Escribo esto a propósito de una conversación en Twitter sobre esos valientes alumnos que ayer negaron el saludo a Wert. Marcel Gascon, que ya ha escrito lo imprescindible al respecto, ha dicho en uno de sus mensajes que se le olvidó añadir que “lo difícil y meritorio era ahí romper la disciplina de grupo y saludar a Wert”. Y de traje, como algunos hicieron, más difícil aún, añado yo.
No existe hombre poderoso en el mundo que, convenientemente acosado, no pase a ser víctima. Estamos siendo testigo del acoso mediático más agresivo y prolongado llevado nunca a cabo por la prensa de este país contra un profesional del deporte. El público, poco a poco, ha terminado cayendo en las falacias, las mentiras, el matonismo periodístico y las inquinas personales de una prensa que devora todo aquello que la desafía. Como escribió el filólogo alemán Victor Klemperer, en su libro LTI: La lengua del Tercer Reich,
las palabras pueden actuar como dosis ínfimas de arsénico: uno las traga sin darse cuenta, parecen no surtir efecto alguno, y al cabo de un tiempo se produce el efecto tóxico.
La propaganda no está sólo en la violencia verbal, sino en los mecanismos de la vida cotidiana que utiliza para perpetuarse. Desde hace dos años, el objetivo de una gran parte de la prensa ha consistido en horadar a Jose Mourinho con el objetivo de crear una situación tan tensa e irrespirable, que su continuidad al frente del Real Madrid sea imposible. Lo han hecho con el odio que profesa la impotencia, con la perversión de la mentira y la mediocridad. Se han olvidado de su labor profesional para militar en el insulto personal, se han convertido ellos en la noticia, se han hecho pasar por agraviados y, con la patente de corso que otorgan los traidores, reparten carnets del único madridismo válido con el mismo autoritarismo que movimientos como el 15M se autoproclaman portavoces de la sociedad.
En su momento, la prensa se frotó las manos con la llegada de Mourinho. Un personaje mediático que levanta pasiones por las que se declaran guerras, hasta que se dio cuenta de que ellos tampoco se salvarían de las estrictas normas del portugués. La insolencia del entrenador ponía un espejo en cada rueda de prensa y el público se regocijaba en las miserias de los niños malcriados del periodismo de Madrid. El todavía entrenador del equipo gustaba a la afición y le mostraba una adhesión inquebrantable. Había una fe ciega en él. Pero la prensa se cansó rápido de la actitud del portugués, que es como decir que se cansó de trabajar bajo las nuevas condiciones impuestas y eligió, como suele hacer, trabajar contra ellas. Natalia Pastor, en una reciente entrevista para El Minuto 7, ha declarado que un periodista, durante un cóctel,
empezó a despotricar contra Mourinho porque había prohibido que los periodistas viajaran en el avión de los jugadores y que éstos concedieran entrevistas personalizadas. El periodista dejó claro cuál iba a ser el “modus operandi” ante los presentes en el corrillo: “Si éste… se cree que puede echarnos un pulso, lo lleva claro. Nosotros ponemos y quitamos entrenadores y Mourinho no va a ser una excepción.
No tengo claro que la prensa tenga la suficiente influencia para poner entrenadores, pero que la tiene para quitarlos lo sabe cualquier aficionado al fútbol que haya seguido al Real Madrid dos días seguidos. Por poner un ejemplo reciente, valgan estas portadas de Marca sobre Manuel Pellegrini desde que en el diario se decidió que rodara su cabeza. La primera de estas portadas es de octubre de 2009. La tercera, de mayo de 2010.
Composición de portadas realizadas por El Minuto 7.
Gota a gota de arsénico, la prensa envenena el estómago. En este artículo, llamado ‘La trituradora‘, publicado en enero de 2013 por José Luis Rodríguez-Mera, hay un resumen de algunos artículos que muestran el nivel de odio y miseria desplegado en el ataque contra Mourinho. Ya Del Bosque denunciaba campañas de antimadridismo en la prensa en el año 2000, también lo hizoJorge Valdano seis años antes. Tras la guerra interna del argentino y Mourinho durante la primera temporada del luso en Chamartín, Valdano fichó por la Cadena SER, perteneciente al Grupo PRISA, como El País y el As, que han sido la punta de lanza del acoso sistematizado contra Mourinho.
