Comunicados enfrentados


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Apertura de negociaciones

Según el Real Madrid, el Manchester no aceptó sentarse a negociar hasta la mañana del domingo. De acuerdo con el club inglés, el Madrid hizo su primera oferta por De Gea a la hora de comer.

13:39

A esa hora, el Real Madrid afirma que envía los contratos al Manchester. El equipo inglés no lo menciona, pero sí afirma, como el club blanco, que se llegó a un acuerdo rápido y que la resolución estaba supeditada al fichaje de Keylor Navas. Sin embargo, aseguran que mientras el Madrid controlaba el proceso de la documentación de Navas, De Gea y del propio club blanco, el Manchester sólo tenía control sobre la suya.

21:42

Ambos clubes coinciden en que el Manchester envía la documentación de los jugadores a esta hora. Según el Madrid, el equipo inglés incluye pequeñas modificaciones que el club madrileño acepta.

23:32

El Real Madrid devuelve la documentación al club inglés. Sin embargo, de acuerdo con el Manchester, falta la hoja de firma.

23:40

El Manchester asegura que recibe documentación con importantes cambios que ponen en riesgo el fichaje. El Madrid no lo menciona en su comunicado.

23:53

El Real Madrid sostiene que a esta hora, el Manchester llega a un acuerdo con los representantes de Keylor Navas y es entonces cuando se recibe la documentación del contrato para que la firme el jugador. El Manchester no lo menciona en su comunicado.

23:55

El Manchester asegura que a esa hora se reciben los documentos para cancelar el contrato de De Gea. El Madrid no lo menciona en su comunicado. Según el equipo británico, el Madrid todavía no había devuelto la documentación de Navas que, según el club blanco, acababa de llegar hacía dos minutos.

23:58

El Manchester asegura que recibe el acuerdo a esa hora y lo sube al Sistema de Correlación de Transferencias (TMS) de la FIFA.

00:00

Según el Real Madrid, el Manchester introduce los datos de De Gea, no los de Navas, en el TMS y remite al club, simultáneamente, los contratos firmados.

 00:02

El Real Madrid, siempre según su comunicado, intenta introducir los datos en el TMS de la FIFA pero ya está bloqueado.

00:26

El Real Madrid recibe una invitación del TMS de FIFA para introducir los datos del transfer.

00:28

La Liga de Fútbol Profesional recibe la inscripción de De Gea fuera de plazo.

El Manchester se ha ofrecido para demostrar que ellos habían firmado todo dentro del plazo ante la FIFA, pero el Madrid ha decidido no recurrir.

Tarde



El fichaje de De Gea se ha frustrado y la prensa nacional lo califican de ridículo del Madrid. Cuando daban el fichaje por realizado, incluso el subdirector de As, la prensa amiga, decía esto en Twitter.

El club habría fichado al jugador al día siguiente de la salida de Casillas, y si todo se ha frustrado, si se han quedado sin tiempo, ha sido porque el Manchester decidió sentarse a negociar el último día. Probablemente obedeció a su estrategia de negociación: esperar al último día para intentar mejorar la oferta del club blanco. Ya lo había dicho Van Gaal a quien le quiso escuchar: “Compramos caro y necesitamos vender también en precios altos” y “se sabrá sobre el futuro de De Gea el uno de septiembre”. Y es que es complicado negociar si una parte no quiere.

La operación se ha convertido en un esperpento por su desenlace. Nadie sale bien parado. Todos pierden. El mayor damnificado es De Gea, porque se queda en Manchester, donde ni quiere estar ni lo quieren. Tiene a su entrenador en contra y a la afición enfadada. El Manchester United pierde porque se le presenta ahora un grave dilema. Por un lado, puede seguir con el discutido Sergio Romero bajo palos y dejar al español en la grada o en el banquillo. Por otro, puede dar la titularidad a De Gea, pero tendría que aguantar mucha presión de la afición y no parece que eso beneficie al equipo. Podrían condicionar su titularidad a la firma de la renovación y es posible que el jugador acepte si pretende jugar la Eurocopa por encima de todo. Eso permitiría que el portero pudiera continuar más años en el club inglés y que el año que viene el equipo pueda pedir mucho más por él. Podrían llegar a un acuerdo por el cual el jugador renueve pero el club no le ponga trabas en la salida si el Real Madrid insiste en su fichaje. Lo que es evidente es que Van Gaal tendrá que responder ahora a la pregunta que tanto ha evitado durante las últimas semanas.

