Hiperrealismo


R.ESTES. View of Manhattan from Staten Island Ferry. 2008

De un tiempo a esta parte la pintura figurativa parece ir tomando cada vez más claramente una misma dirección, que es la del hiperrealismo. En estos momentos, sin ir más lejos, el Museo Thyssen tiene una importante exposición que muestra la trayectoria de este estilo desde su nacimiento a principios de los setenta hasta nuestros días.

La pintura hiperrealista tiene algunos pintores realmente buenos, como Richard Estes, pero también una ingente masa de virtuosos bastante pesados, dotados con una prodigiosa capacidad técnica para dejarnos pasmados una y otra vez. Sin embargo, el tema de la pintura hiperrealista no es la realidad en sí misma, sino el hecho de poder parecerse a ella absolutamente, y esta es una distinción muy importante porque significa que en el hiperrealismo, sorprendentemente, no se habla de la realidad sino del cuadro, de lo bien hecho que está.

En el arte occidental, al menos desde el Barroco hasta ahora, la realidad (entendida como ‘naturaleza’) no parece haber sido nunca suficiente. Lo ha sido, por supuesto, de una u otra forma para la mayoría de los grandes pintores, pero a la hora de la verdad y salvo raras excepciones, las diversas estéticas que se han ido sucediendo siempre han buscado alguna excusa para poder desacreditarla. El arte, según Juan de Butrón, era un «remedo de las obras de Dios» que «infinitas veces enmienda a la misma naturaleza»; y para Gracián, “suple de ordinario los descuidos de la naturaleza, perfeccionándola en todo, que sin este socorro del artificio quedara inculta y grosera”. Es decir, que la naturaleza es una realidad que debe domesticarse también con la mirada, arreglándola, volviéndola hermosa, idealmente hermosa. Y así fue hasta la llegada del Romanticismo, cuando los pintores se cansaron de vivir en la Arcadia, pero no de idealizar la realidad, y la convirtieron ahora en paisajes brumosos, rincones misteriosos y, en definitiva, la estilizaron; pero también -y mediante un inevitable fenómeno de idealización inversa que culminaría en el siglo XX- la vieron como una cosa terrible y desagradablemente fea, es decir, inhabitable pero al menos ‘interesante’.

Hoy en día, la realidad se ha convertido finalmente en algo fastidioso, cotidiano, anodino… Nos aburre, no interesa en absoluto. Digamos que necesitamos aderezar nuestras vidas constantemente con un buen chute de adrenalina, porque eso de vivir, en sí mismo, no creemos que tenga nada de extraordinario. En ese proceso de trivialización de la realidad las imágenes que nos rodean, fotografías, televisión, Internet, parecen adquirir una importancia tan relevante como las reales, hilándose unas con otras, urdiendo todas ellas la trama de nuestra experiencia. Esto inevitablemente hace que las imágenes terminen confundiéndose con la realidad y la realidad con la imagen, pero sobre todo que ambas adquieran la misma relevancia, es decir, ninguna. Y es que la vida de hoy ya no es sueño, señoras y señores, sino fotografía.

En este sentido se puede decir que la pintura hiperrealista es estrictamente contemporánea, otra vanguardia más (¡otra más!), pues lo que copia son fotografías, y de qué modo. El espectador, consecuentemente, lo que sale a buscar es la última de las piruetas contemporáneas: el trampantojo perfecto, la ‘copia extrema’ que, si bien no despierta la adrenalina, al menos sí resulta espectacular… ¡Dios mío, los cuadros son tan reales que parecen fotografías!

Lo cual, démonos cuenta, equivaldría a decir algo así como que Los girasoles de Van Gogh están vivos porque se parecen a unas cuantas flores de plástico. Claro que Van Gogh sí que sabía lo que era la realidad, vaya que si lo sabía. Por eso le resultó insoportable -todo antes que aburrida- y la pintó directamente, como pudo, a duras penas… Y precisamente porque la conocía de veras la pintó como le dio la gana, pero nunca de plástico. Para eso ya estaban los demás.

Nuevo-Nuevo Periodismo: los hechos mutan


No sé si el periodista Fran Guillén es hijo del aforismo del científico alemán G.C. Lichtenberg: «He notado claramente que tengo una opinión acostado y otra de pie». En sus Scrapbooks, publicados tras su muerte, había aforismos, retazos de su pensamiento, párrafos ocurrentes. Nada concluido (no era necesario), y mucho menos concluyente. Eran, en muchos casos, frases producto de su ironía. Por eso sorprende que alguien -Guillén no está solo- saque de él la conclusión de que los hechos mutan. Cuando uno se lanza en coche por un precipicio, lo que menos importa es cómo lleva el cinturón.