Aunque en principio pueda sorprender, no hacen falta argumentos deportivos para defender al luso. Si las críticas de la prensa fueran estrictamente futbolísticas, no se habría montado la campaña. Pero si algo han hecho, ha sido no utilizar argumentos deportivos porque una campaña de difamación precisa de una avalancha de golpes bajos. Con ellos, buscan el repudio social masivo. Esto le puede ocurrir a cualquiera que se ponga en su punto de mira. Por eso, la defensa de Mourinho trasciende lo deportivo.
El enfrentamiento entre Mourinho y Ramos, en enero de 2012
En el diario asturiano La Nueva Españarecibieron al portugués así: «Arrogante, de derechas, católico y con familia vinculada al dictador Salazar». Su fichaje se hizo oficial al día siguiente. Cuando comenzaron las filtraciones, como el famoso encontronazo con Ramos y Casillas en un entrenamiento que Marca llevó en portada. Se habló entonces de una caza de brujas en el vestuario y la prensa alentó las diferencias, hablando de dos clanes -que no grupos- claramente diferenciados donde los portugueses formaban una piña con Mourinho y éste les favorecía. Por tanto, un jugador del Real Madrid, en contra de las normas establecidas en el club, filtraba información a la prensa que luego ésta utilizaba para atacar a Mourinho en las ruedas de prensa donde, lógicamente, tampoco tenía muchos amigos. ¿Se puede imaginar alguien un paralelismo semejante en el consejo de administración de una gran multinacional española? ¿Dónde acabaría el topo de, por ejemplo, Movistar?
Uno de los encontronazos más sonados con los medios ocurrió durante la rueda de prensa tras el partido frente al Barcelona el 16 de abril de 2011, que acabó con empate a uno. Cuando As y Marca hicieron sus preguntas, Mourinho respondió que, si ellos no eran los directores de los periódicos, no tenía por qué contestar, pues ellos no querían hablar con su segundo entrenador, Aitor Karanka. Respondió así Mourinho al desplante del día anterior, cuando algunos medios de comunicación abandonaron la sala de prensa al comprobar que iba a hablar el segundo del Madrid.
Desde El País, Javier Marías lo ha llamado «chamán de feria», «individuo dictatorial», «malasangre», y que mantiene su poder a través de «un reinado del terror», entre otras cosas. José María Izquierdo, desde las mismas páginas, habla de una especie, ‘los aznaourinhos‘, que «apenas le hacen ascos a la carroña o a la basura». Carlos Boyero, lo llamó «mercenario» y «nazi portugués». El pasado día trece, el periodista y El País han sido condenados a pagar 6000 euros de indemnización a Mourinho. John Carlin, que le ha acusado de inmaduro y adolescente y con la «intolerancia de un dictador militar», asegura que «posiblemente, nadie haya provocado más división -más repulsa o más fanática adhesión- desde tiempos de Franco«. Habla también del seguimiento incondicional de los Ultra-Sur, que son «curiosa casualidad, de corte fascista». Rafael Tabarés califica su dialéctica de «intimidatoria y camorrista» en una columna llamada ‘Psicóticos, pendencieros y sinvergüenzas‘. Michael Robinson, en una entrevista, aseguró que «es como un francotirador, no quiero llamarle asesino a sueldo, pero un día recibió un sobre marrón con un montón de dinero y fotos de los que tenía que liquidar. Y ha ido cumpliendo».
Desde As, Marca, COPE y otros medios se ha dicho que es un «cáncer para el Madrid», «que ha envilecido todo lo que ha tocado», «deficiente mental«, que «la antropología y la investigación de la conducta de los primates nos aportan información interesante sobre la naturaleza» de personajes como Mourinho. Muchas más barbaridades se pueden leer en el artículo ya mencionado antes, ‘La trituradora’.
En Twitter, no se hacen prisioneros. La descalificación ha sido digna del barrio más bajo de la ciudad más pobre del país más miserable del planeta. Como muestra, este tuit de Diego Torres, periodista de El País. Sobran explicaciones.
