El dilema del omnívoro


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Como su nombre indica, omnívoros significa comer de todo, lácteos, carne, pescado y vegetales, aqui en la wiki puedes encontrar los animales que pertenecen a esta familia adaptada a comer cualquier cosa incluyendo a otros omnívoros.

El caso de la leche es paradigmático de como la evolución ha presionado para hacernos tolerantes incluso a la leche de aquellos animales que pueblan nuestra ganaderia. Los humanos no estamos originalmente adaptados a la leche de vaca o de oveja por ejemplo y sin embargo hemos desarrollado adaptaciones para tolerarlas. Algo que se conoce con el nombre de efecto Baldwin.

No cabe ninguna duda de que ser omnívoro es una adaptación a ambientes cambiantes  y entornos poco predecibles en cuanto a recursos alimentarios y no cabe tampoco ninguna duda de que el medraje de nuestra especie acaeció precisamente debido a esta adaptación que nos permitió sobrevivir a ambientes ancestrales hostiles y bien distintos…

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3 comentarios sobre “El dilema del omnívoro”

  1. En las tres grandes religiones, las religiones de la revelación como se las ha llamado, las prohibiciones o sacrificios personales tienen un carácter fundamentalmente simbólico. En un principio, en el algún momento de la historia de los pueblos, estas religiones evolucionaron, entre otras cosas, mediante la sustitución del sacrificio original de las religiones primitivas -la inmolación de un chivo expiatorio humano, cuyo ritual en muchas ocasiones terminaba en la antropofagia- por otro más benigno, el de animales. El sacrificio de animales supone la superación del asesinato ritual, que la divinidad condena, estableciendo así uno de los primeros pilares de la moral en las sociedades: no matarás (esto se ve en distintos pasajes como el de Abraham e Isaac o, quizás con menos contundencia pero paralelamente, en el sacrificio de Ifigenia por Agamenón). Un segundo paso consiste en revertir el sacrificio hacia uno mismo, evitando comer ciertas cosas o todas ellas (como ocurre con el Ramadan) durante un periodo de tiempo determinado. En ese momento no se mata animal, la violencia se invierte y lo que se ‘mortifica’ es el espíritu, si bien de manera simbólica, es decir, como voto de humildad. Estos sacrificios son asimismo exigidos por la divinidad, cansada de que el pueblo realice rituales con los que intente comprar su beneplácito: lo que se pide entonces es un corazón puro y no una serie de rituales hipócritas. Así pues, en la medida en que estos rituales señalan la importancia simbólica de lo que subyace detrás de ellos, tienen un efecto beneficioso. Si lo que se hace es, sin embargo, una lectura literal de los mismos (en eso es en lo que consiste el fundamentalismo, en una interpretación literal y no simbólica de los textos religiosos) se provocan nuevos males y se regresa al primitivismo. Existen en nuestra cultura muchos sacrificios simbólicos que no tienen forzosamente un significado religioso. La buena conducta es, por ejemplo, un conjunto de pequeños sacrificios que se hacen con la intención de ‘mortificar’ el egoísmo y, de la misma manera, cuando lo que se sigue con ellos no es el espíritu, sino la letra, nada se consigue entonces, sino que se vuelve de nuevo a la hipocresía. Fuera de este significado simbólico no tienen ni sentido ni razón, como tampoco lo tiene por ejemplo no comer carne los viernes, o infinidad de comportamientos sociales si no es por lo que se significa simbólicamente en ellos, y hasta el más simple de los alumnos de secundaría podrá cuestionar su utilidad (¿de qué sirve dejar pasar primero a los mayores, ceder la palabra o comer con la boca cerrada?). Los sacrificios simbólicos tienen asimismo la virtud de prevenir la caída en rituales también primitivos disfrazados por las costumbres de los tiempos. Así pues, la preocupación por el cuerpo, la vida sana o la salud alimenticia pueden y de hecho traspasan en ocasiones el umbral de lo sensato y se convierten en verdaderos cultos ‘paganos’, en los que lo simbólico ha dejado de existir. El culto al cuerpo perfecto no es simbólico por muy utópico que pueda resultar; es un culto primitivo inserto en una cultura moderna laica; su mensaje se lee de la manera más literal posible por mucho que sea esperpéntico: ‘no engordarás’; su dios es la estética dominante y actúa casi tan implacablemente como los antiguos dioses babilonios, exigiendo sacrificios que llevan a enfermedades como la anorexia, y que en algunos casos suponen la ‘autoinmolación’, es decir, la muerte.

  2. Gracias, por el comentario. He visto que no lo has escrito en el blog de Neurocultura. Te lo digo por si lo quieres hacer. Hay varios comentarios al respecto bastante nebulosos, y el tuyo me parece soberbio. Gracias, de nuevo.

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