Es como si los cómics hubieran dado su salto a la realidad. Pedro Ampudia ha estado muy agudo al denominar a esto de los hechos mutantes Nuevo-Nuevo Periodismo porque, como bien dice, Capote ha sido superado. Entramos, como prosigue, en la ciénaga de Iker Jiménez, en lo paranormal, es decir, en la negación del periodismo. Porque si el periodista ya no puede trabajar con los hechos, no sé cómo va a hacer su trabajo. Se entra en el resbaladizo terreno del todo vale. Lo llamativo es que las mutaciones no parecen tener repercusiones en el presente. Luego, si no son de ninguna manera comprobables hoy, ¿cómo se puede demostrar el fenómeno de los hechos mutantes? La magia del relativismo cada vez cruza fronteras más asombrosas.

Los hechos, el único axioma de la profesión, el punto de partida, no son otra cosa que acontecimientos del pasado reciente, un pasado solamente generado por la muerte. La inmutabilidad de la muerte. El periodismo se encarga de esos hechos recién fallecidos. A veces, incluso, los acompaña a la tumba. Los hechos nunca son fruto del pensamiento, no pertenecen al periodista, se sitúan fuera: por eso un periodista no es un filósofo. Sólo la interpretación de esos hechos le pertenece.

Puedo entender que haya quien dude de la existencia de la verdad, de la objetividad. Les invito a leer a Revel. Incluso admito que haya debate entre esos pequeños -¡enormes y vitales!- detalles de ‘fiction’ en la ‘faction’. El calcetín de Garzón y Pilar Urbano. O que pregunten a Cercas por el día que no se fue de putas. Pero a dudar del axioma sólo se atreve la ignorancia.

A no ser, claro, que los increíbles hechos mutantes consistan en algo parecido a esta entrevista a Zapatero en El País en julio de 2010. Así sí:

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Hombre, Guillén, que la búsqueda en Google de «hechos mutan» sólo da 145 resultados. Por poco caben en un tuit. Igual es para replanteárselo. El mote que te ha puesto Mr. Haiku, ‘el Quijotesco’, no puede ser más acertado. Ojo, cualquier día puede sacar uno de mis tuits y reflejarlo en el espejo. Yo, entonces, sólo espero sonrojarme y conceder, pero nunca empeñarme en embestir contra los molinos de viento.

Escrache


Últimamente se habla mucho del escrache. Hace unos días Carles Francino, director de La Ventana de la Cadena SERlo definió como una

forma de protesta que nació en Argentina para perseguir a represores de la dictadura cuando la justicia no podía actuar contra ellos.
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Una de las definiciones de la RAE es un poco menos pacífica.

A continuación, Francino se hace la siguiente pregunta:

¿Hay diferencia entre escrachar a un represor de una dictadura o hacerlo, por ejemplo, con un diputado, que es lo que está ocurriendo estos días en España?

La pregunta roza una retórica insultante. Ciertamente, hoy, Rosa Díez ha respondido muy bien en El Mundo no sólo a él, sino a otros medios de comunicación que sacan a diario sus cámaras a la calle no para buscar noticias, sino para tomarla. Francino, después de dar paso a un corte de audio donde miembros de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) acudieron al domicilio de Ruiz-Gallardón y en el que se escuchan cánticos como

¡Alerta, alerta, alerta a los vecinos, en este barrio, vive un asesino!

asegura y deja claro, quiere dejar claro, que no se ha utilizado en ningún momento la violencia. Me voy a tirar al barro: Si consideramos violencia de género -es decir, violencia- que un hombre grite o acose a una mujer, ¿por qué no son son violencia esos gritos? Estoy seguro de que para Francino, gritar y acosar sin tocar a una mujer es violencia. ¿Por qué no lo es si se hace con un diputado? Voy más lejos y me coloco frente a la barrera moral de Francino: ¿En qué momento una diputada deja de ser mujer?

Resulta curioso que añada, más adelante, que «está por ver que se aporreara la puerta del domicilio de González Pons«, otra vícitma del escrache. ¿Aporrear una puerta es más violento que gritar asesino? Parece claro que Francino traza la línea de la violencia en el contacto físico, sea persona u objeto, según le convenga. Que vayan a la puerta de su casa un par de días, a ver si cambia de idea. ¡Qué languidez!

A continuación, entrevista a Ada Colau, portavoz de la PAH, quien asegura que enviaron cartas a diputados y a miembros del gobierno y que ninguno se molestó en responder ni en acudir a ninguna de las reuniones de la asociación. Asegura que lo han intentado todo por las buenas. UPyD decidió hacer públicas esas cartas por las graves amenazas que contenían. En ellas, después de plantear la situación y de pedir el voto para la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) que la PAH había presentado en el Congreso, se puede leer que si el voto no era favorable, la PAH entendería que

su partido renuncia a escuchar la voluntad de una incontestable mayoría. En este caso, no tendremos otra opción que señalar públicamente a los diputados de su grupo parlamentario como responsables directos del sufrimiento y el dolor de miles de familias de este país.

Aunque la ILP fue admitida a trámite, es evidente que la PAH ha seguido con su agenda pues, como ya indicó la propia Colau el mismo día que se admitió, no quieren que se pervierta su propuesta. Así, daba igual lo que decidieran los diputados porque la decisión de ir a por ellos ya estaba tomada. Pero no todos en la PAH están de acuerdo. Asier Martiarena, recoge las declaraciones de E.C, uno de sus miembros, que asegura que «una cosa es protestar y otra intimidar».

