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Thatcher la punk


Johnny Rotten, vocalista de los Sex Pistols.

Johnny Rotten, vocalista de los Sex Pistols.

Cuando Pink Floyd estaba a dos cafés de cambiar las drogas por los láser, rondaba por la tienda de Malcom McLaren un flacucho John Rotten de pelo verde, con una camiseta de aquel grupo donde había escrito a mano las palabras “I hate”. El Punk nació como un movimiento de descontento social en el que todo valía. El Reino Unido era un país paralizado por las huelgas. Hasta los enterradores tuvieron la suya. Se necesitaba un brusco giro de timón porque nadie era capaz de ver un futuro.

Musicalmente se acababa, de una vez, con el virtuosismo de dos minutos de solo de guitarra, los ocho minutos de canción casi en trance. El punk permitía ir al grano: gritar en poco más de dos minutos lo que a cualquiera le saliera de la gutural, supiese o no cantar, fuera o no capaz de acertar tres acordes seguidos en una guitarra desafinada. El golpe y el empujón eran el recurso estético salvaje, un teatro que el público se tomó demasiado en serio. No había futuro y no creían en un futuro, hasta el rock les había traicionado. El punk presentaba una imagen de ruptura absoluta: ya no había modas, ni en ropa ni peinados y, sin quererlo, crearon su propia estética, algo que cabreó soberanamente a los pioneros pues, de pronto, se vieron engullidos por esa imagen que ellos mismos habían creado… y con la que, por supuesto, no podían estar de acuerdo. El punk había creado esa estética de apocalipsis nuclear tan recurrida en el cine.

Como hoy no hay nada más conservador que las vanguardias, el punk necesitaba ese póster en la pared adolescente donde apuntar sus dardos. Así que cuando llegó al poder una punk como Margaret Thatcher, que en su etapa como secretaria de Estado de Educación y Ciencia en el gobierno conservador de Heath había eliminado el vaso de leche gratuito a los niños de siete a once años -en una medida que le obligó el Tesoro a tomar- y que se ganó, además del odio, el apodo de ‘Margaret Thatcher, milk snatcher’ (la roba leches), encontraron en ella su rostro perfecto sin darse cuenta de que era uno más de ellos.

thatcher-punk-460-300x200Thatcher sabía que el Reino Unido estaba estancado, y compartía el lema punk del “no hay futuro”. Así que salió del antro para ponerse a trabajar. Sus mensajes eran claros y directos, unos ganchos punk que ahorraban calificativos. Dos minutos para decirlo todo eran suficiente para no enredarse en la clásica verborrea política. Provocó una recesión para controlar una inflación que campaba a sus anchas por las gráficas, lo que llevó a un considerable aumento del paro. Frenó los últimos coletazos de la dictadura argentina al responder al ataque sobre las Malvinas, una dictadura que habría durado más sin la intervención británica. La rápida victoria en la guerra y la desintegración de la izquierda entre moderados y radicales -que llegaron a las elecciones de 1983 con un manifiesto que fue calificado como ‘La nota de suicidio más larga de la historia’- le otorgaron una nueva victoria política. Mientras el laborismo se buscaba a sí mismo, en 1984 comenzaron las fuertes movilizaciones sindicales del carbón. Lo sindicatos se habían llevado por delante al gobierno de Heath y al posterior laborista de Callahan, y ella no estaba dispuesta a que algo así volviera a suceder. No porque no le pudiera suceder a ella, sino porque no estaba dispuesta a que su país cayera, de nuevo, en aquel agujero punk de queja y anarquía. Las minas, aquellos años, se llevaban mil millones de libras en subvenciones y era un sector deficitario en casi todas las cuencas. La voluntad de transformar la economía pasaba por cerrar las que daban pérdidas -casi todas- y privatizar las demás, y eso significaba una guerra abierta. Una guerra de desgaste que perdieron poco a poco los sindicatos hasta quedar solos y debilitados y su líder, Arthur Scargill, con su prestigio por los suelos.

