Anna Piñol Casanovas


Arañaba el frío los abrigos de enero cuando, en la Cervecería Alemana de la Plaza de Santa Ana, Jordi colgó su teléfono y dijo: “viene mi prima”. Ese fue el primer momento que supe de ti. Nos habíamos reunido un grupo de amigos de Berklee para tomar algo. Yo daba la espalda a la puerta del bar y reconozco que se me pasó por la cabeza la única pregunta que ronda a cualquier tío que está a punto de conocer a una chica: “¿estará buena?”. Ya entonces había aprendido a callarme esa muestra de irresponsable curiosidad y mucho más con lazos familiares de por medio, pues siempre hay algún insensato más imberbe o simplemente más incauto que hace la pregunta. A esto había que añadir que la respuesta de Jordi carecía de rigor alguno, pues ya sabes que a él, sin pareja, siempre le han gustado todas las mujeres.

Así que esperé el momento de tu llegada, como he dicho, de espaldas a la puerta, pues para chulo madrileño, ya sabes que yo. Pero como estoy bien educado -no como aquel señorito de Burgos al que tienes muchísimo cariño pero que te pareció un perfecto gilipollas el día que lo conociste (“tranquila”, te dije yo, “les pasa a todas, pero es buen chico”)- me giré cuando entraste por la puerta. Llevabas esos vaqueros azul oscuro que parecían haber pactado con el diablo. Cruzaste el umbral con esa alegre sonrisa y un paso como de Judy Garland por su camino amarillo. ¿O era de oro? No sé, de eso sabes tú mucho más que yo. Me hice un poco el remolón al darte dos besos para ser el último en hacerlo, pues lo habitual al saludar a un grupo es quedarse unos segundos allí donde se terminan las presentaciones. Entonces comienzan los segundos del amarre, a medio camino entra la desorientación y la ubicación. Ahí se decide todo, y yo te amarré a mi derecha cediéndote mi banqueta. Aquella noche me enteré de que eras forofa culé y tú, de que yo era el vigente campeón de Europa. A partir de aquí, qué te voy a contar que no sepas de todo el tiempo que estuviste en Madrid.

Aprendí muchas cosas de ti. Por ejemplo, aprendí a cogerte los mofletes con bastante eficacia. Los juntaba con una sola mano y tus cejas se arqueaban como un resorte. Se te quedaba una cara muy graciosa, con una pequeña boquita de pez que hacía ruidos… pues eso, de pez. Yo, sin soltar, te hacía preguntas tontas y tú respondías tonterías. Qué fácil es describir la felicidad.

Por cierto, ahora que lo pienso, no creo que puedas haber aprendido de mí mucho más que una enorme sarta de palabras estúpidas: claramont, malvivims, estoy fuer, brian… ¡Qué memez! (Que sepas que las sigo usando). Pero menos la belleza, todo se pega (soy la prueba irrefutable de ello) y, en uno de los mails que tengo tuyos incluyes “prometid”, “brian”, “fuer”, “por ciert” y “copichuels” en un solo párrafo.

Esa banda de amigos míos, que lo fueron tuyos a los diez minutos de conocerte (menos, insisto, el señorito de Burgos, que tardó exactamente doce) te picaban constantemente para que les invitaras a Barcelona. Tú siempre te habías ofrecido, pero ellos hacían como que se olvidaban y tú volvías a invitar. Son de un victimismo enfermizo. Un día decidiste resolutamente dejarlo negro sobre blanco, porque ya sabes que a esta gente, tan de leyes, solo les vale el documento escrito. Así que mandaste el siguiente mail:

"Hola a todos!!
Después de haber sido acusada injustamente en varias ocasiones por los miembros más impresentables de este grupeto de NO invitaros a Barcelona o a Roses, voy a hacer una invitación formal para el próximo puente de diciembre, concretamente del 4 al 8. Así pues, queda dicho. A todos los que no vayáis a esquiar os invito a mi casa. Sé que a este grupo le cuesta mucho decidirse y es muy, pero que MUY lento en contestar, pero en este caso os aliento a que decidáis pronto puesto que los billetes de avión, cuanto antes se cojan, más pasta se ahorra. Suponiendo que vengáis en avión, lo cual os recomiendo. Así pues, Armands, Charlie y compañía... ya no tenéis excusa. Espero vuestras respuestas. Un besito para todos. Anna."

Y tan lentos, pequeña: el viaje se hizo en junio. Eso sí, los billetes, regalados. Quique, Tatiana, Riki y Marta vinieron con nosotros a Barcelona. ¿No fueron esos días cuando estuvimos en Terra Mítica? Marta tenía alergia a los gatos y, vaya, tú tenías uno. Así, mientras Quique nos demostraba sus patrióticas habilidades al piano tocando el himno de España y tú sollozabas de risa y rogabas por que Taita no entrara en ese momento por la puerta, casi se nos ahoga Marta en tu sofá. Tranquilamente. Tiesa, callada… e inflándose. Cuando nos dimos cuenta balbuceó: “es que no quería molestar”. ¡Pero chiquilla!

Un buen día, radiante, me dijiste que me tenías que dar una buena noticia y otra mala: “la buena”, dijiste, “¡es que tengo un papel en un capítulo de El Comisario!”… “y la mala es que tengo que besar a un tío”. “Pero es muy feo, de verdad, ¡es muy feo y no me gusta nada!”, proseguiste como intentando amortiguar el golpe. Durante la grabación, Antonio Mercero pasó por allí y dijo sobre ti al resto del reparto: “vosotros quedaos con esta cara, que dentro de poco miraréis arriba y veréis su nombre en letreros luminosos”. No fue así porque tú siempre has sido muy capaz de dar el coñazo por cualquiera excepto por beneficio propio. Y en el cine, la brasa es tan importante como en las barbacoas.

