Descordados


toro-intelectual

Julio llega de la dehesa, bravo, enfurecido. También equivocado, pero todavía no lo sabe.

https://twitter.com/JOrtegaFr/status/301310947933425664

Ana entra suave; Miguelito, más decano, no necesita tantear.

https://twitter.com/sinonevero/status/301341405794676736

Julio desafía y bufa, tardea. Miguelito bambolea. En la embestida, Miguelito barre.

https://twitter.com/sinonevero/status/301343337481396224

Miguelito cita y Sara, azabache, entra boyante.

Miguelito da la alternativa a Vito.

Entra Prado, maulón. Matizando, como una salsa de la nouvelle cuisine.

Prado se muestra incierto y da con la testa en la arena.

Pedro, el Niño de la Puta Banda, no ha intervenido hasta ahora. Sin muleta, salta al ruedo. Se ajusta la chaquetilla con paso firme. Alza su brazo derecho. Muestra una imagen, de las que valen más que mil palabras.

Descordados.

Ley de Godwin


Mike Godwin enunció la llamada Ley de Godwin, aunque más que una ley, es un principio. Observó en los grupos de Usenet de la época, que

a medida que una discusión online se alarga, la probabilidad de que aparezca una comparación en la que se mencione a Hitler o a los nazis, tiende a uno.

Con ello, quería señalar la necesidad de pensar dos veces la retórica inflamada o las comparaciones exageradas. Era 1990. Entonces, llamar fascista a alguien era un verdadero insulto, la última ofensa, incluso más allá del hijo de puta. Sin embargo, el mal uso de las palabras y su utilización exagerada pervierte su significado hasta tal punto que dejan de tener sentido. Por eso, no es raro ahora que una persona que no tiene sus ideas alineadas con la socialdemocracia imperante se califique a sí misma de fascista mientras se ríe, pues ya sabe que quien le insulta, hoy, lo hace como último recurso argumentativo, lo que dice mucho de la pobreza de los utilizados con anterioridad. El límite ha llegado hasta el punto en el que el principio de Goldwin se cumple desde el inicio.

Nasciturus, nascituri (II) Criterios de humanidad


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Uno de los puntos principales, si no el más importante, del debate entre abortistas y antiabortistas es el de cuándo y cómo se puede determinar que un embrión sea una persona. Para las organizaciones antiabortistas el embrión debe ser considerado persona desde su concepción, adquiriendo en ese mismo instante el derecho a la vida. Tradicionalmente, sin embargo y como consecuencia del Derecho Romano (Digesto 1.5.7) , se considera al bebé como sujeto jurídico sólo desde el momento en que nace, aunque se entienda que, a modo de protección, pueda recibir ese privilegio antes del mismo. A partir de finales del siglo XX, el derecho a la intimidad de la persona en cuestiones de sexualidad y maternidad ha terminado por prevalecer parcialmente frente a esa protección. En los Estados Unidos, por ejemplo, se puede abortar libremente durante los tres primeros meses de gestación, antes de que el feto sea viable, y en España, tras la ley de 2010, durante las primeras catorce semanas.

Bajo mi punto de vista, el desinterés que en general se demuestra ante un tema como este del aborto libre -aunque sea libre sólo durante un periodo determinado- resulta extraordinario, sobre todo por las posibles consecuencias de estas leyes, y sólo puedo entenderlo como el producto de una especie de letargo moral en la sociedad actual, tan sólo dispuesta a escandalizarse con aquellos asuntos que le sean dictados por el espíritu del momento, o, en definitiva, como un hastío frente a ciertos debates que acaban siendo exclusivamente ideológicos y están salpicados de intereses particulares.

Confieso que hasta hace bien poco yo también formaba parte de los que prefieren no tener una opinión al respecto. Le debo sin embargo a la antigua ministra de Igualdad, Bibiana Aído, el favor de que me obligara a tomar partido con su famosa y desafortunada declaración de que un feto de menos de trece semanas es «Un ser vivo, claro; lo que no podemos hablar es de ser humano, porque eso no tiene ninguna base científica».

