La banalización de “la banalización del mal”


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El concejal Zapata recibió ayer con alegría el fino análisis del periodista Gerardo Tecé en el que se compara a Adolf Eichmann con Wolfgang Schäuble.

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Pocas horas después, borró el tuit de la imagen de arriba y lo aclaró con el siguiente:

No. Si hubiera querido referirse a esa tecnificación de la crueldad y el sufrimiento, lo habría dicho desde el principio. Aún así, no hay mucha diferencia entre sus dos tuits. No digo que no sea una lectura secundaria que Zapata extrae, sino que la primera es la que todos hemos entendido. Todos y él: “la banalidad del mal en el nazismo y en el gobierno actual”, es decir, los comportamientos burocráticos y autómatas de Eichmann y Schäuble.

Tecé dice que Eichmann alegó en su defensa su buen trabajo en el tiempo que le tocó vivir, recibió felicitaciones de compañeros y jefes mientras, al mismo tiempo, rechazaba cualquier responsabilidad moral en el traslado logístico de judíos. Schäuble, asegura Tecé, llega al parlamento alemán con el trabajo bien hecho, meticuloso, eficiente, al servicio de Alemania. Como es lógico, y aunque Tecé no lo dice, no parece que Schäuble sea objeto de expiación moral.

Pero claro que compara. Incluso utiliza el mismo adjetivo burocrático para calificarlos: gris. Zapata puede sacar las conclusiones que quiera, pero solamente son posibles con la equiparación de un asesino con un demócrata. No requiere de acrobacias para establecer una relación entre la Alemania Nazi con la Alemania actual.

La “banalización del mal” de Hanna Arendt como hilo conductor es, en realidad, la banalización de la banalización del mal. Eichmann era un operario del sistema y no reflexionaba sobre sus consecuencias. Para sus afirmaciones, la filósofa se sirvió de las declaraciones de Eichmann en el juicio contra él. ¿Realmente está Tecé en posición de aseverar lo mismo de Schäuble? Que le sirve para el discurso es evidente. Que sea preciso, correcto, incluso justo, es otra cosa.

De la misma manera, al comparar ejecutores, no se precisan saltos para relacionar a los judíos de los años 30 con los griegos. Porque en este infortunio hay que destacar la inevitable derivada de las víctimas. Un Tsipras acorralado, doblegado, arrodillado, dice Tecé. El primer ministro griego levanta simpatías en buena parte de la izquierda europea. Sin embargo, los judíos eran tan odiados en todo el Continente que, según el historiador Ian Kershaw, los discursos de cervecería de Hitler no destacaban especialmente por su antisemitismo. Lo que decía de ellos estaba ampliamente aceptado por la sociedad.

Los judíos eran una minoría que fue despojada de sus derechos primero y de su humanidad después para que, al gasearlos, no se percibiera algo distinto a una matanza de cerdos. Por otro lado, los griegos llevan eligiendo democráticamente a sus dirigentes durante más de 30 años. Son responsables de sus políticos como nosotros de los nuestros, han preferido vivir en un estado clientelar, corrupto y con un creciente endeudamiento antes que hacer frente con seriedad a su propia estructura social, económica y política. Como señala Tsevan Rabtan, la inercia es tan enorme que los cambios son complicados y la reforma de una nación requiere “de la importancia de mantener el esfuerzo en la dirección correcta durante generaciones”. Los griegos eligen el menos malo de los caminos dentro de las pocas opciones que les quedan porque durante tres décadas se han ido esfumando las oportunidades de un estado sostenible.

Ver el enemigo en quien está dispuesto a ayudar es un mal negocio. Todos quieren el bienestar de los griegos. Que salgan adelante y que tengan un estado que deje de vivir de prestado. No se puede decir lo mismo de los deseos de los nazis y los judíos. Por eso es tan arbitrario comparar a Eichmann con Schäuber, y un duro acuerdo con un genocidio.

Un comentario sobre “La banalización de “la banalización del mal””

  1. hacer de quien no te gusta un nazi porque esta mas cerca del principio de realidad con el que jugamos, es como hacer de todo el que critica las reglas del juego un rojo porque no te gusta su posición: reducionismo,falta de rigor y Banalidad

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