Ayer en el Bernabéu vi chicos haciendo el saludo fascista. Quizá pensaron que honraban a una copia del original. http://t.co/3UAUxMq8
Toda campaña de acoso tiene una vertiente en la que se ataca a la familia, a lo más querido del acosado, como en las películas donde amenazan con matar a los niños si no se doblegan. Se entra en lo personal. El Mundo hizo un reportaje vergonzante, coloreado y repleto de imaginación sobre la madre de Mourinho y la vida del entrenador de joven llamado ‘La misteriosa madre que parió a Mourinho‘. En él, se decían cosas como que es una «hija ilegítima que se crió en la mansión de su tío abuelo, un rico empresario» y que no habla con periodistas «por la estricta omertà que ha dictado el propio Mou a toda su familia». Por su parte, As lo grabó en un partido de fútbol del hijo de Mourinho el día de la entrega de los Premios FIFA, donde el portugués estaba nominado a mejor entrenador del año. Por los motivos que fueran, decidió quedarse en Madrid y ver el entrenamiento de su hijo como tantas tardes ha hecho desde que se mudó a la ciudad. En el minuto 1’09 del vídeo, se puede escuchar a un periodista que dice
y encima se ríe porque el hijo puta está forrado. Se está partiendo la polla.
Dos días después de que Messina, ex entrenador de baloncesto del Real Madrid dejara el cargo en marzo de 2011, el diario La Repubbicalo entrevistó y le preguntó que, según los aficionados madridistas, el enemigo no son los periódicos de Barcelona, sino el falso amigo que es el periodista de Madrid. A lo que respondió que
Es absolutamente cierto. El Real está rodeado de una prensa sin dignidad ni restricción en el uso del sarcasmo y la provocación. Siempre busca enturbiar el ambiente. Prefiere al jugador español respecto al extranjero, pone a unos contra otros y manipula las opiniones. (...) Algunos me han confirmado que ciertos personajes han recibido un trato de favor por parte de esa prensa al pasar información confidencial, del vestuario, a determinados periodistas. [Felipe Reyes] dio una entrevista sin sentido que en un gran club no debería haber pasado nunca. Antes de irme le dije a Florentino Pérez que lo que el Madrid necesita es una estructura de mánagers que defiendan y apoyen al entrenador, porque en el Madrid el entrenador debe ser instructor, psicólogo y domador.
Ante actitudes canallas como la vivida, hay tres opciones posibles: sumarse a la horda de insultos, ponerse de perfil o sumarse a la defensa de Mourinho porque defenderlo es defender también al Real Madrid. Cuando Margaret Thatcher sufrió una campaña brutal en su contra al eliminar el vaso gratuito de leche para niños de siete a once años durante su etapa de ministra a principio de los setenta, aprendió una valiosa lección: «he aprendido lo que es pagar el máximo precio político a cambio del mínimo beneficio político». Algo así, en el terreno deportivo, se puede aplicar a Mourinho. Al fin y al cabo, pocos han defendido tanto al Madrid a cambio de tan poco, como escribía ayer Percival Saint en el Almanaque Madridista.
La prensa, una vez más, parece que quita al entrenador en el Madrid. El que llegue, sabrá que hay un jugador concreto al que debe alinear. La prensa acaba de ganar otra batalla, cierto. Pero también ha comenzado a perder la guerra.
Llamativo inicio de la crónica en As sobre la victoria en la final de la Europa League del Chelsea sobre el Benfica. El periodista Guillem Balagué asegura que mereció ganar el Benfica -no lo niego, no vi el partido- pero que, si no ocurrió así es porque el Chelsea sabe competir. En el primer párrafo no he podido evitar las comparaciones mentales con el Madrid y Mourinho. El periodista asegura que con el fútbol que practica el equipo inglés, «sus victorias se olvidarán» y, esto es lo más llamativo, asegura que
(...) de repente se debe hablar de la era Abramovich como una época exitosa. Seguro que Roman no ha mostrado el camino a seguir (más a menudo, el que no hay que seguir) (...).
Está claro, como asegura el periodista, que el camino a no seguir es el del fútbol que se maneja bien en su área para defender, el decisivo a balón parado en área contraria. El camino a no seguir, aunque no lo dice, es el de la chequera mercenaria porque, según parece, así no se hacen equipos ganadores. Al fin y al cabo,
al Benfica le faltó marcar en las múltiples ocasiones que tuvieron sus delanteros, que es cosa de una maldición histórica, que tuvieron más posesión, que merecieron ganar, incluso por puntos.