Esta declaración fue realizada en la cadena Ser el 19 de mayo de 2009. Semejante torpeza puso en evidencia el tipo de pensamiento que puede colarse, y que de hecho se cuela, en esta clase de leyes. Por entonces yo me encontraba leyendo Maus, el famoso cómic sobre Auschwitz. En él, justo al comienzo, puede encontrarse uno con la siguiente cita de Hitler: «Sin duda los judíos son una raza, pero no humana». Me pareció evidente que el parecido de ambas frases era mucho más que fortuito y que no hacía falta comparar a Bibiana Aído con Hitler para darse cuenta de que su razonamiento, por mucho que fuera inconsciente, seguía un camino ideológico paralelo.

Pues, si bien es cierto que no hay ninguna base científica para considerar que un feto menor de trece semanas sea humano, tampoco lo hay para decir que no lo es. Es más, ni siquiera existe un argumento que pueda probar con total certeza que un feto de más de trece semanas lo sea; o por decirlo ya de una vez por todas, no existe manera científica de probar que nadie, ni siquiera una persona adulta, lo sea. Todavía no se ha llegado a un acuerdo acerca de qué es lo que define la humanidad, ni es probable que la ciencia llegue a dar con ello, dado que no se trata de una cualidad determinada de la fisiología humana, ni de un comportamiento concreto que impregne el carácter de cada sujeto, ni de nada por el estilo que pueda ser cuantificable de una u otra manera, sino de algo esencial, de un hecho absoluto que radica en la existencia de la persona y la dota de un significado. Y esto es así porque el criterio de humanidad no es un criterio científico sino de otro orden diferente, y que está muy por encima de la ciencia: este es un criterio moral y filosófico, un criterio humano en el sentido más amplio de la palabra.

Si el espíritu de las leyes hubiera de ser regido exclusivamente por dictámenes científicos, ninguna muerte podría ser definida como asesinato. Naturalmente, sería el poder político quien se encargaría de ‘aclararlo’.

Continuación

Actos de Dios


Los americanos son unos ignorantes. Lo sabemos porque lo demuestran las televisiones de medio mundo de vez en cuando emitiendo preguntas absurdas a sus ciudadanos que, por no quedar callados, responden barbaridades. No hablemos ya de los rankings de las mejores universidades del mundo: todos sabemos que las nuestras copan los primeros puestos y las americanas se pegan por entrar entre las 200 primeras. La semana pasada escuché en la televisión a una joven española de unos 20 años responder a voleo, después de mucho dudar, que la Segunda Guerra Mundial comenzó en el año 1600. Habrá que analizar detenidamente sus lazos sanguíneos, pues seguro que algo hay del otro lado.

Hoy ha ocurrido algo llamativo en Onda Cero. Lo ha señalado Tsevan Rabtan en Twitter. En «Julia en la Onda», programa de Julia Otero, hablaban la presentadora, Núria Torreblanca, Santi Segurola, Julián Casanova y Agustín Alcalá, corresponsal de la casa en Estados Unidos. En un momento determinado, el último comenta que la compañía eléctrica que tiene contratada no se ha hecho cargo del importe de la comida que tenía en la nevera debido al apagón que provocó el huracán Sandy. En una carta recibida por el periodista, la empresa argumenta que el apagón ha sido un «acto de Dios» y que, por tanto, está amparada por la ley. Aquí, el corte.

Jodidos yankis ignorantes.acto de dios

El último domingo


1962

Ramón Baglietto es decorador y tiene una tienda de muebles. Como a esa hora no hay clientes, está en la calle, de pie, junto a la puerta del negocio que regenta. Tiene 26 años. Calle arriba se acerca una mujer con un bebé en brazos y un niño de la mano, que lleva una pelota. Cuando llegan a la altura de Ramón, el balón se le escapa. El pequeño corre tras él sin pensarlo. Su madre se da cuenta de que se acerca un camión y corre para proteger a su hijo. Ramón, testigo de la escena, sólo tiene tiempo para abalanzarse sobre la mujer y arrebatar al bebé que lleva en brazos. No puede hacer más. Es testigo, horrorizado, de cómo el camión aplasta al pequeño y a su madre. Mueren al instante. Ramón se acerca con el bebé al que acaba de salvar la vida, el pequeño Kándido, y coloca un crucifijo en la mano de la mujer.

