Empatía por las bestias


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Vuelven los toros a San Sebastián, con monarquía del brazo y hierve la sangre abertzale. En la concentración de hoy contra los toros se ha escuchado “fuera monarquía”, “los Borbones a los tiburones”, “la tortura no es arte ni cultura”, “Con un poco de suerte, mañana funeral”, “PNV, español”, “Independencia” y “vosotros fascistas, sois los terroristas”. Como se puede ver, todo muy antitaurino, lo que demuestra el evidente carácter político de la prohibición de Bildu hace dos años.

Hay que tener cuajo para que esta pandilla llame terroristas a los demás. Ellos, que se han encargado durante décadas de sembrar el miedo en el País Vasco, que han apuntado con el dedo a sus propios amigos para que ETA los ejecutara. Ellos, que han vaciado cargadores en las urnas, que con cada voto a Batasuna han metido una bala en la recámara de los terroristas. Ellos exclaman contra las tortura de los animales; pero no apreciaron lo mismo en las 48 horas de Miguel Ángel Blanco o en los 532 días de Ortega Lara. Ellos, que han gritado “¡ETA mátalo!” hasta quedarse sin voz. Ellos, que no solo no han callado, sino que han vitoreado a los asesinos, que les ponen plazas, parques, calles y placas. Ellos, que han forzado el vacío a los valientes hasta que los han expulsado, que han proclamado la muerte civil de cientos de miles de vascos. Ellos, incapaces de sentir respeto por las vidas de hombres y mujeres que pensaban diferente, que han volado por los aires el futuro de tantas familias. Ellos, que jamás han condenado la muerte de un ser humano, se atreven ahora a dar lecciones morales. Tan solo son capaces de sentir empatía por las bestias. Con razón, por sus semejantes.

Sin democracia en Europa


Los periodistas nos informan con frecuencia del camino a la socialdemocracia del discurso de Podemos, aunque con menos reiteración insisten en su capa de pintura. El mensaje de Pablo Iglesias es el recado que deja en pequeñas conferencias, en presentaciones de libros. Ocurrió el pasado 16 de julio en la presentación del libro de Manuel CastellsRedes de indignación y esperanza.

El secretario general de Podemos dice que lo ocurrido entre la Troika y Grecia recuerda al Tratado de Versalles. Ha sido una comparación recurrente por parte de los que, sentimental e ideológicamente, simpatizan con el gobierno griego, dejando de lado lo más importante: que el Tratado de Versalles reclamaba a Alemania y a sus aliados la responsabilidad moral y material del estallido de la Primera Guerra Mundial y establece condiciones de desarme, territoriales y económicas a los perdedores. Grecia, sin embargo, está negociando con sus acreedores un nuevo rescate.

Con el mismo baremo, si todos los estados de la Troika hubieran decidido, por referéndum, sobre el préstamo, todavía hoy se estarían celebrando consultas, Grecia estaría quebrada, sin posibilidad de financiación y el resultado en alguno de los países habría sido contrario a un tercer rescate. En la presentación arriba comentada, Iglesias asegura que

Los instrumentos de los estados son tan pequeños que no hay democracia en Europa. Y la democracia es incompatible con una moneda única europea que controla el BCE que no responde a controles democráticos. (…) El capitalismo es irreformable y ontológicamente abyecto como sistema de organización de la economía.

Tsipras, por tanto, no ha podido hacer otra cosa que llevar la contraria al resultado del referéndum porque cualquier otra solución era peor. Afirma Iglesias que eso no lo convierte en traidor. El líder de Podemos habla de política, de falta de sentimiento democrático de los europeos y ni menciona en algo mucho más sencillo: el principal y más acuciante problema de Grecia es económico y necesita de sus acreedores para vivir.

La convocatoria de elecciones del gobierno griego, dice Iglesias, son un nueva lección de democracia a Europa. Es necesaria la derivada enlazada con su discurso: “claro que no hay democracia en Europa”. Mientras el líder de Podemos siempre ve intereses ocultos en los movimientos ajenos, en todo aquello con lo que él simpatiza sólo observa lecciones morales, lecciones democráticas, lecciones éticas, lecciones, al fin y al cabo. Se coloca, así, un escalón por encima de quienes no están de acuerdo con sus afirmaciones. Aquí subyace la raíz de la radicalidad de su discurso: no contempla la posibilidad de que alguien que no piense como él sea demócrata. Y vaya, que todas estas lecciones nos lleguen de un declarado admirador del Comandante Chávez, no deja de tener su gracia.

Domingos al sol


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El 11 de septiembre de 1904 entró en vigor la Ley sobre el descanso dominical, que prohibía trabajar los domingos. Fue un logro de la clase trabajadora con el que estaba de acuerdo la Iglesia, pues así se guardaban el día del Señor. Cerraban comercios, periódicos, ministerios, etc. Quedaban fuera la ley los espectáculos de teatro, las corridas de toros, las tabernas, la siderurgia y la metalurgia, que tenían como descanso un día distinto de la semana. Los trabajadores que cobraban por hora trabajada se mostraron en contra, pues quedaban así sin su jornal.

