Us presentem al General Franco


La falta de libertad es absoluta. Y sólo se ve atenuada por el estado de corrupción en el que vivimos. El general Franco, el hombre que pronto vendrá a Barcelona, ha escogido como instrumento de gobierno la corrupción. Ha favorecido la corrupción. Sabe que un país podrido es fácil de dominar, que un hombre implicado en hechos de corrupción, económica o administrativa es un hombre comprometido. Por eso el Régimen ha fomentado la inmoralidad de la vida pública y económica. Como es propio de ciertas profesiones indignas, el Régimen procura que todos estén metidos en el fango, todos comprometidos. El hombre que pronto vendrá a Barcelona, además de un opresor, es un corrupto.

‘Us presentem al General Franco’, Jordi Puyol, 15 de abril de 1960.

Vía 1984.

La gran victoria de la democracia


No se pierdan los once minutos de debate junto a Albert Rivera, Juan Arza y Xavier Sardá. La gravedad de las palabras de Lluís Salvadó, diputado en el Parlamento de Cataluña y secretario adjunto de ERC:

Vamos a conseguir proclamar la independencia de Cataluña y tenemos muy claro que no lo vamos a hacer cumpliendo la Constitución Española. Por tanto, estamos dispuestos a luchar para ser obedientes a la población.

Salvadó retó a Rivera a que enseñara un solo papel donde dijera "Espanya ens roba". Éste es de las juventudes de su partido, via Albert Rivera.
Salvadó retó a Rivera a que enseñara un solo papel donde dijera «Espanya ens roba». Éste es de las juventudes de su partido, via Albert Rivera.

La independencia se ha convertido en una pataleta infantil. El señor Salvadó esgrime que «la democracia es votar», un argumento pobre, simple, ignorante y falaz. No necesita más para la masa convencida antes de escuchar su discurso. Las leyes de un Estado de Derecho no parecen importarle, y no le molesta que le arrinconen cuando le argumentan que saltarse las leyes nunca es democrático.

La mayor trampa de su argumento está, precisamente, en el referéndum que pretenden: La falta de legalidad para su celebración, provocaría que sólo aquellos que están por la causa independentista participaran. Una aplasante victoria para el #SiSi, tan ilegal como fraudulenta. Para Salvadó, la gran victoria de la democracia que necesita.

El otro Madrid


Pablo Iglesias vive del mensaje antisistema, es decir, del sistema, desde que tiene uso de razón. Dirige un mensaje simplificado y simplón que sólo entiende de westerns, de indios y vaqueros, de buenos y malos. Sin embargo, él se mueve como un funambulista con las palabras, el gesto, el tono y la mesura. Por eso se permite rechazar el terrorismo como concepto y el de ETA como concreto y, a la vez, simpatizar con los ejecutores, como si pudiera existir el terrorismo sin un dedo en el gatillo. Las simpatías por los terroristas sólo se da por un motivo: piensa como ellos aunque no actúe como ellos. Está más cerca de su causa política que de una Constitución que ya ha dicho más de una vez que no es la suya. Según Iglesias, lo que se instauró en España después del franquismo fue una Constitución para que todo siguiera igual. Eso comentó en una Herriko Taberna, para añadir después que

quien se dio cuenta de eso desde el principio fue la izquierda vasca y ETA. Por mucho procedimiento democrático que haya, hay determinados derechos que no se pueden ejercer en el marco de la legalidad española.

Demonstrators Surround The Spanish Congress To Protest Against Spending Cuts And The Government Of Mariano RajoyLa semana pasada ya dejó caer su opinión en un Ritz decadente en lo estructural y en lo moral, amoldado a los tiempo que corren, de donde fueron expulsadas las formas del camarero del 15M, de héroe a villano, y se quedó el fondo del asunto en la conferencia, con la vergonzante cabeza baja de los asistentes.

Pablo Iglesias dice, en un video de apoyo a Herrira, que él habla desde el otro Madrid -como el 15M representaba al 99%-. Lo que quiere decir es que hay gente fetén en Madrid que piensa como él, que no toda la capital es casta del Pleistoceno que pretende mantener vivo el terrorismo -para que los maten-. Que en Madrid, aunque tapados, hay hombres libres como él dispuestos a escuchar a los terroristas aunque la Parabellum acabe de dispararse sola. Su cliché moral alcanza las más altas cotas de su intelectualidad cuando afirma que

es fundamental que todos y todas pongamos nuestro granito de arena para defender los derechos humanos y para combatir la excepcionalidad.

