Baja Ridley, que sube Kaleb


Kaleb Lechowski es un joven de 22 años que ha escrito, dirigido y animado este espectacular corto. Estudia Digital Film Design en Berlín. Lo publicó el pasado nueve de enero después de siete meses de intenso trabajo en solitario durante su primer año de estudios.

 

Que el titular siempre corrobore la noticia


El tren, estampado contra el edificio de viviendas.

El titular es la primera frase por la que se pierden lectores. O se ganan. Pero si hay algo que desconcierta al personal, y creo que con razón, es el titular llamativo que la noticia no sostiene, sino que convierte la rotunda afirmación de cualquier titular, en una mera hipótesis. Es lo que ha ocurrido con la sorprendente noticia de la joven que estrelló el pasado martes un tren contra un edificio de tres pisos a las afueras de Estocolmo. La he seguido por dos motivos: el primero, por el interés periodístico que me suscita el desvanecimiento de los titulares párrafo a párrafo; el segundo, porque Alejandro Suárez me preguntó por ella en Twitter. Respondí como pude y con cierto escepticismo respecto a que fuera un robo, así que, digamos, aquí está la versión ampliada.

Los hechos que tenemos son los siguientes: una joven de poco más de 20 años, que trabaja como limpiadora para la empresa Arriva, -que mantiene y opera ese ferrocarril a través de una subcontrata con la empresa pública Storstockholms Lokaltrafik (SL)-, estrella de madrugada un tren sin pasajeros contra un edificio de viviendas a unos 70-80 kms/h. Nadie ha muerto, aunque ella está malherida y, cuando logran sacarla del tren, es trasladada al Hospital Karolinska. Se encuentra grave pero su vida no corre peligro. La policía la mantiene detenida y espera poder interrogarla para esclarecer los hechos.

El portavoz de SL, Jesper Petterson, declaró el martes que

No sabemos por qué ella estaba en el asiento del conductor o si el incidente ha sido un accidente. Hay una investigación policial en curso y esperamos que ellos lo aclaren.

Sin embargo, lean las palabras de Tomas Hedenius, portavoz de Arriva, en la misma noticia:

Ha sido una limpiadora quien, por motivos desconocidos, ha robado el tren. (…) De alguna manera, se las arregló para entrar y robar uno de los trenes. Estamos investigando cómo puede haber ocurrido.

Los medios, y hablo en todos los países, han utilizado titulares parecidos a éste:

Mujer de la limpieza roba un tren y lo estrella contra una casa

Arriva es una parte interesada de la noticia y como tal deben tomarse sus declaraciones. Lo es porque, si se confirmara un fallo de seguridad en sus trenes, tienen un problema serio. No es lo mismo una negligencia que un robo. No digo que el portavoz actúe de mala fe. Puede que crea convencido que, en efecto, lo ha robado. Pero, en ningún caso, demuestra la acusación. Sus declaraciones dejan las lagunas evidentes de cualquier afirmación sin testigos. ¿No es más plausible, sin tener ni la declaración de la chica ni las conclusiones policiales, pensar que, de alguna manera accidental accionara algo en el tren y se pusiera en marcha?

Contacté esta mañana con Oliver Geeperiodista del sueco The Local, que ha seguido el caso desde el primer día. Ha tenido la amabilidad de confirmarme que, en efecto, la afirmación del portavoz de Arriva fue suficiente para que los medios escribieran titulares como el expuesto más arriba.

Cuando escribo esto, la chica todavía no ha podido ser interrogada. Aún así, ayer, el mismo portavoz que la acusó de robo, reculó en declaraciones a Oliver, con las que, por cierto, abre hoy la prensa sueca:

Puede que el accidente de tren sea un accidente. (…) No lo sabemos seguro, estamos investigando, y esperando a que la policía termine la suya.