Llevó a cabo una oleada de privatizaciones, lo que permitió no subir demasiado los impuestos cuando fue necesario -incluso algunos los bajó- y creó sectores en los que ahora son competencia puntera, como BP, British Airways o British Telecom. La desregularización permitió a Londres convertirse en el centro financiero de Europa. Su alianza con Reagan y Juan Pablo II ayudaron, por fin, a liberar a Europa del Este del totalitarismo comunista. Hay que ser muy valiente para hundir un país en una recesión a corto plazo cuando, ese mismo corto plazo es el que manda sobre los votos. Y hay que tener muy claras las cosas cuando se decide que con terroristas no se negocia aunque mueran diez en la cárcel fruto de una huelga de hambre.

Margaret Thatcher era una admiradora de la escuela austriaca de economía y de Hayek, otro punk de su época. Por eso, Thatcher era capaz lanzar discursos como éstos, tan impropios de políticos:

Uno de los grandes debates de nuestra época es cuánto de su dinero debería gastar el Estado y cuánto debería quedarse usted para gastarlo en su familia. Si el Estado desea gastar más, sólo puede hacerlo pidiéndole más de sus ahorros o aumentando los impuestos. Y no es una buena idea pensar que otro pagará, porque ese otro, es usted.

El legado de Thatcher no está en los detalles. Está en la transformación definitiva de la industria del país y su liberalización de la economía. Sus políticas no hicieron ningún milagro. Se llevaron a cabo con mucho sudor y mucho trabajo. Gracias a ese esfuerzo colectivo, el país resulta hoy competitivo. Su legado no es lo que hizo, sino lo que llegó después, con un laborismo renovado personificado en Blair. Ella bromeaba al respecto, en parte, cuando afirmaba que ese era el mayor de sus logros. Y eso no se lo perdonaron nunca esos punks, aglutinados en los ochenta con el pop y el rock de Morrisey y Elvis Costello, todos con el mismo póster, con sus mismos dardos, y en la misma habitación con su misma pared setentera y adolescente desde donde le deseaban la muerte. Y es que Thatcher fue mucho más punk que ellos.

Lamentable equidistancia periodística


El Artículo de 233 de la Constitución de Venezuela dice exactamente lo siguiente:

Art. 233 Constitución de Venezuela

Nos interesa el segundo párrafo:

Cuando se produzca la falta absoluta del Presidente electo o Presidente electa antes de tomar posesión, se procederá a una nueva elección universal, directa y secreta dentro de los treinta días consecutivos siguientes. Mientras se elige y toma posesión el nuevo Presidente o la nueva Presidenta, se encargará de la Presidencia de la República el Presidente o Presidenta de la Asamblea Nacional.

La “falta absoluta” quiere decir que aquél que ha sido elegido para un mandato presidencial concreto, no puede ejercerlo o se ve obligado a dejar de ejercerlo. El caso de Chávez es la única falta absoluta de la que no se vuelve. Ha quedado claro, por tanto, que los bolivarianos han optado por aplicar el tercer párrafo y no el segundo, es decir, se han saltado la Constitución que ellos mismos redactaron a su imagen y semejanza.

Pues bien, José Ángel Abad, en su reportaje desde Venzuela para Antena 3 Noticias, ha afirmado que Henrique Capriles ”ha tildado de inconstitucional” el hecho de que Maduro haya sido nombrado Presidente de Venezuela para estos próximos treinta días antes de celebrarse las nuevas elecciones. Ya desde Madrid, el presentador ha dado a entender, como Abad, que lo de Capriles es una versión. Es la asquerosa y automática equidistancia del periodismo. Lo de Capriles, como se ha expuesto anteriormente, no es una versión, sino la lectura directa y clara de la ley. Y el periodismo envía el mensaje erróneo al telespectador, como si la ley pudiera ser una interpretación de los hechos. El periodismo, en estos casos, sólo puede hacer una cosa: denunciar la ilegalidad.