1980

Ramón tiene la sensación de que ETA le vigila. Se lo ha comentado a su hermano Pedro. A su mujer, Pilar, le ha dicho que cree que un joven le sigue. Es domingo. Los hijos del matrimonio, de nueve y trece años, tienen muchas ganas de salir a cenar una chuleta con sus padres. A la mañana siguiente, cuando Ramón sale de casa por el garaje, Pilar se asoma por la ventana para ver cómo saca su Seat 124. Observa a un joven: «qué hará ese chico ahí», se pregunta extrañada. El día transcurre con la normalidad de cualquier otro lunes. Sobre las nueve de la noche, Ramón telefonea a su mujer para decirle que acaba de despedirse de unos clientes y que va para casa. Cierra su tienda en Elgoibar. Diluvia con rabia. Arranca su coche. Doce kilómetros hasta su casa, en Azcoitia. Nada más salir, se percata. Un coche le sigue. Acelera. Consigue cierta ventaja. Al girar una curva, en el alto de Azcárate, dos asesinos de ETA toman la calzada y ametrallan el vehículo. Dos balas alcanzan el pecho de Ramón y choca contra un árbol. A los pocos segundos, llega el coche rezagado. Se baja un joven. Camina hacia el coche estrellado. En su mano, una nueve milímetros Parabellum. Se acerca a la ventana. El joven Kándido clava la pistola en la sien de Ramón. Y dispara.

Nasciturus, nascituri


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Como mi buen amigo Antonio me ha dado licencia para escribir en este blog acerca de cualquier tema que me apetezca, me encuentro en la misma situación que muchos de mis alumnos de Plástica cuando les doy permiso para hacer un dibujo libre, los cuales, agobiados ante tanta libertad, no saben qué tema elegir. Su primera reacción es la de pedirme que les ayude a encontrarlo, pero como yo no tengo ni gota de imaginación, al final logro convencerles de que son ellos los que deben buscarlo por su cuenta, pues siempre lo harán mucho mejor que yo. Y es verdad, siempre lo hacen; hay que confiar en ellos. Pues bien, lo mismo le ha ocurrido a Antonio conmigo, por lo que no me ha quedado más remedio que ponerme a buscar tema.

Quizás podría dejar caer alguno de mis pensamientos sobre el 11-M pero, aparte de estar muy mal informado acerca de un asunto tan importante -como el 100% de la población española- éste parece ser muy controvertido, y creedme cuando os digo que no soy un hombre al que le guste avivar la polémica. Luego he pensado en las víctimas de ETA, pero me he dado cuenta de que también es un tema muy espinoso y difícil de abordar. Al final he decidido hablar sobre el aborto. Efectivamente, eso del aborto en España debe de ser una cosa ligera y fácil de tratar porque, o bien se suele estar de acuerdo con que se practique moderadamente o, simplemente, se prefiere no tener una opinión al respecto. Todo ello me da una libertad de movimiento impresionante (vamos, digo yo).

La ley orgánica que regula en España el aborto desde 2010 define al feto como nasciturus. Esto ha llamado mucho la atención desde el primer momento. Y la verdad es que a mí también me ocurrió porque, sin ser ningún experto, me gusta mucho el latín. ‘Vaya, qué interesante, resulta que esta ley sobre el aborto ha dado a luz una nueva palabra’. Naturalmente, esto no es así, pues el término ya existía antes.