Probablemente, derechos humanos sean las dos palabras seguidas que Pablo Iglesias ha repetido con más insistencia en su carrera político-medíatica, como si la reiteración le convirtiera en embajador de Buena Voluntad de la ONU. Lo que hace Iglesias es hablar de derechos humanos con los asesinos, es decir, ponerse a su lado para espetárselos a la contraparte. No exige al criminal que los respete, sino que lo demanda al Estado. Por eso, a continuación, habla de la ‘excepcionalidad’, que no es más que la vetusta exigencia de los colectivos del entorno terrorista para el acercamiento de presos a cárceles vascas.

En una guerra que no existió para llamarlo conflicto y pedir la paz, en un país donde han asesinado a más de 800 personas por pensar como piensan, por cumplir con su deber o por estar en el lugar equivocado el momento equivocado, se necesita una visión muy particular para dar lecciones de democracia en una Herriko Taberna y estar de acuerdo con los regentes.

Niños a la venta


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Esta tarde, la periodista Julia Otero se ha sobrecogido porque en la Italia de los años 40 se colgaban niños en columnas para su venta. Se suponía que eran niños que nadie quería y, por tanto, eran abandonados al mejor postor.

Julia Otero eliminó el tuit cuando supo que era un error. Esta es la imagen.
Julia Otero eliminó el tuit cuando supo que era un error. Esta es la imagen.

Una fotografía como la de arriba debería levantar sospechas antes de hablar. Por ejemplo, que esté escrito en francés «A vendre» y no en italiano. Pero hay más: ¿Se hacía de acuerdo con la ley o a pesar de ella? Si era en contra, ¿correspondía a una costumbre? Hay que tener cuidado cuando a la evidencia fotográfica le falta su pie. Pero sobre todo, hay que tener cuidado cuando desafía el sentido común.

1327587314-Saint-JustLa verdad la sacó el blog Hoax of Fame: Evidentemente, la fotografía es una postal; no es en Italia sino en Francia; y no son los años 40 sino 1904-1905. En la parte inferior izquierda de la pantalla se puede leer AS, que corresponde al editor francés Saint-Just, reconocible, además, por la flor de lis entre sus letras.

Hay más postales parecidas a ésta, desde luego, incluso a la venta más de 100 años después.

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Pero Otero se ha empeñado en error cuando le han señalado la posibilidad de estar equivocada.

Una cuenta anónima muy reputada que no se sabe de quién es. Corren buenos tiempo para el periodismo.

 

Por más democracia


 

La votación del Proyecto de Ley Orgánica por la que se hace efectiva la abdicación de Su Majestad el Rey Juan Carlos I de Borbón obtuvo 19 votos negativos. De ellos,

Los siguientes señoras y señores diputados, al emitir su voto negativo, dijeron:

La señora García Álvarez: Por más democracia, voto no.
El señor Garzón Espinosa: Por más democracia, voto no.
La señora Jordà i Roura: Por una república catalana, no.
El señor Lara Moya: Por más democracia, voto no.
El señor Llamazares Trigo: Por más democracia y por la república, voto no.
La señora López i Chamosa: Sí, que se jubile.
El señorNuet Pujals: Por más democracia, no.
La señora Ortiz Castellví: Por más democracia y derecho a decidir, voto no.
El señor Sixto Iglesias: Por más democracia y por la república, voto no.
El señor Tardà i Coma: Por la república catalana, voto no.
El señor Yuste Cabello: Por más democracia y el derecho a decidir, voto no.
El señor Bosch i Pascual: República catalana, o sea, no.
El señor Centella Gómez: Por más democracia, mi voto es no.
El señor Coscubiela Conesa: Por más democracia y derecho a decidir, voto no.
La señora De las Heras Ladera: Por más democracia, voto no.

López i Chamosa no rompió la disciplina del Partido Socialista, pero dejó constar su conciencia para una residencia de ancianos. Por lo demás, el problema entre república y monarquía no está en si una es mejor que la otra; sino en los motivos políticos, que hacen morales, los que suman cuñas al voto.