Por otro lado, el Real Madrid se queda sin su fichaje de la temporada. Y habrá que ver cómo reacciona De Gea para ver si el club ha dicho definitivamente adiós al jugador. Sin embargo, tiene la portería cubierta. Navas se queda y es querido por la afición. Ha demostrado tanto su solvencia como que llega un año tarde a la titularidad de la meta blanca.

Unicornios sobre Barcelona


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El arco parlamentario catalán está sembrado de nacionalismo. Pocos partidos se salvan. Por eso, no es de extrañar que Raül Romeva, ex diputado de Iniciativa per Catalunya, haya dejado su partido porque éste no apoya el proceso secesionista comenzado hace algunos años por Artur Mas, y se haya unido como número uno a la lista unitaria de Convergencia y ERC, con la que pretenden hacer un plebiscito en forma de elecciones autonómicas sobre el asunto catalán.

El 22 de octubre de 2012, el señor Romea se despertó y vio, sobre el cielo barcelonés, unos cazas militares. No eran chinos ni norcoreanos, sino españoles, y eso es precisamente lo que le alarmó. Firmó entonces una carta dirigida a la vicepresidenta y comisaria de Justicia, Derechos Fundamentales y Ciudadanía de la Comisión Europea, Viviane Reding, en la cual se señalaba que dos militares y un político habían hablado de la posible invocación del artículo 8 de la Constitución Española para defender sus fronteras e integridad territorial. Invitaban a la comisaria a estudiar la posibilidad de suspender el derecho de voto de España ante el posible peligro de una intervención militar. Romeva unió los puntos que, como a los niños, es lo que se le da bien: declaraciones, cazas, coacción militar a Cataluña.

Preguntado Carlos Herrera, dos días después, afirmó que

es inadmisible que [el referéndum] se plantee en términos militares como algunos están haciendo. Por lo tanto, en un marco democrático como es el europeo, la UE tiene que mandar un mensaje claro que frene cualquier tipo de incitación a ese tipo de actuaciones de tipo militar. Hay recursos para hacerlo por la vía política, por lo que estas amenazas están fuera de lugar.

El resto de la entrevista no tiene desperdicio. El nacionalismo vive en un estado alerta paranoica permanente. Donde hay maniobras del ejército del aire, el señor Romeva interpreta amenazas militares. Pide respeto, pero lo pone difícil. Es complicado respetar a quien defiende con seriedad el vuelo de unicornios sobre la catedral de Barcelona.

Y es complicado tomarlo en serio cuando ese mismo año, en enero de 2012, elevó una pregunta, junto al eurodiputado Ramón Tremosa (CiU) (quién también firmó la carta sobre los militares), a la Comisión Europea de importante calado político a propósito de un pisotón de Pepe a Messi en el partido de ida de la Copa del Rey:

¿Cree la CE que estos hechos tan graves, vistos por millones de personas, incluidos niños, deben quedar impunes? ¿Está satisfecha la CE al saber que ningún comité de competición no se está ocupando de este episodio de violencia en el deporte?

Sostenían que

si Pepe se queda sin sanción, su pisotón a Messi será percibido como una acción neutra para la sociedad.

Este es el nivel del number one de la lista unitaria plebiscitaria. La CE no llegó a contestar porque dos semanas después retiraron la pregunta. Casualmente, justo el día después de que se clasificara el Barcelona. No me pondré paranoico, no vaya a ser.

La soledad del portero


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La despedida de Casillas ha ensombrecido la entrevista a sus padres publicada ayer por El Mundo. Y viceversa. Y, a la vez, se han complementado de una forma dantesca: la entrevista responde preguntas que los periodistas en el comunicado del adiós jamás habrían realizado. Resulta que el guardameta y sus padres no se hablan, aunque parece que su madre le llama de vez en cuando para decirle que qué era eso de ir a un equipo como la Roma, o le escribe afirmando que se merece un equipo de más categoría que el Oporto. Su padre, por su parte, le recomendó no perdonar ni un céntimo al Madrid.

