Miedo


Correspondencias


Sucedió en Atocha hace poco más de diez años. J. es, sin duda alguna, uno de los mejores baterías que he conocido en mi vida. Ha tocado con mucha gente que todos conocéis. Nivel gira mundial incluso antes de llegar a la escuela de música donde nos conocimos, hace ya bastantes años. Entonces, yo todavía tocaba la guitarra y componía. Antes de subir al tren y despedirnos, tuvimos tiempo para discutir un penúltimo café. Reconozco que siempre tuve mis dudas con la música. No sabía si lo que componía era bueno, no sabía si sería capaz de mejorar la agilidad con los dedos, las cuerdas. La velocidad. La destreza con las corcheas. La precisión. En un momento de breve charla, J. me despertó sus dudas de un sopapo: «Con frecuencia me despierto por las mañanas y dudo. No sé si sirvo para esto». J. es, sin duda alguna, uno de los mejores baterías que he conocido en mi vida. Y dudaba.

Avatar de Trenzando TRENZANDO

Tres amigos, una noche cualquiera, en un bar cualquiera.

M: Emborracharse es el acto más intrascendente que existe. Te hace libre. Te olvidas del tiempo, del espacio, de Dios y hasta del yo.

R: Ya tienes post: el pedo intrascendente.

M: Escribir es duro. Tienes que pensar, machacar una idea sobre la que se han escrito cientos de libros y expresarla de una manera original para que parezca nueva. Es placer y dolor. Te llena y te vacía. ¡Soy una constante tensión entre extremos!

R: Pues eso, una mujer.

A: Y lo que te queda, amiga. ¡No hay más que eso!

R: Te iba a decir lo mismo que te ha dicho Ana y no soy mujer.

M: Pero la diosa Venus se cebó conmigo. Ando y desando constantemente el camino entre lo racional y lo emocional, la alegría y la tristeza, el…

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Follando sin airbag


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Car-Enveloping Airbag Technology, el nuevo airbag de Volvo. O no.

Imagine que usted se ha comprado un Volvo. Usted no sabe de diseño y además no le importa. Puede incluso tener mal gusto y que su coche le parezca un prototipo de estética vanguardista. No pasa nada, vive en un mundo en el que todo importa una mierda, donde una tipa metida en una caja de cristal, es arte. Puede que le guste la tipa (en ese caso puede tener salvación), o puede que le guste la caja (en ese caso es usted imbécil). Decía, que usted se ha comprado un Volvo, y lo ha hecho porque valora la seguridad por encima de todo. Es usted de lo más normal. No me lo agradezca, no es un elogio.

La seguridad es, sin duda, asunto de importancia diaria. Valoramos a esas personas seguras de sí mismas a no ser que entrenen al Real Madrid, valoramos las alarmas de las casas y la presencia policial si no se llama antidisturbios y los tenemos justo en frente. Valoramos los condones sin agujeros. Grandes y pequeñas… seguridades. Usted, como no es de correr riesgos, sino más bien de hacer siempre los mismos cambios a partir del minuto 65, de uno en uno y sin empujar, se ha comprado el último grito en seguridad automovilística: el Volvo con la ‘Car-Enveloping Airbag Technology‘, que viene a significar algo así como «cariño, este condón gotea. Por fuera». Amigo, se la han clavado.

Resulta que ayer fue el llamado ‘April Fools Day‘, fecha de bufonadas y chistes en muchos países. Todos, empresas incluidas, bromean en comunicados, incluso en vídeos. En España no. Aquí nos creemos alguno y lo publicamos. Eso es lo que ha pasado con Volvo y su nuevo airbag, sueño de todo narcotraficante de la película de Juanma Bajo Ulloa. Este superairbag sale de un compartimento del techo y envuelve el coche completamente en caso de impacto. Ignacio Badomar me señaló en Twitter que una parte de la prensa se había tragado lo que a todas luces parecía un bulo: Público, El País, El Mundo, ABC , EFE y algunos más. El error de la Agencia -y de los demás- consistió en no haber tenido en cuenta el día que era, pues dieron por válido un comunicado de Volvo.

Si la seguridad de Volvo está en los airbags, la del periodismo está en la confirmación de los hechos, y teniendo en cuenta que era la propia casa quien había difundido la noticia, comenzamos a buscar posibles desmentidos en páginas del extranjero que fundamentaran nuestras sospechas. El único lugar común donde se daba la noticia y era tratada como broma era en Autoevolution, una web de otro planeta. No encontramos ningún medio extranjero relevante que la diera. No he visto la noticia ni en La Vanguadia, ni en La Razón ni en El Periódico de Catalunya. Varias horas más tarde, Ignacio publicaba en Twitter el desmentido de Volvo en El Economista. Los periodistas, que en mañanas como esa nos levantamos con el esfínter bien prieto, no nos damos cuenta de que también nos cabe por la boca.

