En defensa de Mourinho (II)


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No existe hombre poderoso en el mundo que, convenientemente acosado, no pase a ser víctima. Estamos siendo testigo del acoso mediático más agresivo y prolongado llevado nunca a cabo por la prensa de este país contra un profesional del deporte. El público, poco a poco, ha terminado cayendo en las falacias, las mentiras, el matonismo periodístico y las inquinas personales de una prensa que devora todo aquello que la desafía. Como escribió el filólogo alemán Victor Klemperer, en su libro LTI: La lengua del Tercer Reich,

las palabras pueden actuar como dosis ínfimas de arsénico: uno las traga sin darse cuenta, parecen no surtir efecto alguno, y al cabo de un tiempo se produce el efecto tóxico.

La propaganda no está sólo en la violencia verbal, sino en los mecanismos de la vida cotidiana que utiliza para perpetuarse. Desde hace dos años, el objetivo de una gran parte de la prensa ha consistido en horadar a Jose Mourinho con el objetivo de crear una situación tan tensa e irrespirable, que su continuidad al frente del Real Madrid sea imposible. Lo han hecho con el odio que profesa la impotencia, con la perversión de la mentira y la mediocridad. Se han olvidado de su labor profesional para militar en el insulto personal, se han convertido ellos en la noticia, se han hecho pasar por agraviados y, con la patente de corso que otorgan los traidores, reparten carnets del único madridismo válido con el mismo autoritarismo que movimientos como el 15M se autoproclaman portavoces de la sociedad.

En su momento, la prensa se frotó las manos con la llegada de Mourinho. Un personaje mediático que levanta pasiones por las que se declaran guerras, hasta que se dio cuenta de que ellos tampoco se salvarían de las estrictas normas del portugués. La insolencia del entrenador ponía un espejo en cada rueda de prensa y el público se regocijaba en las miserias de los niños malcriados del periodismo de Madrid. El todavía entrenador del equipo gustaba a la afición y le mostraba una adhesión inquebrantable. Había una fe ciega en él. Pero la prensa se cansó rápido de la actitud del portugués, que es como decir que se cansó de trabajar bajo las nuevas condiciones impuestas y eligió, como suele hacer, trabajar contra ellas. Natalia Pastor, en una reciente entrevista para El Minuto 7, ha declarado que un periodista, durante un cóctel,

empezó a despotricar contra Mourinho porque había prohibido que los periodistas viajaran en el avión de los jugadores y que éstos concedieran entrevistas personalizadas. El periodista dejó claro cuál iba a ser el “modus operandi” ante los presentes en el corrillo: “Si éste… se cree que puede echarnos un pulso, lo lleva claro. Nosotros ponemos y quitamos entrenadores y Mourinho no va a ser una excepción.

No tengo claro que la prensa tenga la suficiente influencia para poner entrenadores, pero que la tiene para quitarlos lo sabe cualquier aficionado al fútbol que haya seguido al Real Madrid dos días seguidos. Por poner un ejemplo reciente, valgan estas portadas de Marca sobre Manuel Pellegrini desde que en el diario se decidió que rodara su cabeza. La primera de estas portadas es de octubre de 2009. La tercera, de mayo de 2010.

Composición de portadas realizadas por El Minuto 7.

Gota a gota de arsénico, la prensa envenena el estómago. En este artículo, llamado ‘La trituradora‘, publicado en enero de 2013 por José Luis Rodríguez-Mera, hay un resumen de algunos artículos que muestran el nivel de odio y miseria desplegado en el ataque contra Mourinho. Ya Del Bosque denunciaba campañas de antimadridismo en la prensa en el año 2000, también lo hizo Jorge Valdano seis años antes. Tras la guerra interna del argentino y Mourinho durante la primera temporada del luso en Chamartín, Valdano fichó por la Cadena SER, perteneciente al Grupo PRISA, como El País y el As, que han sido la punta de lanza del acoso sistematizado contra Mourinho.

