Cartas paralelas


Arcadi Espada se hace eco en su nuevo blog de la respuesta de Richard Buty, jefe de estudios del Liceo Francés, a una madre de un alumno sobre los motivos por los que no se utiliza el catalán en las comunicaciones del colegio. Una respuesta de una “claridad tan cartesiana que me pone al borde de las lágrimas, como solo lo hace el apogeo de la razón”, escribe el periodista. La noticia publicada en Vilaweb señala que el Liceo Francés discrimina al catalán (entiéndase el idioma, que los hay aficionados al lío). Dicha discriminación se produce porque las comunicaciones con los padres se envían en francés y castellano, pero nunca en catalán. Un hecho notablemente sorprendente para la mujer, de nacionalidad francesa pero bien acostumbrada a las estrechas tráqueas del nacionalismo. Vilaweb ha tenido acceso a los correos y los ha transcrito, al menos en parte. Éste es el párrafo dedicado al segundo correo de la mujer:

La madre escribió un segundo correo para insistir en la misma petición y argüía que el catalán era la lengua propia del país y que sería normal que fuera utilizada ‘no en todos los casos, pero sí en las comunicaciones a los padres, además del español, como gesto de cortesía y respeto’. También apuntaba que, teniendo en cuenta el momento político que vive el país, una política de equilibrio entre el uso del español y del catalán sería más prudente, justa y respetuosa hacia las diversas sensibilidades’. Finalmente, después de solicitar un encuentro para tratar la cuestión, añadía: ‘Probablemente no soy la única que piensa eso y mi carta debería ser suficiente para que considerara su respuesta y se pudiera abordar el marco jurídico al que se refiere desde otro punto de vista, la sensibilidad a la diferencia, que puede resumirse en términos de tolerancia y respeto a la diversidad’.

Es un párrafo magnífico. Una concentración de lemas vanguardistas del pensamiento nacionalista: el discurso aprehendido de una francesa. La utilización de la lengua como un elemento cultural al servicio de la política que extingue el fenómeno primario del lenguaje, comunicarse para entenderse. Se aprecian los consejos condescendientes, con el mismo tono que el nacionalismo, esos con los que no se puede estar en desacuerdo porque tratan del respeto, la cortesía, la tolerancia y la diversidad. Todo son bondades con smiley. ¡Cómo negarse! Pero ante las bondades hay que reaccionar con los significados. Es decir, con la verdad. Como dice Nacho Escobar, quien de vez en cuando escribe aquí,

estoy absolutamente seguro de lo que opino y sin embargo acepto sin ningún problema que haya gente que no esté de acuerdo conmigo. En esto, y no en otra cosa, consiste la tolerancia. Es evidente que si todos fuésemos capaces de convencer y de ser convencidos no haría falta ser tolerantes en absoluto: simplemente, estaríamos todos de acuerdo.

Es una pena la poca empatía de las voces del nacionalismo, una pena que no envíen cartas como la de la mujer exactamente iguales a la Generalitat, la responsable de la educación pública. Una pena que no haya párrafos idénticos al de la preocupada madre francesa acompañados con sentencias de los distintos tribunales de justicia que obligan a la Administración a cumplir una ley que se salta. Una pena, digo, la falta de empatía. De lo contrario esas cartas también recogerían párrafos como éste:

La madre escribió un segundo correo para insistir en la misma petición y argüía que el castellano era la lengua común en todo el país y que sería normal que fuera utilizada ‘no en todos los casos, pero sí en las comunicaciones a los padres, además del catalán, como gesto de cortesía y respeto’. También apuntaba que, teniendo en cuenta el momento político que vive el país, una política de equilibrio entre el uso del español y del catalán sería más prudente, justa y respetuosa hacia las diversas sensibilidades’. Finalmente, después de solicitar un encuentro para tratar la cuestión, añadía: ‘Probablemente no soy la única que piensa eso y mi carta debería ser suficiente para que considerara su respuesta y se pudiera abordar el marco jurídico al que se refiere desde otro punto de vista, la sensibilidad a la diferencia, que puede resumirse en términos de tolerancia y respeto a la diversidad’.

Quizás un día escriban algo así en nombre del respeto, la cortesía, la tolerancia y la diversidad.