Para tener perspectiva de todo lo anterior, pondré un ejemplo claro y simple. Supongamos que mato a una persona y Antena 3 entrevista a mi vecino. Éste, que es tonto, dice que a lo mejor eso de matar no es ilegal. Y van los periodistas, y afirman que, según mi vecino, a lo mejor lo que he hecho no es un delito. ¡Siguiente noticia!

Hugo Mártir


campaa_en_caracas_fb__3318Hugo Chávez no ha muerto. Ha sido asesinado. En esto ha consistido el burdo montaje del gobierno para convertir el cáncer de Chávez en veneno imperialista: los revolucionarios mueren asesinados por el capitalismo, nunca se los lleva por delante una enfermedad. Eso es de burgueses.

Chávez se sirvió de la democracia en 1999 para llegar al poder después de intentarlo en 1992 con un golpe de Estado. La Constitución Venezolana no le habría permitido seguir en el cargo más de 10 años, así que la cambió para perpetuarse. Para lograrlo, se sirvió de un mensaje de odio y del culto a la personalidad que rodea a todo populista: el poder es del pueblo y él canaliza sus voluntades. Y lo hace de tal forma que el personaje se percibe imprescindible. Así, el poder se funde con el líder y el pueblo se confunde con él hasta el punto de gritar “Yo soy Chávez” en una noche como la de ayer en las calles de Caracas. Una simbiosis perfecta con un mensaje perverso, ya que que para él, el pueblo eran aquellos que le votaban, aquellos que le seguían. El resto, son capitalistas de un sistema que hay que derrocar y, por tanto, son elementos a los que se puede eliminar. Esta delegación ciudadana de responsabilidades es lo que ha convertido a Venezuela en el país que es hoy: una tiranía que despeña al país hacia una guerra civil.

Ojalá estuviera exagerando. En una democracia, la violencia es monopolio del Estado. Chávez revocó ese monopolio y entregó fusiles al pueblo. “El pueblo en armas”, como él lo llamaba. Distintos grupos violentos que ya existían abrazaron la revolución bolivariana y el expresidente les entregó las armas. Controlan barrios enteros donde la policía no se atreve ni a entrar. Todos, sin excepción, dan por hecho que, si gana la oposición algún día, irán a por ellos. Y están dispuestos a defenderse con esas armas que ya tienen. Y a actuar antes de que eso ocurra. De esos grupos paramilitares, algunos muy radicales, han llegado incluso críticas al propio chavismo, que tiene también sus propias tensiones internas. Los venezolanos que se han ido de su país lo han hecho por la inseguridad ciudadana. Caracas es una ciudad donde la gente va de casa al trabajo y del trabajo a casa y, como mucho, a casa de unos amigos. Una ciudad donde pararse en un semáforo es jugarse la vida, y salir a determinadas horas, un auténtico suicidio. Barrios fortificados con alambres de espino y seguridad privada armada.

La abolición de la democracia

Sin embargo, el verdadero problema de Venezuela es de mucho mayor calado político. En 2004, Chávez agregó 12 cargos a los 20 del Tribunal Supremo, todos adeptos al régimen. A partir de entonces, el Ejecutivo actuó a sus anchas. Tribunales inferiores comenzaron a recibir presiones para no emitir pronunciamientos que disgustasen al gobierno, según Humans Right Watch (HRW). De hecho, una juez, María Lourdes Afiuni, fue arrestada en 2009 y pasó un año en prisión preventiva por conceder libertad condicional a un crítico del gobierno que llevaba tres años en prisión sin haber sido juzgado. Hoy, la juez está bajo arresto domiciliario. Chávez, públicamente, había exigido para ella una condena de 30 años.