Como vemos, no es que el Benfica no gane, es que plantea una tragedia griega contra el destino. Pero mi intención en esta breve entrada es destacar el mal camino señalado por Abramovich desde 2003, rodeado, supongo, de pésimos consejeros. Así que me voy a asomar al palmarés del Chelsea.
Torneos domésticos
Ha ganado cuatro ligas, tres de ellas con Abramovich.
También ha ganado siete copas, cuatro desde que llegó el ruso.
Tiene cuatro Copas de la Liga, dos desde 2003.
Y tiene otras cuatro Community Shield, dos de ellas, también con Abramovich.
Torneos internacionales
Tiene una Champions, lograda con el ruso; la reciente Europa League, culpa del ruso también; dos Recopas, torneo que dejó de celebrarse en 1999, por lo que el ruso nunca podrá ganarla; y una Supercopa de Europa.
Además, y esto en un club como el Chelsea debe considerarse un éxito, alcanzó una final de Champions. Sí, también con el ruso. Además, tiene la posibilidad, este verano, de ganar otra Supercopa.
Esto quiere decir que, desde que llegó Abramovich con su talonario hace diez años, el Chelsea ha ganado 11 de los 19 trofeos domésticos de sus vitrinas y 2 de los 5 internacionales, eso sí, los dos más importantes.
Año 2001. El PP vasco y el PSE están más cerca que nunca el uno del otro en su lucha contra el terrorismo con Mayor Oreja y Redondo Terreros a la cabeza. En un acto de la plataforma ‘¡Basta Ya!’ del 24 de abril en la Kursaal, antes de las elecciones del mismo año, hay una imagen que produce urticaria en no pocos socialistas. Aparecen los dos líderes políticos vascos flanqueando a Fernando Savater. Años más tarde, Patxi López calificó la imagen como «nuestra esquela».
Tras los resultados de las elecciones vascas celebradas en mayo, los socialistas mueven fichas de un plan B previamente trazado que cuenta con la aprobación del entonces líder de la oposición, Zapatero, cuyo objetivo consiste en forzar la dimisión de Redondo Terreros. El acoso y derribo lo urde meticulosamente José Blanco. Para ello, juega un papel clave la prensa cercana a los socialistas. El periodista José María Calleja da cuenta de ello en su libro Héroes a su pesar. En la entrevista que hizo Carlos LLamas a Terreros en la Cadena SER denuncia que
el tono interrogatorio con el que golpeó una y otra vez en las cejas del todavía líder socialista vasco, es una expresión acabada de la postura de algunos periodistas madrileños respecto de la posición representada por Redondo Terreros.
El enlace entre los dos partidos era ¡Basta Ya!, pues había trabajado duramente para una estrategia común que desbancara al PNV del poder (que tan sólo tres años antes había llegado a un pacto con ETA) y para que se trazara una estrategia política común contra el terrorismo. Por tender puentes, ¡Basta Ya! también fue objeto de duros ataques. Puede dar cuenta de ello Carlos Martínez Gorriarán, hoy diputado por UPyD y entonces portavoz de la plataforma, que siempre ha denunciado la dura entrevista a la que le sometió Iñaki Gabilondo en comparación con las balsas de aceite preparadas para los líderes del PNV.
En julio, Redondo Terreros asiste a una comida en La Moncloa, invitado por Aznar. Informó antes y después a Zapatero. Le acompañan su padre, histórico líder sindical Nicolás Redondo, y Enrique Múgica, Defensor del Pueblo, socialista. La comida no trasciende a los medios, pero se filtra en noviembre.
El socialista Nicolás Gutiérrez me respondió en una conferencia cómo los mismos que habían sostenido a Redondo Terreros, apoyaron sin problemas el nuevo rumbo del partido con Patxi López. «Se cambiaron de chaqueta sin problemas ante el estupor de unos pocos, que hemos seguido con Nicolás y que, por ello, hemos sido marginados». Años después, el PSE le invitó a irse del partido. Lo que hizo fue irse del País Vasco.
Con ese halo de traición que transmitían los medios cercanos al PSOE, la continuidad de Redondo Terreros era cada vez más complicada. Los medios que antes le habían apoyado, igual que los políticos, trataban de hundirlo. Como todo buitre, se entró en el ámbito doméstico. Se aireó que tenía en su casa a una mujer inmigrante en situación irregular. Resultó ser falso: no era inmigrante, sino natural de Vizcaya y, además, estaba dada de alta en la Seguridad Social. Zapatero no puede decir lo mismo de aquellos años.