En estos días que llevo siguiendo la noticia, no se ha publicado el nombre de la chica. Así, la noticia no se alimenta con declaraciones de amigos o familiares. Tampoco alimenta posibles sospechas en indicios absurdos. Oliver me ha explicado el motivo:

Su nombre no se ha hecho público, pero, de saberlo, muy probablemente no lo publicaríamos. Hay una serie de leyes sobre los nombres de los criminales y las víctimas en Suecia y, en la vasta mayoría de los casos, nunca publicamos el nombre de un sospechoso bajo ningún concepto. En cualquier caso, no está en condiciones de hablar con la policía, así que nadie sabe nada de nada.

Hoy, a mediodía, The Local ha publicado lo siguiente:

Limpiadora involucrada en el accidente de tren, fuera de toda sospecha (…) Después de buscar en su casa, hablar con familiares y con trabajadores de emergencias que estuvieron en contacto con la chica, los investigadores han concluido que no hay motivo alguno para sospechar que, intencionadamente, puso el tren en marcha.

La investigación forense ha mostrado que hay una serie de infracciones de seguridad en el tren y en el lugar donde estaba estacionado. Tomas Hedenius se disculpa ante el periódico:

Dejé claro desde el principio que todos los escenarios eran posibles. Ha sido desafortunado que haya sido descrita como una ladrona, y lo siento muchísimo. (…) Debería haber hecho más para dejar claro que había varios escenarios posibles. Es evidente que no hice lo suficiente.

Si los medios hubieran elegido un titular parecido a éste,

Mujer de la limpieza descarrila un tren vacío y se estrella contra una casa

Y un ladillo en la noticia,

La empresa cree que la empleada robó el tren

¿Se acerca más a los hechos conocidos en su momento? ¿Deja en el mismo lugar a la chica? ¿Y a la empresa?

Del fracaso del periodismo: De Bruselas a Zagreb


Los descubrimientos extraordinarios necesitan pruebas extraordinarias. Con esta afirmación, los científicos suelen tomar con cautela lo que los periodistas abrazamos con entusiasmo: la noticia del siglo. Si más tarde se demuestra falsa esa nueva hazaña de la humanidad, ya no es un problema nuestro, que hemos vendido nuestros periódicos y hecho nuestro agosto, sino científico. Por eso, el periodismo no pone reparos en publicar que una señora, en vez de hacerse 60 kms, se ha metido para el cuerpo 1450, ha repostado dos veces, ha dormido en el coche, ha visto señales en varios idiomas y solamente cuando su GPS le ha dicho que ha llegado a su destino, ella se ha dado cuenta de que, en vez de en Bruselas, estaba en Zagreb. Su única explicación es que iba distraída. Señores, 1390 kms. de distracción.

Pongamos el tema en perspectiva. Es como si usted, que está en Madrid, va a Guadalajara, se despista, y acaba en París. O como si usted, que vive en Barcelona, tiene intención de ir a Manresa y aparece en Stuttgart. O como si vive en México DF, quiere ir a Toluca, y termina en una penitenciaría de San Antonio, Texas. Creo que pillamos la idea.

La noticia es tan extraordinaria que debería exigir, como en la ciencia, confirmaciones extraordinarias. Así que veamos:

Dice The Telegraph que nuestra protagonista sale de Solre-sur-Sambre, una localidad a 38 millas de Bruselas, es decir, a unos 60 kms. Gracias a Google Maps, sabemos que la distancia más corta hasta el centro de la capital es de 74 kms. pero, dependiendo del destino final de la anciana, puede reducirse a unos 60. Todo parece correcto.

Sin embargo, la distancia con Zagreb varía enormemente. Se habla de 901 millas, es decir, de 1450 kms. Pero, por la imagen de Google Maps, las distancias van de 1277 kms. a 1325, muy lejos de la información. Es cierto que un GPS puede equivocarse y dirigir al usuario por caminos de tierra o calles prohibidas, pero en las distancias tan largas y destinos tan importantes como ciudades grandes, donde el camino más rápido suele ser de autopista, no tiene sentido una variación de 125 kms. con la distancia más larga.

La venerable señora afirma, también, que veía carteles en alemán. Supongo que después de cruzar toda Alemania y Austria, que se dice pronto, no se dio cuenta de que había otro idioma, el esloveno, porque también tuvo que cruzar Eslovenia de norte a sur. Pero no, parece que no se percató. Quizás, una mujer acostumbrada a ver carteles en flamenco, vio de pronto uno en esloveno y pensó: ya debo de estar cerquita.