Cuando se sufre un bombardeo de mentiras desde fuentes oficiales no es raro creer en alguna. Pero lo verosímil no es lo veraz, y el trabajo periodístico consiste, precisamente, en saber si lo es o no. Sobre todo cuando la fuente más autorizada de todas, que es la propia empresa, asegura en el día de las bromas que es cierto. Por eso, en un día así, si hay una fuente no creíble, es la empresa. Afortunadamente, a nadie le dio ayer por bromear con las cosas del bombardear.

Contraindicaciones

Resulta que Público, que como hemos dicho le llegó la noticia hasta el esófago, se ha mostrado sorprendentemente despechado por el desmentido, como si la eyaculatoria hubiera salpicado por donde se asoma la vanidad.

Hombre, señores de Público, no hace falta el tono enfadica, que nadie les ha robado el bocadillo. Vale que se han creído la noticia a la primera. No han hecho esas comprobaciones de primero de Periodismo porque el comunicado era oficial, a pesar de ser uno de abril. A pesar de ser un render -y no una fotografía como señaló El País– bastante cutre. Pero no se hagan las despechadas, que es bastante ridículo. No nos señalen a los demás -¡en una noticia!- la línea que separa el buen gusto de la caja de cristal. Y enváinense su moralina.

Sin embargo, lo peor ha llegado de la mano de ABC. Miren los dos tuits que, de nuevo, me facilitó Ignacio (como ven, éste artículo mío podría haberlo escrito él, pero tiene un blog de historia de mayor enjundia y requiere de su dedicación):

Noticia original de ABC capturada en Google.
Noticia original de ABC capturada en Google.

Pinchen en el enlace del tuit que pinchen, les llevará al mismo titular: «Volvo celebra el ‘April Fools Day’ anunciando un falso airbag». La noticia original ha sido eliminada, pero he podido capturarla en una vista previa de Google antes de que desapareciera de su caché.

ABC no ha admitido un error, lo ha hecho desaparecer. Y cuando algo no existe, es complicado de subsanar, imposible pedir disculpas. No entiendo la vanidad de tantos periodistas a la hora de (no) reconocer errores. Eliminar el error nunca lo permitió el papel. Lo facilita Internet y eso es tentador y peligroso, porque es el camino más corto para no errar nunca, para de dejar de ser humano.

Hiperrealismo


R.ESTES. View of Manhattan from Staten Island Ferry. 2008

De un tiempo a esta parte la pintura figurativa parece ir tomando cada vez más claramente una misma dirección, que es la del hiperrealismo. En estos momentos, sin ir más lejos, el Museo Thyssen tiene una importante exposición que muestra la trayectoria de este estilo desde su nacimiento a principios de los setenta hasta nuestros días.

La pintura hiperrealista tiene algunos pintores realmente buenos, como Richard Estes, pero también una ingente masa de virtuosos bastante pesados, dotados con una prodigiosa capacidad técnica para dejarnos pasmados una y otra vez. Sin embargo, el tema de la pintura hiperrealista no es la realidad en sí misma, sino el hecho de poder parecerse a ella absolutamente, y esta es una distinción muy importante porque significa que en el hiperrealismo, sorprendentemente, no se habla de la realidad sino del cuadro, de lo bien hecho que está.

En el arte occidental, al menos desde el Barroco hasta ahora, la realidad (entendida como ‘naturaleza’) no parece haber sido nunca suficiente. Lo ha sido, por supuesto, de una u otra forma para la mayoría de los grandes pintores, pero a la hora de la verdad y salvo raras excepciones, las diversas estéticas que se han ido sucediendo siempre han buscado alguna excusa para poder desacreditarla. El arte, según Juan de Butrón, era un «remedo de las obras de Dios» que «infinitas veces enmienda a la misma naturaleza»; y para Gracián, “suple de ordinario los descuidos de la naturaleza, perfeccionándola en todo, que sin este socorro del artificio quedara inculta y grosera”. Es decir, que la naturaleza es una realidad que debe domesticarse también con la mirada, arreglándola, volviéndola hermosa, idealmente hermosa. Y así fue hasta la llegada del Romanticismo, cuando los pintores se cansaron de vivir en la Arcadia, pero no de idealizar la realidad, y la convirtieron ahora en paisajes brumosos, rincones misteriosos y, en definitiva, la estilizaron; pero también -y mediante un inevitable fenómeno de idealización inversa que culminaría en el siglo XX- la vieron como una cosa terrible y desagradablemente fea, es decir, inhabitable pero al menos ‘interesante’.