Aunque en principio pueda sorprender, no hacen falta argumentos deportivos para defender al luso. Si las críticas de la prensa fueran estrictamente futbolísticas, no se habría montado la campaña. Pero si algo han hecho, ha sido no utilizar argumentos deportivos porque una campaña de difamación precisa de una avalancha de golpes bajos. Con ellos, buscan el repudio social masivo. Esto le puede ocurrir a cualquiera que se ponga en su punto de mira. Por eso, la defensa de Mourinho trasciende lo deportivo.

El enfrentamiento entre Mourinho y Ramos, en enero de 2012

En el diario asturiano La Nueva España recibieron al portugués así: “Arrogante, de derechas, católico y con familia vinculada al dictador Salazar”. Su fichaje se hizo oficial al día siguiente. Cuando comenzaron las filtraciones, como el famoso encontronazo con Ramos y Casillas en un entrenamiento que Marca llevó en portada. Se habló entonces de una caza de brujas en el vestuario y la prensa alentó las diferencias, hablando de dos clanes -que no grupos- claramente diferenciados donde los portugueses formaban una piña con Mourinho y éste les favorecía. Por tanto, un jugador del Real Madrid, en contra de las normas establecidas en el club, filtraba información a la prensa que luego ésta utilizaba para atacar a Mourinho en las ruedas de prensa donde, lógicamente, tampoco tenía muchos amigos. ¿Se puede imaginar alguien un paralelismo semejante en el consejo de administración de una gran multinacional española? ¿Dónde acabaría el topo de, por ejemplo, Movistar?

Uno de los encontronazos más sonados con los medios ocurrió durante la rueda de prensa tras el partido frente al Barcelona el 16 de abril de 2011, que acabó con empate a uno. Cuando As y Marca hicieron sus preguntas, Mourinho respondió que, si ellos no eran los directores de los periódicos, no tenía por qué contestar, pues ellos no querían hablar con su segundo entrenador, Aitor Karanka. Respondió así Mourinho al desplante del día anterior, cuando algunos medios de comunicación abandonaron la sala de prensa al comprobar que iba a hablar el segundo del Madrid.

Desde El País, Javier Marías lo ha llamado “chamán de feria”, “individuo dictatorial”, “malasangre”, y que mantiene su poder a través de “un reinado del terror”, entre otras cosas. José María Izquierdo, desde las mismas páginas, habla de una especie, ‘los aznaourinhos‘, que “apenas le hacen ascos a la carroña o a la basura”. Carlos Boyero, lo llamó “mercenario” y “nazi portugués”. El pasado día trece, el periodista y El País han sido condenados a pagar 6000 euros de indemnización a Mourinho. John Carlin, que le ha acusado de inmaduro y adolescente y con la “intolerancia de un dictador militar”, asegura que “posiblemente, nadie haya provocado más división -más repulsa o más fanática adhesión- desde tiempos de Franco“. Habla también del seguimiento incondicional de los Ultra-Sur, que son “curiosa casualidad, de corte fascista”. Rafael Tabarés califica su dialéctica de “intimidatoria y camorrista” en una  columna llamada ‘Psicóticos, pendencieros y sinvergüenzas‘. Michael Robinson, en una entrevista, aseguró que “es como un francotirador, no quiero llamarle asesino a sueldo, pero un día recibió un sobre marrón con un montón de dinero y fotos de los que tenía que liquidar. Y ha ido cumpliendo”.

Desde As, Marca, COPE y otros medios se ha dicho que es un “cáncer para el Madrid”, “que ha envilecido todo lo que ha tocado”, “deficiente mental“, que “la antropología y la investigación de la conducta de los primates nos aportan información interesante sobre la naturaleza” de personajes como Mourinho. Muchas más barbaridades se pueden leer en el artículo ya mencionado antes, ‘La trituradora’.

En Twitter, no se hacen prisioneros. La descalificación ha sido digna del barrio más bajo de la ciudad más pobre del país más miserable del planeta. Como muestra, este tuit de Diego Torres, periodista de El País. Sobran explicaciones.