Por si fuera poco, ahora sabemos que en 2009, tras el inicio de la segunda etapa de Florentino Pérez en la presidencia, despidió a su entonces representante, Ginés Carvajal y demandó, a través de sus padres, al Real Madrid para que el club se hiciera cargo de la comisión del nuevo contrato que había firmado con el anterior máximo mandatario, Ramón Calderón. La demanda se alargó durante tres años, hasta el mismo día del juicio. El acuerdo al que llegaron, según parece, fue que Casillas acordaría una cantidad con su ex-representante y después, el Madrid se la abonaría al jugador.

Los padres de Casillas, según la entrevista, no tienen una buena relación con Sara Carbonero. Los problemas comenzaron en 2010, cuando el portero “decidió apartar a sus padres de una sociedad que había constituido junto a ellos para gestionar sus inversiones inmobiliarias y que contaba con un patrimonio de 30 millones de euros. Se abrió una brecha familiar a pesar de que Iker les entregó 5 millones, varios inmuebles y les fijó un sueldo de 9.300 euros al mes durante 15 años. A cambio, les pidió que firmasen un pacto de no agresión todavía en vigor y por el cual no pueden vertir comentarios despectivos contra él ni contra su entorno más cercano”.

La entrevista destila la sobreprotección de unos padres que terminan viendo en cualquier persona que no sean ellos mismos una amenaza para su hijo. Los millones que ha ganado Iker han golpeado a la familia como una herencia. Han originado la batalla que una madre nunca debe librar porque nunca puede ganar: la de la idoneidad de la nuera. Esa desconfianza nubla el juicio. Los hijos tienen que equivocarse como adultos. O acertar, porque acabarán haciendo lo que quieran igualmente.

El amor de los padres por su hijo y su borrosa relación con la realidad se pone de manifiesto cuando exigieron al propio Florentino que su hijo, de entonces 24 años, ganara lo mismo que Raúl. Estos son los mimbres que han sujetado la cabeza de Casillas sus últimas tres temporadas. Su familia, en cambio, prefiere ver una suerte de conspiraciones entre Florentino, Mourinho, periodistas y Arbeloa, un contubernio que ha hundido a su hijo porque se vive mejor echando la culpa a los demás. Los argumentos infantiles de sus padres se caen por su propio peso: de haber querido forzar la salida de Iker, Florentino habría fichado a un portero cuando Mourinho se lo pidió, y no habría esperado a la necesidad de llevar a Diego López por la lesión de Casillas. Se olvidan de que fue Mourinho quien salió poco después del club y de que Carlo Ancelotti también lo sentó. Si el portero jugó la Champions, fue porque el italiano no quería un cisma en el vestuario.

La despedida, a falta de la que habrá hoy en el Bernabéu en una rápida reacción del club tras las críticas vertidas, no fue la que un jugador como Casillas merecía. Pero no debemos olvidar que él lo eligió. Y se me antoja complicado pensar en cómo se puede convencer a alguien de que el adiós que merece debe ser distinto cuando se impone el rencor. Es fácil decir que el Madrid ha gestionado mal la salida de Casillas y olvidar que el club le puso todo tipo de facilidades para que fuera a su medida. La plantilla habría podido estar a su lado si las negociaciones no se hubieran roto tantas veces. Es fácil caer en el perverso cliché del empresario.

Lo que no vale es proteger a Casillas como lo hacen sus padres. Tratarlo como a un niño. Como si no fuera dueño de sus decisiones. Como si él no fuera consciente, tanto como el Madrid, que la decisión de salir solo ante la prensa daría mala imagen al club. Y es que, para irse dignamente de un club como el Real Madrid, antes de nada, hay que hacer una reflexión sobre uno mismo y ser consciente de que ya no se rinde al nivel necesario. Es una ley de vida difícil de aceptar cuando eres dueño de todo calificativo milagroso.

A Casillas se le ha protegido tanto, que ayer estaba solo.