Suspendió canales y medios de comunicación críticos. En el artículo 27.4 de la Ley de Responsabilidad Social en Radio, Televisión y Medios Electrónicos, se prohíbe la difusión de mensajes que:

Fomenten zozobra en la ciudadanía o alteren el orden público.

Aquella ley se ha convertido en una auténtica mordaza, como se la llamó en su momento. Aumentaron de uno a seis los canales favorables al Movimiento, donde la propaganda televisiva en torno a Chávez es absolutamente totalitaria. El culto a la personalidad y a las ideas de la revolución es nauseabunda. No se necesitan más de un par de minutos delante de ella para darse cuenta de la gravedad social que se ha construido en los últimos 15 años. Se cepilló el canal más antiguo del país, RCTV, por sus críticas a su gobierno. Así, tan sólo quedó Globovisión como medio importante. También fue a por ellos.

Nicolás Maduro, el sucesor de Chávez para las próximas elecciones que se celebrarán en un mes, dijo en 2008 que

cualquier extranjero que venga a opinar en contra de nuestra patria será expulsado de manera inmediata.

Lo dijo a propósito de la reciente expulsión de un equipo de HRW que había realizado un informe denunciando la situación de los Derechos Humanos allí.

Chávez creó un movimiento que perdurará más allá de su muerte. Un movimiento que no tiene otro objetivo que el culto a la personalidad para perpetuarse en el poder a través de la concentración de poderes manteniendo como reo al pueblo. Nunca dejarán el poder si pierden unas elecciones. Ese pueblo, ya adoctrinado, tomará las calles para que no se lo roben. Chávez ya de por sí era un icono, y ahora ha llegado el momento de mitificarlo. Y siempre es más fácil cuando se es un mártir. De ahí que se difundiera el mensaje de su asesinato por el imperialismo para, más tarde, anunciar su muerte.

Por todo lo anterior, es tan lamentable leer, por ejemplo, a Ignacio Escolar:

Como si el formalismo del voto fuera lo que define a un país como democrático. Ya dijo Tocqueville que el totalitarismo más peligroso es aquel que se disfraza de democracia. Chávez, el tirano, lo hizo a la perfección.

Israel y Palestina (I): La creación del Estado de Israel (I)


Aunque la creación del Estado de Israel es el desencadenante definitivo del conflicto hoy enquistado entre israelíes y palestinos, hay que remontarse a principios del Siglo XX para entender los motivos que provocaron que los judíos, poco a poco, se fueran asentando en Palestina. Todos esos motivos tienen un denominador común: el odio y la violencia contra los judíos, muy extendidos por toda Europa.

A lo largo de la Historia, el poco arraigo de los judíos en los países en los que vivieron les convirtieron en un pueblo dedicado al comercio y no a la agricultura, pues para ello se necesitaba un cierto apego allí donde una comunidad se establecía. Los judíos, tarde o temprano, solían ser expulsados o masacrados. Así, La violencia contra los judíos rusos de finales del Siglo XIX y principios del XX provocaron desplazamientos masivos hacia Palestina. Los discursos de Hitler, antes de llegar al poder, según el historiador Ian Kershaw, no destacaban por su antisemtismo. No porque no tuvieran el ingrediente, sino porque era un sentimiento muy extendido en la Europa de entre guerras.

Antecedentes: Primera Guerra Mundial

El acuerdo Sykes-Picot, fue un acuerdo secreto firmando por Francia e Inglaterra con la aquiescencia de Italia y Rusia para repartirse Oriente Medio, que entonces pertenecía al Imperio Otomano y que se había aliado con Alemania en la guerra. Al mismo tiempo, los británicos alentaron una rebelión del árabe Husayn ibn Ali, jerife de La Meca, que se levantó contra los otomanos. A cambio, los británicos prometían un Estado árabe desde Siria hasta Yemen, promesa que, por otro lado, no tenían intención de cumplir. Casi simultáneamente, a finales de 1917, de nuevo los británicos, hicieron público su apoyo a la creación de un Estado judío a través de la Declaración de Balfour.