Hoy en día, la realidad se ha convertido finalmente en algo fastidioso, cotidiano, anodino… Nos aburre, no interesa en absoluto. Digamos que necesitamos aderezar nuestras vidas constantemente con un buen chute de adrenalina, porque eso de vivir, en sí mismo, no creemos que tenga nada de extraordinario. En ese proceso de trivialización de la realidad las imágenes que nos rodean, fotografías, televisión, Internet, parecen adquirir una importancia tan relevante como las reales, hilándose unas con otras, urdiendo todas ellas la trama de nuestra experiencia. Esto inevitablemente hace que las imágenes terminen confundiéndose con la realidad y la realidad con la imagen, pero sobre todo que ambas adquieran la misma relevancia, es decir, ninguna. Y es que la vida de hoy ya no es sueño, señoras y señores, sino fotografía.

En este sentido se puede decir que la pintura hiperrealista es estrictamente contemporánea, otra vanguardia más (¡otra más!), pues lo que copia son fotografías, y de qué modo. El espectador, consecuentemente, lo que sale a buscar es la última de las piruetas contemporáneas: el trampantojo perfecto, la ‘copia extrema’ que, si bien no despierta la adrenalina, al menos sí resulta espectacular… ¡Dios mío, los cuadros son tan reales que parecen fotografías!

Lo cual, démonos cuenta, equivaldría a decir algo así como que Los girasoles de Van Gogh están vivos porque se parecen a unas cuantas flores de plástico. Claro que Van Gogh sí que sabía lo que era la realidad, vaya que si lo sabía. Por eso le resultó insoportable -todo antes que aburrida- y la pintó directamente, como pudo, a duras penas… Y precisamente porque la conocía de veras la pintó como le dio la gana, pero nunca de plástico. Para eso ya estaban los demás.

Nuevo-Nuevo Periodismo: los hechos mutan


No sé si el periodista Fran Guillén es hijo del aforismo del científico alemán G.C. Lichtenberg: «He notado claramente que tengo una opinión acostado y otra de pie». En sus Scrapbooks, publicados tras su muerte, había aforismos, retazos de su pensamiento, párrafos ocurrentes. Nada concluido (no era necesario), y mucho menos concluyente. Eran, en muchos casos, frases producto de su ironía. Por eso sorprende que alguien -Guillén no está solo- saque de él la conclusión de que los hechos mutan. Cuando uno se lanza en coche por un precipicio, lo que menos importa es cómo lleva el cinturón.

Es como si los cómics hubieran dado su salto a la realidad. Pedro Ampudia ha estado muy agudo al denominar a esto de los hechos mutantes Nuevo-Nuevo Periodismo porque, como bien dice, Capote ha sido superado. Entramos, como prosigue, en la ciénaga de Iker Jiménez, en lo paranormal, es decir, en la negación del periodismo. Porque si el periodista ya no puede trabajar con los hechos, no sé cómo va a hacer su trabajo. Se entra en el resbaladizo terreno del todo vale. Lo llamativo es que las mutaciones no parecen tener repercusiones en el presente. Luego, si no son de ninguna manera comprobables hoy, ¿cómo se puede demostrar el fenómeno de los hechos mutantes? La magia del relativismo cada vez cruza fronteras más asombrosas.

Los hechos, el único axioma de la profesión, el punto de partida, no son otra cosa que acontecimientos del pasado reciente, un pasado solamente generado por la muerte. La inmutabilidad de la muerte. El periodismo se encarga de esos hechos recién fallecidos. A veces, incluso, los acompaña a la tumba. Los hechos nunca son fruto del pensamiento, no pertenecen al periodista, se sitúan fuera: por eso un periodista no es un filósofo. Sólo la interpretación de esos hechos le pertenece.

Puedo entender que haya quien dude de la existencia de la verdad, de la objetividad. Les invito a leer a Revel. Incluso admito que haya debate entre esos pequeños -¡enormes y vitales!- detalles de ‘fiction’ en la ‘faction’. El calcetín de Garzón y Pilar Urbano. O que pregunten a Cercas por el día que no se fue de putas. Pero a dudar del axioma sólo se atreve la ignorancia.