Nimiedades


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Tira cómica de Quino.

Nimio,mia: (Del lat. nimĭus, excesivo, abundante, sentido que se mantiene en español; pero fue también mal interpretada la palabra, y recibió acepciones de significado contrario).
1. adj. Dicho generalmente de algo no material: Insignificante, sin importancia.
2. adj. Dicho generalmente de algo no material: Excesivo, exagerado.

Hace dos años me encontré en una carretera con la siguiente pintada, producto de la educación intelectual que todos sufrimos:

Pienso, luego estorbo

La cosa me resultó muy graciosa, más que nada porque me pareció que era verdad. Un grito tan angustiado se le había debido de ocurrir seguramente a una persona, y esta persona quizás había intentado apartarse del rebaño (concedamos que así fue). Sin embargo, eso de que uno anuncie a los cuatro vientos que es el único ser humano capaz de pensar por sí mismo, eso y no otra cosa es precisamente el mayor de todos los clichés de nuestra época. Lo cual le da un giro muy entretenido al asunto pues, como en el cuento del lobo, ya ni siquiera podemos saber si el muchacho realmente estaba pensando de verdad, y tan sólo nos queda claro que estorbaba.

Hoy en día resulta que eso de pensar se ha convertido en una especie de aporía, y decir ‘yo pienso’ se parece cada vez más a un vulgar ‘yo nunca miento’. No debería resultar extraño, pues (aunque sí un pelín sospechoso), que ya casi todo nos resulte impensable, entre otras cosas porque no cabe pensar nada interesante que no deba ser tremendamente original, como siempre. Si toda época tiene sus espejismos, sus ídolos, ésta en la que vivimos no se queda corta, y el primero de todos es el de la originalidad, la cual comenzó por ser algo muy interesante y entretenido, desde luego, pero ahora no es más que un coñazo insoportable. Menuda tabarra esa de que todos tengamos que ser igual de diferentes. Sin embargo, nada resultaría más original, nada más inaudito que no pretenderlo. Esto sí que sería algo impensable, casi tan increíble como no quererse ir de vacaciones en verano. Hasta el funcionario más vulgar aspira a llegar a ser un revolucionario cualquiera, y con tener esa aspiración piensa que queda redimido, cuando en realidad lo que hace es rematar la faena.

Sí, el asunto de la originalidad se ha convertido en un coñazo insoportable. Eso y no otra cosa es lo que muy astutamente ha querido anunciar al resto del mundo la artista Deborah de Robertis mostrándonos lo original que es el suyo mientras recitaba un poema bajo los aplausos de un público que, un pelín desorientado, se olvidó de escandalizarse como es debido (recordemos que a estas alturas del juego, el verdadero happening ya no es lo que hace el artista, que al fin y al cabo padece de serlo, sino el público). Fuentes fidedignas nos aseguran sin embargo que un señor mojigato, y sin duda un poquito machista, se dio la vuelta con cara de asco mientras murmuraba: ‘¡será posible, otra vez Baudelaire!’, pero se retractó al momento cuando le aseguraron que el poema también era original. La obra ha quedado registrada en este video, en el que la artista ha decidido acompañar el evento con el hermosísimo ‘Ave María’ de Schubert.

http://www.dailymotion.com/video/x1yaxll_une-artiste-expose-son-sexe-sous-l-origine-du-monde_news?

Yo por ahora me limitaré a señalar este otro interesante artículo que no hace mucho escribió el pintor Íñigo Navarro y a sugerir que no nos quedemos con la simple anécdota por lo demás completamente ‘naive’ que supone la panorámica de un sexo al descubierto, sino que tengamos el valor de atisbar el verdadero significado de la obra, el cual, por emplear una metáfora feliz, podemos decir que ya surge, que está naciendo de las mismas entrañas de su autora (la criatura al nacer se despereza, abre sus fauces y es entonces el pasmo y el escándalo del mundo cuando pronuncia las siguientes palabras):

Pienso, luego estorbo (aplausos entusiastas).