Llegamos a la frontera y la mujer se encontró con la estampa de la imagen:

Resulta que Croacia no pertenece a la Unión Europea. Como vemos, hay unas vallas, varias colas de coches, y unas típicas casetas de frontera donde suele haber un policía que te pide el pasaporte. El señor lo hace en un idioma inteligible y tú se lo entregas porque sabes que estás en una frontera, no porque lo entiendas. Porque en las fronteras, lo que hace todo el mundo, es entregar el pasaporte. Se ha convertido en una costumbre. Pero sólo es un pequeño y molesto contratiempo para nuestra aventurera pues, la superabuela, por supuesto, lleva el pasaporte encima. Tampoco le extrañaría que, lo que para ella sería un peaje colocado de la noche a la mañana en las inmediaciones de Bruselas, le solicitaran la documentación, ya que es de popular conocimiento que, con el jaleo político entre flamencos y valones, todo belga que se precie sale con el pasaporte entre los dientes, no vaya a ser que un sábado salga de una discoteca de Bruselas a las seis de la mañana y resulte estar en un país extranjero.

Uno de los mejores medidores para detectar una noticia falsa o, al menos, dudar seriamente de ella, es acudir al periodismo anglosajón. Según Europa Press, y también según Flanders News, la noticia parte de Nieuwsblad, periódico flamenco que ya debería hacer sospechar a mas de uno ya que, al fin y al cabo, nuestra intrépida protagonista es francófona. En France Press no aparece la noticia. Tampoco la he encontrado en ningún medio francés serio. Ni en Reuters. En el periodismo anglosajón, tan solo en el sensacionalista Daily Mail, y en el ya más serio The Telegraph. No está ni en The Sun, tabloide sensacionalista por excelencia. En Estados Unidos, no saben ni quién es esta señora.

Ahora vayamos a la prensa española: El Periódico de Catalunya, La Vanguardia, El Mundo, Público, la mencionada Europa Press, El Confidencial, El Diario.es, El Diario Vasco, ABC, La Razón y EFE. Añadan todas las televisiones. Y seguro que hay muchos más. Solamente se ha salvado El País.

La noticia, además de inverosímil, carece del mínimo rigor periodístico. Por tanto, y mientras no se demuestre lo contrario, debe ser tomada como falsa. No hay, ni en lo más remoto, una sola comprobación de fuentes. Todos dan por bueno lo que ha escrito el de al lado. El Nieuwsblad tampoco cita fuentes. Sólo da un nombre común de una anciana que podría ser cualquiera y una foto que, por lo que a mí respecta, podría ser la madre del redactor. Las preguntas que yo me he hecho, que se hará cualquier hijo de vecino, no están contestadas en ninguna de las noticias. Todos dan por buenas las supuestas explicaciones de la anciana: estaba distraída.

Verán, el periodismo trata de filtrar noticias. El periodismo tiene que decidir qué es y qué no es relevante. Es imposible publicar todo lo que llega a una redacción de un periódico a diario. Por tanto, si filtra, es porque se supone que tiene un criterio formado para ello. Ejemplos como los de esta noticia, donde preguntas tan básicas y elementales no son contestadas y aún así se publican, demuestran el desmadrado fracaso de la profesión, el hambre por llegar el primero y justifican completamente el descrédito ante la sociedad. El periodismo se ha perdido el respeto a sí mismo, y no esperemos que nadie se lo tenga. No acusemos de intrusismo a cualquiera que escribe sobre lo que le da la gana, con mayor o menor acierto, cuando hemos decidido delegar nuestro trabajo en la desidia.

Arcadi Espada suele decir que la pregunta «por qué» es un atajo fácil para cerrar una historia. Que para llegar a la verdad, hay que hacer el resto de preguntas. Algunas, muchas veces.