Toda campaña de acoso tiene una vertiente en la que se ataca a la familia, a lo más querido del acosado, como en las películas donde amenazan con matar a los niños si no se doblegan. Se entra en lo personal. El Mundo hizo un reportaje vergonzante, coloreado y repleto de imaginación sobre la madre de Mourinho y la vida del entrenador de joven llamado ‘La misteriosa madre que parió a Mourinho‘. En él, se decían cosas como que es una “hija ilegítima que se crió en la mansión de su tío abuelo, un rico empresario” y que no habla con periodistas “por la estricta omertà que ha dictado el propio Mou a toda su familia”. Por su parte, As lo grabó en un partido de fútbol del hijo de Mourinho el día de la entrega de los Premios FIFA, donde el portugués estaba nominado a mejor entrenador del año. Por los motivos que fueran, decidió quedarse en Madrid y ver el entrenamiento de su hijo como tantas tardes ha hecho desde que se mudó a la ciudad. En el minuto 1’09 del vídeo, se puede escuchar a un periodista que dice

y encima se ríe porque el hijo puta está forrado. Se está partiendo la polla.

Dos días después de que Messina, ex entrenador de baloncesto del Real Madrid dejara el cargo en marzo de 2011, el diario La Repubbica lo entrevistó y le preguntó que, según los aficionados madridistas, el enemigo no son los periódicos de Barcelona, sino el falso amigo que es el periodista de Madrid. A lo que respondió que

Es absolutamente cierto. El Real está rodeado de una prensa sin dignidad ni restricción en el uso del sarcasmo y la provocación. Siempre busca enturbiar el ambiente. Prefiere al jugador español respecto al extranjero, pone a unos contra otros y manipula las opiniones. (...) Algunos me han confirmado que ciertos personajes han recibido un trato de favor por parte de esa prensa al pasar información confidencial, del vestuario, a determinados periodistas. [Felipe Reyes] dio una entrevista sin sentido que en un gran club no debería haber pasado nunca. Antes de irme le dije a Florentino Pérez que lo que el Madrid necesita es una estructura de mánagers que defiendan y apoyen al entrenador, porque en el Madrid el entrenador debe ser instructor, psicólogo y domador.

Ante actitudes canallas como la vivida, hay tres opciones posibles: sumarse a la horda de insultos, ponerse de perfil o sumarse a la defensa de Mourinho porque defenderlo es defender también al Real Madrid. Cuando Margaret Thatcher sufrió una campaña brutal en su contra al eliminar el vaso gratuito de leche para niños de siete a once años durante su etapa de ministra a principio de los setenta, aprendió una valiosa lección: “he aprendido lo que es pagar el máximo precio político a cambio del mínimo beneficio político”. Algo así, en el terreno deportivo, se puede aplicar a Mourinho. Al fin y al cabo, pocos han defendido tanto al Madrid a cambio de tan poco, como escribía ayer Percival Saint en el Almanaque Madridista.

La prensa, una vez más, parece que quita al entrenador en el Madrid. El que llegue, sabrá que hay un jugador concreto al que debe alinear. La prensa acaba de ganar otra batalla, cierto. Pero también ha comenzado a perder la guerra.

Follando sin airbag


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Car-Enveloping Airbag Technology, el nuevo airbag de Volvo. O no.

Imagine que usted se ha comprado un Volvo. Usted no sabe de diseño y además no le importa. Puede incluso tener mal gusto y que su coche le parezca un prototipo de estética vanguardista. No pasa nada, vive en un mundo en el que todo importa una mierda, donde una tipa metida en una caja de cristal, es arte. Puede que le guste la tipa (en ese caso puede tener salvación), o puede que le guste la caja (en ese caso es usted imbécil). Decía, que usted se ha comprado un Volvo, y lo ha hecho porque valora la seguridad por encima de todo. Es usted de lo más normal. No me lo agradezca, no es un elogio.

La seguridad es, sin duda, asunto de importancia diaria. Valoramos a esas personas seguras de sí mismas a no ser que entrenen al Real Madrid, valoramos las alarmas de las casas y la presencia policial si no se llama antidisturbios y los tenemos justo en frente. Valoramos los condones sin agujeros. Grandes y pequeñas… seguridades. Usted, como no es de correr riesgos, sino más bien de hacer siempre los mismos cambios a partir del minuto 65, de uno en uno y sin empujar, se ha comprado el último grito en seguridad automovilística: el Volvo con la ‘Car-Enveloping Airbag Technology‘, que viene a significar algo así como “cariño, este condón gotea. Por fuera”. Amigo, se la han clavado.