Pero lo que acabó con Redondo Terreros fue la invasión de lo personal y lo familiar. Continúa Calleja:
Se empezó a hurgar en las condiciones en las que se había realizado la adopción de la hija de matrimonio Redondo Terreros. No había ni atisbo de irregularidad, la adopción (...) de Susana se había hecho conforme a la ley, pero la elección de ese asunto reflejaba el empleo de métodos cainitas, certificaba la voracidad de sus enemigos tan cercanos y hacía caer en la red grasienta de las explicaciones sobre lo obvio y normal a quien se le ha puesto el foco encima, hasta achicharrarle.
El 20 de mayo de 2009, La Nueva Españapublicó una entrevista con Maite Pagazaurtundúa. Cuando le preguntaron si había menos miedo en la sociedad vasca, ella respondió:
Hay una parte importante con cierta pasividad. Tanto, tanto miedo ya no hay; programas de humor como «Vaya semanita» no hubieran sido posibles hace años. Hay todavía mucho miedo, pero se va avanzando.
En ‘Vaya semanita’ hacen gags sobre ETA como éste:
La Siete, que pertenece a Telecinco, lo emite todas las mañanas de lunes a domingo. No soy de ver realities, pero el timeline de Twitter tiene la peculiaridad de que tan pronto se recibe un enlace con una conferencia de Von Misses, como un tuit diciendo que una concursante de Gran Hermano, llamada Argi, ha tenido la lamentable ocurrencia de meter la pata en voz alta y asegurar que la única manifestación a la que ha ido ha sido a una «para que vuelva ETA». Mostró su arrepentimiento inmediato, consciente de su barbaridad, pero acababa de firmar su sentencia.
La Asociación de Víctimas del Terrorismo protestó al hacerse eco del malestar de algunos de sus asociados, escuchó el sincero arrepentimiento de la concursante y publicó esto en Twitter:
En primer lugar, decir que aceptamos las disculpas de Argi. Entendemos que puede haber sido una broma pero a veces se puede hacer daño.
Disculpas aceptadas por los agraviados, no parece que debiera haber pasado a mayores. Pero para entonces, la maquinaria de las redes sociales había puesto en marcha el imparable rodillo de la opinión pública. No sé en qué momento se anunció su expulsión, pero si el programa optó por mantener a la concursante en la casa un rato más del necesario, aprovechó el desafortunado comentario de Argi en nombre del share. Telecinco, los mismos que emiten ‘Vaya semanita’ todas las mañanas, decidió finalmente expulsar a la joven.
ACLARAMOS: La productora NO tiene nada que ver en la expulsión de Argi. La decisión la ha tomado TELECINCO.
En cualquier caso, no es descabellado pensar que a Telecinco se le haya pasado por la cabeza lo sucedido con ‘La Noria’ en noviembre de 2011, cuando el programa pagó a la madre de El Cuco, uno de los presuntos asesinos de Marta del Castillo, para que concediera una entrevista. Las protestas no se hicieron esperar, el público presionó a las empresas anunciantes, desde Mercedes hasta El Corte Inglés, y éstas retiraron su publicidad del programa, que no fue capaz de sobrevivir.
Una parte de la prensa online, por su parte, no ha tenido demasiado decoro. Me ha llamado la atención la violencia de este titular tan utilizado: «ETA irrumpe en Gran Hermano». El titular, una vez confirmada la expulsión, ha sido cambiado en El Mundo y El País, por eso la captura de la izquierda. Quizás deberían cuidar más la elección de los verbos, pues ‘irrumpir’ ha sido casi siempre el utilizado para referirse a los asesinatos de ETA en campaña electoral.