El laberinto del why. Esa perversión. Todo lo que podemos saber de why, está en el qué, en el cómo, en el cuándo y en el dónde. Es una pregunta inevitable. Pero la respuesta solo puede darla un consorcio. El why no es una región diferenciada.

Esta noticia es un buen ejemplo. La infantil respuesta de la anciana, «me despisté», solo puede ir precedida de un perezoso por qué.

Actualización (17/1/12 a las 16:03): Gracias a un comentario en este post, me llega que Manuel Ángel Méndez ha publicado hace apenas una hora, en Gizmodo, la verdadera historia después de hacer las preguntas correctas, a las personas adecuadas. Resumo, pero invito a que la lean:

Sabine Moreau, la protagonista de esta historia, padece demencia senil. Se equivocó al meter la dirección. No hubo, por tanto, ni un despiste colosal ni un fallo del GPS. La policía no sabe con seguridad siquiera si llegó a entrar en Croacia.

La historia, tal y como se nos contó era del todo increíble. Pero resulta ser una mujer enferma que, en vez de salir andando de casa, salió en coche y se pierde. Lo que nos cuenta Manuel entra dentro de lo sorprendente, pero es verosímil y, además, aporta datos suficientes, como el enlace a la comisaría belga que llevó el caso.

Que el nombre coincida, como dijo mik en un comentario, con el de una protagonista de Misión Imposible 4: Protocolo Fantasma, parece que no deja de ser una de esas ironías incalificables del destino.

Gracias, Manuel.

Con la manta a la cabeza


Oriol Junqueras y Artur Mas.
Oriol Junqueras y Artur Mas.

Hay dos clases de hombres: los que cavan para encontrar petróleo y los que cavan su propia tumba. Aunque parezca mentira, está por ver de qué tipo es Artur Mas. Su fracaso electoral no le frenó y, a pesar de que afirmó que debía tener una mayoría excepcional para liderar el proceso secesionista, a pesar de que CiU ha pasado de 62 a 50 escaños, Mas se ha apoyado y excusado en la fuerte subida de ERC para ser nombrado presidente. Es decir, pudiendo haberse bajado de la burra, como prometió si no lograba su mayoría, ha decidido seguir liado con la manta a la cabeza. ¿Por qué? Parece que para minimizar el desgaste, motivo primario por el cual, en un principio, convocó las elecciones.

Si me preguntan mi opinión, creo que la jugada de Mas consiste en salvar los primeros dos años de gobierno. Se espera que, para entonces, la economía haya mejorado lo suficiente y se comience a crear empleo o, al menos, a no destruirlo. El nivel de descontento y protesta social habrá disminuido notablemente porque uno de sus principales catalizadores, ERC, apoya el gobierno y aprueba los presupuestos. No en vano, Esquerra ha calificado estos prespuestos como presupuestos de resistencia, donde la asfixia de las finanzas de la Generalitat no se deben solo a la crisis,

sino sobre todo por las deudas impagadas del Estado, que son enormes, y también por un expolio fiscal insoportable.

Así, serán dos años de mayor tranquilidad para Mas, aunque las tensiones se vivan a partir de ahora con sus socios de gobierno, de puertas para adentro, más fáciles de lidiar que las manifestaciones. Esas tensiones, según mejore la economía y la protesta callejera disminuya, podrían romper las cuerdas con ERC: a mayor recuperación económica, menor desgaste. Será entonces cuando llegue el momento de la verdad para el actual gobierno catalán: si rompen con ERC, no habrá referéndum; si continúan con lo anunciado, no tendrán más remedio que llegar a un verdadero enfrentamiento con el gobierno central. Y tienen todas las de perder.

En Esquerra, por supuesto, no son tontos. También les conviene el acuerdo con CiU porque, aún sabiendo que puede no cumplirse, podrán sacar rédito político culpando a Convergencia de ello. Son conscientes de que la ruptura de gobierno precipitaría la caída de Mas. Si PSC o PP no lo evitaran, habría unas nuevas elecciones donde ERC, tras pasar de 10 a 21 escaños y aumentar su porcentaje de voto en un 126% en la última convocatoria, espera captar una parte importante procedente de la promesa autodeterminista incumplida de CiU.