A no ser, claro, que los increíbles hechos mutantes consistan en algo parecido a esta entrevista a Zapatero en El País en julio de 2010. Así sí:

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Hombre, Guillén, que la búsqueda en Google de «hechos mutan» sólo da 145 resultados. Por poco caben en un tuit. Igual es para replanteárselo. El mote que te ha puesto Mr. Haiku, ‘el Quijotesco’, no puede ser más acertado. Ojo, cualquier día puede sacar uno de mis tuits y reflejarlo en el espejo. Yo, entonces, sólo espero sonrojarme y conceder, pero nunca empeñarme en embestir contra los molinos de viento.

Escrache


Últimamente se habla mucho del escrache. Hace unos días Carles Francino, director de La Ventana de la Cadena SERlo definió como una

forma de protesta que nació en Argentina para perseguir a represores de la dictadura cuando la justicia no podía actuar contra ellos.
Captura de pantalla 2013-03-25 a la(s) 18.52.23
Una de las definiciones de la RAE es un poco menos pacífica.

A continuación, Francino se hace la siguiente pregunta:

¿Hay diferencia entre escrachar a un represor de una dictadura o hacerlo, por ejemplo, con un diputado, que es lo que está ocurriendo estos días en España?

La pregunta roza una retórica insultante. Ciertamente, hoy, Rosa Díez ha respondido muy bien en El Mundo no sólo a él, sino a otros medios de comunicación que sacan a diario sus cámaras a la calle no para buscar noticias, sino para tomarla. Francino, después de dar paso a un corte de audio donde miembros de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) acudieron al domicilio de Ruiz-Gallardón y en el que se escuchan cánticos como

¡Alerta, alerta, alerta a los vecinos, en este barrio, vive un asesino!

asegura y deja claro, quiere dejar claro, que no se ha utilizado en ningún momento la violencia. Me voy a tirar al barro: Si consideramos violencia de género -es decir, violencia- que un hombre grite o acose a una mujer, ¿por qué no son son violencia esos gritos? Estoy seguro de que para Francino, gritar y acosar sin tocar a una mujer es violencia. ¿Por qué no lo es si se hace con un diputado? Voy más lejos y me coloco frente a la barrera moral de Francino: ¿En qué momento una diputada deja de ser mujer?

Resulta curioso que añada, más adelante, que «está por ver que se aporreara la puerta del domicilio de González Pons«, otra vícitma del escrache. ¿Aporrear una puerta es más violento que gritar asesino? Parece claro que Francino traza la línea de la violencia en el contacto físico, sea persona u objeto, según le convenga. Que vayan a la puerta de su casa un par de días, a ver si cambia de idea. ¡Qué languidez!

A continuación, entrevista a Ada Colau, portavoz de la PAH, quien asegura que enviaron cartas a diputados y a miembros del gobierno y que ninguno se molestó en responder ni en acudir a ninguna de las reuniones de la asociación. Asegura que lo han intentado todo por las buenas. UPyD decidió hacer públicas esas cartas por las graves amenazas que contenían. En ellas, después de plantear la situación y de pedir el voto para la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) que la PAH había presentado en el Congreso, se puede leer que si el voto no era favorable, la PAH entendería que

su partido renuncia a escuchar la voluntad de una incontestable mayoría. En este caso, no tendremos otra opción que señalar públicamente a los diputados de su grupo parlamentario como responsables directos del sufrimiento y el dolor de miles de familias de este país.

Aunque la ILP fue admitida a trámite, es evidente que la PAH ha seguido con su agenda pues, como ya indicó la propia Colau el mismo día que se admitió, no quieren que se pervierta su propuesta. Así, daba igual lo que decidieran los diputados porque la decisión de ir a por ellos ya estaba tomada. Pero no todos en la PAH están de acuerdo. Asier Martiarena, recoge las declaraciones de E.C, uno de sus miembros, que asegura que «una cosa es protestar y otra intimidar».

Más adelante, en la entrevista con Francino, Colau define su escrache:

vidas-en-juegoLa campaña de escrache que estamos haciendo no tiene ningún componente ni de violencia, ni de coacción, ni de nada parecido. Lo único que se hace es ir allí donde puedan estar los diputados. Es decir, si no han querido venir a conocer la realidad, lo que dice la ciudadanía es 'llevaremos la realidad allí donde estén ustedes, señorías. Ya sea en la calle, en el trabajo, en actos públicos, o en sus barrios. Lo que hacemos es que los afectados escriben sus casos en postales y se dejan en buzones o debajo de la puerta. Y ya está.