Para entonces, la Rusia zarista cayó en manos bolcheviques, firmaron un acuerdo de paz con Alemania e hicieron público el acuerdo secreto Sykes-Picot. De esta manera, los árabes vieron las verdaderas intenciones británicas.

Así, se llegó al final de la Gran Guerra y el reparto de Oriente Medio quedó sellado en 1922 en la recién creada Sociedad de Naciones. Se estableció, por tanto, el Mandato Británico de Palestina.

Primeras oleadas de inmigración judía a Palestina

En 1920, la población judía en Palestina era del 10%, pero el creciente antisemitismo en Europa y el posible establecimiento del futuro Estado judío provocaron un aumento en la inmigración. En esa década, llegaron a Palestina alrededor de 100.000 judíos. Hasta entonces, árabes y judíos vivieron en paz. Pero ese incremento de población judía amenazaba a la mayoría árabe, que no querían un Estado sionista en la región. Al mismo tiempo, la Agencia Judía, embrión del futuro gobierno de Israel, compraba tierras a palestinos para asentar a los judíos inmigrantes. También lo hacían otras agencias como el Fondo Judío Nacional. Los effendi (propietarios) vendían la tierra a los judíos. Los fellah (campesinos) palestinos no poseían sus tierras que trabajaban, pero sí los árboles. Los judíos, acostumbrados a las leyes occidentales, no pensaban que al comprar las tierras no se incluían los árboles. Eso fue motivo de varios enfrentamientos y conflictos. En cualquier caso, el resultado era campesinos desplazados por la inmigración judía y el negocio de los propietarios palestinos. Así, de pronto, se encontraban sin tierra que cultivar, sin futuro y se veían obligados a vivir en ciudades donde se enfrentaban a la marginación. Este fue uno de los motivos que provocaron la Gran Revuelta Árabe de 1936.

La inmigración judía se establecía en kibutz o moshavim que, salvando alguna diferencia, consistían en comunas agrícolas. Cuando los primeros ataques árabes de los años 20 comenzaron a producirse, no tardaron en reaccionar y crearon el Haganá, unas milicias paramilitares que trataban de defenderse de los pogromos árabes y que fueron el embrión del hoy ejército de Israel. Dichos ataques se produjeron ante la mirada del Mandato, que no hizo nada por evitarlos, lo que acrecentó la sensación de impunidad de los agresores.

El origen del Haganá parte de la necesidad de comunidades judías en Rusia a finales del Siglo XIX de defenderse. Es definitiva la influencia de los Hashomer, que eran pequeños grupos que vigilaban los primeros asentamientos. Posteriormente, durante la Primera Guerra Mundial, se creó la Legión Judía, que luchó bajo el mando británico. Los judíos quisieron mantenerla activa una vez acabada la confrontación para defenderse de los ataques árabes, pero los británicos obligaron su disolución en 1919. De todo esto, en 1920, nació el Haganá. Este es el motivo por que el ejército de Israel se llama Fuerzas de Defensa de Israel. La palabra “defensa” no es peyorativo, sino que obedece a la intención original israelí, que es defender sus comunidades.

La inmigración judía se disparó cuando Hitler llegó al poder. Así, en los años 30, la población judía pasó de no alcanzar los 200.000 habitantes en 1931, a algo más de 400.000 en 1941. Saltó del 17% al 30% de población total en esa década. Las Leyes de Nuremberg de 1935, sumadas a las anexiones territoriales que Alemania hizo antes de que comenzara la Segunda Guerra Mundial, convirtieron a casi un millón de judíos en apátridas.

Los británicos veían cómo se les iba poco a poco el mandato de las manos. Por un lado, cada vez llegaban más judíos, algunos clandestinamente, ayudados por la Agencia Judía. Víctimas del miedo y del desarraigo, no tenían otro sitio donde ir. Por otro lado, los árabes exigían que los británicos restringieran aún más la llegada de judíos. La cada vez más desplazada población agraria palestina acababa, como se ha señalado antes, en ciudades donde se enfrentaban a la marginación.