Resulta que ayer fue el llamado ‘April Fools Day‘, fecha de bufonadas y chistes en muchos países. Todos, empresas incluidas, bromean en comunicados, incluso en vídeos. En España no. Aquí nos creemos alguno y lo publicamos. Eso es lo que ha pasado con Volvo y su nuevo airbag, sueño de todo narcotraficante de la película de Juanma Bajo Ulloa. Este superairbag sale de un compartimento del techo y envuelve el coche completamente en caso de impacto. Ignacio Badomar me señaló en Twitter que una parte de la prensa se había tragado lo que a todas luces parecía un bulo: Público, El País, El Mundo, ABC , EFE y algunos más. El error de la Agencia -y de los demás- consistió en no haber tenido en cuenta el día que era, pues dieron por válido un comunicado de Volvo.

Si la seguridad de Volvo está en los airbags, la del periodismo está en la confirmación de los hechos, y teniendo en cuenta que era la propia casa quien había difundido la noticia, comenzamos a buscar posibles desmentidos en páginas del extranjero que fundamentaran nuestras sospechas. El único lugar común donde se daba la noticia y era tratada como broma era en Autoevolution, una web de otro planeta. No encontramos ningún medio extranjero relevante que la diera. No he visto la noticia ni en La Vanguadia, ni en La Razón ni en El Periódico de Catalunya. Varias horas más tarde, Ignacio publicaba en Twitter el desmentido de Volvo en El Economista. Los periodistas, que en mañanas como esa nos levantamos con el esfínter bien prieto, no nos damos cuenta de que también nos cabe por la boca.

Cuando se sufre un bombardeo de mentiras desde fuentes oficiales no es raro creer en alguna. Pero lo verosímil no es lo veraz, y el trabajo periodístico consiste, precisamente, en saber si lo es o no. Sobre todo cuando la fuente más autorizada de todas, que es la propia empresa, asegura en el día de las bromas que es cierto. Por eso, en un día así, si hay una fuente no creíble, es la empresa. Afortunadamente, a nadie le dio ayer por bromear con las cosas del bombardear.

Contraindicaciones

Resulta que Público, que como hemos dicho le llegó la noticia hasta el esófago, se ha mostrado sorprendentemente despechado por el desmentido, como si la eyaculatoria hubiera salpicado por donde se asoma la vanidad.

Hombre, señores de Público, no hace falta el tono enfadica, que nadie les ha robado el bocadillo. Vale que se han creído la noticia a la primera. No han hecho esas comprobaciones de primero de Periodismo porque el comunicado era oficial, a pesar de ser uno de abril. A pesar de ser un render -y no una fotografía como señaló El País– bastante cutre. Pero no se hagan las despechadas, que es bastante ridículo. No nos señalen a los demás -¡en una noticia!- la línea que separa el buen gusto de la caja de cristal. Y enváinense su moralina.

Sin embargo, lo peor ha llegado de la mano de ABC. Miren los dos tuits que, de nuevo, me facilitó Ignacio (como ven, éste artículo mío podría haberlo escrito él, pero tiene un blog de historia de mayor enjundia y requiere de su dedicación):

Noticia original de ABC capturada en Google.
Noticia original de ABC capturada en Google.

Pinchen en el enlace del tuit que pinchen, les llevará al mismo titular: “Volvo celebra el ‘April Fools Day’ anunciando un falso airbag”. La noticia original ha sido eliminada, pero he podido capturarla en una vista previa de Google antes de que desapareciera de su caché.

ABC no ha admitido un error, lo ha hecho desaparecer. Y cuando algo no existe, es complicado de subsanar, imposible pedir disculpas. No entiendo la vanidad de tantos periodistas a la hora de (no) reconocer errores. Eliminar el error nunca lo permitió el papel. Lo facilita Internet y eso es tentador y peligroso, porque es el camino más corto para no errar nunca, para de dejar de ser humano.

