La gran victoria de la democracia


No se pierdan los once minutos de debate junto a Albert Rivera, Juan Arza y Xavier Sardá. La gravedad de las palabras de Lluís Salvadó, diputado en el Parlamento de Cataluña y secretario adjunto de ERC:

Vamos a conseguir proclamar la independencia de Cataluña y tenemos muy claro que no lo vamos a hacer cumpliendo la Constitución Española. Por tanto, estamos dispuestos a luchar para ser obedientes a la población.

Salvadó retó a Rivera a que enseñara un solo papel donde dijera "Espanya ens roba". Éste es de las juventudes de su partido, via Albert Rivera.
Salvadó retó a Rivera a que enseñara un solo papel donde dijera “Espanya ens roba”. Éste es de las juventudes de su partido, via Albert Rivera.

La independencia se ha convertido en una pataleta infantil. El señor Salvadó esgrime que “la democracia es votar”, un argumento pobre, simple, ignorante y falaz. No necesita más para la masa convencida antes de escuchar su discurso. Las leyes de un Estado de Derecho no parecen importarle, y no le molesta que le arrinconen cuando le argumentan que saltarse las leyes nunca es democrático.

La mayor trampa de su argumento está, precisamente, en el referéndum que pretenden: La falta de legalidad para su celebración, provocaría que sólo aquellos que están por la causa independentista participaran. Una aplasante victoria para el #SiSi, tan ilegal como fraudulenta. Para Salvadó, la gran victoria de la democracia que necesita.

El otro Madrid


Pablo Iglesias vive del mensaje antisistema, es decir, del sistema, desde que tiene uso de razón. Dirige un mensaje simplificado y simplón que sólo entiende de westerns, de indios y vaqueros, de buenos y malos. Sin embargo, él se mueve como un funambulista con las palabras, el gesto, el tono y la mesura. Por eso se permite rechazar el terrorismo como concepto y el de ETA como concreto y, a la vez, simpatizar con los ejecutores, como si pudiera existir el terrorismo sin un dedo en el gatillo. Las simpatías por los terroristas sólo se da por un motivo: piensa como ellos aunque no actúe como ellos. Está más cerca de su causa política que de una Constitución que ya ha dicho más de una vez que no es la suya. Según Iglesias, lo que se instauró en España después del franquismo fue una Constitución para que todo siguiera igual. Eso comentó en una Herriko Taberna, para añadir después que

quien se dio cuenta de eso desde el principio fue la izquierda vasca y ETA. Por mucho procedimiento democrático que haya, hay determinados derechos que no se pueden ejercer en el marco de la legalidad española.

Demonstrators Surround The Spanish Congress To Protest Against Spending Cuts And The Government Of Mariano RajoyLa semana pasada ya dejó caer su opinión en un Ritz decadente en lo estructural y en lo moral, amoldado a los tiempo que corren, de donde fueron expulsadas las formas del camarero del 15M, de héroe a villano, y se quedó el fondo del asunto en la conferencia, con la vergonzante cabeza baja de los asistentes.

Pablo Iglesias dice, en un video de apoyo a Herrira, que él habla desde el otro Madrid -como el 15M representaba al 99%-. Lo que quiere decir es que hay gente fetén en Madrid que piensa como él, que no toda la capital es casta del Pleistoceno que pretende mantener vivo el terrorismo -para que los maten-. Que en Madrid, aunque tapados, hay hombres libres como él dispuestos a escuchar a los terroristas aunque la Parabellum acabe de dispararse sola. Su cliché moral alcanza las más altas cotas de su intelectualidad cuando afirma que

es fundamental que todos y todas pongamos nuestro granito de arena para defender los derechos humanos y para combatir la excepcionalidad.

Probablemente, derechos humanos sean las dos palabras seguidas que Pablo Iglesias ha repetido con más insistencia en su carrera político-medíatica, como si la reiteración le convirtiera en embajador de Buena Voluntad de la ONU. Lo que hace Iglesias es hablar de derechos humanos con los asesinos, es decir, ponerse a su lado para espetárselos a la contraparte. No exige al criminal que los respete, sino que lo demanda al Estado. Por eso, a continuación, habla de la ‘excepcionalidad’, que no es más que la vetusta exigencia de los colectivos del entorno terrorista para el acercamiento de presos a cárceles vascas.