La sociedad árabe dio un giro político y social hacia el conservadurismo, pues veían en el colonialismo británico y en la innovación judía una amenaza a sus tradiciones y su cultura. Todo esto derivó en la Gran Revuelta árabe de 1936, que se prolongó durante tres años. Comenzó con una huelga general y, un mes después, con la negativa árabe a pagar impuestos. Se atacaron vías férreas, oleoductos y asentamientos judíos.

Aunque en un principio se consideró la creación de dos estados, en 1939, el Mandato Británico desechó la idea y apostó por una sola Palestina unida. Limitó la inmigración judía a 75.000 en los siguientes cinco años para mantener una proporción de uno a tres. Ahora, los judíos se sentían traicionados por los británicos, pues dejaban en papel mojado la Declaración de Balfour.

La avalancha de inmigrantes víctimas del Holocausto, la creación de las Naciones Unidas y el descontrol británico en el Mandato, dieron un giro radical y definitivo al planteamiento de una sola Palestina para los dos pueblos.

Oye, que ha ganado Obama


A las 5:13 de la mañana, la NBC anunciaba que Obama se hacía con Ohio y se cerró la noche. Junto a los estados de New Hampshire, Wisconsin y Iowa, que se le habían dado ya al candidato demócrata a lo largo de la noche, a Romney se le acabaron las opciones. Aunque Florida sigue a estas horas sin saberse si caerá finalmente también de lado demócrata, este gráfico del NYT (con solo New Hampshire otorgado) muestra que si el recuento en ese Estado fuera más rápido, nos regalaría muchas horas de sueño.

Como anécdota, a las 5:15 minutos, La1 contactaba con Lorenzo Milá, su corresponsal en Estados Unidos. Supuse, como era lógico, que conectaban con él por la victoria de Obama. Me perdí las primeras palabras, pero a las 5:19, la presentadora interrumpió a Milá y dijo:

Espera un momento, que me informan en este momento que Ohio ha caído del lado de Obama.

Milá, pillado a la contra, balbuceó que eso parecía definitivo, que tendría que hacer números, pero que si había caído Ohio… En fin: la redacción informando al tipo que tienen allí para que les informe a ellos. Para cuando ocurrió esto, Obama ya había dado las gracias por Twitter cuatro minutos antes.

Generación talibán


Sharmeen Obaid ganó con el documental “Pakistan: Taliban Generation” un Emmy en 2010. En él, muestra cómo los talibán pakistaníes reclutan niños para las escuelas que controlan, en las que solo aprenden el Corán. Las familias pobres, que apenas pueden mantener a sus hijos por el hambre y la guerra, permiten que sus hijos estudien en las madrazas talibán a cambio de alojamiento y comida gratuita. Obaid investiga también cómo plantan la semilla del odio y cómo les lavan el cerebro para que cometan atentados suicidas.

Los talibán siembran el terror entre la población con sus fanáticas arengas por la radio. Dominan parte del norte de Pakistán y, el que se enfrenta a ellos, puede acabar decapitado en una plaza pública. Las niñas ya no pueden ir al colegio y las jóvenes ya no pisan la universidad. Su lugar, según adoctrinan a los niños en las madrazas, es la casa. Las pocas mujeres que hay en la calle, llevan burka. Los talibán han grabado a fuego en la mente de los niños que esta vida es transitoria, un paso más para alcanzar el paraíso. Para estos niños, es un honor explotar en pedazos.

EDITADO: Han eliminado el vídeo subtitulado en Dailymotion, así que lo he sustituido por una presentación. El anacronismo del copyright. Se puede descargar aquí.