El capítulo se emitió un día de noviembre y lo vimos en el sofá de esa casa en la que vivías en Donoso Cortés. En los créditos aparecías con el apellido de tu madre. Desde el primer minuto, no paró de sonar tu teléfono. En una de las primeras escenas llegó el beso y, en efecto, el tipo era muy feo. No me extraña que dejaras el mundo de las bambalinas. Debió de ser una escena muy dura de interpretar que, debo decir, siempre llevaste con mucha dignidad. Y yo también, qué coño, ¡que te vieron más de cuatro millones de personas!

¿Recuerdas el viaje a Miami y Nueva York por la boda de Alberto? Se casaba con Diana. Nunca he podido entender cómo es posible que Diana y tú, ella con su escaso español y tú con tu parco inglés, pudierais estar horas solas, a vuestra bola y sin necesidad siquiera de intérpretes. Después, cada navidad en Madrid, a Diana siempre le hacía muchísima ilusión volverte a ver y siempre ha dicho que eras su favorita. Pero vuelvo a Nueva York. Quisiste ver “El Rey León” a toda costa, y recuerdo que compré la entrada desde una cabina de teléfono cercana a Wall Street. Apenas quedaban tres sitios libres totalmente desperdigados y aún así, te empeñaste en ir. Al terminar la función, recuerdo tu salida levitada del teatro, iluminada. Las luces de Broadway se agazaparon hasta el blanco y negro durante unos segundos. Tu cara y tu sonrisa reflejaban mucho más que cualquier palabra que acertabas a articular.

El día de la boda nos metieron en un autobús y nos llevaron hasta una pedazo de mansión en Nueva Jersey que resultó ser el antiguo “speakeasy” de Lucky Luciano. Qué calor, vaya forma de sudar y qué bochorno: hasta los garitos de los peores mafiosos de la historia han decaído en bodas y bautizos. Ya en Miami, nos reunimos con Guillermo y Julie, que habían viajado desde Los Ángeles para vernos. Al día siguiente bajamos hacia Key West, y allí estuvimos en casa de Hemingway y en el Sloppy Joe’s Bar, garito que su hígado cerraba a cuatro patas ocho días a la semana. Cuando salía de allí, si salía, miraba al cielo, si podía, y se guiaba hasta su casa por la luz del faro que había al otro lado de su calle. Según parece, no siempre lo lograba. En el camino de vuelta a Miami, cumpliste uno de tus sueños, que era nadar con delfines. Sé que fue uno de los momentos más felices de tu vida, aunque siento que nos dieran una charla previa sobre animales marinos que apenas pude traducir, porque mi inglés siempre ha sido más de corcheas, y nunca he sabido traducir cetáceo.

Y hablando de animales de compañía, a Armands no lo veo mucho, aunque últimamente hemos coincidido en más de una ocasión. Está hecho un amo de casa que espanta. A todo el mundo le extrañaba que vivierais juntos, ¿recuerdas? Álvaro siempre decía que yo había hecho una jugada maestra, pues haberte colocado a Armands era mi forma de librarme de vivir en pareja. Qué bobo es. Decía que aquella jugada era lo más grande que había visto nunca. Pero Álvaro dice mucho eso de “lo más grande que he visto nunca” y se lo aplica a cualquier cosa sin criterio lógico alguno. Y además, ¡qué se puede esperar de un tío que se va a casar con Patricia doce años después de haber empezado la relación! ¡Por Dios, que la comenzó en el siglo XX!

Y por supuesto, nunca olvidaré mi treinta cumpleaños. Estuviste seis meses, ¡seis!, preparándome una fiesta sorpresa que sabías que yo no había tenido nunca. Con la inestimable colaboración de Armands y otros truhanes, estuvisteis buscando un local y cruzando mails sin parar. Yo pensaba que estaba rodeado de gente que me quería y resulté ser el ciego y sordo en la Taberna de los Conspiradores. Pero como en toda obra folletinesca, hay intrigas palaciegas, las palomas mensajeras se extravían, las paredes hablan, o los mails llegan donde no deben. Cuatro días antes de la fiesta, un correo alcanzó mi bandeja de entrada. Un email dirigido a varios amigos que inocentemente abrí. Y me encontré el plan al desnudo, un contubernio que venía a decir: “Y la fiesta sorpresa de Antuan de este sábado, ¿alguien sabe a qué hora es?”. No tardaron en sonar las alarmas desde Gondor hasta La Comarca, pasando por la de tu teléfono, y te presentaste en mi casa con la esperanza de que no hubiera leído nada. Mientras me cagaba en el árbol genealógico del emisor, marqué el correo como no leído y cerré el Outlook. Entraste a toda prisa, abrí de nuevo el correo y, según arrancaba, me fui al baño. Allí te dejé con Bill Gates para que deshicieras el entuerto. Ya por la tarde, desolado, llamé a Iván, el barbudo de Sevilla, y le conté el inesperado encontronazo con mi destino inmediato. “A tu amigo hay que colgarlo” es lo más suave que le escuché.

Y llegó el día de la fiesta. Cerca de la medianoche salimos de casa. En serio, Anna, me llevaste al quinto coño, reconócelo. Tuvimos que atravesar un camino de tierra tenebroso del que no me habría extrañado en absoluto que nos asaltaran zombies desde las cunetas.