Del fracaso del periodismo: De Bruselas a Zagreb


Los descubrimientos extraordinarios necesitan pruebas extraordinarias. Con esta afirmación, los científicos suelen tomar con cautela lo que los periodistas abrazamos con entusiasmo: la noticia del siglo. Si más tarde se demuestra falsa esa nueva hazaña de la humanidad, ya no es un problema nuestro, que hemos vendido nuestros periódicos y hecho nuestro agosto, sino científico. Por eso, el periodismo no pone reparos en publicar que una señora, en vez de hacerse 60 kms, se ha metido para el cuerpo 1450, ha repostado dos veces, ha dormido en el coche, ha visto señales en varios idiomas y solamente cuando su GPS le ha dicho que ha llegado a su destino, ella se ha dado cuenta de que, en vez de en Bruselas, estaba en Zagreb. Su única explicación es que iba distraída. Señores, 1390 kms. de distracción.

Pongamos el tema en perspectiva. Es como si usted, que está en Madrid, va a Guadalajara, se despista, y acaba en París. O como si usted, que vive en Barcelona, tiene intención de ir a Manresa y aparece en Stuttgart. O como si vive en México DF, quiere ir a Toluca, y termina en una penitenciaría de San Antonio, Texas. Creo que pillamos la idea.

La noticia es tan extraordinaria que debería exigir, como en la ciencia, confirmaciones extraordinarias. Así que veamos:

Dice The Telegraph que nuestra protagonista sale de Solre-sur-Sambre, una localidad a 38 millas de Bruselas, es decir, a unos 60 kms. Gracias a Google Maps, sabemos que la distancia más corta hasta el centro de la capital es de 74 kms. pero, dependiendo del destino final de la anciana, puede reducirse a unos 60. Todo parece correcto.

Sin embargo, la distancia con Zagreb varía enormemente. Se habla de 901 millas, es decir, de 1450 kms. Pero, por la imagen de Google Maps, las distancias van de 1277 kms. a 1325, muy lejos de la información. Es cierto que un GPS puede equivocarse y dirigir al usuario por caminos de tierra o calles prohibidas, pero en las distancias tan largas y destinos tan importantes como ciudades grandes, donde el camino más rápido suele ser de autopista, no tiene sentido una variación de 125 kms. con la distancia más larga.

La venerable señora afirma, también, que veía carteles en alemán. Supongo que después de cruzar toda Alemania y Austria, que se dice pronto, no se dio cuenta de que había otro idioma, el esloveno, porque también tuvo que cruzar Eslovenia de norte a sur. Pero no, parece que no se percató. Quizás, una mujer acostumbrada a ver carteles en flamenco, vio de pronto uno en esloveno y pensó: ya debo de estar cerquita.

Llegamos a la frontera y la mujer se encontró con la estampa de la imagen:

Resulta que Croacia no pertenece a la Unión Europea. Como vemos, hay unas vallas, varias colas de coches, y unas típicas casetas de frontera donde suele haber un policía que te pide el pasaporte. El señor lo hace en un idioma inteligible y tú se lo entregas porque sabes que estás en una frontera, no porque lo entiendas. Porque en las fronteras, lo que hace todo el mundo, es entregar el pasaporte. Se ha convertido en una costumbre. Pero sólo es un pequeño y molesto contratiempo para nuestra aventurera pues, la superabuela, por supuesto, lleva el pasaporte encima. Tampoco le extrañaría que, lo que para ella sería un peaje colocado de la noche a la mañana en las inmediaciones de Bruselas, le solicitaran la documentación, ya que es de popular conocimiento que, con el jaleo político entre flamencos y valones, todo belga que se precie sale con el pasaporte entre los dientes, no vaya a ser que un sábado salga de una discoteca de Bruselas a las seis de la mañana y resulte estar en un país extranjero.