Más adelante, en la entrevista con Francino, Colau define su escrache:

vidas-en-juegoLa campaña de escrache que estamos haciendo no tiene ningún componente ni de violencia, ni de coacción, ni de nada parecido. Lo único que se hace es ir allí donde puedan estar los diputados. Es decir, si no han querido venir a conocer la realidad, lo que dice la ciudadanía es 'llevaremos la realidad allí donde estén ustedes, señorías. Ya sea en la calle, en el trabajo, en actos públicos, o en sus barrios. Lo que hacemos es que los afectados escriben sus casos en postales y se dejan en buzones o debajo de la puerta. Y ya está.

Qué arrogancia ciudadana, la suya. Que me explique Colau, si es tan amable, el siguiente vídeo.

Hay que ser muy tonto


Que la prensa deportiva acostumbra a mentir lo sabemos todos. Y ellos saben que lo sabemos. Así, se ha llegado a un acuerdo implícito entre esa prensa y el público: te compro para que me mientas igual que podría comprarme el Qué me dices, pero prefiero munición de barra de charla barata con los colegas, que leer por enésima vez que Belén Esteban se separa de su novio, su marido, tortuga o sea lo que sea que tenga ahora. Esto ofrece una ventaja fundamental: la princesa del pueblo pero sin el pueblo sólo puede separarse de uno, pero el Real Madrid puede fichar a diez o quince jugadores en lo que tardan unos amigotes en beberse el pacharán de la sobremesa. No hay color.

Por eso precisamente, porque la prensa deportiva miente, no nos escandalizamos cuando leímos en septiembre de 2011 lo siguiente:

https://twitter.com/marca/status/115378900623822848

Da para un par de rondas de cañas, al menos. Pero hombre, hombre. Resulta que cuando a alguien, año y medio más tarde, se le ha ocurrido frotar a Marca la noticia por la cara, el diario se ha descolgado con esto (varias veces):

No sé qué tipo de protozoo tiene Marca al teclado de sus redes sociales. No digo yo que reconozca la mentira, pues ya he dicho que ésta va implícita en la relación con el lector. Ni hablemos de hacer bien el trabajo. Pero al menos hay que tener la decencia de admitir que te han engañado y no aferrarse a la costumbre e inventarse que alguien se ha colado en tu cuenta y ha publicado ese tuit. Sobre todo cuando ese tuit lleva un enlace. Y más aún cuando ese enlace lleva a la siguiente noticia de tu propio diario.

Fichaje de Neymar Marca

Livin’ la vida en catalán


Sandro RosellGamper vino de fuera de Cataluña, era suizo, fundó el club y, cuando vino, se llamaba Hans Gamper. Cualquiera de vosotros, si sois nacidos en Cataluña perfecto, y si no lo sois también, queremos que seáis como Gamper, que llegó, se integró en el país, habló catalán e hizo que fuera la lengua oficial del club. […] Que vosotros lo habléis, lo entendáis y que seáis del Barça en Cataluña en catalán es exactamente lo que se debe hacer. […] Porque será la gran demostración de que sentís el club, de que sois del Barça, estáis en Barcelona, vivís en Cataluña y compartís los valores que todos los catalanes queremos tener, que es vivir juntos con toda la gente que viene del norte y del sur. […] Vengáis de donde vengáis, del norte o del sur, integrémonos todos y hagamos una gran familia, la familia culé y la barcelonista. […] Quiero reiteraros que penséis que nuestra lengua oficial es el catalán y, por lo tanto, es muy importante que compartáis la lengua del club con todos los niños que convivís en este país.

Las anteriores declaraciones no son de un político culé, sino de un seguidor, parece que aficionado a político, del Barça. Concretamente, de su seguidor y presidente Sandro Rosell. Las pronunció ante un grupo de niños durante un acto de la Fundación del Club en el barrio de El Carmelo, con alto porcentaje de inmigración. Lo único decente que un presidente de fútbol puede decir ante un grupo de niños, es algo parecido a esto:

Nos gustaría que jugaseis al fútbol, muy bien al fútbol, que os esforzaseis tanto en los estudios como con el balón. Y que yo pueda presumir, orgulloso, de que un día di una charla inspiradora al nuevo Messi.

Poco más. La diferencia entre la cita original y la que nunca pronunció son evidentes. Por eso las palabras de Rosell son graves. No tanto porque reparta carnets de buen catalán dependiendo del club del que uno sea seguidor, sino porque son palabras políticas dirigidas a niños que todavía hoy no se han enterado de que estaban en un mitin. Pero que han pillado el mensaje de la doctrina social nacionalista. El gran éxito del nacionalismo es haber logrado implicar a toda la sociedad, independientemente de la ideología, en la defensa de un idioma como icono de una cultura en permanente peligro de extinción.