Aparcamos y nos acercamos a la puerta. Me pareció ver un escenario desde fuera, pero apenas tuve tiempo de pensar en lo que ello suponía. Se abrió la puerta y la sorpresa… en fin, ni tuve palabras entonces (solo una gran boca abierta y manos a la cabeza), ni las tengo ahora para explicar la emoción de ver a tantísimos amigos juntos. Nunca, ni en la mayor de mis ilusiones de fiesta sorpresa, podría haber imaginado una reunión tan emocionante. Estaban todos, absolutamente todos mis amigos de Madrid. Y de fuera también. A la izquierda, empinando el codo como mandan los cánones (especialmente los suyos), estaba Iván, esa oreja a la que le había contado mi desafortunado hallazgo y que llevaba meses invitado. Recuerdo también a Ivó y Álvaro, que habían venido desde Barcelona, y un montón de amigos que hacía mucho tiempo que no veía y que tú, Anna, reuniste en el mejor cumpleaños de mi vida. Había un escenario donde, cómo no, esa gente de Berklee subía y bajaba amenizando con música en directo la fiesta. ¿Recuerdas que Iria se puso a tocar la batería? Y Álvaro, todo mosqueado, no paraba de decirle, “pero tú, pero tú, a quién conoces para tocar así la batería, ¿eh, eh?”. Y ella pasaba de él claro. Eso no ha cambiado. Por supuesto, también estaba Jordi, que si fuera andaluz, se habría arrancao por soleares, pero como no lo es, se cantó su “Purple Rain”. Tu fiesta fue absolutamente espectacular y tan inolvidable como inigualable. Mi regalo de cumpleaños fue mi primera cámara digital y gracias a ella tengo un montón de fotos contigo que me ayudan a recordar los inolvidables momentos que pasamos juntos.

Perdona, creo que me he enrollado un poco. Yo te escribía para darte la enhorabuena por tu bebé. Ya sé que se llama Guim, ese nombre que tanto te ha gustado siempre, y que tiene los ojos azules. He preguntado a Jordi si se parece a ti, pero no domina el arte del reconocimiento facial en bebés. Ya le he dicho que tu cabezonería seguro que la hereda. Y bueno, que no me extiendo más. Da recuerdos a tu familia, diles que los quiero mucho a todos, y espero conocer pronto a tu hijo y escucharte de nuevo, pequeña gran carcajada.

Ah, solo una cosa más. Varios amigos que sabían que te iba a escribir me han pedido un hueco para decirte unas palabras y, como el papel en Internet es gratis, pues yo les dejo. No sé por qué, a algunos les ha dado por escribir en pasado.

Están locos estos mesetarios.

Un beso muy fuerte.

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“Me acuerdo cuando Anna nos imitaba a los niños para el anuncio de Huggies… es como si la estuviera ahora mismo escuchando. Era una mujer especial, llena de alegría, era siempre una gozada compartir tiempo con ella. Divertida llena de cariño y ternura, Anna era una chica diferente, era maravillosa. Siento muchísimo su pérdida, y te mando mi más sincero y cariñoso abrazo, en estos momentos no creo que haya palabras suficientes para poder ayudarte con el dolor que debes estar sufriendo. Te acompaño en el sentimiento de la forma más sincera, desde el fondo del corazón”.

(Marta Landín)

“Te vas sin dejar de iluminar cada rincón en el que estuviste, con cada sonrisa, con cada soplo de aire fresco que inundaba cualquier sitio donde estuvieses. Hay personas que te alegran el día sólo con estar, con cruzarse de vez en cuando en tu camino. Te vas pero todo eso se queda con nosotros. Te vas dejándonos un regalo, el regalo más grande, el regalo de la vida.

Donde estés seguirás repartiendo todas esas cosas buenas. Por aquí nos quedan todas las que nos diste. Gracias Anna. Un beso”.

(Tuti, Marta y Samuel)

“Para mí Anna era una persona especialmente alegre y cariñosa. Durante su epoca madrileña jamas le vi un gesto desagradable. Y mira que días malos tenemos todos. Tenía una sonrisa permanente y transmitía mucha tranquilidad y energía positiva cuando hablabas con ella. Siempre de buen humor y haciendo reir. Añoraba mucho a su familia y a su tierra, a la cual no dudaba en invitarte cada vez que hablabas de un posible viaje. Seguro que hubiera sido una anfitriona maravillosa. Derrochaba generosidad. Por aquel entonces era la pareja de mi mejor amigo, Antonio. Y a pesar de que aquella relación terminó, siempre pensé que había sido una persona muy especial en aquella relación y que influyó muy positivamente en mi amigo. Era muy buena persona, una chica estupenda. Espero que allá donde esté le llegue este mensaje. Mi más sincero pésame a la familia”.

(Ana Castellón)

¡Que carcajada más contagiosa, que energía y tan positiva! Para mí es lo que representa y siempre representará Anna, risas y energía.  Su voz con su acento… le preguntaba cómo hacía los doblajes y ella imitaba una voz de niño o niña genial! Me acuerdo perfectamente cuando salió en “El Comisario” y en un anuncio que creo que era de una compañía de seguros y llamarla al reconocerla. Catalana, muy familiar y cule hasta la médula! Todavía recuerdo la enganchada con un amigo de Carlos en Cubas que era súper madridista! Me encantaba como decía Charlie Pecs y usaba constantemente el malvivims. Cuando contaba esa leyenda de ella y Antuan cruzando la calle… Fueron unos años geniales y aunque hacía mucho q no la veía, tengo muchos y buenos recuerdos. No quiero ni pensar como lo deben estar pasando sus padres, su hermana, su familia, su marido y amigos. Mi más sincero pésame a toda la familia y amigos. Un beso y abrazo muy fuerte.

(Patricia Carnicero)

Recuerdo a Anna como una persona alegre, optimista, vital en definitiva. Aspecto que con igual fuerza transmitía a todo aquel que se le acercaba. Durante el tiempo que pude conocerla, nunca tuvo un mal gesto, cosa que me sorprendía enormemente puesto que en mi caso, debo decir que “tengo malos días  y se me notan”. Me quedo con varios momentos. Cuando me la presentó Antonio, mi amigo, como “mi chica”. El día que Patri (mi marido) y yo decidimos mudarnos a Palma de Mallorca y ella se esforzó aún sin conocernos demasiado, en buscar un lugar para la despedida, desearnos lo mejor y seguir en contacto. Pero sobre todo, recuerdo cuando tuve a mi primer hijo, Nicolás, y volvimos a Madrid para presentarlo en sociedad. Ella vino con Antonio a casa, cogió al bebé; con su sonrisa y su mirada lo decía todo. Se la veía radiante, contenta por nosotros, demostrando su generosidad. Recuerdo que dijo “hazme una foto con Nico y Antonio”. Aún la reservo y en estos momentos recuerdo ese instante como si hubiese pasado ayer. Anna nos veremos algún día seguro y podremos volver a recordar esos momentos. Aunque últimamente no estábamos en contacto, quiero que sepas que te echaré de menos. Mi más sentido pésame para todos los suyos.

