Sucedió en Atocha hace poco más de diez años. J. es, sin duda alguna, uno de los mejores baterías que he conocido en mi vida. Ha tocado con mucha gente que todos conocéis. Nivel gira mundial incluso antes de llegar a la escuela de música donde nos conocimos, hace ya bastantes años. Entonces, yo todavía tocaba la guitarra y componía. Antes de subir al tren y despedirnos, tuvimos tiempo para discutir un penúltimo café. Reconozco que siempre tuve mis dudas con la música. No sabía si lo que componía era bueno, no sabía si sería capaz de mejorar la agilidad con los dedos, las cuerdas. La velocidad. La destreza con las corcheas. La precisión. En un momento de breve charla, J. me despertó sus dudas de un sopapo: “Con frecuencia me despierto por las mañanas y dudo. No sé si sirvo para esto”. J. es, sin duda alguna, uno de los mejores baterías que he conocido en mi vida. Y dudaba.

TRENZANDO

Tres amigos, una noche cualquiera, en un bar cualquiera.

M: Emborracharse es el acto más intrascendente que existe. Te hace libre. Te olvidas del tiempo, del espacio, de Dios y hasta del yo.

R: Ya tienes post: el pedo intrascendente.

M: Escribir es duro. Tienes que pensar, machacar una idea sobre la que se han escrito cientos de libros y expresarla de una manera original para que parezca nueva. Es placer y dolor. Te llena y te vacía. ¡Soy una constante tensión entre extremos!

R: Pues eso, una mujer.

A: Y lo que te queda, amiga. ¡No hay más que eso!

R: Te iba a decir lo mismo que te ha dicho Ana y no soy mujer.

M: Pero la diosa Venus se cebó conmigo. Ando y desando constantemente el camino entre lo racional y lo emocional, la alegría y la tristeza, el…

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4 comentarios sobre “”

  1. El artista es un ser inseguro que se sostiene gracias al crédito de los demás, es decir, sobre certezas cuya única consistencia depende de convenciones más o menos ilusorias, o de una fe más o menos razonable y compartida, pero siempre cuestionable. O sea, le pasa lo que a cualquiera. A no ser que esté muerto y consagrado.

    1. Así es. A esa convicción se llega con el tiempo. No se deja de dudar, por supuesto. Pero cuando se es joven, uno cree que las dudas sólo le asaltan a él. Por eso para mí fue tan reveladora esa conversación. Él no sólo es uno de los mejores baterías que he conocido, sino que así lo reconocía todo el que lo conocía. Por eso, cuando un grande asegura que duda sobre su propia valía, uno aprende una lección: las dudas siempre estarán ahí. Y dejan de preocupar tanto.

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