Los candidatos a la Casa Blanca frente a Irán (y III)



Mitt Rommey

El candidato republicano ha dejado claro que no permitirá que Irán tenga un arma nuclear y añadió también el pasado noviembre que la política de Obama al respecto es el mayor de sus fracasos en política exterior.

Apuesta por apoyar a los insurgentes para lograr un cambio de régimen, fuerza diplomática, duras sanciones económicas y, en última instancia, si todo lo demás fracasa, acciones militares.

Durante las tensiones del Estrecho de Ormuz, aseguró el pasado 23 de enero en el debate en Florida, que se deberían aumentar el número de construcciones navales por año de nueve a quince:

No porque queramos ir a la guerra contra nadie, sino por el peligro que supone que alguien quiera ir contra nosotros.

Y fue más lejos:

Debemos mostrar a Irán que un acto de esa naturaleza [el cierre del estrecho de Ormuz] será considerado un acto de guerra y de terrorismo, y que América mantendrá esas lineas de marítimas abiertas.

Un mes mas tarde, en Arizona, aseguró que Estados Unidos debería comunicar claramente a Irán que considerarán tomar acciones militares para evitar que obtengan armas nucleares.

El pasado cinco de marzo, se mostró aún más tajante en la conferencia de políticas de la AIPAC (un lobby estadounidense pro-israelí) donde aseguró que Irán debería ser sancionada hasta su capitulación.

Me aseguraré de que Irán se entere bien del muy real peligro inmediato que les espera si pasan a ser una potencia nuclear.

También afirmó que

como presidente estaré preparado para comprometerme con la diplomacia, pero estaré igualmente preparado para involucrar a nuestro poder militar.

Rick Santorum

En la línea de Newt Grimwich, pero con un lenguaje más agresivo, en una conversación con un periodista el pasado noviembre, Santorum aseguró que

los científicos que trabajan en el programa nuclear, especialmente si son extranjeros, serán vistos como combatientes enemigos. Serán una amenaza para los Estados Unidos. Finalmente, trabajaría con Israel dejando muy claro a Irán que estaremos preparando un ataque militar en sus instalaciones.

El pasado enero, aseguró que

si soy elegido presidente, haré una clara declaración al gobierno iraní diciendo que, o bien abren sus instalaciones para proceder al desmantelamiento de su programa nuclear, o bien las abriremos nosotros.

Los candidatos a la Casa Blanca frente a Irán (II)



Newt Gingrich

Gingrich es partidario de lanzar una guerra cibernética contra Irán. En un post anterior ya comenté brevemente el caso Stuxnet:

Se ha especulado incluso que el ataque del gusano informático Stuxnet fue lanzado por Estados Unidos (alguno sugiere que también está el Mossad) como arma cibernética de espionaje para robar información sobre el programa nuclear iraní.

Además, ha manifestado que se deberían llevar a cabo operaciones encubiertas para eliminar a los científicos que trabajan en las plantas nucleares de enriquecimiento de uranio con objetivos militares. Defiende que el objetivo de Estados Unidos debe ser el cambio de régimen en el país,

pues si eliminamos las plantas y permitimos que el régimen continúe, las plantas volverán.

Busca el final del régimen de los ayatolás estrangulando su economía y promoviendo sanciones que quiebren el régimen. Es partidario de utilizar la fuerza militar como último recurso:

si llegamos a un punto donde los militares crean sinceramente que Irán está al borde de conseguir el arma atómica, estaría preparado para utilizar la fuerza militar.

Ron Paul

Con una postura muy cauta, un periodista de la CBS le preguntó en un debate el pasado 12 de noviembre si merecía la pena una guerra preventiva contra Irán. Paul fue categórico:

No, no merece la pena. La única forma de hacerlo sería a través del Congreso. Nosotros, como comandantes en jefe, no tomamos las decisiones de ir a la guerra. Hay que preguntar al Congreso si nuestra seguridad nacional está amenazada. Me temo que lo que está pasando ahora es algo parecido a la propaganda que se llevó acabo contra Irak.