Cuenta Jenofonte, el primer madridista de cuya remontada se tienen noticias, la historia de ésta en su Anábasis. Hoy su análogo sería la libretilla azul donde Mourinho apunta sus inescrutables jeroglíficos, sus líneas y geometrías misteriosas, disposiciones tácticas y la lista de la compra que le encargó su mujer. En la Anábasis se relata la excursión de unos cuantos hoplitas griegos al interior del imperio Persa en busca del botín que el príncipe Ciro les había prometido a cambio de que con sus espadas y lanzas le aupasen al trono de su hermano Artajerjes. Los griegos, aparte de ser los fundadores de la civilización occidental y de construir maravillas intemporales como la Acrópolis, también eran unas putas que, naturalmente, se vendían al vil metal, como todo hijo de vecino. El picnic de los muchachos de Jenofonte llegó hasta Cunaxa, que es como decir donde Cristo pegó las tres voces y…
Y luego dicen que la enseñanza va mal… Yo, sinceramente, jamás he visto a los alumnos aprender tantas cosas:
El mes pasado Beatriz Talegón twiteó el siguiente video, titulado ‘Un corto recortado’. Vayan al minuto 14, donde los alumnos cantan un alegre rap que resume bien los minutos anteriores.
Que vivan los profes valientes que hacen auténticos trabajos sociales y educativos como éste: http://t.co/KG7OniwW7H
Es éste un documental ameno, ligero y lleno de vida (sobre todo de vida infantil) que, si bien no está maravillosamente interpretado por los profesores que lo protagonizan, al menos no pretende ofender a nadie, según dice, sino hacernos echar unas risas. Niños que se pelean por un único ordenador portátil, clases que se llenan hasta reventar la puerta en jocoso homenaje a los Hermanos Marx, alumnos que comparten varias veces una misma tira de papel higiénico manchada de caca y otras cosas igualmente desternillantes se desarrollan a lo largo de la trama. Sin embargo no todo es humor en él, puesto que se predicen cosas muy serias. Pudiera decirse que se quiere denunciar una verdad tan clara y evidente que resulta imposible que ofenda a nadie; es más, ya era hora de que por enésima vez nos la descubrieran: con tanto recorte la enseñanza pública se va al garete.
Solo que ahora se introduce una importante novedad: esta vez son los propios niños los que inocentemente piden estas cosas al Gobierno (difícilmente puede creerse que se las estén pidiendo a Rubalcaba, aunque a lo mejor lo están haciendo, porque son niños e inocentes). ¡Señores, deberíamos estar todos rasgándonos las vestiduras al permitir que se les haga semejante daño (léase recortes) a los niños de Teruel! Y, efectivamente, es para rasgarse las vestiduras…
Decía don José Lasso de la Vega, que en algunos lugares de la antigua Grecia existió entre los maestros la tradición de raptar a sus discípulos. De la misma manera, un selecto grupo de profesores turolenses parece haber recuperado esta costumbre apoderándose, supongo que con el consentimiento de los padres, de estos pequeños y afortunados discípulos para derramar sobre ellos el conocimiento de lo que todo el mundo sabe que es bueno (la financiación estatal) y aborrece como malo (los recortes). No me cabe duda de que además lo han hecho con el mismo amor y respeto que sentían los antiguos griegos por sus discípulos. Pero desde luego lo que han demostrado amar por encima de todas las cosas es un tipo de verdad, la suya, que parece justificar cualquier método de enseñanza, incluido el adoctrinamiento ideológico utilizando, forzando, abusando, violentando de semejante manera el pensamiento todavía inocente de unos cuantos pequeños… ¡qué digo unos cuantos, de un colegio entero!
Quizás esta comparación pueda parecer un pelín exagerada… En cualquier caso, quisiera aclarar que yo también me encuentro muy lejos de querer ofender a nadie, y menos aún a este grupo de profesores. Es más, estoy seguro de que ellos saben muy bien lo que están haciendo, pues ya son mayorcitos. Quisiera, eso sí, agradecerles que nos hayan ayudado a enterarnos de una verdad tan evidente.
Cuando Pink Floyd estaba a dos cafés de cambiar las drogas por los láser, rondaba por la tienda de Malcom McLaren un flacucho John Rotten de pelo verde, con una camiseta de aquel grupo donde había escrito a mano las palabras «I hate». El Punk nació como un movimiento de descontento social en el que todo valía. El Reino Unido era un país paralizado por las huelgas. Hasta los enterradores tuvieron la suya. Se necesitaba un brusco giro de timón porque nadie era capaz de ver un futuro.