Sin duda es bueno, y muy probablemente necesario, que aprendan catalán. Pero su discurso debería ser un insulto a la inteligencia, por eso no le concedo el determinismo de sus palabras. Su generalización excluye a los que también son catalanes y no piensan como él. Estos últimos, en contra de lo que dice la propaganda nacionalista, no promueven el castellano por encima del catalán, sino que fomentan el bilingüismo, que es el estado natural de la calle.

Su discurso está incluido en el continente integrador habitual, que consiste en aceptar a todos los que llegan. Pero hay condiciones. El problema real es que esos niños del sur no son necesariamente marroquíes, y esos del norte no tienen que ser franceses. Basta con que uno sea manchego y otro aragonés: se les aceptará si hablan catalán. En su propio país, que es España, no Cataluña, al menos mientras escribo esto.

La coartada cultural del nacionalismo está en el idioma, un idioma en peligro -según ellos- por el peso del castellano en la sociedad catalana. Por eso, Rosell y los políticos nacionalistas utilizan eso de «vivir en catalán». Esto quiere decir que, según parece, un ciudadano catalán tiene el misterioso derecho a que todo lo que le rodee esté en catalán: letreros, publicidad, menús de restaurantes, libros, prensa… Tiene derecho a una arcadia feliz catalana donde el castellano sea solamente accesorio, nunca obligatorio. Por eso, también, tiene derecho a que se le atienda en catalán en las administraciones y en los comercios privados. Y por eso, finalmente, los niños tienen derecho a que se les instruya en catalán. Aunque el Tribunal Supremo -que no sabe de qué va la vida- dicte lo contrario. Así, defendiendo este derecho alucinógeno, no dan opción a los padres para elegir el idioma vehicular de la educación de sus hijos. Por eso, Artur Mas tuvo la desfachatez de afirmar, en una entrevista concedida a El Mundo en 2006, que los que quieran

que monten un colegio privado en castellano para el que lo quiera pagar, igual que se montó uno en japonés en su momento.

Todo lo anterior viene a cuento porque el Barcelona acaba de firmar un acuerdo con la Plataforma per la Llengua para fomentar el uso exclusivo del catalán en el equipo y, para ello, han editado una guía. La guía, muy completa, orienta sobre cómo lograr que los niños se expresen en catalán exclusivamente. En ella, tenemos ejemplos para apiadarse de las criaturas y se insta a no cambiar al castellano aunque el chaval hable su perfecto andaluz y el entrenador, su gracioso acento gallego. Y es que cambiar de lengua

supone discriminarlos, porque les restamos posibilidades de aumentar el conocimiento de una lengua -la catalana- que les será útil y necesaria para desarrollarse en total libertad en nuestra sociedad. Por lo tanto, el objetivo de esta guía es ayudar en cambiar estos hábitos lingüísticos, mudarlos por otros que nos permitirán llevar a cabo una gestión lingüística mucho más responsable y solidaria.

Hay muchos más ejemplos. Por supuesto, aprovechan para incluir a las familias ya que, aunque son actores indirectos,

son una parte fundamental para que se consigan los resultados que nos hemos propuesto, para que nuestras propuestas de transformación no se acaben en nuestro ámbito de trabajo.

El cierre magistral a la guía lo aporta María Purificación Pinto Fernández, miembro de la ejecutiva de la Plataforma per la Llengua, donde asegura, en un párrafo, que

adoptar una lengua es siempre un acto voluntario y enriquecedor

para añadir casi al final que

lo que nos permitirá formar parte del mismo equipo será una identidad común, compartida y expresada en la lengua histórica del país, que es la lengua catalana.

Yo les diría lo que Carles Puyol, sí, ese que es capitán del Barça, manifestó públicamente cuando Joan Laporta intentó incluir en los contratos de los jugadores la obligación de hablar catalán: «un futbolista, lo que tiene que hacer, es jugar al fútbol».

Política de sensaciones


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Beatriz Talegón saltó a la fama por un vídeo en el que criticaba a los altos cargos socialistas europeos.

En la Última de El Mundo del pasado día 16, Rafael J. Álvarez entrevistó a la socialista Beatriz Talegón. Ante la siguiente pregunta:

– ¿Qué hambre han conocido sus tripas para que le rujan tanto?
– Mis tripas han conocido el hambre viajando. Bolivia, Cuba, Uganda, Palestina… Eso lo he vivido y llorado (…).

no pude evitar pensar en la periodista Samanta Villar y lo que Manuel Jabois llamó periodismo de sensaciones, resumido en la máxima del programa que ella presentaba, 21 días: «no es lo mismo vivirlo que contarlo». Como bien señaló el periodista, es una mentira insultante. Insultante porque Samanta y su sustituta desde finales de 2010, Adela Úcar, pretenden ponerse en la piel de otra persona a tiempo parcial y ser anoréxica, gitana, porrera, ciega, jugadora de póker, minera, sadomaso, cazadora, desahuciada, vivirlo y contarlo. Suena obsceno que te desahucien si vas a dormir el día 22 en tu casa. Jabois, y yo, y toda España quedamos especialmente decepcionados cuando Samanta anunció que iba a hacer porno y, en su último día, en vez de bajarse las bragas, se puso detrás de la cámara y rodó una escena.