La Décima


La Décima comenzó a ganarse 24 de abril a las 21:01 cuando Sergio Ramos coló un obús con la cabeza en el fondo de las mallas del Allianz Arena. Pero comenzó a gestarse casi cuatro años antes, cuando Mourinho llegó a un Real Madrid con la necesidad imperiosa de competir. La llegada del entrenador portugués provocó una revolución en los asientos del Bernabéu: pocas veces la afición madridista ha sentido una unión y una fidelidad por su entrenador como la que sintió con Mourinho hasta que comenzó a ser cuestionado por los medios y, más tarde, por su enfrentamiento con Iker Casillas. Los ídolos no son de este planeta y las guerras contra ellos suelen comenzar ya perdidas.

Mourinho llevó la revolución al Bernabéu. Agarró de la pechera al señorío y recriminó en voz alta que los partidos no se ganaban con el puro en la boca. Despertó un madridismo salvaje, lo que muchos han definido como mourinhismo, pero que ni siquiera han sabido definir. Unos, muchos de ellos periodistas, lo han calificado de una ultraderecha efervescente, peligrosa, gritona. Con esos pobres argumentos han luchado. Otros, que se proclaman mourinhistas, no hacen sino un flaco favor a su significado porque, en realidad, nunca han visto más allá de su forofismo y Mourinho les ha servido de canalización.

El mourinhismo no consistía, ni consiste, en la defensa a ultranza de una persona, haga lo que haga, diga lo que diga, de forma irracional; sino en la defensa de un equipo, de que lo políticamente incorrecto vale incluso más que lo correcto y que está bien decirlo, en que la lealtad es fundamental en el trabajo en equipo, en que el jefe siempre está en el banquillo y no en el campo pero, sobre todo, consiste en denunciar la trampa intelectual de que hay un buen fútbol y un fútbol malo. Es la denuncia de una moral impuesta por pequeños gerifaltes que creen que su opinión es verdad suprema. Una pelea contra esa moral que vale para el fútbol y para cualquier orden de la vida.

El mourinhismo es denunciar la hipocresía del que actúa como se espera de él en público, pero fanfarronea a micrófono cerrado. Denunciar que el Madrid, por no jugar como el Barcelona, no es peor equipo. Mourinho no es que fuera el mejor entrenador del momento, es que era el idóneo para atacar esos cimientos.

Venía a competir contra el mejor Barça de la historia, un equipo que había superado al Real Madrid. En esa imagen colectiva aterrizó el portugués, en tierra de guardiolismo absorbente ayudado, además, por los éxitos de la selección española. Una forma de pensar que consiste en una sonrisa permanente, en las buenas relaciones y formas porque todo va bien, en especial con los medios, en asombrar al mundo con el juego y los porcentajes de posesión. En el trabajo diario de una cantera frente a zarpazos financieros de fichajes millonarios; en la humildad frente a la soberbia; en el seny frente a la chabacanería; la democracia frente a la dictadura. En vender la imagen frente a la realidad. La guerra entre la pureza y lo maldito.

En Madrid comenzaban a sentirse los primeros síntomas de lo que Pedro Ampudia bautizó como el madridismo culé, que no es otra cosa que la madriditis pero sufrida por un merengue: una enfermedad que uno ve perfectamente en los demás, pero nunca reconoce en uno mismo. Eso, en toda la historia del Barça, sólo lo ha conseguido Guardiola y hay que reconocerle su mérito.

Mourinho devolvió competitividad al Madrid y acabó con el guardiolismo. Ese es su mayor triunfo. El propio Guardiola se bajó del carro un año antes, no sé si por estrés o porque veía venir un derrumbe que no quería que le pillara en casa. Decidió tomar aire y firmó un nuevo contrato con el equipo más potente de Europa, el Bayern de Munich que, como una profecía, había arrasado Barcelona con un 7-0 demoledor en las semifinales del año anterior. Parecía que Guardiola se movía en el fútbol como Fouché en política.

Para doblegar a Guardiola, Mourinho compitió hasta el límite, y los límites suelen agotar. La prensa, que esperaba sus ruedas de prensa con grabadoras, comenzó a acudir con cuchillas. Pensaron que tendrían titulares fáciles y, en efecto, los tuvieron: pero a costa de poner en evidencia sus propias miserias. Se movilizó de forma vergonzante, crearon un clima insufrible y, en medio de todo esto, se enrarecieron las relaciones en el vestuario donde el capitán jugó un papel crucial. La decisión de sentar a Casillas condenó a Mourinho. Buena parte de la afición se sintió agredida, se rompió definitivamente la armonía. Casi de la noche a la mañana, los aficionados se dividieron entre los que querían al entrenador en la calle, y los que acusaban a Casillas de traidor por dar munición a la prensa que, día tras día, disparaba en la rueda de prensa contra su jefe. Esos odios todavía quiebran con daños colaterales como Arbeloa Diego López.