Qué arrogancia ciudadana, la suya. Que me explique Colau, si es tan amable, el siguiente vídeo.

Hay que ser muy tonto


Que la prensa deportiva acostumbra a mentir lo sabemos todos. Y ellos saben que lo sabemos. Así, se ha llegado a un acuerdo implícito entre esa prensa y el público: te compro para que me mientas igual que podría comprarme el Qué me dices, pero prefiero munición de barra de charla barata con los colegas, que leer por enésima vez que Belén Esteban se separa de su novio, su marido, tortuga o sea lo que sea que tenga ahora. Esto ofrece una ventaja fundamental: la princesa del pueblo pero sin el pueblo sólo puede separarse de uno, pero el Real Madrid puede fichar a diez o quince jugadores en lo que tardan unos amigotes en beberse el pacharán de la sobremesa. No hay color.

Por eso precisamente, porque la prensa deportiva miente, no nos escandalizamos cuando leímos en septiembre de 2011 lo siguiente:

https://twitter.com/marca/status/115378900623822848

Da para un par de rondas de cañas, al menos. Pero hombre, hombre. Resulta que cuando a alguien, año y medio más tarde, se le ha ocurrido frotar a Marca la noticia por la cara, el diario se ha descolgado con esto (varias veces):

No sé qué tipo de protozoo tiene Marca al teclado de sus redes sociales. No digo yo que reconozca la mentira, pues ya he dicho que ésta va implícita en la relación con el lector. Ni hablemos de hacer bien el trabajo. Pero al menos hay que tener la decencia de admitir que te han engañado y no aferrarse a la costumbre e inventarse que alguien se ha colado en tu cuenta y ha publicado ese tuit. Sobre todo cuando ese tuit lleva un enlace. Y más aún cuando ese enlace lleva a la siguiente noticia de tu propio diario.

Fichaje de Neymar Marca

Livin’ la vida en catalán


Sandro RosellGamper vino de fuera de Cataluña, era suizo, fundó el club y, cuando vino, se llamaba Hans Gamper. Cualquiera de vosotros, si sois nacidos en Cataluña perfecto, y si no lo sois también, queremos que seáis como Gamper, que llegó, se integró en el país, habló catalán e hizo que fuera la lengua oficial del club. […] Que vosotros lo habléis, lo entendáis y que seáis del Barça en Cataluña en catalán es exactamente lo que se debe hacer. […] Porque será la gran demostración de que sentís el club, de que sois del Barça, estáis en Barcelona, vivís en Cataluña y compartís los valores que todos los catalanes queremos tener, que es vivir juntos con toda la gente que viene del norte y del sur. […] Vengáis de donde vengáis, del norte o del sur, integrémonos todos y hagamos una gran familia, la familia culé y la barcelonista. […] Quiero reiteraros que penséis que nuestra lengua oficial es el catalán y, por lo tanto, es muy importante que compartáis la lengua del club con todos los niños que convivís en este país.

Las anteriores declaraciones no son de un político culé, sino de un seguidor, parece que aficionado a político, del Barça. Concretamente, de su seguidor y presidente Sandro Rosell. Las pronunció ante un grupo de niños durante un acto de la Fundación del Club en el barrio de El Carmelo, con alto porcentaje de inmigración. Lo único decente que un presidente de fútbol puede decir ante un grupo de niños, es algo parecido a esto:

Nos gustaría que jugaseis al fútbol, muy bien al fútbol, que os esforzaseis tanto en los estudios como con el balón. Y que yo pueda presumir, orgulloso, de que un día di una charla inspiradora al nuevo Messi.

Poco más. La diferencia entre la cita original y la que nunca pronunció son evidentes. Por eso las palabras de Rosell son graves. No tanto porque reparta carnets de buen catalán dependiendo del club del que uno sea seguidor, sino porque son palabras políticas dirigidas a niños que todavía hoy no se han enterado de que estaban en un mitin. Pero que han pillado el mensaje de la doctrina social nacionalista. El gran éxito del nacionalismo es haber logrado implicar a toda la sociedad, independientemente de la ideología, en la defensa de un idioma como icono de una cultura en permanente peligro de extinción.