‘Nasciturus’ es un participio futuro, como también ocurre con ‘futurus’, que lo es del verbo ‘sum’ (ser) y que significa literalmente ‘lo que será’. El nasciturus es entonces ‘quien nacerá’. Así pues la ‘Ley Orgánica 2/2010, de 3 de marzo, de salud sexual reproductiva y de la interrupción del embarazo’ regula cómo algunos de los que nacerán no nacerán. Nasciturus pertenece además a la segunda declinación (nasciturus, nascituri), lo cual, dicho sea de paso, lo convierte en una inconveniencia porque la segunda declinación es eminentemente masculina. Sería mas adecuado, en este caso, hablar del ‘nasciturus’ y la ‘nascitura’ (o, en su defecto, del feto y la feta) a no ser que se esté contemplando la discriminación positiva entre nascituri y nasciturae, lo cual a lo mejor sí que es conveniente. Queda, eso sí, la opción de llamarlos nascitur@ (apunto esto último como una posible solución alternativa).

Sin embargo ni siquiera esto simplifica las cosas, puesto que en el latín la distinción de géneros entre sustantivos suele aplicarse preferentemente a los seres humanos, y parece ser que una de las intenciones de esta ley es la de aclarar que no está claro que el nasciturus sea humano, dado que antes de cierto número de semanas todavía no lo es, mientras que después del mismo se metamorfosea y por fin lo consigue. En todo caso, sí que parece haber consenso en que antes de la metamorfosis el nasciturus es ya ‘todo un ser’, alcanzando el deseable estatus de existencia. Así que podría decirse, para intentar aclararnos, que en realidad se trata de algo así como un ‘humanurus’.

Con la intención de simplificar las cosas, yo sugeriría que antes de la decimocuarta semana de gestación al ‘nasciturus’ se lo llamara simplemente ‘nasciturum’, utilizando el género neutro. O bien, finalmente, que se acuñara un nuevo término que englobara a la vez los dos géneros, como ocurre con muchas palabras que aluden a seres que no son (o no han llegado todavía a ser) humanos; por ejemplo con el hermoso vocablo ‘canis’, que como todo el mundo sabe significa ‘perro’.

Continuación

Pensamientos teledirigidos


Salvados FinlandiaDesde hace ya mucho tiempo no veo ni un solo programa de televisión, ni siquiera los telediarios (éstos últimos intento evitarlos como la peste) y me limito a disfrutar de vez en cuando de alguna buena película en DVD. Creo que jamás he tomado una decisión más saludable en mi vida. Ni fumo, ni bebo ni veo la televisión y, de estas tres cosas, la última es sin duda la mejor.

No obstante, y gracias al consejo de un buen amigo mío, el domingo pasado decidí echar una canita al aire viendo el primer programa de la nueva temporada de ‘Salvados’.

Dios mío.

No digo yo que ‘Salvados’ no sea lo que hoy se entiende como un buen programa; como he perdido la práctica de ver la televisión no me siento con la suficiente confianza como para establecer un criterio. El caso es que dio la casualidad de que se ocupaba de la educación pública española y, dado que soy profesor de la Comunidad de Madrid, le tomé cierto interés.

Básicamente, el programa consistía en realizar una investigación mediante varias entrevistas. Primero se entrevistaba a un catedrático de la Universidad de La Coruña y a algunos profesores de un colegio público en Barcelona y luego, tras un rápido viaje a Finlandia, a dos profesoras nativas y a algunos españoles que se encontraban por allí trabajando.

He de decir que, efectivamente, la educación finesa debe de ser extremadamente buena, tal y como asegura el informe PISA, puesto que una de las entrevistadas, una profesora de español joven y guapa, hablaba nuestra lengua impecablemente bien; vamos, de hecho la hablaba mucho mejor que los profesores españoles. Por lo demás, y bajo mi punto de vista, las preguntas estuvieron bastante bien escogidas, y desde el primer momento quedó meridianamente clara la tesis fundamental de la investigación: si el gobierno español invirtiera más dinero en la enseñanza pública, otro gallo nos cantaría. Todo el mundo en el programa pareció estar de acuerdo.