La Décima


La Décima comenzó a ganarse 24 de abril a las 21:01 cuando Sergio Ramos coló un obús con la cabeza en el fondo de las mallas del Allianz Arena. Pero comenzó a gestarse casi cuatro años antes, cuando Mourinho llegó a un Real Madrid con la necesidad imperiosa de competir. La llegada del entrenador portugués provocó una revolución en los asientos del Bernabéu: pocas veces la afición madridista ha sentido una unión y una fidelidad por su entrenador como la que sintió con Mourinho hasta que comenzó a ser cuestionado por los medios y, más tarde, por su enfrentamiento con Iker Casillas. Los ídolos no son de este planeta y las guerras contra ellos suelen comenzar ya perdidas.

Mourinho llevó la revolución al Bernabéu. Agarró de la pechera al señorío y recriminó en voz alta que los partidos no se ganaban con el puro en la boca. Despertó un madridismo salvaje, lo que muchos han definido como mourinhismo, pero que ni siquiera han sabido definir. Unos, muchos de ellos periodistas, lo han calificado de una ultraderecha efervescente, peligrosa, gritona. Con esos pobres argumentos han luchado. Otros, que se proclaman mourinhistas, no hacen sino un flaco favor a su significado porque, en realidad, nunca han visto más allá de su forofismo y Mourinho les ha servido de canalización.

El mourinhismo no consistía, ni consiste, en la defensa a ultranza de una persona, haga lo que haga, diga lo que diga, de forma irracional; sino en la defensa de un equipo, de que lo políticamente incorrecto vale incluso más que lo correcto y que está bien decirlo, en que la lealtad es fundamental en el trabajo en equipo, en que el jefe siempre está en el banquillo y no en el campo pero, sobre todo, consiste en denunciar la trampa intelectual de que hay un buen fútbol y un fútbol malo. Es la denuncia de una moral impuesta por pequeños gerifaltes que creen que su opinión es verdad suprema. Una pelea contra esa moral que vale para el fútbol y para cualquier orden de la vida.

El mourinhismo es denunciar la hipocresía del que actúa como se espera de él en público, pero fanfarronea a micrófono cerrado. Denunciar que el Madrid, por no jugar como el Barcelona, no es peor equipo. Mourinho no es que fuera el mejor entrenador del momento, es que era el idóneo para atacar esos cimientos.

Venía a competir contra el mejor Barça de la historia, un equipo que había superado al Real Madrid. En esa imagen colectiva aterrizó el portugués, en tierra de guardiolismo absorbente ayudado, además, por los éxitos de la selección española. Una forma de pensar que consiste en una sonrisa permanente, en las buenas relaciones y formas porque todo va bien, en especial con los medios, en asombrar al mundo con el juego y los porcentajes de posesión. En el trabajo diario de una cantera frente a zarpazos financieros de fichajes millonarios; en la humildad frente a la soberbia; en el seny frente a la chabacanería; la democracia frente a la dictadura. En vender la imagen frente a la realidad. La guerra entre la pureza y lo maldito.

En Madrid comenzaban a sentirse los primeros síntomas de lo que Pedro Ampudia bautizó como el madridismo culé, que no es otra cosa que la madriditis pero sufrida por un merengue: una enfermedad que uno ve perfectamente en los demás, pero nunca reconoce en uno mismo. Eso, en toda la historia del Barça, sólo lo ha conseguido Guardiola y hay que reconocerle su mérito.

Mourinho devolvió competitividad al Madrid y acabó con el guardiolismo. Ese es su mayor triunfo. El propio Guardiola se bajó del carro un año antes, no sé si por estrés o porque veía venir un derrumbe que no quería que le pillara en casa. Decidió tomar aire y firmó un nuevo contrato con el equipo más potente de Europa, el Bayern de Munich que, como una profecía, había arrasado Barcelona con un 7-0 demoledor en las semifinales del año anterior. Parecía que Guardiola se movía en el fútbol como Fouché en política.

Para doblegar a Guardiola, Mourinho compitió hasta el límite, y los límites suelen agotar. La prensa, que esperaba sus ruedas de prensa con grabadoras, comenzó a acudir con cuchillas. Pensaron que tendrían titulares fáciles y, en efecto, los tuvieron: pero a costa de poner en evidencia sus propias miserias. Se movilizó de forma vergonzante, crearon un clima insufrible y, en medio de todo esto, se enrarecieron las relaciones en el vestuario donde el capitán jugó un papel crucial. La decisión de sentar a Casillas condenó a Mourinho. Buena parte de la afición se sintió agredida, se rompió definitivamente la armonía. Casi de la noche a la mañana, los aficionados se dividieron entre los que querían al entrenador en la calle, y los que acusaban a Casillas de traidor por dar munición a la prensa que, día tras día, disparaba en la rueda de prensa contra su jefe. Esos odios todavía quiebran con daños colaterales como Arbeloa Diego López.