Sin duda es bueno, y muy probablemente necesario, que aprendan catalán. Pero su discurso debería ser un insulto a la inteligencia, por eso no le concedo el determinismo de sus palabras. Su generalización excluye a los que también son catalanes y no piensan como él. Estos últimos, en contra de lo que dice la propaganda nacionalista, no promueven el castellano por encima del catalán, sino que fomentan el bilingüismo, que es el estado natural de la calle.

Su discurso está incluido en el continente integrador habitual, que consiste en aceptar a todos los que llegan. Pero hay condiciones. El problema real es que esos niños del sur no son necesariamente marroquíes, y esos del norte no tienen que ser franceses. Basta con que uno sea manchego y otro aragonés: se les aceptará si hablan catalán. En su propio país, que es España, no Cataluña, al menos mientras escribo esto.

La coartada cultural del nacionalismo está en el idioma, un idioma en peligro -según ellos- por el peso del castellano en la sociedad catalana. Por eso, Rosell y los políticos nacionalistas utilizan eso de «vivir en catalán». Esto quiere decir que, según parece, un ciudadano catalán tiene el misterioso derecho a que todo lo que le rodee esté en catalán: letreros, publicidad, menús de restaurantes, libros, prensa… Tiene derecho a una arcadia feliz catalana donde el castellano sea solamente accesorio, nunca obligatorio. Por eso, también, tiene derecho a que se le atienda en catalán en las administraciones y en los comercios privados. Y por eso, finalmente, los niños tienen derecho a que se les instruya en catalán. Aunque el Tribunal Supremo -que no sabe de qué va la vida- dicte lo contrario. Así, defendiendo este derecho alucinógeno, no dan opción a los padres para elegir el idioma vehicular de la educación de sus hijos. Por eso, Artur Mas tuvo la desfachatez de afirmar, en una entrevista concedida a El Mundo en 2006, que los que quieran

que monten un colegio privado en castellano para el que lo quiera pagar, igual que se montó uno en japonés en su momento.

Todo lo anterior viene a cuento porque el Barcelona acaba de firmar un acuerdo con la Plataforma per la Llengua para fomentar el uso exclusivo del catalán en el equipo y, para ello, han editado una guía. La guía, muy completa, orienta sobre cómo lograr que los niños se expresen en catalán exclusivamente. En ella, tenemos ejemplos para apiadarse de las criaturas y se insta a no cambiar al castellano aunque el chaval hable su perfecto andaluz y el entrenador, su gracioso acento gallego. Y es que cambiar de lengua

supone discriminarlos, porque les restamos posibilidades de aumentar el conocimiento de una lengua -la catalana- que les será útil y necesaria para desarrollarse en total libertad en nuestra sociedad. Por lo tanto, el objetivo de esta guía es ayudar en cambiar estos hábitos lingüísticos, mudarlos por otros que nos permitirán llevar a cabo una gestión lingüística mucho más responsable y solidaria.

Hay muchos más ejemplos. Por supuesto, aprovechan para incluir a las familias ya que, aunque son actores indirectos,

son una parte fundamental para que se consigan los resultados que nos hemos propuesto, para que nuestras propuestas de transformación no se acaben en nuestro ámbito de trabajo.

El cierre magistral a la guía lo aporta María Purificación Pinto Fernández, miembro de la ejecutiva de la Plataforma per la Llengua, donde asegura, en un párrafo, que

adoptar una lengua es siempre un acto voluntario y enriquecedor

para añadir casi al final que

lo que nos permitirá formar parte del mismo equipo será una identidad común, compartida y expresada en la lengua histórica del país, que es la lengua catalana.

Yo les diría lo que Carles Puyol, sí, ese que es capitán del Barça, manifestó públicamente cuando Joan Laporta intentó incluir en los contratos de los jugadores la obligación de hablar catalán: «un futbolista, lo que tiene que hacer, es jugar al fútbol».

Política de sensaciones


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Beatriz Talegón saltó a la fama por un vídeo en el que criticaba a los altos cargos socialistas europeos.

En la Última de El Mundo del pasado día 16, Rafael J. Álvarez entrevistó a la socialista Beatriz Talegón. Ante la siguiente pregunta:

– ¿Qué hambre han conocido sus tripas para que le rujan tanto?
– Mis tripas han conocido el hambre viajando. Bolivia, Cuba, Uganda, Palestina… Eso lo he vivido y llorado (…).

no pude evitar pensar en la periodista Samanta Villar y lo que Manuel Jabois llamó periodismo de sensaciones, resumido en la máxima del programa que ella presentaba, 21 días: «no es lo mismo vivirlo que contarlo». Como bien señaló el periodista, es una mentira insultante. Insultante porque Samanta y su sustituta desde finales de 2010, Adela Úcar, pretenden ponerse en la piel de otra persona a tiempo parcial y ser anoréxica, gitana, porrera, ciega, jugadora de póker, minera, sadomaso, cazadora, desahuciada, vivirlo y contarlo. Suena obsceno que te desahucien si vas a dormir el día 22 en tu casa. Jabois, y yo, y toda España quedamos especialmente decepcionados cuando Samanta anunció que iba a hacer porno y, en su último día, en vez de bajarse las bragas, se puso detrás de la cámara y rodó una escena.

