La Barcelona de Robespierre



“Puesto que la patria debe vivir, Luis debe morir”, dijo Robespierre en su primer discurso sobre el juicio contra el rey Luis XIV el 3 de diciembre de 1792. Paradójicamente, el francés no era partidario de la pena de muerte, aunque pensaba que debía hacerse una excepción monárquica. Tampoco era amigo de pillajes y turbas, pero si tenían que producirse en nombre de la causa justa de la revolución, no sería él quien las impediría.

Hay un cierto tufillo jacobino en aquellas palabras de Ada Colau sobre leyes injustas que no tiene intención de cumplir. Pero ya no quedan revolucionarios como los de antes. Ahora, en vez de guillotinar borbones, las autoridades barcelonesas retiran el busto del que ya no es nuestro monarca en actos simbólicos de salón, para crear un grupo de estudio que decida o sugiera qué poner. Mi humilde aportación es que respeten el Art. 85.2 del Real Decreto 2568/1986 por el que se aprobó el Reglamento de Organización, Funcionamiento y Régimen Jurídico de las Entidades Locales que dice que

En lugar preferente del salón de sesiones estará colocada la efigie de S. M. El Rey.

Ay, estos revolucionarios posmodernos. Tan hijos del capitalismo, sin riesgo para su aburguesamiento. En cuanto quieren algo, crean un grupo, un comité o una asamblea en nombre del pueblo. Y deciden ellos, también, en nombre del pueblo. Se han acostumbrado a lo simbólico porque ya nadie se mancha las manos. Como aquel escritor catalán, Jair Domínguez, que disparó en TV3 a una diana con la caricatura de Juan Carlos I después de vomitar “esta monarquía española tan cutre“.

La decapitación de Su Majestad no se debe a que no sea ya jefe del Estado, como han justificado. Esa es la excusa, la puerta abierta para el show republicano. De lo contrario, habrían esperado a tener un busto a mano de Felipe VI para sustituirlo de inmediato.

Al representante de ERC, Alfred Bosch, se le ha colado su pata nacionalista cuando ha sugerido que sea sustituido por “una efigie que represente el único soberano, que es el pueblo catalán”. Será el barcelonés. Pero lo putrefacto ha llegado con la celebración de Josep Garganté, de la CUP:

Mostramos nuestra mayor satisfacción por la retirada del antiguo jefe de los torturadores, tal y como dijo el compañero Arnaldo Otegi, preso político vasco.

Es una prueba de que el discurso de ETA está en las instituciones, y no sólo en las vascas y en las navarras. Para este tipo, que representa a todos los barceloneses, Otegi está injustamente encarcelado y compañeros suyos, asesinos la mayoría, son también presos políticos torturados. Es posible que este indeseable se parapete en la libertad de expresión para defender su bajeza moral. La misma que callaban con pistolas sus amigos terroristas. Debe de ser de los que defienden la libertad sólo para su propio interés, como demostró al impedir el ejercicio de libertad de información, reventando una cámara de TV3 en la huelga general del 29 de septiembre de 2010 por la que fue condenado a pagar 5000 euros en febrero de 2012.

Equipo del Régimen


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Es conocido eso de acusar al prójimo de las propias carencias. Así se hace con el Real Madrid, por ejemplo, cuando se le acusa de equipo del régimen franquista a pesar de que su leyenda se haya forjado en Europa, lejos de los tejemanejes nacionales. El Barcelona adquiere como rival, por tanto, los valores opuestos. Es el discurso simple el que siempre resulta efectivo, y da igual la relación de hechos que se expongan, que el Barça disfrutará de su halo romántico a pesar del tufo reaccionario de sus dirigentes.

En Cataluña, asfixia más el nacionalismo que el calor del verano. Ahí está la imagen de los candidatos a la presidencia del club posando con la camiseta del 27S. Una imagen imposible en otro equipo y, sin embargo, necesaria en el Barcelona: el candidato que se mueva, no gana. No sé si todos siguen el camino religioso de Mas, pero sí sé que saben que no pueden negarse a aparecer. Es una escandalosa falta de libertad a la que la sociedad catalana ya se ha ido acostumbrado, pero no deja de ser una anomalía ambiental. El Barcelona sigue la estela del proceso político que deja el presidente de la Generalitat, ha formalizado un discurso nacionalista y vende en sus taquillas las mismas ensoñaciones que el separatismo. El Barcelona se expande por los cinco continentes mientras sus miras acaban en las fronteras de Cataluña. Es muy difícil mantener el equilibrio entre la pasión por un equipo y el desafecto a algunos valores que representa. Esa inyección de política. Por eso, claro que es el Barcelona es más que un club. Forma parte de un proyecto sentimental que no tiene nada que ver con el deporte.