Al final del año, el callejón condujo a la salida de Mourinho y la llegada de Ancelotti, quien demostró su carácter al sentar a Casillas desde el principio de temporada. Las críticas arreciaron y él, que no tenía nada personal contra Iker, pero que sabía que no podría capitanear esa nave en esos mares ni tampoco podía ceder, decidió que jugara la Champions. Era eso u otro año aciago para el Madrid. Carlo cogió un equipo casi hecho, con pocos cambios y lo ha adaptado a su visión del fútbol sin despreciar las armas cargadas que le entregó Mourinho. Ha podido llegar donde el portugués, por tres veces consecutivas, se quedó a las puertas.

Carlo ha doblegado el maleficio de Alemania, puesto a prueba tres veces seguidas. La brutal paliza al Bayern de Munich, donde se vio finalmente que el paseo triunfal de Guardiola por tierras bávaras no ha sido sino un espejismo en alta competición. Donde quedó demostrado que el fútbol del guardiolismo se debió a la conjunción de una seria de jugadores excepcionales y un gran entrenador. Guardiola llegó al equipo que enterró a su hijo, pero se topó con el equipo que creó su archienemigo, manejado con maestría por Ancelotti.

Parecía que, como Edipo, el Madrid se enfrentaría al destino de matar al padre, pero de esa batalla cruel se encargó Simeone, un hombre que ya ha hecho historia como entrenador en el Atlético de Madrid más competitivo que se recuerda. Han realizado una temporada memorable, inimaginable para cualquiera el pasado septiembre. En cierto modo, el Atlético ya la ha ganado.

Pero falta levantarla. Que la levante el Madrid.

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En defensa de Mourinho (y III)


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Segunda parte

La deshumanización es un proceso que consiste en hacer desaparecer características humanas. Se trata de sustraer los valores positivos para distorsionar una personalidad concreta, dejando de ella tan sólo valores percibidos como moralmente negativos.  Un grupo humano, un colectivo, puede percibir como una amenaza a un ‘outsider’ o grupo social y, a partir de ahí, comenzar un proceso sustentado en la supervivencia para deslegitimar la amenaza. Según el Doctor en Psicología por la Universidad de Pittsburgh, Daniel Bar-Tal, dicha deslegitimación sirve al principio como explicación al comportamiento del grupo, pero acaba como justificación. Así, ese proceso deslegitimador lleva al daño -no necesariamente físico- y más tarde, se intensifica la desligitimación para justificar ese daño.

No es un proceso planeado a escala social, sino un seguimiento de masa donde cualquier crítica al movimiento corre el peligro de ser identificado con el ‘outsider’ y correr su misma suerte, por lo que es más prudente optar por un silencio cómplice ante cualquier flagrante caso de abuso. Una vez en marcha el mecanismo, se entra en un círculo destructivo cada vez más intenso, y una espiral interminable de violencia lleva al sujeto a una condena moral, es decir,  a su deshumanización. Así, el sujeto puede ser objeto de cualquier tipo de vejación sin que haya una denuncia social del comportamiento del colectivo.

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“Animó al Canillas sin ducharse”, Marca.

El caso de Mourinho, como se expuso en la segunda parte de esta trilogía, es un claro ejemplo de ello. No sólo los panzer mediáticos lo han atacado con insultos que van desde “carroña” hasta “nazi portugués”, sino que el goteo diario de descalificaciones de perfil bajo han ido desde llamarlo “Pinocho” (a gritos, en la televisión, y en directo) hasta publicar que fue a ver entrenar a su hijo sin pasar por la ducha. Es el goteo incesante de la calumnia diaria lo que, poco a poco, gana adeptos.