En una guerra que no existió para llamarlo conflicto y pedir la paz, en un país donde han asesinado a más de 800 personas por pensar como piensan, por cumplir con su deber o por estar en el lugar equivocado el momento equivocado, se necesita una visión muy particular para dar lecciones de democracia en una Herriko Taberna y estar de acuerdo con los regentes.

Por más democracia


 

La votación del Proyecto de Ley Orgánica por la que se hace efectiva la abdicación de Su Majestad el Rey Juan Carlos I de Borbón obtuvo 19 votos negativos. De ellos,

Los siguientes señoras y señores diputados, al emitir su voto negativo, dijeron:

La señora García Álvarez: Por más democracia, voto no.
El señor Garzón Espinosa: Por más democracia, voto no.
La señora Jordà i Roura: Por una república catalana, no.
El señor Lara Moya: Por más democracia, voto no.
El señor Llamazares Trigo: Por más democracia y por la república, voto no.
La señora López i Chamosa: Sí, que se jubile.
El señorNuet Pujals: Por más democracia, no.
La señora Ortiz Castellví: Por más democracia y derecho a decidir, voto no.
El señor Sixto Iglesias: Por más democracia y por la república, voto no.
El señor Tardà i Coma: Por la república catalana, voto no.
El señor Yuste Cabello: Por más democracia y el derecho a decidir, voto no.
El señor Bosch i Pascual: República catalana, o sea, no.
El señor Centella Gómez: Por más democracia, mi voto es no.
El señor Coscubiela Conesa: Por más democracia y derecho a decidir, voto no.
La señora De las Heras Ladera: Por más democracia, voto no.

López i Chamosa no rompió la disciplina del Partido Socialista, pero dejó constar su conciencia para una residencia de ancianos. Por lo demás, el problema entre república y monarquía no está en si una es mejor que la otra; sino en los motivos políticos, que hacen morales, los que suman cuñas al voto.

Entre el coche y el andén


Si eres pobre y de derechas eres un mísero desgraciado. El sistema te ha abducido con mentiras y promesas. Todos te miran y nadie te entiende: ¿cómo es posible que defiendas los intereses de los ricos cuando éstos no están dispuestos a compartir su renta contigo? La única explicación está en tu ignorancia. No has sido capaz de romper el cascarón, de ver la realidad. No te dejas guiar por los filósofos y mantienes tu mirada encadenada en la caverna. Prefieres un filete en Matrix a admitir que eres un oprimido por un sistema que sólo beneficia a unos pocos. Y tú, nunca, repito, nunca, estarás entre ellos. En cuanto asomes la cabeza te la pisarán, y la devolverás sonriente a la cueva porque eres, sencillamente, un idiota irresponsable.

Si eres pobre y de izquierdas, has despertado. Eres consciente de que el mundo hay que cambiarlo a través de la democracia o a pesar de ella. Tu conciencia social te hace solidarizarte con los que están todavía peor que tú -siempre hay alguno- y tu angustia vital te empuja a ayudarlos. No tienes intereses propios, al menos no egoístas. Por tanto tus intereses no son tuyos, sino de una conciencia superior, de clase, incluso de pueblo, con los que te identificas plenamente. Tus intereses son altruistas y, a través de la defensa del débil, quieres eliminar privilegios de los ricos e imponer una sociedad más justa: la tuya. Eres pobre, sí, pero ves la realidad tal y como es, y no como te la dibujan. Eres un ejemplo a seguir hasta tal punto, que tú mismo te pones como modelo ideal.