Un par de meses antes que Jabois, Arcadi Espada sugirió a la periodista que fuera puta durante 21 días:

Si la reportera Samanta se dedicara durante 21 días a recibir en su alcoba a hombres o mujeres, con los que tuviera fricción sexual y luego cobrara por ello, ya no sería una reportera disfrazada de puta, sino una puta que cuenta su experiencia. Es decir, Samanta habría cruzado la fina línea que separa el hecho del simulacro, y además se habría puesto a sentir en serio.

Esa es la sensación que me ha dejado la respuesta de la socialista: Talegón es un simulacro. Es la política de sensaciones, es un postureo de respuestas amables, es sentir en tercera persona y llorarlo en primera. Porque Talegón no puede haber sentido el hambre de una mujer en Uganda, no digamos en Cuba: su respuesta es tan sensible como infantil. Es, en resumen, la flacidez del pensamiento vacío, comprometido con palabras embaucadoras sin el respaldo de las intenciones. Unas palabras, además, que gozan de la licencia que ella les da: Es zapaterismo en esencia pura.

El profeta del tuit papal y el periodismo que lo persigue


Si no has visto este tuit a estas alturas, es porque, supongo, acabas de llegar del espacio exterior.

https://twitter.com/YolandaDeMena/status/300923731092598786

En efecto, está colgado el 11 de febrero de 2013 a las 11:06 (hora Reino Unido) y sí, eso fue hace más de un mes. Lo vi por primera vez como una imagen adjuntada en un tuit del brillante Fantantonio. Pensé que podría tener truco, así que busqué en Twitter el mensaje original, que es justo el que veis arriba. En efecto, existía y correspondía exactamente con la imagen. Reculé un poco al ver que su autora, Yolanda de Mena, y su novio, Alejandro R. de Cabo son estudiantes de Publicidad. Busqué herramientas en Internet que pudieran insertar tuits en fechas anteriores y que pudieran modificar la hora. No encontré nada. Entonces pensé que, o era cierto, cosa que, al fin y al cabo, era posible en cuanto indagamos un poco sobre la construcción de los sueños, o habían hackeado Twitter. Pero por sus fotos no los veía yo con pinta de hackear nada, la verdad. También pensé que quizás tuvieran un amigo informático… Pero ahí es cuando uno debe detenerse y aplicar el principio de la navaja de Ockham:

cuando dos teorías en igualdad de condiciones tienen las mismas consecuencias, la teoría más simple tiene más probabilidades de ser correcta que la compleja.

En estas últimas 24 horas, he leído de todo sobre el tuit. Algunos nos hemos sorprendido y a la vez reído: yo, por ejemplo, he pedido a Alejandro, nuestro nuevo pulpo Paul, que sueñe con la décima. Unos han visto algo divino en ello; otros han montado auténticas teorías conspiranóicas sobre cómo la Iglesia ha debido de pagar una gran suma de dinero a Twitter para que modifique la hora del tuit y obre el milagro, ya que el camino del Señor anda corto de feligreses en los últimos años. Dentro del escepticismo, lógicamente, están los que no se lo creen porque no entra dentro del raciocinio. Desde luego, no entra dentro del raciocinio de nadie. Me parece bien. Uno es libre de creérselo o no. De lo que uno no es tan libre es de acusar a la pareja de mentir sin aportar pruebas. Y uno es todavía menos libre de acusarlos y de no aportar pruebas si además es periodista. Y eso es, exactamente, lo que hizo ayer la periodista Marta Pastor.