Un par de meses antes que Jabois, Arcadi Espada sugirió a la periodista que fuera puta durante 21 días:

Si la reportera Samanta se dedicara durante 21 días a recibir en su alcoba a hombres o mujeres, con los que tuviera fricción sexual y luego cobrara por ello, ya no sería una reportera disfrazada de puta, sino una puta que cuenta su experiencia. Es decir, Samanta habría cruzado la fina línea que separa el hecho del simulacro, y además se habría puesto a sentir en serio.

Esa es la sensación que me ha dejado la respuesta de la socialista: Talegón es un simulacro. Es la política de sensaciones, es un postureo de respuestas amables, es sentir en tercera persona y llorarlo en primera. Porque Talegón no puede haber sentido el hambre de una mujer en Uganda, no digamos en Cuba: su respuesta es tan sensible como infantil. Es, en resumen, la flacidez del pensamiento vacío, comprometido con palabras embaucadoras sin el respaldo de las intenciones. Unas palabras, además, que gozan de la licencia que ella les da: Es zapaterismo en esencia pura.

El profeta del tuit papal y el periodismo que lo persigue


Si no has visto este tuit a estas alturas, es porque, supongo, acabas de llegar del espacio exterior.

https://twitter.com/YolandaDeMena/status/300923731092598786

En efecto, está colgado el 11 de febrero de 2013 a las 11:06 (hora Reino Unido) y sí, eso fue hace más de un mes. Lo vi por primera vez como una imagen adjuntada en un tuit del brillante Fantantonio. Pensé que podría tener truco, así que busqué en Twitter el mensaje original, que es justo el que veis arriba. En efecto, existía y correspondía exactamente con la imagen. Reculé un poco al ver que su autora, Yolanda de Mena, y su novio, Alejandro R. de Cabo son estudiantes de Publicidad. Busqué herramientas en Internet que pudieran insertar tuits en fechas anteriores y que pudieran modificar la hora. No encontré nada. Entonces pensé que, o era cierto, cosa que, al fin y al cabo, era posible en cuanto indagamos un poco sobre la construcción de los sueños, o habían hackeado Twitter. Pero por sus fotos no los veía yo con pinta de hackear nada, la verdad. También pensé que quizás tuvieran un amigo informático… Pero ahí es cuando uno debe detenerse y aplicar el principio de la navaja de Ockham:

cuando dos teorías en igualdad de condiciones tienen las mismas consecuencias, la teoría más simple tiene más probabilidades de ser correcta que la compleja.

En estas últimas 24 horas, he leído de todo sobre el tuit. Algunos nos hemos sorprendido y a la vez reído: yo, por ejemplo, he pedido a Alejandro, nuestro nuevo pulpo Paul, que sueñe con la décima. Unos han visto algo divino en ello; otros han montado auténticas teorías conspiranóicas sobre cómo la Iglesia ha debido de pagar una gran suma de dinero a Twitter para que modifique la hora del tuit y obre el milagro, ya que el camino del Señor anda corto de feligreses en los últimos años. Dentro del escepticismo, lógicamente, están los que no se lo creen porque no entra dentro del raciocinio. Desde luego, no entra dentro del raciocinio de nadie. Me parece bien. Uno es libre de creérselo o no. De lo que uno no es tan libre es de acusar a la pareja de mentir sin aportar pruebas. Y uno es todavía menos libre de acusarlos y de no aportar pruebas si además es periodista. Y eso es, exactamente, lo que hizo ayer la periodista Marta Pastor.

Pastor no ha partido de una premisa, sino de una conclusión, algo inaceptable en periodismo. Para ella el tuit está trucado. Uno puede creer que algo es falso -y el tuit tiene todos los ingredientes para dudar sobre él- y, a partir de ahí, encontrar argumentos que demuestren su falsedad o que, al menos, establezcan una duda razonable sobre la veracidad de un hecho. Esas dudas suscitan nuevas preguntas que han de ser respondidas para alcanzar la verdad. El problema de Pastor no sólo es que no demuestra nada, sino que no aporta el más mínimo argumento más allá de su propia convicción. En castellano paladín: Pastor dice que eso es falso porque sí. El motivo: que los dos jóvenes quieren conseguir notoriedad y saben cómo hacerlo. Y punto.