(Eva Bordón)

Muchas veces las cosas buenas que te aportan las personas que vas conociendo se van quedando en el fondo de tu memoria y allí se quedan olvidadas, hasta que ocurren desgracias como la de Anna, y buscas y no tardan en salir todas esas cosas maravillosas que compartí con ella y tantos otros y parece que fue ayer cuando ocurrieron. No quiero contaros ninguna anécdota, ya que seguro todos tenéis mejores que las mías, lo que sí quiero deciros en estos días tan tristes, es lo que me he reído yo solo cuando he empezado a recordar todas aquellas horas con Anna y mi amigo Antonio, que es al que veo sufrir más de cerca. Espero que todos los que habéis sufrido con su muerte, podáis encontrar también en vuestra memoria, la alegría y felicidad de nuestra querídisima Anna.

(Ricardo López-Migoya)

Querida Anna,
Qué sonrisa, qué carcajada. Es lo primero que pensamos cuando te recordamos. Qué alegría de vivir y qué capacidad para compartirlo con tu gente. Nos conocimos gracias a Antonio y rápidamente te hiciste un hueco entre nosotros. Pasamos muy buenos ratos juntos y hoy recordamos tu capacidad para modular tu voz y hacer infinitos personajes. Y acentos. Recordamos lo que nos reíamos cuando imitabas a los madrileños con tanta gracia. Por no hablar de tu mensaje en el contestador, qué buenos momentos. Has sido una amiga de las que se instalan en el corazón y aunque el contacto no sea diario ni semanal, están ahí para siempre. Y cuando hemos estado en contacto después, cualquier conversación servía para retomar nuestra amistad, como si no hubiera pasado el tiempo o la distancia. Hoy le damos a Antonio las gracias por darnos la oportunidad de haberte conocido y sobre todo queremos estar muy cerca de tu familia, para que estén, si cabe, más orgullosos de ti, de lo buena gente que has sido para nosotros y buena amiga. Tu familia, a la que siempre tenías presente, tus padres, hermana, tus sobris, la tía NANA como tú decías y después Xavi y ahora los niños. Sé que sabremos de todos ellos y tú estarás siempre en nuestra memoria, con todo el cariño y la amistad que somos capaces de transmitir con estas palabras. Hasta siempre Anna.

(Tatiana y Quique)

Conocí a Anna en un momento muy duro para ella y para toda su familia. Yo estaba allí para acompañarles, pero en realidad, no conocía apenas a nadie. Hubo una comida y a alguien se le ocurrió que Anna y yo nos sentáramos juntas en la mesa, supongo que porque ya sabían que estando con ella, todo sería más agradable y así fue. Yo suponía que después de la pérdida y dolor que sentiría en esos momentos, al ir contándonos nuestas vidas para conocernos un poco más, mi deber sería intentar animarla y hacerla pasar un grato momento, pero como os podéis imaginar, fue totalmente al revés, fue ella la que me iba dando ánimos a cada momento si yo le contaba algo triste de mí. Se olvidó por completo de ella misma, para hacerme sentir a gusto, tranquila, relajada y una más de todos ellos. Así era Anna, si te veía mal, aunque ella estuviera peor, antes eras tú que ella. Te miraba con aquella cara tan dulce, te sonreía, y con esa voz que tanto la caracterizaba, te decía “adelante Patricia, todo se va a arreglar” y no te quedaba otra, que mirarla, sonreir, y asentir, porque siempre terminaba por convercerte.

A partir de entonces y pasado el verano, (esto fue en julio, ya hace muchos años), empezamos a coincidir en Madrid. Ella iba por motivos de trabajo y yo por otras circunstancias que ahora no vienen al caso, pero nos pasabamos el fin de semana en la misma casa. Recuerdo que todos los viernes que sabía que nos ibamos a ver, me llamaba y me pedía que la esperara, y me decía, en nada me quito estos 4 Kg que me sobran. Esto era casi cada semana, con lo cual, cuando me llamaba y me lo decía, al colgar, yo no podía evitar esbozar una sonrisa, pero bueno, la esperaba para ver qué pasaba ese viernes.

Llegaba, dejaba las cosas y nos ibamos hacia el supermercado. Pasabamos por la sección de frutas y verduras y después de mirar un poco por encima, me miraba y me decía “Bueno, esto lo dejamos para el final, vamos a ver qué más hay”. Seguíamos mirando, llegabamos a la sección de carne, pero ahí ya era inevitable que así, de reojo, como el que no quiere la cosa, iba mirando la parte de bollería. Después de estar unos minutos haciendo que decídía qué carne comprar, me miraba, ponía esa cara de muñeca que tenía ella, se encogía de hombros y me decía:”bueno, casi, total, llevo sólo un día, mejor lo dejo para mañana, no?????? Yo me partía como siempre, sabía que lo iba a hacer, pero me hacía muchisima gracia ver como intentaba no comprar lo que había dicho que esa vez no compraría, pero como era de esperar, terminabamos comprando aquellas magdalenas de chocolate que la volvían loca, las chocolatinas rellenas de menta, las galletas príncipe y todo aquello que llevara chocolate y ni una sola caloría jajjajajajaja. Era genial, siempre .

Al día siguiente, el que se encargaba de hacer la comida, daba una voz para decirnos el menú de ese día y para saber cuantos nos apuntabamos para las cantidades y siempre se oiga como a lo lejos:”yo, yo quiero, cuenta conmigo, ya mejor como me voy hoy, sigo la dieta en Barcelona”, aunque como casi siempre había spaguettis carbonara, pollo tailandés , pollo al curry o cualquier cosa que además de nata, llevara crema de coco, total nada, lo propio para una dieta!!!!!!