Unicornios sobre Barcelona


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El arco parlamentario catalán está sembrado de nacionalismo. Pocos partidos se salvan. Por eso, no es de extrañar que Raül Romeva, ex diputado de Iniciativa per Catalunya, haya dejado su partido porque éste no apoya el proceso secesionista comenzado hace algunos años por Artur Mas, y se haya unido como número uno a la lista unitaria de Convergencia y ERC, con la que pretenden hacer un plebiscito en forma de elecciones autonómicas sobre el asunto catalán.

El 22 de octubre de 2012, el señor Romea se despertó y vio, sobre el cielo barcelonés, unos cazas militares. No eran chinos ni norcoreanos, sino españoles, y eso es precisamente lo que le alarmó. Firmó entonces una carta dirigida a la vicepresidenta y comisaria de Justicia, Derechos Fundamentales y Ciudadanía de la Comisión Europea, Viviane Reding, en la cual se señalaba que dos militares y un político habían hablado de la posible invocación del artículo 8 de la Constitución Española para defender sus fronteras e integridad territorial. Invitaban a la comisaria a estudiar la posibilidad de suspender el derecho de voto de España ante el posible peligro de una intervención militar. Romeva unió los puntos que, como a los niños, es lo que se le da bien: declaraciones, cazas, coacción militar a Cataluña.

Preguntado Carlos Herrera, dos días después, afirmó que

es inadmisible que [el referéndum] se plantee en términos militares como algunos están haciendo. Por lo tanto, en un marco democrático como es el europeo, la UE tiene que mandar un mensaje claro que frene cualquier tipo de incitación a ese tipo de actuaciones de tipo militar. Hay recursos para hacerlo por la vía política, por lo que estas amenazas están fuera de lugar.

El resto de la entrevista no tiene desperdicio. El nacionalismo vive en un estado alerta paranoica permanente. Donde hay maniobras del ejército del aire, el señor Romeva interpreta amenazas militares. Pide respeto, pero lo pone difícil. Es complicado respetar a quien defiende con seriedad el vuelo de unicornios sobre la catedral de Barcelona.

Y es complicado tomarlo en serio cuando ese mismo año, en enero de 2012, elevó una pregunta, junto al eurodiputado Ramón Tremosa (CiU) (quién también firmó la carta sobre los militares), a la Comisión Europea de importante calado político a propósito de un pisotón de Pepe a Messi en el partido de ida de la Copa del Rey:

¿Cree la CE que estos hechos tan graves, vistos por millones de personas, incluidos niños, deben quedar impunes? ¿Está satisfecha la CE al saber que ningún comité de competición no se está ocupando de este episodio de violencia en el deporte?

Sostenían que

si Pepe se queda sin sanción, su pisotón a Messi será percibido como una acción neutra para la sociedad.

Este es el nivel del number one de la lista unitaria plebiscitaria. La CE no llegó a contestar porque dos semanas después retiraron la pregunta. Casualmente, justo el día después de que se clasificara el Barcelona. No me pondré paranoico, no vaya a ser.

Livin’ la vida en catalán


Sandro RosellGamper vino de fuera de Cataluña, era suizo, fundó el club y, cuando vino, se llamaba Hans Gamper. Cualquiera de vosotros, si sois nacidos en Cataluña perfecto, y si no lo sois también, queremos que seáis como Gamper, que llegó, se integró en el país, habló catalán e hizo que fuera la lengua oficial del club. […] Que vosotros lo habléis, lo entendáis y que seáis del Barça en Cataluña en catalán es exactamente lo que se debe hacer. […] Porque será la gran demostración de que sentís el club, de que sois del Barça, estáis en Barcelona, vivís en Cataluña y compartís los valores que todos los catalanes queremos tener, que es vivir juntos con toda la gente que viene del norte y del sur. […] Vengáis de donde vengáis, del norte o del sur, integrémonos todos y hagamos una gran familia, la familia culé y la barcelonista. […] Quiero reiteraros que penséis que nuestra lengua oficial es el catalán y, por lo tanto, es muy importante que compartáis la lengua del club con todos los niños que convivís en este país.

Las anteriores declaraciones no son de un político culé, sino de un seguidor, parece que aficionado a político, del Barça. Concretamente, de su seguidor y presidente Sandro Rosell. Las pronunció ante un grupo de niños durante un acto de la Fundación del Club en el barrio de El Carmelo, con alto porcentaje de inmigración. Lo único decente que un presidente de fútbol puede decir ante un grupo de niños, es algo parecido a esto:

Nos gustaría que jugaseis al fútbol, muy bien al fútbol, que os esforzaseis tanto en los estudios como con el balón. Y que yo pueda presumir, orgulloso, de que un día di una charla inspiradora al nuevo Messi.

Poco más. La diferencia entre la cita original y la que nunca pronunció son evidentes. Por eso las palabras de Rosell son graves. No tanto porque reparta carnets de buen catalán dependiendo del club del que uno sea seguidor, sino porque son palabras políticas dirigidas a niños que todavía hoy no se han enterado de que estaban en un mitin. Pero que han pillado el mensaje de la doctrina social nacionalista. El gran éxito del nacionalismo es haber logrado implicar a toda la sociedad, independientemente de la ideología, en la defensa de un idioma como icono de una cultura en permanente peligro de extinción.