Un mes más tarde, en las presidenciales de Iowa, aseguró que

el bloqueo contra Irán es un acto de guerra.

Los candidatos a la Casa Blanca frente a Irán (I)


Dentro de un año, en noviembre de 2012, habrá elecciones en Estados Unidos. Por el Partido Demócrata se presentará el actual presidente, Barak Obama. El Partido Republicano anda liado con sus primarias. Ahora que el ejército estadounidense retira definitivamente sus tropas de Irak, y que ha habido un notable descenso de víctimas en Afganistán respecto al año pasado (por primera vez desde 2003), despierta de nuevo la amenaza atómica de Irán, que salió de las portadas de los periódicos hace más o menos un año y regresó el noviembre pasado cuando el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) publicó una actualización de la situación del programa nuclear de Irán que determinaba que

el Organismo tiene serias preocupaciones respecto a las posibles dimensiones militares del programa nuclear de Irán. Después de evaluar cuidadosamente la extensa información disponible al respecto, el Organismo encuentra que dicha información es, en general, creíble. La información indica que Irán ha llevado a acabo actividades relevantes al desarrollo de un aparato explosivo nuclear. La información también indica que antes de 2003, estas actividades se llevaron a cabo bajo un programa estructurado y que algunas de estas actividades podrían seguir adelante.

No sabemos quién ocupará la Casa Blanca a partir de 2013 y, por tanto, no sabemos qué pasos dará la Administración estadounidense en este capítulo. Lo que sí sabemos es qué dicen hoy sus candidatos. Aquí van, de uno en uno.

Barak Obama

El actual presidente comenzó su mandato tendiendo la mano a Irán. En marzo de 2009, incluso, realizó un empalagoso discurso coincidiendo con el Noruz, el año nuevo iraní, que pretendía, al final de su alocución, dar un toque de atención a los gerifaltes iraníes, asegurando que

la grandeza no está en la capacidad de destruir, sino en vuestra demostrada habilidad para crear y construir.

En la cumbre del G20 de abril de 2009, Estados Unidos, Reino Unido, Francia y Alemania hacen pública una planta secreta de enriquecimiento de uranio cerca de la ciudad santa de Qom, confirmado posteriormente por los informes de la OIEA de finales del mismo año.

La represión tras las elecciones iraníes de junio de 2009 contra manifestantes y líderes de la oposición hizo de la diplomacia un camino difícil.

En julio de 2009, la Secretaria de Estado, Hillary Clinton, aseguró que Estados Unidos desplegaría un paraguas defensivo sobre sus aliados en Oriente Medio si Irán llegara a tener armamento nuclear.

Desde entonces, la Administración trabaja para aislar a Irán con nuevas sanciones tanto a través de las Naciones Unidas como unilateralmente. Se ha especulado incluso que el ataque del gusano informático Stuxnet fue lanzado por Estados Unidos (alguno sugiere que también está el Mossad) como arma cibernética de espionaje para robar información sobre el programa nuclear iraní.

En junio de 2010, Estados Unidos logró impulsar una cuarta resolución contra Irán en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (la tercera había tenido lugar en 2008). Poco después Estados Unidos y la Unión Europea tomaron medidas de presión unilateralmente.

Desde el informe de noviembre de 2011, las medidas tomadas han sido más drásticas y tienen como objetivos el sector petroquímico iraní y su sistema financiero, incluyendo su Banco Central. Aunque aboga por la diplomacia, no descarta la opción militar, tal y como declaró el Secretario de Prensa, Jay Carney el 7 de noviembre:

Estamos centrados, como he dicho antes, en la diplomacia. Por supuesto, nunca quitamos de la mesa cualquier opción en una situación como esta. Pero estamos centrados en la diplomacia, pensamos que eso es lo apropiado, y que nuestra postura tiene un efecto, un efecto positivo, en los términos de presionar y aislar a Irán que antes he apuntado.