La personalidad de Mourinho es, desde luego, controvertida, de las que levantan pasiones tanto positivas como negativas. A nadie deja indiferente. La caricatura dictatorial e impositiva dibujada por la prensa contrasta con el aprecio y la adhesión mostrados por la mayoría de los jugadores de los clubes por los que ha pasado. Sin embargo, es fácil transformar la exigencia, el trabajo duro e incluso la inflexibilidad con un carácter autoritario que no admite réplicas ni contestaciones.

Cualquier acción desinteresada de Mourinho, que por desinteresadas sólo pueden ser humanas y decentes si se mantienen en privado, ha sido sepultada por el acoso permanente de la prensa. Se han publicado con adversativas. Mourinho llegó al Madrid y amenazó al status quo vigente. Lo habría cambiado de haber logrado el apoyo institucional del que careció. Faltó arrojo y sobraron asadores. Mourinho se ha ido, cansado, con una guerra que comenzó perdiendo en casa, como Estados Unidos la de Vietnam. Pero creó, sin quererlo, un movimiento que se identificó con lo que él quería y que pretende cambiar las cosas. Que está hastiado y agotado de los tentáculos del poder fáctico en el club. Mourinho no representa ningún culto a la personalidad, ningún caudillismo. Esto parece que no lo entienden los periodistas que llevan veinte años dorando la píldora de jugadores y entrenadores justo media hora antes de machacarlos. Su comportamiento dista mucho de la profesionalidad. Se quedan en los nombres y creen que el enemigo juega una guerra de ídolos. Pero no es cuestión de nomenclaturas, sino de cómo hacer las cosas. Por eso va más allá del deporte.

En defensa de Mourinho (II)


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No existe hombre poderoso en el mundo que, convenientemente acosado, no pase a ser víctima. Estamos siendo testigo del acoso mediático más agresivo y prolongado llevado nunca a cabo por la prensa de este país contra un profesional del deporte. El público, poco a poco, ha terminado cayendo en las falacias, las mentiras, el matonismo periodístico y las inquinas personales de una prensa que devora todo aquello que la desafía. Como escribió el filólogo alemán Victor Klemperer, en su libro LTI: La lengua del Tercer Reich,

las palabras pueden actuar como dosis ínfimas de arsénico: uno las traga sin darse cuenta, parecen no surtir efecto alguno, y al cabo de un tiempo se produce el efecto tóxico.

La propaganda no está sólo en la violencia verbal, sino en los mecanismos de la vida cotidiana que utiliza para perpetuarse. Desde hace dos años, el objetivo de una gran parte de la prensa ha consistido en horadar a Jose Mourinho con el objetivo de crear una situación tan tensa e irrespirable, que su continuidad al frente del Real Madrid sea imposible. Lo han hecho con el odio que profesa la impotencia, con la perversión de la mentira y la mediocridad. Se han olvidado de su labor profesional para militar en el insulto personal, se han convertido ellos en la noticia, se han hecho pasar por agraviados y, con la patente de corso que otorgan los traidores, reparten carnets del único madridismo válido con el mismo autoritarismo que movimientos como el 15M se autoproclaman portavoces de la sociedad.

En su momento, la prensa se frotó las manos con la llegada de Mourinho. Un personaje mediático que levanta pasiones por las que se declaran guerras, hasta que se dio cuenta de que ellos tampoco se salvarían de las estrictas normas del portugués. La insolencia del entrenador ponía un espejo en cada rueda de prensa y el público se regocijaba en las miserias de los niños malcriados del periodismo de Madrid. El todavía entrenador del equipo gustaba a la afición y le mostraba una adhesión inquebrantable. Había una fe ciega en él. Pero la prensa se cansó rápido de la actitud del portugués, que es como decir que se cansó de trabajar bajo las nuevas condiciones impuestas y eligió, como suele hacer, trabajar contra ellas. Natalia Pastor, en una reciente entrevista para El Minuto 7, ha declarado que un periodista, durante un cóctel,

empezó a despotricar contra Mourinho porque había prohibido que los periodistas viajaran en el avión de los jugadores y que éstos concedieran entrevistas personalizadas. El periodista dejó claro cuál iba a ser el “modus operandi” ante los presentes en el corrillo: “Si éste… se cree que puede echarnos un pulso, lo lleva claro. Nosotros ponemos y quitamos entrenadores y Mourinho no va a ser una excepción.