Ha llegado sin embargo a mis oídos un caso sorprendente de rebeldía ideológica. Raúl, el dueño de la cafetería del instituto de San Martín de Valdeiglesias, se ha atrevido a pensar de forma diferente a la de los profesores del programa. Y yo quisiera dejar aquí constancia de semejante suceso, sin otra intención que la de… en fin, pues eso, dejar constancia (desde aquí he de advertir que Raúl es del Atletico de Madrid):

Se planteaba el difícil problema de un chaval que está todo el día de peyas o, como se dice ahora, de un alumno que tiene un alto nivel de absentismo. El padre, que recibe puntualmente los avisos de las faltas a través de SMS, se presentó indignadísimo en el instituto: «Mi hijo no falta nunca a clase». Ante lo cual hubo que montar enseguida una reunión o comisión o delegación o vaya usted a saber qué demonios para solucionar o mediar o llevar a buen término semejante conflicto. Raúl, sin embargo, planteó una solución mucho más directa. «A este chico lo que habría que hacer es correrle a hostias hasta llegar a su casa preguntándole: ¿por qué has faltado, eh? ¿Por qué?».

El método, según Raúl, es ciertamente tan eficaz como el finés, pero además tiene la ventaja de ser mucho más barato.

El déficit



Avatar de MªCarmen AndrésEl blog de MªCarmen Andrés

Tras la polémica surgida a partir de las informaciones sobre la financiación irregular que, según ha informado la prensa nacional en los últimos días, podría haberse producido en las filas del Partido Popular, se ha iniciado de nuevo un debate de difícil conclusión ¿Cómo impedir la corrupción en los partidos políticos?

La última gran reforma que se realizó acerca de la financiación de los partidos se realizó en octubre de 2012. Sin embargo, en aquel entonces no se prestó una gran atención mediática a aquella norma que tardó un año en gestarse y que, sobre el papel, ha sido la que mejor ha conseguido regular esta cuestión.

Partíamos de una tibia Ley de 1987 que dejó de adecuarse a los tiempos y a los acontecimientos, una Ley que permitía las polémicas y nada transparentes donaciones anónimas. Éstas no serían consideradas ilegales hasta una reforma que tardó 20 años en llegar…

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Abrevaderos deportivos


https://twitter.com/sinonevero/status/296064918334099457

Belén de las Heras, colaboradora estelar de la cadena mexicana Televisa, ha lanzado una bomba a escasos días de la próxima reunión del Consejo de Ministros. La colaboradora, esposa de Luis de Guindos, ha asegurado que hay división en el Consejo.

De las Heras ha comentado, en su última colaboración, la reunión que mantuvieron Luis de Guindos y Alberto Ruiz-Gallardón con Mariano Rajoy y los ríos de tinta que han corrido a raíz de la misma. Recordemos que en principio el tema de la reunión eran asuntos menores, pero que posteriormente se dijo que los ministros habían dado un últimatum al presidente: «o Sáenz de Santamaría o nosotros», transcendiendo además la frase de De Guindos: «Sáenz de Santamaría se ha vuelto loca».

Pues bien, en el programa «La Política«, Belén de las Heras, colaboradora del programa y pareja sentimental del primer espada del Gobierno de Madrid, se ha dejado ir. La entrada ya ha sido contundente cuando se ha referido al nuevo fichaje para Educación, Álvaro Marchesi, con los términos de «a rey muerto, rey puesto».

Y rápidamente ha pasado a detallar la situación desvelada tras la conversación hecha pública hace unos días: «A Rajoy le gusta comer con De Guindos y Ruiz-Gallardón. Ocurre que unos compañeros del diario Olakease News salieron con una portada que Luis y Alberto habrían puesto contra las cuerdas al presidente», y añade, y «Rajoy hizo una rueda de prensa de urgencia, nada habitual en él, diciendo que era mentira la portada de Olakease News. Estaba bastante nervioso. Tenemos al presidente muy enfadado y bastante nervioso».

«El clima dentro del consejo no es bueno»

A continuación, Belén explica que «el clima dentro del Consejo, como sabéis todos, no es bueno. Los ministros no comulgan para nada con la Viceministra. Ahora mismo hay división dentro del consejo», por lo que «a ver qué ocurre de aquí a final de legislatura. Veremos si sigue Sáez de Santamaría a partir de entonces. Sáez de Santamaría tiene muchos frentes abiertos en Madrid».

Unas declaraciones que, viniendo de quien vienen, de la pareja sentimental del ministro de Economía, adquieren un signicado especial.