Todos nos echabamos a reir, porque lo decía de aquella manera suya que era imposible regañarle y decirle que cada fin de semana que venía, nos decía lo mismo. Era graciosa hasta para eso.

Recuerdo como le gustaban mis tiramisús, como hubiera uno en la nevera, ya sabíamos quien se lo iba a terminar, pero lo que de verdad la v

olvía loca, era mi tarta de queso. Un día me pidíó la receta, y la dije que no, que era secreto, que yo se las hacía, pero mi tarta no se lo había dado a nadie. Ella sabía que yo me estaba planteando hacerme una operación de estética y sólo se la ocurrió decirme:” Le digo a mi padre que te la haga a cambio de la receta de la tarta de queso” jajajajjaaj. Ella cualquier cosa por aquel postre. Por eso, cuando ya dejamos de vernos por motivos personales, aunque seguiamos teniendo contacto telefónico, un día se vino a mi casa a pasar el día, comimos en casa y para postre le hice las dos cosas para que eligiera, y como era demasiado dilema, decidimos que lo mejor, para nos despreciar ninguno de los dos postres, era probar de ambos.

Esa y así era mi Anna, la que yo conocí, dulce, dulce como todo lo que la gustaba, nunca se olvidaba de ti, todo lo contrario, ayudándote siempre. Cuando la necesité, ahí estuvo, llamando cada día para dar ánimos, para contarme siempre cosas graciosas y hacerme reir. De hecho, creo que la última vez que la vi, fue también en una comida familiar como la primera vez, todo fue perfecto, celebrabamos el cumpleños de su tia y al final de la comida y LOS POSTRES, (fue mi aportación a aquella comida) Anna y su padre comenzaron a contar chistes, uno destrás de otro, era imposible dejar de reirnos, recuerdo a Taita contar alguno de mejicanos con acento incluido……aún ahora, cuando me acuerdo,me duele el estómago de reirme.

Gracias Anna, gracias por todos esos momentos que al menos a mí me hiciste pasar, gracias por tus sonrisas, por tus ánimos cuando los necesité, por no olvidarte de mi pese a la distancia. Sé que me querías, me lo decías muchas veces…….yo tambíen te quiero.

Hasta pronto mi niña.

(Patricia Contreras)

Anna
Nunca tuvimos una profunda amistad.
Nunca nos llamamos por teléfono
ni quedamos a tomar una caña
ni fuimos al cine
ni ni ni.
Nunca fuimos grandes amigos.
Quizá ni siquiera fuimos amigos, simplemente.
Pero, las veces que nos vimos,
¡qué alegría transmitías,
qué sonrisa gigante y blanca y sonora, que carcajada abierta!

Y perderte duele, pero que hayas estado por aquí merece esta pena.

(Carlos Mas)

Conocí a Anna por mediación de Antonio. Entonces yo vivía en Madrid y quedábamos con cierta frecuencia. De entre todos los recuerdos que guardo de Anna hay uno muy concreto que me gustaria compartir con vosotros.

Se acercaba la fecha del 30 cumpleaños de Antonio y Anna quiso convertirlo en algo muy especial, una fiesta que no pudiera olvidar nunca. Y así empezo a organizarlo, llamando a todos los amigos de Antonio, tanto de Madrid como de Berklee, para reunirnos en lo que sería una fiesta sorpresa.

Uno de los amigos de Antonio de Madrid envió un mail, con los datos de la fiesta sorpresa, a todos sus contactos entre los que estaba Antonio, que me llamó seguidamente para contarme lo oocurrido, que se había enterado de todo y que no quería que Anna se enterara para no fastidiarle la ilusión de poder sorprenderle y, a todo esto, yo mintiendo a Antonio, diciéndole que no podría asistir porque tenia que viajar a Sevilla, cosa que se creyó.

La fiesta del 30 cumpleaños de Antonio fue un éxito. Anna se encargo de que asi fuera. Organizó un concierto “jam” donde se escucho desde Paquito el chocolatero hasta algun tema de fusión de esos que solo Jordi conoce! Hubo comida, bebida y muchas sonrisas verdaderas. Ana se encargó de que Antonio fuese el protagonista y de que aquel día fuese lo más especial posible.

Antonio y yo hemos hablado muchas veces de aquel cumpleaños y de lo bien que lo pasamos. Yo siempre recuerdo aquellos días de preparación con cierta envidia. Recuerdo que me fascinó como Anna puso tanto empeño en aquello, en hacer feliz a Antonio. Nunca olvidare esa fiesta y nunca te olvidare a ti, Ana.

Espero que allí donde estés te organicen a ti una fiesta como aquella cada día.

(Iván Vivas)

¡Delfines! Tropecientas fotos de nosotros cuatro con los delfines; que acabamos comprando el mega pack turistico family-timo size. Pero que risas cada vez que aparecen cuando disparo el iPhoto. Esas cabezas sobresaliendo por encima del agua. Sólo se nos ven los dientes con esas sonrisas de oreja a oreja. Y a algun@s las lenguas.

No me acuerdo de cuantos días fueron, pero sí que era le segunda vez que te conocía. La primera fue en los Mandriles; unos días que me quedé en casa de Antoine con la excusa de sacarme el visado en la embajada. La de caña que le dimos por merengón (entre otras cosas). Gracias por tenerlo tan educado y apoyarme, yo temía que en algún momento me echara a la puta calle.

Pero bueno, fue en ese viaje de cayo en cayo según nos venía en gana, y que Antonio tan bien había organizado, que realmente nos conocimos. O no, porque sin llegarnos a conocer, la relación fluyó de una manera de lo más natural, y eso que a mí me suele costar entrar en calor con nuevas relaciones. Pero no contigo.

Ya de vuelta en  Miami, me acuerdo que la última noche me cogiste desprevenido y me arrinconaste, espalda contra la pared, mientras los otros dos paseaban por la luna. Me dijiste que me fuera de copas con Antonio. El y yo sólos. Que nos veíamos muy de cuando en cuando y que nos fuéramos de farra a rememorar nuestras mejores batallas. Desinteresada.