Uno de los mejores medidores para detectar una noticia falsa o, al menos, dudar seriamente de ella, es acudir al periodismo anglosajón. Según Europa Press, y también según Flanders News, la noticia parte de Nieuwsblad, periódico flamenco que ya debería hacer sospechar a mas de uno ya que, al fin y al cabo, nuestra intrépida protagonista es francófona. En France Press no aparece la noticia. Tampoco la he encontrado en ningún medio francés serio. Ni en Reuters. En el periodismo anglosajón, tan solo en el sensacionalista Daily Mail, y en el ya más serio The Telegraph. No está ni en The Sun, tabloide sensacionalista por excelencia. En Estados Unidos, no saben ni quién es esta señora.

Ahora vayamos a la prensa española: El Periódico de Catalunya, La Vanguardia, El Mundo, Público, la mencionada Europa Press, El Confidencial, El Diario.es, El Diario Vasco, ABC, La Razón y EFE. Añadan todas las televisiones. Y seguro que hay muchos más. Solamente se ha salvado El País.

La noticia, además de inverosímil, carece del mínimo rigor periodístico. Por tanto, y mientras no se demuestre lo contrario, debe ser tomada como falsa. No hay, ni en lo más remoto, una sola comprobación de fuentes. Todos dan por bueno lo que ha escrito el de al lado. El Nieuwsblad tampoco cita fuentes. Sólo da un nombre común de una anciana que podría ser cualquiera y una foto que, por lo que a mí respecta, podría ser la madre del redactor. Las preguntas que yo me he hecho, que se hará cualquier hijo de vecino, no están contestadas en ninguna de las noticias. Todos dan por buenas las supuestas explicaciones de la anciana: estaba distraída.

Verán, el periodismo trata de filtrar noticias. El periodismo tiene que decidir qué es y qué no es relevante. Es imposible publicar todo lo que llega a una redacción de un periódico a diario. Por tanto, si filtra, es porque se supone que tiene un criterio formado para ello. Ejemplos como los de esta noticia, donde preguntas tan básicas y elementales no son contestadas y aún así se publican, demuestran el desmadrado fracaso de la profesión, el hambre por llegar el primero y justifican completamente el descrédito ante la sociedad. El periodismo se ha perdido el respeto a sí mismo, y no esperemos que nadie se lo tenga. No acusemos de intrusismo a cualquiera que escribe sobre lo que le da la gana, con mayor o menor acierto, cuando hemos decidido delegar nuestro trabajo en la desidia.

Arcadi Espada suele decir que la pregunta “por qué” es un atajo fácil para cerrar una historia. Que para llegar a la verdad, hay que hacer el resto de preguntas. Algunas, muchas veces.

El laberinto del why. Esa perversión. Todo lo que podemos saber de why, está en el qué, en el cómo, en el cuándo y en el dónde. Es una pregunta inevitable. Pero la respuesta solo puede darla un consorcio. El why no es una región diferenciada.

Esta noticia es un buen ejemplo. La infantil respuesta de la anciana, “me despisté”, solo puede ir precedida de un perezoso por qué.

Actualización (17/1/12 a las 16:03): Gracias a un comentario en este post, me llega que Manuel Ángel Méndez ha publicado hace apenas una hora, en Gizmodo, la verdadera historia después de hacer las preguntas correctas, a las personas adecuadas. Resumo, pero invito a que la lean:

Sabine Moreau, la protagonista de esta historia, padece demencia senil. Se equivocó al meter la dirección. No hubo, por tanto, ni un despiste colosal ni un fallo del GPS. La policía no sabe con seguridad siquiera si llegó a entrar en Croacia.

La historia, tal y como se nos contó era del todo increíble. Pero resulta ser una mujer enferma que, en vez de salir andando de casa, salió en coche y se pierde. Lo que nos cuenta Manuel entra dentro de lo sorprendente, pero es verosímil y, además, aporta datos suficientes, como el enlace a la comisaría belga que llevó el caso.

Que el nombre coincida, como dijo mik en un comentario, con el de una protagonista de Misión Imposible 4: Protocolo Fantasma, parece que no deja de ser una de esas ironías incalificables del destino.

Gracias, Manuel.