El purgatorio (de la prensa)


‘La Brújula’ de Onda Cero, dirigida por Carlos Alsina, ha estrenado una nueva sección todos los jueves llamada ‘El purgatorio’, incluida en ‘La tertulia de la economía’. Para dicha sección contará con Josu Mezo, profesor de Estadística aplicada a la Ciencia en la Universidad de Castilla la Mancha, y autor del blog Malaprensa, donde lleva casi diez años señalando errores de bulto en la prensa española que muestran “pura falta de profesionalidad, negligencia, torpeza o ignorancia del periodista”. Su blog nació, según sus propias palabras en una entrevista, “del hartazgo de ver tan a menudo en la prensa supuestamente seria y de calidad noticias que me parecían claramente erróneas”. Josu no es periodista, pero su blog fue uno de los primeros en España, si no el primero, dedicado exclusivamente a señalar la mala prensa, algo muy necesario en una profesión demasiado acostumbrada a mirarse el ombligo.

En su primer día, desmontó las cifras de las familias en la vuelta al colegio, esa cuesta de septiembre. No es que no sean creíbles (al menos algunas), es que los métodos que se utilizan para llegar a ellas no son todo lo riguroso que debieran. Algunos puntos que destaca:

  • Las cifras bailan demasiado entre distintas asociaciones de consumidores, que son las que realizan los estudios.
  • Algunas asociaciones incluyen en los gastos de la vuelta al colegio el comedor y el transporte, cuando en realidad son gastos recurrentes.
  • Las estimaciones de gastos de ropa, por ejemplo, son el resultado de un sondeo aproximado al que se llega no se sabe muy bien cómo.
  • Se habla de gastos medios, pero no se sabe cómo se hacen las medias, a veces por etapas, o por tipo de escuelas. En FUCI, por ejemplo, suman el supuesto gasto medio por alumno de colegio público, concertado y privado, y lo dividen entre tres sin tener en cuenta cuántos niños estudian en cada tipo de centro. Así hallan la media. El dato es, por tanto, inútil.

Mezo dice que el periodista debe hacer siempre una pregunta: “¿usted cómo lo sabe?”. Esa pregunta, con frecuencia, debe ser anterior (incluso en forma reflexiva) y es la que otorga o quita autoridad a una fuente. Un periodista nunca preguntará a un bombero sobre la guerra de Siria, pero sí a un experto en Oriente Medio. El periodismo tiene como fuentes autorizadas a las asociaciones de consumidores porque se dedican a estudios de consumo. Hemos dejado de hacernos la pregunta y  han captado el mensaje: no necesitamos la verdad, sino un titular. Y ellas, en realidad, han venido a hablar de su libro. Así, resulta que, a veces, las asociaciones no pasan de periodismo de declaraciones, con el mismo valor que la vecina que responde que el asesino siempre le pareció un buen chico, alcachofa en boca. Y mientras, el periodismo, embarcado en su desidia.

Jugando en casa


Escribo esto a propósito de una conversación en Twitter sobre esos valientes alumnos que ayer negaron el saludo a WertMarcel Gascon, que ya ha escrito lo imprescindible al respecto, ha dicho en uno de sus mensajes que se le olvidó añadir que “lo difícil y meritorio era ahí romper la disciplina de grupo y saludar a Wert”. Y de traje, como algunos hicieron, más difícil aún, añado yo.

Continuar leyendo en Retales Sueltos

Pedagogía


image

Y luego dicen que la enseñanza va mal… Yo, sinceramente, jamás he visto a los alumnos aprender tantas cosas:

El mes pasado Beatriz Talegón twiteó el siguiente video, titulado ‘Un corto recortado’. Vayan al minuto 14, donde los alumnos cantan un alegre rap que resume bien los minutos anteriores.

Es éste un documental ameno, ligero y lleno de vida (sobre todo de vida infantil) que, si bien no está maravillosamente interpretado por los profesores que lo protagonizan, al menos no pretende ofender a nadie, según dice, sino hacernos echar unas risas. Niños que se pelean por un único ordenador portátil, clases que se llenan hasta reventar la puerta en jocoso homenaje a los Hermanos Marx, alumnos que comparten varias veces una misma tira de papel higiénico manchada de caca y otras cosas igualmente desternillantes se desarrollan a lo largo de la trama. Sin embargo no todo es humor en él, puesto que se predicen cosas muy serias. Pudiera decirse que se quiere denunciar una verdad tan clara y evidente que resulta imposible que ofenda a nadie; es más, ya era hora de que por enésima vez nos la descubrieran: con tanto recorte la enseñanza pública se va al garete.