Pastor no ha partido de una premisa, sino de una conclusión, algo inaceptable en periodismo. Para ella el tuit está trucado. Uno puede creer que algo es falso -y el tuit tiene todos los ingredientes para dudar sobre él- y, a partir de ahí, encontrar argumentos que demuestren su falsedad o que, al menos, establezcan una duda razonable sobre la veracidad de un hecho. Esas dudas suscitan nuevas preguntas que han de ser respondidas para alcanzar la verdad. El problema de Pastor no sólo es que no demuestra nada, sino que no aporta el más mínimo argumento más allá de su propia convicción. En castellano paladín: Pastor dice que eso es falso porque sí. El motivo: que los dos jóvenes quieren conseguir notoriedad y saben cómo hacerlo. Y punto.

Pero yo no escribiría esto si no fuera por la inaceptable y torticera táctica que la periodista ha utilizado para desacreditar a los dos estudiantes. Para ello, lo primero que hace es escribir un post titulado «Como escribir un tweet falso: La Falsa Profecía del nombre del Papa en twitter«. En él, incluye un vídeo que demuestra cómo modificar el texto de cualquier tuit. Lo que Pastor no cuenta en ese momento es que ella sabe que ese vídeo es falso. Pero como su post lo plantea como si fuera cierto, los comentarios de su blog no se hacen esperar y desnudan rápidamente la mentira de dicho vídeo, que resumo para que no perdáis cinco minutos de vuestra vida: se puede cambiar el texto de un tuit pero sólo lo ve quien lo modifica porque el cambio es local, en su ordenador. Al recargar la página, vuelve el tuit original. Nadie, en ningún otro ordenador, nunca, puede ver el tuit reescrito temporalmente. Es decir: el método que Pastor asegura que los chicos han utilizado para trucar el tuit no funciona y ella lo sabe.

Pero no todo el mundo lee los comentarios. Así que mucha gente que lee a la periodista piensa que ella ha logrado desenmascarar el truco de estos chavales cuando, en realidad, lo que ha hecho es mentir. Pero es que, aunque en efecto ese vídeo fuera cierto, Pastor no habría demostrado que ellos hubieran utilizado ese truco. Y entonces, comienzan a lloverles insultos a ellos. Pero supongo que para Pastor es un daño colateral aceptable ya que ella parte de la premisa de que ellos mienten.

Encima, no todo el que ha leído el primer post leerá el segundo, por lo que muchos no sabrán que el primero era, en realidad, una farsa intencionada. El siguiente artículo, publicado también ayer, se llama, agárrense, «A una gran mentira, otra gran mentira«. En él, reconoce que el post del vídeo era mentira y que tenía como objetivo demostrar que alcanzar notoriedad es muy fácil a partir de un evento importante. Asegura que el blog había tenido 4.000 visitas únicas hasta ese momento. En pocas palabras: reconoce que ha mentido para tener notoriedad. Y es ahí cuando nos enteramos de que le importan un pepino demostrar que el tuit es falso, aunque sigue pensando que lo es. Por eso el título: a una gran mentira (el tuit), otra gran mentira (su post). Para demostrar que no todo vale, Pastor ha utilizado el camino que no vale.

Es lamentable que un periodista combata una mentira con otra mentira y no con la verdad. Mentir es cómodo y se puede hacer desde el sofá. Que un profesional esté seguro o no de la veracidad de algo es totalmente irrelevante: la verdad y la mentira están siempre fuera del periodista, nunca dentro. Las convicciones personales no dan vía libre para escribir lo que a uno le dé la gana sin haber siquiera intentado demostrar que, en efecto, algo es falso. Uno es periodista las 24 horas del día, siete días a la semana. Igual que un médico en su día libre debe practicar un boca a boca en el metro, igual que un policía fuera de servicio debe impedir un delito, todo lo que un periodista escriba en un periódico, en una revista, en un blog, o en su lista de la compra, se puede volver en su contra. Por tanto, nos debe importar lo que piensen de nosotros: es el medidor más fiable de la credibilidad. Una credibilidad que cuesta años ganar y que se pierde con un par de artículos mal calculados.

ellaspuedenMarta Pastor se equivoca gravemente si piensa que puede disociar su blog de su profesión, es decir, de su credibilidad. Mucho más cuando tiene banners, como el que acompaña estas líneas, que identifican a la autora con su trabajo en una empresa concreta. Marta ha atacado a dos chavales sin ningún tipo de prueba. Ha asegurado que mienten. No ha aportado nada que sustente dicha afirmación. Lo que ha escrito nunca lo sostendría el papel de periódico. Ha mandado, seguro que sin intención pero no sin responsabilidad, hordas de insultos en bocas de otros porque han creído que ella, cuando mentía con alevosía, decía la verdad. Y lo peor es que no le importa. No le interesa saber la verdad. Joder, Marta, pareces un político.