Un poco español, de padre nigeriano y de abuelo mal holandés


Una mujer camina sobre oleoductos. Fotografía: George Osod

En la primera mitad de la década de 1980, Nigeria disfrutó de un boom petrolero descomunal que el gobierno despilfarró de forma catastrófica, solicitando cuantiosos créditos y derrochando el dinero en proyectos inútiles y plagados de corrupción. Así y todo, durante el boom, parte de la bonanza terminó por revertir inevitablemente en la gente de a pie. En 1986, sin embargo, el precio del petróleo cayó en picado y en Nigeria se acabó la fiesta de un día para otro. No sólo se redujeron drásticamente los ingresos del petróleo, sino que los bancos ya no estaban dispuestos a seguir concediendo créditos; de hecho, lo que entonces pretendían era cobrarlos. Este brusco viraje desde los ingresos abundantes y la generosidad crediticia hasta los ingresos exiguos y la amortización redujo casi a la mitad el nivel de vida en Nigeria; el ciudadano iba a acusar este declive catastrófico tanto si entendía sus causas como si no. Entonces el gobierno acometió algunas reformas económicas no demasiado ambiciosas, anunciando a bombo y platillo que contaban con el apoyo de diversos organismos financieros internacionales. Las reformas se camuflaron dentro de un grandilocuente paquete de medidas políticas y recibieron el nombre de «programa de reajuste estructural». Aunque modestas, tuvieron un éxito considerable: la producción creció con más rapidez que durante todo el boom del petróleo. Sin embargo, estos escasos puntos porcentuales de crecimiento en producción no petrolera se vieron anulados por la depreciación del petróleo y por la necesidad de amortizar los créditos, con la consecuente contracción del gasto. El crecimiento que propiciaron las reformas apenas ayudó a compensar la penuria que trajo consigo el desplome del nivel de vida: eso es lo que ocurrió, pero no lo que los nigerianos creyeron que ocurrió. Los nigerianos, como era de esperar, creyeron que el terrible aumento de la pobreza que sufrieron en carne propia se debía a esas reformas económicas pregonadas a los cuatro vientos. Hasta ese momento, las condiciones de vida habían mejorado, pero fue entrar en vigor las reformas y dispararse la pobreza. Dada esa convicción, los nigerianos se formularon la pregunta más obvia: ¿por qué nos sometieron a una «reforma» tan devastadora?, y a la conclusión que llegaron, inevitable habida cuenta de los pasos previos, es que las instituciones financieras internacionales se habían confabulado para arruinar Nigeria.

El club de la miseria, Paul Collier.

Que el fin del mundo te pille bailando


Que el fin del mundo te pille bailandoNo sé tú. Pero yo he quedado hoy prontito para unas cañitas tempraneras, un aperitivo posterior, una comida por los viejos tiempos y, luego ya, si se tercia, a bailar. No voy a quedarme en casa, rostro en ventanal, preguntándome qué es esa enorme bola de fuego que se acerca hacia mí. Si esto se tiene que acabar, si hasta aquí hemos llegado, no me va a pillar de plegarias. Y si en vez de eso, resulta ser un cambio de conciencia colectiva, que me pille bailando.

Tengo pareja de baile y todo. Se llama Rubia. No es que no tenga nombre cristiano, que lo tiene. Ni que yo quiera preservar su anonimato, que me da igual. Es que es anónima para mí, porque me dio su teléfono, pero he olvidado su nombre.

Me ocurre con bastante frecuencia. Nunca pierdo un número porque siempre lo apunto en el teléfono, va directo a la nube, se guarda en el ordenador y, por si acaso, se hace una copia de seguridad. Vamos, que ni en Langley. Pero se me olvida el nombre de quien me lo da. Y así no hay manera de hacer carrera decente de mí.