Un beso muy fuerte Anna. Y un abrazo inmenso de todo corazón a toda tu familia.

(Guillermo y Julie)

Juego de tronos: Familias e intrigas


Dinastías

Tengo un lío monumental entre familias, bastardos, hijos e intrigas palaciegas. HBO ha hecho un gran trabajo en su web para saber quién es quién. Incluyen mapa y localizaciones de cada uno de los capítulos. En Haute Slides, con más sencillez, han ido un paso más lejos con la sensacional infografía en la que establecen todas las relaciones de todos los personajes.

Los candidatos a la Casa Blanca frente a Irán (y III)



Mitt Rommey

El candidato republicano ha dejado claro que no permitirá que Irán tenga un arma nuclear y añadió también el pasado noviembre que la política de Obama al respecto es el mayor de sus fracasos en política exterior.

Apuesta por apoyar a los insurgentes para lograr un cambio de régimen, fuerza diplomática, duras sanciones económicas y, en última instancia, si todo lo demás fracasa, acciones militares.

Durante las tensiones del Estrecho de Ormuz, aseguró el pasado 23 de enero en el debate en Florida, que se deberían aumentar el número de construcciones navales por año de nueve a quince:

No porque queramos ir a la guerra contra nadie, sino por el peligro que supone que alguien quiera ir contra nosotros.

Y fue más lejos:

Debemos mostrar a Irán que un acto de esa naturaleza [el cierre del estrecho de Ormuz] será considerado un acto de guerra y de terrorismo, y que América mantendrá esas lineas de marítimas abiertas.

Un mes mas tarde, en Arizona, aseguró que Estados Unidos debería comunicar claramente a Irán que considerarán tomar acciones militares para evitar que obtengan armas nucleares.

El pasado cinco de marzo, se mostró aún más tajante en la conferencia de políticas de la AIPAC (un lobby estadounidense pro-israelí) donde aseguró que Irán debería ser sancionada hasta su capitulación.

Me aseguraré de que Irán se entere bien del muy real peligro inmediato que les espera si pasan a ser una potencia nuclear.

También afirmó que

como presidente estaré preparado para comprometerme con la diplomacia, pero estaré igualmente preparado para involucrar a nuestro poder militar.

Rick Santorum

En la línea de Newt Grimwich, pero con un lenguaje más agresivo, en una conversación con un periodista el pasado noviembre, Santorum aseguró que

los científicos que trabajan en el programa nuclear, especialmente si son extranjeros, serán vistos como combatientes enemigos. Serán una amenaza para los Estados Unidos. Finalmente, trabajaría con Israel dejando muy claro a Irán que estaremos preparando un ataque militar en sus instalaciones.

El pasado enero, aseguró que

si soy elegido presidente, haré una clara declaración al gobierno iraní diciendo que, o bien abren sus instalaciones para proceder al desmantelamiento de su programa nuclear, o bien las abriremos nosotros.

¿#Primaveravalenciana?


La izquierda es una gran generadora de iconos, una espectacular difusora de contenidos, una gestora multinacional de lugares comunes. Por suerte o por desgracia, si algo caracteriza a las redes sociales es el altísimo grado de confianza que generan en sus usuarios, mucho más que la publicidad y mucho más que cualquier monserga política. Por eso, que un político tenga la gran idea de esconderse tras un hashtag puede producir un efecto viral tremendamente eficaz en una consigna. Y eso es lo que ha ocurrido con #primaveravalenciana.
El 18 de febrero, un miembro de Compromís registró el dominio primareveravalenciana.com, como se puede comprobar aquí. Los disturbios comenzaron unos días antes. Las reivindicaciones de unos chavales que daban clase sin calefacción pronto pasaron a ser una manifestación política, aunque algunos la llamen social, para denunciar el recorte de salarios y un presunto recorte de derechos. El 20 de febrero se convocó la marcha que terminó con la ya famosa carga policial contra los congregados. Suficiente se ha escrito sobre ella. Casi siempre con un periodismo poco riguroso, por cierto. Pero de eso ya se ha ocupado con brillantez Marcel Gascón en su nuevo blog La música ligera.
Todo el mundo ha visto los vídeos y y también que había manifestantes que no tenían ni edad de instituto, ni carnet de padre del más imberbe. Cuando el periodismo ha preguntado, ha dado por buena su respuesta: “Estoy aquí por solidaridad”. El periodismo de alcachofa suele dar por válida, como las redes sociales, cualquier estupidez. Esa solidaridad puede embaucar a gente muy cabal. Aloma Rodríguez, por ejemplo, es de esas personas que no suelen pisar manifestaciones. Pero la consigna de llevar un libro a la del día 21 le pareció creativa y ocurrente, así que decidió escoger uno al azar y presentarse en Sol. Terminó su asistencia como finaliza su artículo:

Cuando la manifestación cortaba Gran Vía, yo ya me había ido. Me fui a merendar un helado. Y a leer libros. No solo a lucirlos.

A eso me refiero. La luz del eslogan y la oscuridad del contenido. El espectador enciende un día la televisión, ve algaradas y palos y se convierte en ciudadano cabreado, solidarizado y se manifiesta. Pero todo tiene un contexto, y ahí falla con frecuencia el periodista. Pero también el ciudadano. A priori, no parece que hubiera motivo para que la policía cargara contra los manifestantes. Sobre todo cuando, buscando solo un poquito, nos topamos con que en 2005 ya hubo cortes. No solo eso. A día de hoy, hay más institutos en la misma situación. Ya digo, tres minutos de Google:
Algún ingrediente exógeno ha debido aderezar el cocktail explosivo de Valencia. Por eso no sorprende que, de los 26 detenidos el día 20, ninguno fuera alumno del Instituto Lluis Vives. Hemos visto el diluvio de ira por la carga policial, hemos visto las manifestaciones de solidaridad. A partir de aquí, la identificación con el débil es tan fácil, que se llega a admitir como legítima cualquier forma de reivindicación. Y se deja de pensar. Pero es que, incluso para el derecho al pataleo, hay unas mínimas reglas que cumplir.
Todavía rebotan las exigencias de dimisión a la delegada del Gobierno, pero nadie ha puesto el grito en el cielo por las palabras de Alberto Ordóñez, presidente de la Federación Valenciana de Estudiantes, en las que asegura que

vamos a seguir quemando las calles de Valencia.