Si eres rico y de izquierdas vives como un marqués y piensas como Llamazares. Es la posición más ventajosa -y ventajista- de todas. Socialmente estás muy bien visto, pues te quejas del poder, el mismo sobre el que influyes en tus ratos libres, pero eres consciente de que hay mucha gente peor que tú y aseguras que tu deber moral es ayudarles a mejorar. Hay algo de pose en todo ello, porque en cuanto Hacienda mete las manos en tus bolsillos para proceder a la redistribución de la riqueza te cagas en su puta calavera, pero oye, es lo que tiene el equilibrismo. Sin duda alguna, esos impuestos que pagas compensan con creces tu imagen social, pues defiendes lo público con la misma compulsión con la que utilizas los servicios privados.

Si eres rico y de derechas no sé qué haces que no estás ocupado muriéndote, maldito fascista neoliberal. Caradura, golfo, sinvergüenza. Seguro que también eres empresario y tienes una SICAV. Te importa el mundo un rábano y los únicos intereses ajenos que valoras son los que te tienen que pagar. Al fin y al cabo, son tuyos. Banquero, más que banquero. Eres la estofa más inmunda que habita la Tierra, incluidas las orugas. Te dedicas a montar empresas y a ganar dinero con ellas, ¡explotador! Encarnas lo peor del ser humano, tu mera existencia genera un odio sólo comparable a tu ambición. Apenas tienes conciencia para lo tuyo y para los que son como tú. Entiendes la sociedad como un montón de trabajadores a tu servicio. Eres caprichoso y egoísta, y ni entiendes ni te interesa saber qué es el bien común. Haces las leyes y las trampas, y encima votas al PP.

El chupacabras espanyolista


Cataluña puede respirar aliviada. Poco a poco, después de unas de semanas de cacería incesante, los vecinos podrán recuperar su día a día. Las escuelas volverán a abrir mañana, igual que los comercios y los hoteles rurales. Los partidos atrasados de tercera regional tendrán que esperar un poco, a ver qué días quedan libres. Los lugareños llevaban semanas escondidos en sus casas, sin atreverse a salir. “Sólo hemos salido para comprar leche y pan”, decía Pere, el cabrero de Santpedor. “El turismo se ha resentido. No ha venido nadie y han cerrado los restaurantes”, comentaba un hostelero de la zona, todavía con el susto en el cuerpo. Las pérdidas son millonarias.

dscn3640Como recordarán, hace unas semanas comenzaron una serie de extraños sucesos inexplicables en los alrededores de los famosos “200 municipis per le independència”, punta de lanza del nacionalismo catalán. “Nunca había visto nada igual”, recuerda una señora del lugar. “Una noche, escuchamos ruidos alrededor de casa. No le dimos demasiada importancia. Pensamos que sería cualquier alimaña, o un perro salvaje de esos que husmean por las basuras. Mi marido comentó que sería un charnego, pero yo le dije que de esos no había por aquí, que su hábitat natural es el cinturón de Barcelona y Tarragona”. La mujer se conmueve: “A la mañana siguiente nos encontramos una pintada rojigualda en una señal de tráfico situada en la carretera, justo a la salida de la Masía. ¡Qué espanto!”, recuerda la anciana con pavor. Corrieron a avisar al resto de vecinos, concentrados, como es habitual, en sus quehaceres diarios en el bar del pueblo. Nadie les creyó hasta que enseñaron una foto. Entonces, el Ayuntamiento de Santpedor convocó una reunión urgente. Varias batidas de vecinos no dieron resultado. Luego se unieron los mossos d’escuadra. Todo fue inútil, salvo aquellas pinturas salvajes, no había ni rastro.

Comenzaron a recorrer historias de municipio en municipio sobre el que pasó a llamarse el ‘chupacabras españolista’. Se contaba de él que podía devorar niños catalanes como si fueran calçots. Llegaron ufólogos del Ayuntamiento de Barcelona. Durante días, los informativos de TV3 abrían día y noche con nuevas historias de vecinos que aseguraban haberlo visto. Unos aseguraban que iba a cuatro patas; otros que lo vieron a dos con unos largos cuernos y un gran rabo por detrás. “¡Parece un judío!” exclamaba algunos; “¡No!”, respondían otros, “¡parece español!”. Los vecinos vivían aterrados; los mossos, impotentes. Julia en la Onda echaba humo. Incluso Carme Chacón hizo una emotiva declaración apelando a la tranquilidad desde la Venice Pool de Miami.