Pero bueno, que os contaba lo de Rubia. La conocí en una noche de gintonics, lagunas y recuerdos resbaladizos. Yo había quedado con Susana, que llevó a unas amigas; y yo, a un par de machos alfa, que es de lo poco indecente que queda en mi vida. Estas cosas siempre acaban mal: empezaron a volar números de teléfono que aquello parecía una centralita de Telefónica. Los números de los demás, digo, porque el mío, como si no existiera; a mí, ni caso, como si hubiera sacado en algún momento un Alcatel verde apestoso modelo analógico Siglo XX y hubiera gritado «¡voy a mandar un SMS!».

En fin, que me pierdo. Fuimos al Berlín Cabaret, y allí estaban Rubia y su amiga Morena. Un colega quería ligar con esta última, así que yo le dije, evidentemente crecido por la embriaguez, como si el reciente episodio de los teléfonos no hubiera lesionado mi ego, «esto, te lo soluciono yo». Y procedí a por Rubia. Después de un muy breve intercambio de estupideces, me preguntó «¿Te gusta mi amiga?». Me quedé tan pillado que, muy serio, respondí: «No. Me gustas tú». Así, en el careto. Plas. Sin anestesia. Tenía un baile, la chica. Mi colega aprovechó la entradilla y tonteó diez segundos con Morena, suficiente para perderle el rastro y no volver a verlo en toda la noche.

Así que ahí me quedé, Rubia en mano. La tanteé tan perdido como un broker comprando acciones, totalmente incapaz de llegar a conclusiones válidas sobre su interés en mí, como un analista de mercados. Pero algo atrevido debí hacer porque miró hacia el suelo, luego hacia mí y guardó un momento de silencio. Se acercó a mi oído y me dijo: «Verás, es que a mí me gusta lo mismo que a ti», y alzó la vista por encima de mi hombro, arqueando las cejas.

Me giré y allí estaba, espléndida, en el piso de arriba, la minifalda de la go-gó. Miré a Rubia, que asintió como diciendo «sí, hijo, sí». Así que, sin amigos, solo y derrotado, pregunté: «¿Bailamos?».

Niño judío, niño catalán


El ex-alcalde de La Coruña, Francisco Vázquez, se ha despachado a gusto en la TVG al afirmar que (video, minuto 23:10) no aprecia ninguna diferencia

entre un judío con estrella amarilla perseguido por los nazis, y un niño castigado, por hablar en castellano, en el patio del recreo.

Se debería reconducir el debate antes de empezar a defender las pedradas de los nuestros solo porque son nuestros adoquines. La tribuna en El País de la secretaria de Educación, Montserrat Gomendio, me parece muy centrada. Es un buen punto de partida. Tan disparatada es la bravata de Vázquez, como la de Tardá al calificar de terrorismo social la reforma.

El político catalán se califica a sí mismo tanto con sus dificultades de expresión como por el lenguaje que utiliza. Y Vázquez se equivoca gravemente por un motivo muy sencillo: utiliza la excepción para alcanzar una generalización indecente con el comodín del judío. Para muchos, el castigo sonará a otra época, algo así como si reprimieran a un niño por hablar en catalán en los patios franquistas. Aunque sea excepcional, ha ocurrido, como denunció Albert Ribera en la tribuna política de la edición catalana del ABC hace casi dos años:

Unos padres han denunciado que en un colegio público de Sitges, a la hora de evaluar a un alumno de 5 años, se le ha suspendido en el apartado de lenguaje verbal —para que lo entiendan los chicos de P-5 se hace simbólicamente con un pegatina roja en forma de semáforo— por hablar en castellano en la hora del recreo.

Pero que se haya hecho no quiere decir que sea la norma. Que haya denuncia indica, precisamente, que se ha vulnerado una ley. Y esa ley es la radical diferencia.

Humillación en el colegio de niños judíos. En la pizarra dice: «¡El judío es nuestro mayor enemigo! ¡Cuidado con el judío!»

