Ley de Godwin


Mike Godwin enunció la llamada Ley de Godwin, aunque más que una ley, es un principio. Observó en los grupos de Usenet de la época, que

a medida que una discusión online se alarga, la probabilidad de que aparezca una comparación en la que se mencione a Hitler o a los nazis, tiende a uno.

Con ello, quería señalar la necesidad de pensar dos veces la retórica inflamada o las comparaciones exageradas. Era 1990. Entonces, llamar fascista a alguien era un verdadero insulto, la última ofensa, incluso más allá del hijo de puta. Sin embargo, el mal uso de las palabras y su utilización exagerada pervierte su significado hasta tal punto que dejan de tener sentido. Por eso, no es raro ahora que una persona que no tiene sus ideas alineadas con la socialdemocracia imperante se califique a sí misma de fascista mientras se ríe, pues ya sabe que quien le insulta, hoy, lo hace como último recurso argumentativo, lo que dice mucho de la pobreza de los utilizados con anterioridad. El límite ha llegado hasta el punto en el que el principio de Goldwin se cumple desde el inicio.

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