Sin duda es bueno, y muy probablemente necesario, que aprendan catalán. Pero su discurso debería ser un insulto a la inteligencia, por eso no le concedo el determinismo de sus palabras. Su generalización excluye a los que también son catalanes y no piensan como él. Estos últimos, en contra de lo que dice la propaganda nacionalista, no promueven el castellano por encima del catalán, sino que fomentan el bilingüismo, que es el estado natural de la calle.

Su discurso está incluido en el continente integrador habitual, que consiste en aceptar a todos los que llegan. Pero hay condiciones. El problema real es que esos niños del sur no son necesariamente marroquíes, y esos del norte no tienen que ser franceses. Basta con que uno sea manchego y otro aragonés: se les aceptará si hablan catalán. En su propio país, que es España, no Cataluña, al menos mientras escribo esto.

La coartada cultural del nacionalismo está en el idioma, un idioma en peligro -según ellos- por el peso del castellano en la sociedad catalana. Por eso, Rosell y los políticos nacionalistas utilizan eso de “vivir en catalán”. Esto quiere decir que, según parece, un ciudadano catalán tiene el misterioso derecho a que todo lo que le rodee esté en catalán: letreros, publicidad, menús de restaurantes, libros, prensa… Tiene derecho a una arcadia feliz catalana donde el castellano sea solamente accesorio, nunca obligatorio. Por eso, también, tiene derecho a que se le atienda en catalán en las administraciones y en los comercios privados. Y por eso, finalmente, los niños tienen derecho a que se les instruya en catalán. Aunque el Tribunal Supremo -que no sabe de qué va la vida- dicte lo contrario. Así, defendiendo este derecho alucinógeno, no dan opción a los padres para elegir el idioma vehicular de la educación de sus hijos. Por eso, Artur Mas tuvo la desfachatez de afirmar, en una entrevista concedida a El Mundo en 2006, que los que quieran

que monten un colegio privado en castellano para el que lo quiera pagar, igual que se montó uno en japonés en su momento.

Todo lo anterior viene a cuento porque el Barcelona acaba de firmar un acuerdo con la Plataforma per la Llengua para fomentar el uso exclusivo del catalán en el equipo y, para ello, han editado una guía. La guía, muy completa, orienta sobre cómo lograr que los niños se expresen en catalán exclusivamente. En ella, tenemos ejemplos para apiadarse de las criaturas y se insta a no cambiar al castellano aunque el chaval hable su perfecto andaluz y el entrenador, su gracioso acento gallego. Y es que cambiar de lengua

supone discriminarlos, porque les restamos posibilidades de aumentar el conocimiento de una lengua -la catalana- que les será útil y necesaria para desarrollarse en total libertad en nuestra sociedad. Por lo tanto, el objetivo de esta guía es ayudar en cambiar estos hábitos lingüísticos, mudarlos por otros que nos permitirán llevar a cabo una gestión lingüística mucho más responsable y solidaria.

Hay muchos más ejemplos. Por supuesto, aprovechan para incluir a las familias ya que, aunque son actores indirectos,

son una parte fundamental para que se consigan los resultados que nos hemos propuesto, para que nuestras propuestas de transformación no se acaben en nuestro ámbito de trabajo.

El cierre magistral a la guía lo aporta María Purificación Pinto Fernández, miembro de la ejecutiva de la Plataforma per la Llengua, donde asegura, en un párrafo, que

adoptar una lengua es siempre un acto voluntario y enriquecedor

para añadir casi al final que

lo que nos permitirá formar parte del mismo equipo será una identidad común, compartida y expresada en la lengua histórica del país, que es la lengua catalana.

Yo les diría lo que Carles Puyol, sí, ese que es capitán del Barça, manifestó públicamente cuando Joan Laporta intentó incluir en los contratos de los jugadores la obligación de hablar catalán: “un futbolista, lo que tiene que hacer, es jugar al fútbol”.

I Lliga de Futbol de Catalunya


He realizado el listado de los catorce mejores equipos de Cataluña en la actualidad. Teniendo en cuenta que el nuevo estado tiene unos siete millones de habitantes, y que la liga belga tiene dieciséis equipos sobre una población de unos diez millones, catorce me ha parecido un número adecuado. Si el Grupo 5 de la Tercera División de la liga española terminara hoy (por el viernes pasado), el primer campeonato nacional de Lliga Catalana (que así se llamará a falta de conocer el sponsor) lo configurarán los siguientes equipos:

* El CF Pobla de Mafumet es, desde 2003/04, el filial del Gimnàstic de Tarragona. Tras firmar el acuerdo llegaron sus mejores éxitos deportivos, aunque no es descartable que abra un proceso de secesión después de hacer un referéndum entre sus socios en caso de tener la oportunidad de jugar en primera.