de terrorismo social la reforma.

El político catalán se califica a sí mismo tanto con sus dificultades de expresión como por el lenguaje que utiliza. Y Vázquez se equivoca gravemente por un motivo muy sencillo: utiliza la excepción para alcanzar una generalización indecente con el comodín del judío. Para muchos, el castigo sonará a otra época, algo así como si reprimieran a un niño por hablar en catalán en los patios franquistas. Aunque sea excepcional, ha ocurrido, como denunció Albert Ribera en la tribuna política de la edición catalana del ABC hace casi dos años:

Unos padres han denunciado que en un colegio público de Sitges, a la hora de evaluar a un alumno de 5 años, se le ha suspendido en el apartado de lenguaje verbal —para que lo entiendan los chicos de P-5 se hace simbólicamente con un pegatina roja en forma de semáforo— por hablar en castellano en la hora del recreo.

Pero que se haya hecho no quiere decir que sea la norma. Que haya denuncia indica, precisamente, que se ha vulnerado una ley. Y esa ley es la radical diferencia.

Humillación en el colegio de niños judíos. En la pizarra dice: “¡El judío es nuestro mayor enemigo! ¡Cuidado con el judío!”

Porque lo que sí fue ley en la Alemania de los años 30 fue la prohibición a los judíos a ser empleados del Gobierno. Luego, se les prohibió formar parte de las fuerzas armadas y, posteriormente, ejercer cualquier profesión liberal, desde maestros, hasta médicos. Las Leyes de Nuremberg los despojaron de sus derechos civiles y su nacionalidad. Se prohibió a los médicos “arios” atender a pacientes judíos, lo que les vetó el derecho a la atención sanitaria. Los niños judíos en las escuelas tenían que escuchar cómo sus compañeros cantaban en clase de música, con profesores pertenecientes al Partido Nazi, canciones que decían “cuando corra la sangre judía por mis manos”. Finalmente, también se prohibió a los niños ir a los colegios. A los pocos que aguantaron, claro.