Pero yo no escribiría esto si no fuera por la inaceptable y torticera táctica que la periodista ha utilizado para desacreditar a los dos estudiantes. Para ello, lo primero que hace es escribir un post titulado «Como escribir un tweet falso: La Falsa Profecía del nombre del Papa en twitter«. En él, incluye un vídeo que demuestra cómo modificar el texto de cualquier tuit. Lo que Pastor no cuenta en ese momento es que ella sabe que ese vídeo es falso. Pero como su post lo plantea como si fuera cierto, los comentarios de su blog no se hacen esperar y desnudan rápidamente la mentira de dicho vídeo, que resumo para que no perdáis cinco minutos de vuestra vida: se puede cambiar el texto de un tuit pero sólo lo ve quien lo modifica porque el cambio es local, en su ordenador. Al recargar la página, vuelve el tuit original. Nadie, en ningún otro ordenador, nunca, puede ver el tuit reescrito temporalmente. Es decir: el método que Pastor asegura que los chicos han utilizado para trucar el tuit no funciona y ella lo sabe.

Pero no todo el mundo lee los comentarios. Así que mucha gente que lee a la periodista piensa que ella ha logrado desenmascarar el truco de estos chavales cuando, en realidad, lo que ha hecho es mentir. Pero es que, aunque en efecto ese vídeo fuera cierto, Pastor no habría demostrado que ellos hubieran utilizado ese truco. Y entonces, comienzan a lloverles insultos a ellos. Pero supongo que para Pastor es un daño colateral aceptable ya que ella parte de la premisa de que ellos mienten.

Encima, no todo el que ha leído el primer post leerá el segundo, por lo que muchos no sabrán que el primero era, en realidad, una farsa intencionada. El siguiente artículo, publicado también ayer, se llama, agárrense, «A una gran mentira, otra gran mentira«. En él, reconoce que el post del vídeo era mentira y que tenía como objetivo demostrar que alcanzar notoriedad es muy fácil a partir de un evento importante. Asegura que el blog había tenido 4.000 visitas únicas hasta ese momento. En pocas palabras: reconoce que ha mentido para tener notoriedad. Y es ahí cuando nos enteramos de que le importan un pepino demostrar que el tuit es falso, aunque sigue pensando que lo es. Por eso el título: a una gran mentira (el tuit), otra gran mentira (su post). Para demostrar que no todo vale, Pastor ha utilizado el camino que no vale.

Es lamentable que un periodista combata una mentira con otra mentira y no con la verdad. Mentir es cómodo y se puede hacer desde el sofá. Que un profesional esté seguro o no de la veracidad de algo es totalmente irrelevante: la verdad y la mentira están siempre fuera del periodista, nunca dentro. Las convicciones personales no dan vía libre para escribir lo que a uno le dé la gana sin haber siquiera intentado demostrar que, en efecto, algo es falso. Uno es periodista las 24 horas del día, siete días a la semana. Igual que un médico en su día libre debe practicar un boca a boca en el metro, igual que un policía fuera de servicio debe impedir un delito, todo lo que un periodista escriba en un periódico, en una revista, en un blog, o en su lista de la compra, se puede volver en su contra. Por tanto, nos debe importar lo que piensen de nosotros: es el medidor más fiable de la credibilidad. Una credibilidad que cuesta años ganar y que se pierde con un par de artículos mal calculados.

ellaspuedenMarta Pastor se equivoca gravemente si piensa que puede disociar su blog de su profesión, es decir, de su credibilidad. Mucho más cuando tiene banners, como el que acompaña estas líneas, que identifican a la autora con su trabajo en una empresa concreta. Marta ha atacado a dos chavales sin ningún tipo de prueba. Ha asegurado que mienten. No ha aportado nada que sustente dicha afirmación. Lo que ha escrito nunca lo sostendría el papel de periódico. Ha mandado, seguro que sin intención pero no sin responsabilidad, hordas de insultos en bocas de otros porque han creído que ella, cuando mentía con alevosía, decía la verdad. Y lo peor es que no le importa. No le interesa saber la verdad. Joder, Marta, pareces un político.

El día que el papa me robó dos chicas


papa-francisco-i-1-640x640x80Francisco ha llegado como llegan todos los argentinos: robando las chicas. Esto es así. Una verdad global, científica e inmutable a pesar del paso del tiempo. Si el argentino esquía, porque esquía; si hace surf, porque hace surf; si dice ‘che’, porque dice ‘che’; si baila tango, porque baila tango; y si es papa, porque es papa. Siempre ganan. Los saben en Buenos Aires y en Roma, y como lo saben en Roma, lo han nombrado papa. Repito: esto es así. Para colmo, ese apellido que deja en desuso, Bergoglio, que delata su ascendencia italiana. Qué sangre tan peligrosa debe de correr por sus venas. No me extraña que hasta los cardenales hayan querido hacerle papa. Con tal de besar su mano, lo que haga falta. ¿Y esa verbigracia, eh?

Sabéis que el deber de un cónclave es dar un obispo a Roma y parece que mis hermanos cardenales han ido a buscarlo al fin del mundo, pero ya estamos aquí.

«Boludos», seguro que pensó en añadir al final de su frase. En plan guasa. Se contendría. Pero vayamos al enorme disgusto que me ha causado el nombramiento de este nuevo papa.