Es decir, que si el comisario de la policía abre su bocaza para no desvelar sus fuerzas al enemigo, las pancartas se llenan de susodichos, pero nadie obliga al señor Ordoñez a dejar el mechero en casa. Tampoco hemos visto la condena a la izquierda más rancia, la del lenguaje de nuestros bisabuelos, por la instrumentalización política miserable de la situación de unos jóvenes sin calefacción en clase (que ahora, según parece, resulta sí tenían). No hemos visto la crítica a cómo un grupo de manifestantes se ha sumado a la protesta no por solidaridad, sino para reventarla por su causa, siempre de fin más noble y de más altos vuelos. Se ha criticado a la policía porque ha golpeado a menores con una fuerza brutal y desproporcionada, pero no se ha criticado a esos “trolls de manifa” que utilizan chavales para sus fines. Y no se les criticará porque actúan desde el púlpito de la superioridad moral que se otorgan al nombrarse defensores de los derechos ajenos pisoteados, estén o no pisoteados, sean o no derechos. Y es que, cada vez está más claro que no necesitan un motivo para manifestarse, sino una excusa.

Los candidatos a la Casa Blanca frente a Irán (II)



Newt Gingrich

Gingrich es partidario de lanzar una guerra cibernética contra Irán. En un post anterior ya comenté brevemente el caso Stuxnet:

Se ha especulado incluso que el ataque del gusano informático Stuxnet fue lanzado por Estados Unidos (alguno sugiere que también está el Mossad) como arma cibernética de espionaje para robar información sobre el programa nuclear iraní.

Además, ha manifestado que se deberían llevar a cabo operaciones encubiertas para eliminar a los científicos que trabajan en las plantas nucleares de enriquecimiento de uranio con objetivos militares. Defiende que el objetivo de Estados Unidos debe ser el cambio de régimen en el país,

pues si eliminamos las plantas y permitimos que el régimen continúe, las plantas volverán.

Busca el final del régimen de los ayatolás estrangulando su economía y promoviendo sanciones que quiebren el régimen. Es partidario de utilizar la fuerza militar como último recurso:

si llegamos a un punto donde los militares crean sinceramente que Irán está al borde de conseguir el arma atómica, estaría preparado para utilizar la fuerza militar.

Ron Paul

Con una postura muy cauta, un periodista de la CBS le preguntó en un debate el pasado 12 de noviembre si merecía la pena una guerra preventiva contra Irán. Paul fue categórico:

No, no merece la pena. La única forma de hacerlo sería a través del Congreso. Nosotros, como comandantes en jefe, no tomamos las decisiones de ir a la guerra. Hay que preguntar al Congreso si nuestra seguridad nacional está amenazada. Me temo que lo que está pasando ahora es algo parecido a la propaganda que se llevó acabo contra Irak.

Un mes más tarde, en las presidenciales de Iowa, aseguró que

el bloqueo contra Irán es un acto de guerra.

Los candidatos a la Casa Blanca frente a Irán (I)


Dentro de un año, en noviembre de 2012, habrá elecciones en Estados Unidos. Por el Partido Demócrata se presentará el actual presidente, Barak Obama. El Partido Republicano anda liado con sus primarias. Ahora que el ejército estadounidense retira definitivamente sus tropas de Irak, y que ha habido un notable descenso de víctimas en Afganistán respecto al año pasado (por primera vez desde 2003), despierta de nuevo la amenaza atómica de Irán, que salió de las portadas de los periódicos hace más o menos un año y regresó el noviembre pasado cuando el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) publicó una actualización de la situación del programa nuclear de Irán que determinaba que

el Organismo tiene serias preocupaciones respecto a las posibles dimensiones militares del programa nuclear de Irán. Después de evaluar cuidadosamente la extensa información disponible al respecto, el Organismo encuentra que dicha información es, en general, creíble. La información indica que Irán ha llevado a acabo actividades relevantes al desarrollo de un aparato explosivo nuclear. La información también indica que antes de 2003, estas actividades se llevaron a cabo bajo un programa estructurado y que algunas de estas actividades podrían seguir adelante.

No sabemos quién ocupará la Casa Blanca a partir de 2013 y, por tanto, no sabemos qué pasos dará la Administración estadounidense en este capítulo. Lo que sí sabemos es qué dicen hoy sus candidatos. Aquí van, de uno en uno.

Barak Obama

El actual presidente comenzó su mandato tendiendo la mano a Irán. En marzo de 2009, incluso, realizó un empalagoso discurso coincidiendo con el Noruz, el año nuevo iraní, que pretendía, al final de su alocución, dar un toque de atención a los gerifaltes iraníes, asegurando que

la grandeza no está en la capacidad de destruir, sino en vuestra demostrada habilidad para crear y construir.

En la cumbre del G20 de abril de 2009, Estados Unidos, Reino Unido, Francia y Alemania hacen pública una planta secreta de enriquecimiento de uranio cerca de la ciudad santa de Qom, confirmado posteriormente por los informes de la OIEA de finales del mismo año.

La represión tras las elecciones iraníes de junio de 2009 contra manifestantes y líderes de la oposición hizo de la diplomacia un camino difícil.

En julio de 2009, la Secretaria de Estado, Hillary Clinton, aseguró que Estados Unidos desplegaría un paraguas defensivo sobre sus aliados en Oriente Medio si Irán llegara a tener armamento nuclear.