Al final del año, el callejón condujo a la salida de Mourinho y la llegada de Ancelotti, quien demostró su carácter al sentar a Casillas desde el principio de temporada. Las críticas arreciaron y él, que no tenía nada personal contra Iker, pero que sabía que no podría capitanear esa nave en esos mares ni tampoco podía ceder, decidió que jugara la Champions. Era eso u otro año aciago para el Madrid. Carlo cogió un equipo casi hecho, con pocos cambios y lo ha adaptado a su visión del fútbol sin despreciar las armas cargadas que le entregó Mourinho. Ha podido llegar donde el portugués, por tres veces consecutivas, se quedó a las puertas.

Carlo ha doblegado el maleficio de Alemania, puesto a prueba tres veces seguidas. La brutal paliza al Bayern de Munich, donde se vio finalmente que el paseo triunfal de Guardiola por tierras bávaras no ha sido sino un espejismo en alta competición. Donde quedó demostrado que el fútbol del guardiolismo se debió a la conjunción de una seria de jugadores excepcionales y un gran entrenador. Guardiola llegó al equipo que enterró a su hijo, pero se topó con el equipo que creó su archienemigo, manejado con maestría por Ancelotti.

Parecía que, como Edipo, el Madrid se enfrentaría al destino de matar al padre, pero de esa batalla cruel se encargó Simeone, un hombre que ya ha hecho historia como entrenador en el Atlético de Madrid más competitivo que se recuerda. Han realizado una temporada memorable, inimaginable para cualquiera el pasado septiembre. En cierto modo, el Atlético ya la ha ganado.

Pero falta levantarla. Que la levante el Madrid.

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Muerte a cámara lenta


El periodismo, en su rápida carrera por llegar el primero a la meta, suele confundir el camino. Hoy, Isabel Carrasco, presidenta de la Diputación de León, ha sido asesinada. Mientras escribo esto no se saben los motivos -como si realmente importaran-, pero tenemos, desde hace una hora, tuits como éste:

Lo peor no es que ese comentario exista, sino que se justifican tirando del hilo. Los tiros y las adversativas: «hace una gestión tan pésima que le han descerrajado un tiro. Pero oye, condenamos su muerte». El asesinato de Carrasco sólo debe dar pie a informar de lo ocurrido. Su gestión, como su cesta de la compra, es completamente irrelevante. El periodismo nunca debe alimentar las especulaciones, pero es dado a informar de ellas con la trampa retórica de ser la correa de transmisión: me lo dicen, yo lo cuento, pero igual es un rumor. Los primeros minutos hay que llenarlos como sea y, ante la imposibilidad de investigar al desconocido criminal, se procede a investigar al muerto.

En la biografía que ha emitido La Sextan han colocado su adversativa en las declaraciones de un político de IU que no hablaba nada bien de Carrasco hace unos meses. El Mundo añade, en el cuarto párrafo de la noticia, que Carrasco fue acusada de malversación de fondos públicos.

La Sexta, además, ha llamado por teléfono a un periodista de Onda Cero León presente en el lugar del crimen. Después de describir lo que él veía en ese momento, le han preguntado sobre los hechos, y ha respondido, en contra de lo que se pudiera esperar de él, que prefería esperar a la versión oficial. Se han debido quedar un poco chafados en plató, porque luego han contactado con otra periodista, también presente, para que nos contara todos los rumores, que seguirán aumentando, desmintiéndose algunos y otros no.

El periodismo puede explicar el asesinato, sobre todo si se trata de un caso que se resuelve desde el sofá. Pero los móviles difícilmente se explican tan plácidamente. El «por qué» del periodismo no depende de una respuesta directa a una pregunta sobre la que el periodismo se abalanza con el hambre del que quiere terminar la pieza.