Porque lo que sí fue ley en la Alemania de los años 30 fue la prohibición a los judíos a ser empleados del Gobierno. Luego, se les prohibió formar parte de las fuerzas armadas y, posteriormente, ejercer cualquier profesión liberal, desde maestros, hasta médicos. Las Leyes de Nuremberg los despojaron de sus derechos civiles y su nacionalidad. Se prohibió a los médicos «arios» atender a pacientes judíos, lo que les vetó el derecho a la atención sanitaria. Los niños judíos en las escuelas tenían que escuchar cómo sus compañeros cantaban en clase de música, con profesores pertenecientes al Partido Nazi, canciones que decían «cuando corra la sangre judía por mis manos». Finalmente, también se prohibió a los niños ir a los colegios. A los pocos que aguantaron, claro.


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brick cv

¡Este CV es la leche!

Agudizar el ingenio no es una fórmula nueva, pero parece que nos habíamos acomodado en el tecleo y las búsquedas configuradas de buscadores de empleo. Como prometer y no cumplir no es mi estilo, un día más, cedo este espacio a una selección de herramientas online para hacer tu currículo más atractivo.

Una imagen vale más que mil palabras y el objetivo es lograr llamar la atención, provocar esa atracción, generar el deseo pero no olvidemos que para pasar a la acción es imprescindible el contenido. Una vez másAIDA. No lo digo yo, peroel contenido es el rey. Hoy nos quedamos en lo superfluo: hacer tu CV más llamativo.

Un lavado de cara a tu perfil de Linkedin

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Si eres de los que les da pereza hacer un currículo en word, lo cual es sangrante y pido perdón si alguno/a se…

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La democracia en…


La democracia en América, edición crítica y traducida por Eduardo Nolla.

En La democracia en América, Tocqueville advertía del peligro que pueden suponer las mayorías en una democracia:

Cuando un hombre o un partido sufren una injusticia en los Estados Unidos, ¿a quién queréis que se dirija? ¿A la opinión pública? Ella es quien forma la mayoría. ¿Al cuerpo legislativo? Representa a la mayoría y la obedece ciegamente. ¿Al poder ejecutivo? Es nombrado por la mayoría y le sirve de instrumento pasivo. ¿A la fuerza pública? La fuerza pública no es otra cosa que la mayoría bajo las armas. ¿Al jurado? El jurado es la mayoría revestida del derecho de pronunciar sentencias; los jueces mismos, en ciertos Estados, son elegidos por la mayoría. Por inicua o irrazonable que sea la medida que os afecte, tendréis que someteros a ella [o huir. <Qué es eso sino la esencia misma de la tiranía bajo las formas de la libertad>].

Para Tocqueville, la solución estaba en una separación real de poderes. El párrafo anterior lo escribió a partir de dos conversaciones. La primera, la mantuvo con Mr. White, un redactor de un periódico de Baltimore el 4 de noviembre de 1831. La segunda tuvo lugar poco antes, el 24 de octubre, con un vecino de Pensilvania llamado George Washington Smith:

Decía yo a un habitante de Pensilvania: Explíqueme, por favor, cómo, en un Estado fundado por cuáqueros y famoso por su tolerancia, los negros libertos no son admitidos a ejercer los derechos cívicos. Pagan el impuesto, ¿no es justo que voten? – No nos haga la injuria, me respondió, de creer que nuestros legisladores hayan cometido un acto tan grosero de injusticia y de intolerancia. – Así que en su país, ¿los negros tienen derecho a votar? – Sin duda alguna. – Entonces, ¿cómo se explica que en el colegio electoral, esta mañana, no haya visto a uno solo en la asamblea? – Eso no es por culpa de la ley, me dijo el norteamericano; los negros tienen, es verdad, el derecho de presentarse a las elecciones, pero se abstienen voluntariamente de aparecer en ellas. -He ahí una gran modestia por su parte. -¡Oh! no es que se nieguen a ir a ellas, sino que temen que se les maltrate. Entre nosotros, a veces sucede que la ley carece de fuerza cuando la mayoría no la apoya. Ahora bien, la mayoría está imbuida de los mayores prejuicios contra los negros, y los magistrados no se sienten con fuerza para garantizar a éstos los derechos que el legislador les ha conferido. -¡Cómo!, la mayoría, que tiene el privilegio de hacer la ley, ¿quiere también tener el de desobedecer la ley?