Musicalmente se acababa, de una vez, con el virtuosismo de dos minutos de solo de guitarra, los ocho minutos de canción casi en trance. El punk permitía ir al grano: gritar en poco más de dos minutos lo que a cualquiera le saliera de la gutural, supiese o no cantar, fuera o no capaz de acertar tres acordes seguidos en una guitarra desafinada. El golpe y el empujón eran el recurso estético salvaje, un teatro que el público se tomó demasiado en serio. No había futuro y no creían en un futuro, hasta el rock les había traicionado. El punk presentaba una imagen de ruptura absoluta: ya no había modas, ni en ropa ni peinados y, sin quererlo, crearon su propia estética, algo que cabreó soberanamente a los pioneros pues, de pronto, se vieron engullidos por esa imagen que ellos mismos habían creado… y con la que, por supuesto, no podían estar de acuerdo. El punk había creado esa estética de apocalipsis nuclear tan recurrida en el cine.
Como hoy no hay nada más conservador que las vanguardias, el punk necesitaba ese póster en la pared adolescente donde apuntar sus dardos. Así que cuando llegó al poder una punk como Margaret Thatcher, que en su etapa como secretaria de Estado de Educación y Ciencia en el gobierno conservador de Heath había eliminado el vaso de leche gratuito a los niños de siete a once años -en una medida que le obligó el Tesoro a tomar- y que se ganó, además del odio, el apodo de ‘Margaret Thatcher, milk snatcher’ (la roba leches), encontraron en ella su rostro perfecto sin darse cuenta de que era uno más de ellos.
Thatcher sabía que el Reino Unido estaba estancado, y compartía el lema punk del «no hay futuro». Así que salió del antro para ponerse a trabajar. Sus mensajes eran claros y directos, unos ganchos punk que ahorraban calificativos. Dos minutos para decirlo todo eran suficiente para no enredarse en la clásica verborrea política. Provocó una recesión para controlar una inflación que campaba a sus anchas por las gráficas, lo que llevó a un considerable aumento del paro. Frenó los últimos coletazos de la dictadura argentina al responder al ataque sobre las Malvinas, una dictadura que habría durado más sin la intervención británica. La rápida victoria en la guerra y la desintegración de la izquierda entre moderados y radicales -que llegaron a las elecciones de 1983 con un manifiesto que fue calificado como ‘La nota de suicidio más larga de la historia’- le otorgaron una nueva victoria política. Mientras el laborismo se buscaba a sí mismo, en 1984 comenzaron las fuertes movilizaciones sindicales del carbón. Lo sindicatos se habían llevado por delante al gobierno de Heath y al posterior laborista de Callahan, y ella no estaba dispuesta a que algo así volviera a suceder. No porque no le pudiera suceder a ella, sino porque no estaba dispuesta a que su país cayera, de nuevo, en aquel agujero punk de queja y anarquía. Las minas, aquellos años, se llevaban mil millones de libras en subvenciones y era un sector deficitario en casi todas las cuencas. La voluntad de transformar la economía pasaba por cerrar las que daban pérdidas -casi todas- y privatizar las demás, y eso significaba una guerra abierta. Una guerra de desgaste que perdieron poco a poco los sindicatos hasta quedar solos y debilitados y su líder, Arthur Scargill, con su prestigio por los suelos.
Llevó a cabo una oleada de privatizaciones, lo que permitió no subir demasiado los impuestos cuando fue necesario -incluso algunos los bajó- y creó sectores en los que ahora son competencia puntera, como BP, British Airways o British Telecom. La desregularización permitió a Londres convertirse en el centro financiero de Europa. Su alianza con Reagan y Juan Pablo II ayudaron, por fin, a liberar a Europa del Este del totalitarismo comunista. Hay que ser muy valiente para hundir un país en una recesión a corto plazo cuando, ese mismo corto plazo es el que manda sobre los votos. Y hay que tener muy claras las cosas cuando se decide que con terroristas no se negocia aunque mueran diez en la cárcel fruto de una huelga de hambre.
Margaret Thatcher era una admiradora de la escuela austriaca de economía y de Hayek, otro punk de su época. Por eso, Thatcher era capaz lanzar discursos como éstos, tan impropios de políticos:
Uno de los grandes debates de nuestra época es cuánto de su dinero debería gastar el Estado y cuánto debería quedarse usted para gastarlo en su familia. Si el Estado desea gastar más, sólo puede hacerlo pidiéndole más de sus ahorros o aumentando los impuestos. Y no es una buena idea pensar que otro pagará, porque ese otro, es usted.