Ayer por la noche había quedado yo, por fin, después de mucha piedra picada, con dos mujeres. Dos. No una, que está como muy visto; ni tres, que me han contado que es inabarcable. Dos. Y no dos cualquiera, pues de ‘cualquieras’ están llenos los bares. Dos bellezas al cubo, de las que deberían tener un seguro a todo riesgo para pisar las aceras. Iba a ir yo, pintón, con esas dos cinceladas perfecciones a cada lado, presumiendo por la noche de Madrid, abriéndonos paso entre la muchedumbre. Vamos, me río yo de Moisés y el Mar Rojo. Ya fantaseaba con la estampa de nuestros pasos quebrando cuellos por la gélida Gran Vía, dislocando mandíbulas y ejecutando envidias. Vamos, que una mirada hacia atrás después de caminar 200 metros, la firmaría Picasso.

Había dedicado yo veintisiete segundos a elegir mi mejor camisa. Había dado lustre, esplendor y hasta prestigio a esos zapatos que sólo me he puesto en el bautizo de ese hijo que no tengo y que, si algún día llega, espero que no me dé el susto de aparecer con la mili hecha. La ropa interior, impecable, con el elástico bien prieto. Los calcetines, seminuevos, entre 5.000 y 10.000 kms. máximo, sin tomates vergonzantes. Me metí en la ducha y me froté bien los sobacos. Incluso me lavé el pelo. ¡Me peiné! Arranqué las garras de los pies, y recorte esos salientes de los dedos de las manos que siempre he usado para tocar el flamenco que nunca aprendí. Retoqué esos pelillos de la nariz que, de pequeño, siempre me parecieron enormes percebes en la prominencia de José Luis, un viejo amigo de mi padre. Tuve, incluso, el detalle minimalista de los bastoncillos para las orejas. Quedé yo tan aseado, que si me colocan en una estantería del Carrefour, paso por toallitas higiénicas.

¿Y qué falló? Pues que ‘Habemus papam’. Fumata blanca. Que hay Franciscus. Vamos, que hay noticia de última hora y mis amigas son periodistas. ¿Y qué? Os preguntaréis. Pues que además de periodistas, tienen trabajo. ¿Y qué? Insistiréis. ¡Pues que resulta que trabajan en lo suyo! ¿Se puede tener tanta mala suerte en tan poco tiempo? ¿Alguien puede hacerme el favor de calcular la probabilidad que hay de que un papa renuncie a su cargo por primera vez en 598 años y el sucesor sea elegido en la misma tarde que quedo con dos mujeres que son periodistas, tienen trabajo y encima de lo suyo? ¡Si es que sólo podía ser argentino!

La espiral del silencio de Ponferrada


psoe_iap_ ponferradaLas elecciones en Ponferrada de 2011 introdujeron en el consistorio un nuevo partido, el IAP, liderado por Ismael Álvarez. Casi 6.000 ponferradinos decidieron depositar en él su confianza, algo más de un 16% del censo electoral. Como ya se sabe, Álvarez fue condenado en 2002 por acoso sexual a Nevenka Fernández. En noviembre de 2003, el Tribunal Supremo rebajó la multa de 5.780 euros a 2.160 porque consideró que, al no haber relación jerárquica entre un alcalde y un concejal, no se podía establecer el agravante descrito en el Artículo 184.1 del Código Penal. Mantuvo la indemnización de 12.000 euros.

Resultados electorales de las elecciones en Ponferrada 2011. Imagen sacada de lainformacion.com
Resultados electorales de las elecciones en Ponferrada 2011 y anteriores. Imagen sacada de lainformacion.com.

La semana pasada, los partidos PSOE e IAP realizaron una maniobra política legal, la moción de censura, para sacar del poder al PP, que había ganado las elecciones con 12 escaños. En ella, condicionaban el acuerdo a que Ismael Álvarez dejara la política, término que él acepto. En las cabezas de la formación socialista, y todo apunta que incluida la de Rubalcaba, la jugada y el discurso se imaginaban loables: se sacaría de la paralización y el desgobierno en el que estaba inmerso el ayuntamiento -según palabras del propio Rubalcaba- y, de paso, se forzaba la salida de la política de una persona con antecedentes por acoso. Como es sabido, la representación estética les ha estallado en las manos. Desde Ferraz presionaron para que Samuel Folgueral, líder del PSOE en Ponferrada, dejara el cargo. Pero éste y todos los concejales socialistas con él, han dejado el partido para quedarse con el poder y se defienden acusando: todos en el partido estaban al tanto de la moción y, cuando han visto las consecuencias, han reculado. Elena Valenciano, según parece, siempre se mostró en contra de dicha moción. Es, como mínimo hipócrita, que el PSOE haya orquestado esta opereta mientras mantiene en el cargo de secretario general del PSE, José Eguiguren, que fue condenado hace 20 años por pegar a su mujer. Serían otros tiempos.