Se acercaba el 12 de octubre, día de la celebración de la españolada. En Cataluña se da la paradoja, desde 1714, de que cada año se celebra el día nacional del país vecino, España. Es un asunto que preocupa a las autoridades desde hace casi 300 años y no encuentran solución. Las pintadas de Santpedor hacían presagiar una invasión bárbara, por lo que se montó un dispositivo especial de seguridad en los alrededores del pueblo, cuna por cierto, de Pep Guardiola, el tirolés de Munich nacido en este “país pequeñito de ahí arriba”.

En la madrugada del once de octubre, la policía pilló a un tipo, natural de la localidad, pintando una señal de tráfico. Consiguió huir al trote, pero dejó allí su vehículo, donde se encontraron aerosoles fascistas. Al día siguiente, el joven quiso recoger su coche en dependencias policiales, pero se le detuvo porque el muy españolazo todavía tenía restos de pintura rojigualda en los dedos. Será acusado de un delito continuado de daños. Fuentes policiales han rehusado hacer cualquier comentario sobre procesar por los mismos cargos a los que dibujan esteladas en las paredes. “Tienen licencia de artista patriótico”, aclara el concejal de cultura.

En un comunicado oficial, el ayuntamiento ha aclarado que

el imputado es un joven de 28 años de ideología espanyolista.

Mientras el municipio recupera poco a poco el ritmo de convivencia heterogénea, sus vecinos no dejan de preguntarse cómo es posible que un vecino, uno de los suyos, haya sufrido esa transformación. Unos culpan a esa novia suya de Lloret con la que salió unos meses; otros, a un viaje que hizo a Barcelona donde se perdió en L’Hospitalet. Los más ancianos, simplemente, dicen que es que es del Espanyol.

Saben aquél que diu…


(No es un artículo enteramente mío. No, al menos, en lo intelectual. La segunda parte, desde los pueblos, es un resumen de una conversación que mantuve con Clonclon hace un par de noches. Él insiste, y yo coincido, en lo poco que se comenta lo obvio).

El nacionalismo catalán, como todo nacionalismo, mantiene una violenta lucha contra la realidad. Cada mañana, un despertador interrumpe su dulce arcadia con un ensordecedor zumbido y lo pone en pie de protesta y lamento, que es su estado bipolar natural. Si el nacionalismo fuera un personaje, sería como el escritor estadounidense de ciencia ficción Philip K. Dick quien, a pesar de que llegó a cuestionar su salud mental y su percepción de las cosas, aseguraba que “la realidad es aquello que, aunque dejes de creer en ello, sigue existiendo y no desaparece”.

Si la realidad golpea el hígado de las pasiones nacionalistas, allí donde el Camp Nou grita “independencia”, se les advierte sobre su propia liga. Pero su arcadia les dicta acuerdos con la LFP. En el peor de los casos, podrían jugar en la Liga francesa, aseguran, como si los clubes franceses fueran a estar entusiasmados con la idea de que un equipo extranjero se llevara siempre una plaza de Champions con la de millones de euros que hay en juego. Mientras el nacionalismo sueña acuerdos, la realidad lleva al Barça a vagar por los campos de Reus y Olot.

Si la bofetada la envían por micro y carta desde Bruselas y les confirman una y otra vez que quedarían fuera de la Unión, los dirigentes nacionalistas lo ponen en duda. Esto es como ir a casa del tipo del Escatérgoris, no llevar Coca-Cola, y decirle que el juego es tuyo.

Si la bofetada se la dan los mercados, sacan balanzas fiscales, deudas históricas, aportaciones excesivas a las arcas del Estado, el expolio y ‘Espanya ens roba’. Y estalla así el episodio bipolar, la querencia cuando se trata de Europa y la pérfida España de puertas para adentro. Una víctima para perdurar su mensaje desde el poder y el país hermano mayor para cruzar, de la manita, los obstáculos para entrar por la puerta grande de las instituciones mundiales.