Solo que ahora se introduce una importante novedad: esta vez son los propios niños los que inocentemente piden estas cosas al Gobierno (difícilmente puede creerse que se las estén pidiendo a Rubalcaba, aunque a lo mejor lo están haciendo, porque son niños e inocentes). ¡Señores, deberíamos estar todos rasgándonos las vestiduras al permitir que se les haga semejante daño (léase recortes) a los niños de Teruel! Y, efectivamente, es para rasgarse las vestiduras…

Decía don José Lasso de la Vega, que en algunos lugares de la antigua Grecia existió entre los maestros la tradición de raptar a sus discípulos. De la misma manera, un selecto grupo de profesores turolenses parece haber recuperado esta costumbre apoderándose, supongo que con el consentimiento de los padres, de estos pequeños y afortunados discípulos para derramar sobre ellos el conocimiento de lo que todo el mundo sabe que es bueno (la financiación estatal) y aborrece como malo (los recortes). No me cabe duda de que además lo han hecho con el mismo amor y respeto que sentían los antiguos griegos por sus discípulos. Pero desde luego lo que han demostrado amar por encima de todas las cosas es un tipo de verdad, la suya, que parece justificar cualquier método de enseñanza, incluido el adoctrinamiento ideológico utilizando, forzando, abusando, violentando de semejante manera el pensamiento todavía inocente de unos cuantos pequeños… ¡qué digo unos cuantos, de un colegio entero!

Quizás esta comparación pueda parecer un pelín exagerada… En cualquier caso, quisiera aclarar que yo también me encuentro muy lejos de querer ofender a nadie, y menos aún a este grupo de profesores. Es más, estoy seguro de que ellos saben muy bien lo que están haciendo, pues ya son mayorcitos. Quisiera, eso sí, agradecerles que nos hayan ayudado a enterarnos de una verdad tan evidente.

Enhorabuena.

Pensamientos teledirigidos


Salvados FinlandiaDesde hace ya mucho tiempo no veo ni un solo programa de televisión, ni siquiera los telediarios (éstos últimos intento evitarlos como la peste) y me limito a disfrutar de vez en cuando de alguna buena película en DVD. Creo que jamás he tomado una decisión más saludable en mi vida. Ni fumo, ni bebo ni veo la televisión y, de estas tres cosas, la última es sin duda la mejor.

No obstante, y gracias al consejo de un buen amigo mío, el domingo pasado decidí echar una canita al aire viendo el primer programa de la nueva temporada de ‘Salvados’.

Dios mío.

No digo yo que ‘Salvados’ no sea lo que hoy se entiende como un buen programa; como he perdido la práctica de ver la televisión no me siento con la suficiente confianza como para establecer un criterio. El caso es que dio la casualidad de que se ocupaba de la educación pública española y, dado que soy profesor de la Comunidad de Madrid, le tomé cierto interés.

Básicamente, el programa consistía en realizar una investigación mediante varias entrevistas. Primero se entrevistaba a un catedrático de la Universidad de La Coruña y a algunos profesores de un colegio público en Barcelona y luego, tras un rápido viaje a Finlandia, a dos profesoras nativas y a algunos españoles que se encontraban por allí trabajando.

He de decir que, efectivamente, la educación finesa debe de ser extremadamente buena, tal y como asegura el informe PISA, puesto que una de las entrevistadas, una profesora de español joven y guapa, hablaba nuestra lengua impecablemente bien; vamos, de hecho la hablaba mucho mejor que los profesores españoles. Por lo demás, y bajo mi punto de vista, las preguntas estuvieron bastante bien escogidas, y desde el primer momento quedó meridianamente clara la tesis fundamental de la investigación: si el gobierno español invirtiera más dinero en la enseñanza pública, otro gallo nos cantaría. Todo el mundo en el programa pareció estar de acuerdo.

Ha llegado sin embargo a mis oídos un caso sorprendente de rebeldía ideológica. Raúl, el dueño de la cafetería del instituto de San Martín de Valdeiglesias, se ha atrevido a pensar de forma diferente a la de los profesores del programa. Y yo quisiera dejar aquí constancia de semejante suceso, sin otra intención que la de… en fin, pues eso, dejar constancia (desde aquí he de advertir que Raúl es del Atletico de Madrid):

Se planteaba el difícil problema de un chaval que está todo el día de peyas o, como se dice ahora, de un alumno que tiene un alto nivel de absentismo. El padre, que recibe puntualmente los avisos de las faltas a través de SMS, se presentó indignadísimo en el instituto: “Mi hijo no falta nunca a clase”. Ante lo cual hubo que montar enseguida una reunión o comisión o delegación o vaya usted a saber qué demonios para solucionar o mediar o llevar a buen término semejante conflicto. Raúl, sin embargo, planteó una solución mucho más directa. “A este chico lo que habría que hacer es correrle a hostias hasta llegar a su casa preguntándole: ¿por qué has faltado, eh? ¿Por qué?”.