Por eso, sorprende la facilidad de Isabel San Sebastián en sus afirmaciones, que son tan graves como las que insinúan que, si hubiera sido buena gestora, hoy estaría viva. Las conclusiones de San Sebastián son asombrosas para una profesional: en muy poco tiempo ha logrado hablar con la familia de la víctima, la policía y la asesina a pesar de estar arrestada. Ha podido sonsacar toda la información necesaria para su conclusión. Y eso que no estaba en León.

https://twitter.com/isanseba/status/465906485864960000

Carrasco ha sido asesinada. Dos mujeres, madre e hija, han sido detenidas por ello. La policía estudia el móvil. Cuando escribo esto, no se sabe nada más, pero es suficiente para que la charlatanería mediática apunte a un despido realizado hace dos semanas, una semana o incluso hace un día, he llegado a leer.

Probablemente Isabel ha muerto en el momento. Mientras, el periodismo muere a cámara lenta, que se empeña en dispararse en los pies para luego nunca rectificar sus pasos.

Dignidad


Dignidad: Gravedad y decoro de las personas en la manera de comportarse.


Dignidad.
Dignidad.

Entre el coche y el andén


Si eres pobre y de derechas eres un mísero desgraciado. El sistema te ha abducido con mentiras y promesas. Todos te miran y nadie te entiende: ¿cómo es posible que defiendas los intereses de los ricos cuando éstos no están dispuestos a compartir su renta contigo? La única explicación está en tu ignorancia. No has sido capaz de romper el cascarón, de ver la realidad. No te dejas guiar por los filósofos y mantienes tu mirada encadenada en la caverna. Prefieres un filete en Matrix a admitir que eres un oprimido por un sistema que sólo beneficia a unos pocos. Y tú, nunca, repito, nunca, estarás entre ellos. En cuanto asomes la cabeza te la pisarán, y la devolverás sonriente a la cueva porque eres, sencillamente, un idiota irresponsable.

Si eres pobre y de izquierdas, has despertado. Eres consciente de que el mundo hay que cambiarlo a través de la democracia o a pesar de ella. Tu conciencia social te hace solidarizarte con los que están todavía peor que tú -siempre hay alguno- y tu angustia vital te empuja a ayudarlos. No tienes intereses propios, al menos no egoístas. Por tanto tus intereses no son tuyos, sino de una conciencia superior, de clase, incluso de pueblo, con los que te identificas plenamente. Tus intereses son altruistas y, a través de la defensa del débil, quieres eliminar privilegios de los ricos e imponer una sociedad más justa: la tuya. Eres pobre, sí, pero ves la realidad tal y como es, y no como te la dibujan. Eres un ejemplo a seguir hasta tal punto, que tú mismo te pones como modelo ideal.

Si eres rico y de izquierdas vives como un marqués y piensas como Llamazares. Es la posición más ventajosa -y ventajista- de todas. Socialmente estás muy bien visto, pues te quejas del poder, el mismo sobre el que influyes en tus ratos libres, pero eres consciente de que hay mucha gente peor que tú y aseguras que tu deber moral es ayudarles a mejorar. Hay algo de pose en todo ello, porque en cuanto Hacienda mete las manos en tus bolsillos para proceder a la redistribución de la riqueza te cagas en su puta calavera, pero oye, es lo que tiene el equilibrismo. Sin duda alguna, esos impuestos que pagas compensan con creces tu imagen social, pues defiendes lo público con la misma compulsión con la que utilizas los servicios privados.

Si eres rico y de derechas no sé qué haces que no estás ocupado muriéndote, maldito fascista neoliberal. Caradura, golfo, sinvergüenza. Seguro que también eres empresario y tienes una SICAV. Te importa el mundo un rábano y los únicos intereses ajenos que valoras son los que te tienen que pagar. Al fin y al cabo, son tuyos. Banquero, más que banquero. Eres la estofa más inmunda que habita la Tierra, incluidas las orugas. Te dedicas a montar empresas y a ganar dinero con ellas, ¡explotador! Encarnas lo peor del ser humano, tu mera existencia genera un odio sólo comparable a tu ambición. Apenas tienes conciencia para lo tuyo y para los que son como tú. Entiendes la sociedad como un montón de trabajadores a tu servicio. Eres caprichoso y egoísta, y ni entiendes ni te interesa saber qué es el bien común. Haces las leyes y las trampas, y encima votas al PP.