No tengo claro que la prensa tenga la suficiente influencia para poner entrenadores, pero que la tiene para quitarlos lo sabe cualquier aficionado al fútbol que haya seguido al Real Madrid dos días seguidos. Por poner un ejemplo reciente, valgan estas portadas de Marca sobre Manuel Pellegrini desde que en el diario se decidió que rodara su cabeza. La primera de estas portadas es de octubre de 2009. La tercera, de mayo de 2010.

Composición de portadas realizadas por El Minuto 7.

Gota a gota de arsénico, la prensa envenena el estómago. En este artículo, llamado ‘La trituradora‘, publicado en enero de 2013 por José Luis Rodríguez-Mera, hay un resumen de algunos artículos que muestran el nivel de odio y miseria desplegado en el ataque contra Mourinho. Ya Del Bosque denunciaba campañas de antimadridismo en la prensa en el año 2000, también lo hizo Jorge Valdano seis años antes. Tras la guerra interna del argentino y Mourinho durante la primera temporada del luso en Chamartín, Valdano fichó por la Cadena SER, perteneciente al Grupo PRISA, como El País y el As, que han sido la punta de lanza del acoso sistematizado contra Mourinho.

Aunque en principio pueda sorprender, no hacen falta argumentos deportivos para defender al luso. Si las críticas de la prensa fueran estrictamente futbolísticas, no se habría montado la campaña. Pero si algo han hecho, ha sido no utilizar argumentos deportivos porque una campaña de difamación precisa de una avalancha de golpes bajos. Con ellos, buscan el repudio social masivo. Esto le puede ocurrir a cualquiera que se ponga en su punto de mira. Por eso, la defensa de Mourinho trasciende lo deportivo.

El enfrentamiento entre Mourinho y Ramos, en enero de 2012

En el diario asturiano La Nueva España recibieron al portugués así: “Arrogante, de derechas, católico y con familia vinculada al dictador Salazar”. Su fichaje se hizo oficial al día siguiente. Cuando comenzaron las filtraciones, como el famoso encontronazo con Ramos y Casillas en un entrenamiento que Marca llevó en portada. Se habló entonces de una caza de brujas en el vestuario y la prensa alentó las diferencias, hablando de dos clanes -que no grupos- claramente diferenciados donde los portugueses formaban una piña con Mourinho y éste les favorecía. Por tanto, un jugador del Real Madrid, en contra de las normas establecidas en el club, filtraba información a la prensa que luego ésta utilizaba para atacar a Mourinho en las ruedas de prensa donde, lógicamente, tampoco tenía muchos amigos. ¿Se puede imaginar alguien un paralelismo semejante en el consejo de administración de una gran multinacional española? ¿Dónde acabaría el topo de, por ejemplo, Movistar?

Uno de los encontronazos más sonados con los medios ocurrió durante la rueda de prensa tras el partido frente al Barcelona el 16 de abril de 2011, que acabó con empate a uno. Cuando As y Marca hicieron sus preguntas, Mourinho respondió que, si ellos no eran los directores de los periódicos, no tenía por qué contestar, pues ellos no querían hablar con su segundo entrenador, Aitor Karanka. Respondió así Mourinho al desplante del día anterior, cuando algunos medios de comunicación abandonaron la sala de prensa al comprobar que iba a hablar el segundo del Madrid.

Desde El País, Javier Marías lo ha llamado “chamán de feria”, “individuo dictatorial”, “malasangre”, y que mantiene su poder a través de “un reinado del terror”, entre otras cosas. José María Izquierdo, desde las mismas páginas, habla de una especie, ‘los aznaourinhos‘, que “apenas le hacen ascos a la carroña o a la basura”. Carlos Boyero, lo llamó “mercenario” y “nazi portugués”. El pasado día trece, el periodista y El País han sido condenados a pagar 6000 euros de indemnización a Mourinho. John Carlin, que le ha acusado de inmaduro y adolescente y con la “intolerancia de un dictador militar”, asegura que “posiblemente, nadie haya provocado más división -más repulsa o más fanática adhesión- desde tiempos de Franco“. Habla también del seguimiento incondicional de los Ultra-Sur, que son “curiosa casualidad, de corte fascista”. Rafael Tabarés califica su dialéctica de “intimidatoria y camorrista” en una  columna llamada ‘Psicóticos, pendencieros y sinvergüenzas‘. Michael Robinson, en una entrevista, aseguró que “es como un francotirador, no quiero llamarle asesino a sueldo, pero un día recibió un sobre marrón con un montón de dinero y fotos de los que tenía que liquidar. Y ha ido cumpliendo”.