El legado de Thatcher no está en los detalles. Está en la transformación definitiva de la industria del país y su liberalización de la economía. Sus políticas no hicieron ningún milagro. Se llevaron a cabo con mucho sudor y mucho trabajo. Gracias a ese esfuerzo colectivo, el país resulta hoy competitivo. Su legado no es lo que hizo, sino lo que llegó después, con un laborismo renovado personificado en Blair. Ella bromeaba al respecto, en parte, cuando afirmaba que ese era el mayor de sus logros. Y eso no se lo perdonaron nunca esos punks, aglutinados en los ochenta con el pop y el rock de Morrisey y Elvis Costello, todos con el mismo póster, con sus mismos dardos, y en la misma habitación con su misma pared setentera y adolescente desde donde le deseaban la muerte. Y es que Thatcher fue mucho más punk que ellos.
Fotograma de El rayo verde (1986), dirigida por Éric Rohmer.
En el documental La direction d’acteur par Jean Renoir, Renoir imparte una clase magistral de interpretación a la actriz Gisèle Braunberger, y acaba siendo una cosa muy diferente de lo que ella esperaba, pues lo que le pide Renoir es, precisamente, que no interprete. «Lea usted como si estuviese recitando la guía de teléfonos», le dice, y la actriz lo intenta una y otra vez, con mucha profesionalidad pero sin conseguirlo. «No interprete», insiste Renoir, y ella lo mira desconcertada, porque eso es lo que se supone que tiene que hacer un actor, interpretar su papel. Finalmente, después de varios intentos, Gisèle Braunberger acaba cediendo, quizás por cansancio, sin importarle tener miedo o no saber qué pensar, y deja de creer que lo que le pide Renoir sea poco digno de una actriz profesional como ella, consiguiendo por fin leer el texto de manera anodina, totalmente impersonal, como si lo que tuviera enfrente fuera, efectivamente, una guía de teléfonos.
Entonces surge el milagro. Después de repetirlo varias veces, el texto se impone, comienza a fluir con toda naturalidad y el espectador, repentinamente, deja de ver a una actriz que interpreta su personaje -que incluso puede llegar a interpretarlo magníficamente- para encontrarse con el personaje mismo. Ahí está, al completo, y ha surgido además a través de ella, de la verdadera Gisèle Braunberger y no de la actriz Braunberger, dejando su impronta de manera espontánea. Creo recordar, aunque hace ya más de quince años que lo vi por la televisión, que ella se emocionó. Pero a lo mejor no, a lo mejor fui yo quien me emocioné, vaya usted a saber.
Se necesita mucho valor para apostar por lo que apostó Renoir, mucha fortaleza, tanta como para querer ser feliz. Apostar por lo más seguro es una de las cobardías más grandes que puede hacer cualquier persona, igual en la vida como en el arte. Renoir lo jugó todo al número más alto y apostó por el milagro. Esta misma fe fue la que tuvo Éric Rohmer, y no sólo en los actores sino también en la propia vida. Rohmer rodó de la misma manera que aquella mujer ‘recitó la guía de teléfonos’, es decir, sin imponerse sobre la obra, desapareciendo. Y el milagro se cumplió igualmente en sus películas. Quizás él no fuera consciente de aquello (¿qué más daba que la apuesta se ganara o no, si lo único que importaba era realizarla?), aunque seguramente sí, sí que lo era, pues se trataba de una persona demasiado honesta e inteligente como para acabar engañándose a sí mismo de una manera tan ingenua, creyendo que aquel acontecimiento era obra suya.
De esa misma fe, la fe en la vida, hablan inevitablemente muchas de sus películas, si no todas, y especialmente El rayo verde, Cuento de invierno o La marquesa de O. No llegar a verlas es como no haber escuchado a Mozart. Aunque tampoco pasa nada por ello, desde luego.
Echo de menos a Éric Rohmer, ya no hay casi nadie como él entre nosotros, nadie con una mirada tan limpia, nadie que sepa ver el mundo y las personas con tanta claridad como él lo hizo. No hay Woody Allen que lo sustituya, por muy genial que sea, ni Clint Eastwood que me lo recuerde, por mucha admiración que le tenga (y, creedme, es casi demasiada). Todos ellos son grandes, desde luego, y seguramente se merecen un lugar importante en la historia del cine. Pero a Rohmer… A Rohmer le corresponde un sitio allí donde esté la vida.