En cualquier caso, el acuerdo me pareció desde el primer momento llamativamente grave y, para preparar este post, consulté anoche a Marta González-Llera, jurista, sobre el asunto. Nadie, que yo sepa, se ha atrevido a decir en voz alta que Ismael Álvarez tiene derecho a la participación política. Nadie, hasta esta mañana Arcadi Espada, en su artículo Acosadores. Todos, principalmente los periodistas, envueltos en la espiral del silencio de Elisabeth Noelle-Neumann, quien estudió la opinión pública como

una forma de control social en la que los individuos adaptan su comportamiento a las actitudes predominantes sobre lo que es aceptable y lo que no.

Los políticos moldean su discurso según dicha opinión, y cuando ésta prima por encima de todo, y los políticos no lo evitan, lo puede hacer incluso por encima de la ley. Así, lo que ha hecho el PSOE ha sido, sin querer, lanzar un misil sobre la linea de flotación de nuestro sistema de reinserción social, amparado por la Constitución en su Artículo 25.2. Es cierto que Álvarez ha podido presentarse a las elecciones y que, en teoría, ese derecho no se le ha conculcado. Pero desde el momento en el que su desaparición de la vida pública es un condicionante para llegar a un acuerdo, se demuestra que ese derecho no puede ejercerlo con la total libertad con la que lo haría cualquier otro ciudadano a pesar de tener el mismo derecho a hacerlo. Tocqueville lo vio muy claro en su libro La democracia en América:

Por inicua o irrazonable que sea la medida que os afecte, tendréis que someteros a ella [o huir. <Qué es eso sino la esencia misma de la tiranía bajo las formas de la libertad>].

Álvarez podría haber optado por no aceptar el acuerdo, desde luego. Pero si, por ejemplo, no se aceptan iniciativas legislativas que su grupo proponga por su delito anterior para presionarle y sacarlo de la política, se está vulnerando el espíritu de la reinserción que nuestra socialdemocracia, y nuestro sistema legal, promueven y defienden. Una reinserción que, en según qué casos, parece ser de estética menos dañina. Y eso no vale. Desde el punto de vista de lo público, no vale que para unos, como Álvarez, sea una condena de por vida y, para otros, sea el camino a la paz. Porque eso es exactamente lo que estamos viviendo 400 kilómetros al este de Ponferrada. En el País Vasco, el PSE -y el PSOE a nivel nacional- ven con buenos ojos la entrada del entorno de ETA en las instituciones. Con sus condenas cumplidas. El ejemplo perfecto del reinsertado vasco es, paradójicamente, el asesino haciendo política.

Puede llegar el día en el que un terrorista con quince asesinatos en su mochila, y sin haber mostrado el más mínimo de los arrepentimientos, recoja su acta de concejal. ¿Y entonces? ¿Será un triunfo de la sociedad? ¿Será la victoria definitiva contra el terrorismo? ¿Será una victoria política de la democracia que delincuentes que han cumplido su condena puedan gobernar?

No. Será de nuevo, ya lo es en términos distintos al de Ponferrada, la espiral del silencio.

Lamentable equidistancia periodística


El Artículo de 233 de la Constitución de Venezuela dice exactamente lo siguiente:

Art. 233 Constitución de Venezuela

Nos interesa el segundo párrafo:

Cuando se produzca la falta absoluta del Presidente electo o Presidente electa antes de tomar posesión, se procederá a una nueva elección universal, directa y secreta dentro de los treinta días consecutivos siguientes. Mientras se elige y toma posesión el nuevo Presidente o la nueva Presidenta, se encargará de la Presidencia de la República el Presidente o Presidenta de la Asamblea Nacional.

La «falta absoluta» quiere decir que aquél que ha sido elegido para un mandato presidencial concreto, no puede ejercerlo o se ve obligado a dejar de ejercerlo. El caso de Chávez es la única falta absoluta de la que no se vuelve. Ha quedado claro, por tanto, que los bolivarianos han optado por aplicar el tercer párrafo y no el segundo, es decir, se han saltado la Constitución que ellos mismos redactaron a su imagen y semejanza.

Pues bien, José Ángel Abad, en su reportaje desde Venzuela para Antena 3 Noticias, ha afirmado que Henrique Capriles «ha tildado de inconstitucional» el hecho de que Maduro haya sido nombrado Presidente de Venezuela para estos próximos treinta días antes de celebrarse las nuevas elecciones. Ya desde Madrid, el presentador ha dado a entender, como Abad, que lo de Capriles es una versión. Es la asquerosa y automática equidistancia del periodismo. Lo de Capriles, como se ha expuesto anteriormente, no es una versión, sino la lectura directa y clara de la ley. Y el periodismo envía el mensaje erróneo al telespectador, como si la ley pudiera ser una interpretación de los hechos. El periodismo, en estos casos, sólo puede hacer una cosa: denunciar la ilegalidad.

Para tener perspectiva de todo lo anterior, pondré un ejemplo claro y simple. Supongamos que mato a una persona y Antena 3 entrevista a mi vecino. Éste, que es tonto, dice que a lo mejor eso de matar no es ilegal. Y van los periodistas, y afirman que, según mi vecino, a lo mejor lo que he hecho no es un delito. ¡Siguiente noticia!