El método, según Raúl, es ciertamente tan eficaz como el finés, pero además tiene la ventaja de ser mucho más barato.

Niño judío, niño catalán


El ex-alcalde de La Coruña, Francisco Vázquez, se ha despachado a gusto en la TVG al afirmar que (video, minuto 23:10) no aprecia ninguna diferencia

entre un judío con estrella amarilla perseguido por los nazis, y un niño castigado, por hablar en castellano, en el patio del recreo.

Se debería reconducir el debate antes de empezar a defender las pedradas de los nuestros solo porque son nuestros adoquines. La tribuna en El País de la secretaria de Educación, Montserrat Gomendio, me parece muy centrada. Es un buen punto de partida. Tan disparatada es la bravata de Vázquez, como la de Tardá al calificar de terrorismo social la reforma.

El político catalán se califica a sí mismo tanto con sus dificultades de expresión como por el lenguaje que utiliza. Y Vázquez se equivoca gravemente por un motivo muy sencillo: utiliza la excepción para alcanzar una generalización indecente con el comodín del judío. Para muchos, el castigo sonará a otra época, algo así como si reprimieran a un niño por hablar en catalán en los patios franquistas. Aunque sea excepcional, ha ocurrido, como denunció Albert Ribera en la tribuna política de la edición catalana del ABC hace casi dos años:

Unos padres han denunciado que en un colegio público de Sitges, a la hora de evaluar a un alumno de 5 años, se le ha suspendido en el apartado de lenguaje verbal —para que lo entiendan los chicos de P-5 se hace simbólicamente con un pegatina roja en forma de semáforo— por hablar en castellano en la hora del recreo.

Pero que se haya hecho no quiere decir que sea la norma. Que haya denuncia indica, precisamente, que se ha vulnerado una ley. Y esa ley es la radical diferencia.

Humillación en el colegio de niños judíos. En la pizarra dice: “¡El judío es nuestro mayor enemigo! ¡Cuidado con el judío!”

Porque lo que sí fue ley en la Alemania de los años 30 fue la prohibición a los judíos a ser empleados del Gobierno. Luego, se les prohibió formar parte de las fuerzas armadas y, posteriormente, ejercer cualquier profesión liberal, desde maestros, hasta médicos. Las Leyes de Nuremberg los despojaron de sus derechos civiles y su nacionalidad. Se prohibió a los médicos “arios” atender a pacientes judíos, lo que les vetó el derecho a la atención sanitaria. Los niños judíos en las escuelas tenían que escuchar cómo sus compañeros cantaban en clase de música, con profesores pertenecientes al Partido Nazi, canciones que decían “cuando corra la sangre judía por mis manos”. Finalmente, también se prohibió a los niños ir a los colegios. A los pocos que aguantaron, claro.

Generación talibán


Sharmeen Obaid ganó con el documental “Pakistan: Taliban Generation” un Emmy en 2010. En él, muestra cómo los talibán pakistaníes reclutan niños para las escuelas que controlan, en las que solo aprenden el Corán. Las familias pobres, que apenas pueden mantener a sus hijos por el hambre y la guerra, permiten que sus hijos estudien en las madrazas talibán a cambio de alojamiento y comida gratuita. Obaid investiga también cómo plantan la semilla del odio y cómo les lavan el cerebro para que cometan atentados suicidas.

Los talibán siembran el terror entre la población con sus fanáticas arengas por la radio. Dominan parte del norte de Pakistán y, el que se enfrenta a ellos, puede acabar decapitado en una plaza pública. Las niñas ya no pueden ir al colegio y las jóvenes ya no pisan la universidad. Su lugar, según adoctrinan a los niños en las madrazas, es la casa. Las pocas mujeres que hay en la calle, llevan burka. Los talibán han grabado a fuego en la mente de los niños que esta vida es transitoria, un paso más para alcanzar el paraíso. Para estos niños, es un honor explotar en pedazos.

EDITADO: Han eliminado el vídeo subtitulado en Dailymotion, así que lo he sustituido por una presentación. El anacronismo del copyright. Se puede descargar aquí.