Sobre los pueblos, sólo tengo preguntas: ¿Quiénes son el pueblo catalán? ¿Los que han nacido allí? ¿Los que han nacido y viven allí? ¿Los empadronados allí? ¿Los que viven y trabajan allí aunque no hayan nacido en Cataluña, como decía Jordi Pujol? En ese caso, ¿puedo empadronarme mañana y votar el destino de mi pueblo, el catalán? Si uno ha nacido en Alpedrete pero sus padres son de Vilanova i la Geltrú, ¿es catalán? ¿Lo es Duran i Lleida, que nació en un pueblecito de Huesca? ¿Si alguien nació en Cataluña pero vive fuera, no es catalán? ¿Es catalán el de Mataró que no habla catalán y tiene una madre portuguesa? ¿Y si su madre es francesa con ascendente piscis? ¿Quién decide quién es catalán y quién no lo es? Todo esto es muy importante para saber quién puede votar y quién no en el referéndum que no se va a celebrar.

Hablemos un poco de sentimientos. Cada uno puede sentirse lo que quiera. Un señor de Soria puede sentirse coreano si lo desea muy fuerte. Y puede dejar de ser español: que reniegue de la nacionalidad y se saque la que le dejen. Y puede dejar de vivir en España: que haga las maletas y se pire. Total, estamos en retirada. Por tanto, supongo que puedo sentir que el Penedés también es mío. ¿Puedo decidir sobre lo que siento que es mío, igual que un nacionalista reivindica decidir sobre lo que siente como propio?

Llegados aquí, sólo nos queda lo más básico, lo que nadie dice, sobre lo que nadie discute o peor, sobre lo que se les ha concedido sin plantar la más evidente de las batallas, donde se han librado todas las guerras de la Historia: el terruño. Todo lo demás, todo lo escrito hasta ahora, es totalmente secundario. Porque el problema no está en que un nacionalista no quiera ser español: está en que al dejar de serlo, quiere llevarse una parte de España con él. Él sentirá que esa tierra le pertenece, pero yo puedo sentir lo mismo. Él pensará que se la arrebataron a sus antepasados, y yo que me la quiere arrebatar él. Él dirá que la Historia le da la razón, yo le diré que me la da a mí. Él, que me han engañado; yo, que vive de un deseo. ¿Por qué no podría decidir yo sobre el Delta del Ebro exactamente igual que él? ¿Quién decide y con qué criterio que sus sentimientos valen más que los míos?

En contra de lo que pueda parecer, estoy totalmente a favor de un estado catalán, pero en otra parte. Lo sé, la idea no convence a nadie. La creación de un Estado es un devenir histórico forjado durante siglos y no se puede romper porque unos señores que ahora mismo viven o han nacido en Cataluña pero dentro de cien años no estarán y que hace cien tampoco estaban, decidan que se acabe. Un Estado es un tema demasiado serio y complejo. El problema catalán es algo que ya trató con claridad y suficiencia José Ortega y Gasset en 1932:

Yo sostengo que el problema catalán, como todos los parejos a él, que han existido y existen en otras naciones, es un problema que no se puede resolver, que sólo se puede conllevar, y al decir esto, conste que significo con ello, no solo que los demás españoles tenemos que conllevarnos con los catalanes, sino que los catalanes también tienen que conllevarse con los demás españoles.

Nos queda, pues, la convivencia. No hay, además, político español con posibilidades de gobernar o suficientemente enajenado o las dos cosas, capaz de proponer un referéndum para que una parte de los españoles decidan sobre toda España. Porque no nos engañemos: la secesión no es una decisión sobre una parte de un territorio, sino sobre su conjunto. Por eso, a Clonclon le gustaría ver a un Rajoy más bravo con este tema. Por ejemplo, que hubiera respondido la carta que le envió Artur Mas con un sobre con un mapa mudo de los ríos de España y un ejemplar de la Constitución. Fin de la cita.