Desde entonces, la Administración trabaja para aislar a Irán con nuevas sanciones tanto a través de las Naciones Unidas como unilateralmente. Se ha especulado incluso que el ataque del gusano informático Stuxnet fue lanzado por Estados Unidos (alguno sugiere que también está el Mossad) como arma cibernética de espionaje para robar información sobre el programa nuclear iraní.

En junio de 2010, Estados Unidos logró impulsar una cuarta resolución contra Irán en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (la tercera había tenido lugar en 2008). Poco después Estados Unidos y la Unión Europea tomaron medidas de presión unilateralmente.

Desde el informe de noviembre de 2011, las medidas tomadas han sido más drásticas y tienen como objetivos el sector petroquímico iraní y su sistema financiero, incluyendo su Banco Central. Aunque aboga por la diplomacia, no descarta la opción militar, tal y como declaró el Secretario de Prensa, Jay Carney el 7 de noviembre:

Estamos centrados, como he dicho antes, en la diplomacia. Por supuesto, nunca quitamos de la mesa cualquier opción en una situación como esta. Pero estamos centrados en la diplomacia, pensamos que eso es lo apropiado, y que nuestra postura tiene un efecto, un efecto positivo, en los términos de presionar y aislar a Irán que antes he apuntado.

Irse a Madrid es un libro para ligar


Se acercaba el verano cuando supe por primera vez de Manuel Jabois. Probablemente Tsevanrabtan o Verónica Puertollano comentaron alguno de sus twits. Algo ingenioso, claro, porque Jabois no sabe ser otra cosa. Ojo, que no soy de enjabonar. Y mucho menos a un tipo que no conozco y que tampoco tiene pinta de que me vaya a ofrecer un trabajo digno en la vida. Pero bueno, esta entrada tiene un propósito, y es su libro. He venido a hablar de su libro.

Cuando supe de la existencia de Irse a Madrid lo busqué en La Casa del Libro. Encontré el único ejemplar que quedaba mientras una chica preguntaba por él en caja. Mi reacción natural sería meterlo en la solapa, y si no lo hice fue porque tenía detrás al vigilante de la puerta. Se preguntarán por qué haría yo un gesto tan de Winona Ryder. Pues porque soy un hombre y, como todo hombre, cuando una morena con ojos azules me mira haciendo pucheros porque le he levantado el último libro que tanto tiempo lleva buscando, me comporto como un idiota y se lo doy. Ella dirá que no, yo insistiré y, finalmente, lo aceptará con una sonrisa complaciente, mezcla de “he conseguido lo que quiero” y “qué imbécil eres”. Y es que mi cerebro, en estas ocasiones, libra una batalla perdida entre la fantasía y la razón. La fantasía siempre vence porque representa lo que deseo, y la razón, la hostia que me voy a dar. Yo, como soy un romántico, siempre me doy de bruces.

La fantasía es como un consejero de una caja de ahorros: te quiebra la vida. La fantasía me asesora que mi caballerosidad prendará a la chavala, que me invitará al Starbucks de la esquina para hablar de Jabois (fíjate Manuel que te acabo de colocar en un pedestal intelectual, aunque he cambiado el Gijón de Baroja), de su libro y de cómo es posible que sea conocido en Madrid un periodista del “Diario de Pontevedra”. Y ahí, en las distancias cortas, sobre todo si son de Pontevedra, yo gano mucho. Mientras, la razón es como el hermano mayor, aunque en mi caso es el pequeño, que me dice que ella pagará el libro y no volveré a verla en mi puta vida. Así que, en un giro trómbico, logré evitar el choque y ya desde el retrovisor escuché al vendelibros decir que el libro debía de estar por ahí.

Salí de la tienda a hurtadillas, con paso de Cuasimodo. Con el subidón de adrenalina de un vendedor de enciclopedias que coloca tres a una familia numerosa desahuciada e inmigrante. Mueble incluido.

Como he dicho, se acercaba el verano, así que Irse a Madrid fue ese libro ligero de de verano y piscina. Cuando me conseguía concentrar claro, porque los frutos que da esa piscina, juro que no son terrenales. Entre la portada del libro y los bikinis, pensaba que había caído en algún lugar desaconsejado por La Biblia.

Que nadie se tome a mal lo de ligero. Cuando, ya terminando el verano, me fui de viaje a Portugal y Tarifa, me llevé La Contratación Colectiva, de William H. Hutt, recomendado un día por Rodríguez Braun en La Brújula de la economía. Y, amigos, no dudo del interés de dicho estudio, pero el Tangana no es su biblioteca.

Así que ahí estaba yo, con todo el verano por delante para leer las columnas de Jabois. Una de ellas da el título: “Baroja, más discreto, decía que para ser escritor había que llegar al Gijón y ponerse a la cola, pero Baroja no tenía ADSL” (pág. 33).

En charlas de bares, en las que me quiero hacer el simpático, me he agarrado a las columnas de Jabois. Es lo que son, historias cercanas. Las contaba para sacar un provecho personal, lo reconozco: solo se las he contado a chicas. Comenzaba diciendo “estoy leyendo un libro…”, como para lograr la sorpresa de alguna. Y luego ya, soltaba la columna. Sí, he utilizado a Jabois para ligar. Y debo decir que con bastante éxito. He contado las historias, y mi amigo se ha puesto morado.

Jabois narra en sus columnas lo que ocurre a su alrededor. Hace periodismo del periodismo, con la venia que le da reírse de su sombra y ponerse en evidencia. Es un faltón consigo mismo, un ojo de halcón de lo cotidiano, te ve cuando crees que nadie te mira, como las cámaras de Preciados. Sus metáforas huyen de lugares comunes y las reinventa con una fluidez literaria. Es como aquellos compañeros de colegio que sabíamos que apenas estudiaban y siempre sacaban buenas notas. Ahora, ya sé qué ocurre cuando no encuentro palabras: están todas en la puerta de su casa, haciendo cola, como escritores en el Gijón, para que él las escriba. Habrá que arrimarse, a ver si se pega. Porque parece que tiene un ángel caído, y que le ha caído encima.