Desde As, Marca, COPE y otros medios se ha dicho que es un “cáncer para el Madrid”, “que ha envilecido todo lo que ha tocado”, “deficiente mental“, que “la antropología y la investigación de la conducta de los primates nos aportan información interesante sobre la naturaleza” de personajes como Mourinho. Muchas más barbaridades se pueden leer en el artículo ya mencionado antes, ‘La trituradora’.

En Twitter, no se hacen prisioneros. La descalificación ha sido digna del barrio más bajo de la ciudad más pobre del país más miserable del planeta. Como muestra, este tuit de Diego Torres, periodista de El País. Sobran explicaciones.

Toda campaña de acoso tiene una vertiente en la que se ataca a la familia, a lo más querido del acosado, como en las películas donde amenazan con matar a los niños si no se doblegan. Se entra en lo personal. El Mundo hizo un reportaje vergonzante, coloreado y repleto de imaginación sobre la madre de Mourinho y la vida del entrenador de joven llamado ‘La misteriosa madre que parió a Mourinho‘. En él, se decían cosas como que es una “hija ilegítima que se crió en la mansión de su tío abuelo, un rico empresario” y que no habla con periodistas “por la estricta omertà que ha dictado el propio Mou a toda su familia”. Por su parte, As lo grabó en un partido de fútbol del hijo de Mourinho el día de la entrega de los Premios FIFA, donde el portugués estaba nominado a mejor entrenador del año. Por los motivos que fueran, decidió quedarse en Madrid y ver el entrenamiento de su hijo como tantas tardes ha hecho desde que se mudó a la ciudad. En el minuto 1’09 del vídeo, se puede escuchar a un periodista que dice

y encima se ríe porque el hijo puta está forrado. Se está partiendo la polla.

Dos días después de que Messina, ex entrenador de baloncesto del Real Madrid dejara el cargo en marzo de 2011, el diario La Repubbica lo entrevistó y le preguntó que, según los aficionados madridistas, el enemigo no son los periódicos de Barcelona, sino el falso amigo que es el periodista de Madrid. A lo que respondió que

Es absolutamente cierto. El Real está rodeado de una prensa sin dignidad ni restricción en el uso del sarcasmo y la provocación. Siempre busca enturbiar el ambiente. Prefiere al jugador español respecto al extranjero, pone a unos contra otros y manipula las opiniones. (...) Algunos me han confirmado que ciertos personajes han recibido un trato de favor por parte de esa prensa al pasar información confidencial, del vestuario, a determinados periodistas. [Felipe Reyes] dio una entrevista sin sentido que en un gran club no debería haber pasado nunca. Antes de irme le dije a Florentino Pérez que lo que el Madrid necesita es una estructura de mánagers que defiendan y apoyen al entrenador, porque en el Madrid el entrenador debe ser instructor, psicólogo y domador.

Ante actitudes canallas como la vivida, hay tres opciones posibles: sumarse a la horda de insultos, ponerse de perfil o sumarse a la defensa de Mourinho porque defenderlo es defender también al Real Madrid. Cuando Margaret Thatcher sufrió una campaña brutal en su contra al eliminar el vaso gratuito de leche para niños de siete a once años durante su etapa de ministra a principio de los setenta, aprendió una valiosa lección: “he aprendido lo que es pagar el máximo precio político a cambio del mínimo beneficio político”. Algo así, en el terreno deportivo, se puede aplicar a Mourinho. Al fin y al cabo, pocos han defendido tanto al Madrid a cambio de tan poco, como escribía ayer Percival Saint en el Almanaque Madridista.

La prensa, una vez más, parece que quita al entrenador en el Madrid. El que llegue, sabrá que hay un jugador concreto al que debe alinear. La prensa acaba de ganar otra batalla, cierto. Pero también ha comenzado a perder la guerra.