Tres reivindicaciones para tres Goyas


Untitled-2Candela Peña ha sido valiente en otras ocasiones, pero ayer fue especialmente patosa y frívola. Patosa porque, en un intento de denunciar la privatización de la sanidad pública, la justificó al denunciar la muerte de su padre en un hospital público donde no había ni mantas ni agua. Hoy, el director de dicho hospital, ha revelado que es mentira. Dicho esto, si la sanidad pública no tiene ni para mantas, flaco favor ha hecho la actriz, pues lo primero que se me ocurre a mí no es privatizar la gestión, sino el sistema. Es intolerable que un enfermo carezca de lo más básico. Que cada uno se quede con la versión que más le convenga.

Nos contó también que ha tenido un niño y que le preocupa no saber qué tipo de educación pública le espera. No hace falta señalar con el dedo quiénes son los máximos responsables de tamaño desastre. Además, aprovechó para pedir trabajo. Supongo que también utilizará Infojobs. Esos dramas personales suyos los mezcló con los de la gente que «se está matando porque no tiene casa». No voy a entrar en el matiz de las palabras. A continuación llegó la frivolidad: «así que este premio no me lo va a amargar nadie», añadió. Es como estar en un entierro, un entierro innecesario que ella misma diseñó, y exclamar: «¡el muerto al hoyo y el vivo al bollo! ¿Una copita?».

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pic.aspxMaribel Verdú es como una señorona de pieles del Barrio de Salamanca. Pero les diferencia la estética de su discurso. ¿Se imagina alguien a esa señorona pudiente y de apellidos compuestos, de Chanel y abrigo de pieles, en una manifestación convocada por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca? Esa es la imagen de la actriz que, engalanada de Dior, se permitió dedicar su Goya a todos los que lo pasan mal por culpa de un «sistema corrupto que permite robar a pobres y dárselo a los ricos». Maribel Hood de oferta. Ese sistema que le permite a ella vestir tan espléndida. El mismo que hace que ella sea imagen de las rebajas de una de las empresas más potentes de España. Su éxito profesional le ha llevado, paradójicamente, a protagonizar el vídeo corporativo de otra empresa (también privada, oiga) para vender hipotecas.

Que alguien de izquierdas gane mucho dinero es tan legítimo como que lo haga uno de derechas. Y que se lo gaste como quiera y donde quiera. Pero rechina la legitimidad que se otorgan los que se consideran cultura cuando, en el debate político, reflejan su más profunda indocumentación. Lo que Verdú no debería olvidar nunca, más que nada para no volver al pasado es que, de Dior, sólo se viste en Nueva York.

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Como suele suceder, los héroes son anónimos. Fue uno de los premiados a la mejor película iberoamericana, la cubana Juan de los muertos. Con un parecido notable a Prince, y la forjada histeria de una colegiala ante Justin Bieber, acertó a denunciar lo siguiente:

¡en Cuba no hay de nada, pero hacemos de todo!

Willy, repite conmigo: «en Cuba no hay de nada».