El Imparcial recogió impresiones de lectores de toda España. La mayoría de ellos denunciaba que promocionaba la holganza. Pedro Sánchez, herrero mecánico, decía que

Obligado a holgar, no sé qué hacer de mi tiempo durante el domingo. Si estuvieran abiertas las bibliotecas públicas, iría a entretenerme leyendo, ya que mi pobreza me impide comprar libros. Pero las bibliotecas están cerradas. Si los organizadores del descanso forzoso hubiesen organizado conferencias públicas, de amenidad y cultura, iría a oírlas. Pero esas conferencias no existen. Si para satisfacción espiritual de los ciudadanos se celebrasen conciertos populares gratuitos, sería asiduo concurrente a tales fiestas. Pero no hay conciertos, ni se ha preparado ninguna fiesta semejante. ¿Pasear? Lo hago un rato, pero no hemos de estar paseando todo el domingo. ¿Qué hago, pues? Voy a una taberna a jugar al mus con varios paisanos. No es el ideal, ni mucho menos; pero el aburrimiento obliga a ello.

Castor Badiola, propietario de una bodega en la calle Valverde, 6, también criticó la Ley:

¿Que qué hice el domingo? Pagar a mis tres dependientes el jornal, 30 reales próximamente, y mandarlos a descansar; yo me quedé al cuidado de la tienda cerrada para hacer cumplir la ley a los cacos; por este procedimiento pago al año 1100 pesetas de gastos y no puedo utilizar mi tienda para nada. ¿Qué tal le parece a usted?

El PSOE se alarmó por el aumento de consumo de espirituosos en las tabernas. Y es que no llueve progreso a gusto de todos. Hoy, el alcalde Ribó, el de Valencia, declara que los domingos “no son para comprar”, que pretende disminuir las zonas de libertad de horarios y nos invita a ir a la playa, a un acto cultural o para que los que van a misa, vayan a misa. Establece Ribó una sensible (pero notable) distinción entre los que van a la playa, a un acto cultural y los que de misa. Da, bien por supuesto, que no todos acuden a la iglesia. Pero que se asombre el señor alcalde: tampoco todos van a la playa ni a actos culturales. Es lo que tiene la libertad.

¿Por qué un domingo no es para comprar? ¿Porque lo dice Ribó? Una cosa es que la gente no compre los domingos y otra que no pueda porque todo cierra por imperativo legal. No sé qué problema tiene esta gente con la libertad. No sé qué problema hay en que un tendero abra su negocio de acuerdo con las horas libres de sus clientes. Hoy se requiere esa flexibilidad. Y mientras se garanticen los derechos de los trabajadores, no entiendo la marea. No comprendo qué diferencia hay entre un puesto de trabajo en un bar, restaurante o cine, y una tienda. ¿Qué ven distinto? ¿Ocio? En cualquier centro comercial vemos cómo las compras forman parte de ese ocio. Las tiendas online abren las 24 horas y cada vez tienen mayor penetración; ¿las van a acusar de competencia desleal? No se puede ir de moderno y pisar el siglo XXI con sandalias del siglo XIX.

Ribó dice que eso de la libertad de horarios sólo pasa en Andorra y en algún que otro sitio. Ese “algún que otro sitio” es casi toda la Unión Europea, Estados Unidos, Canadá… También que “la cultura Mediterránea se ha de mantener”. No sé si se refiera a la holgazanería que denunciaban nuestros bisabuelos o a que esa cultura comenzó en una taberna en septiembre de 1904.

De orden público


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Defiende Ada Colau a Artur Mas de las palabras de ayer de Rajoy:

Plantear la democracia como una cuestión de orden público genera tensión innecesaria. (…) La democracia es que la ciudadanía pueda ejercer su derecho a decidir y que esto no debería ser un problema.

Sus dos frases resumen el problema fundamental de la alcaldesa de Barcelona: La democracia lo es todo sobre orden público, de eso trata, precisamente, la convivencia pacífica; del respeto a las leyes. La reducción a lo absurdo de la alcaldesa equivale a culpar a la víctima del asesinato o a la violada por provocar. Su minifalda genera tensión. No, oiga. No genera tensión quien cumple la ley, sino quien se la salta. Y eso, a pesar de la retorcida panorámica de la alcaldesa, es una cuestión de orden público. Es por eso que hemos cedido el monopolio de la violencia al Estado: para movernos dentro de los límites de las leyes y para perseguir a quien actúa fuera de ellas, incluidas las que no le gustan a Colau, que confunde con demasiada frecuencia su papel de regidora con el de militante de la calle.

Por otro lado, por supuesto que en democracia la gente tiene derecho a decidir. Para eso están las elecciones. Eso, y no otra cosa, es decidir sobre el futuro. Lo que los nacionalistas y Colau llaman ‘derecho a decidir’ no es un derecho individual, tampoco está recogido en la Constitución Española. Es un eufemismo amable del ‘derecho de autodeterminación’. No hace falta entrar en detalles técnicos para aclarar que la soberanía nacional reside en el pueblo español y que, por tanto, una parte no puede decidir sobre el todo. Nadie obliga a un nacionalista a sentirse español, a lo que sí está obligado es a cumplir la ley. Pero con un presidente como Mas y una alcaldesa como Colau, dispuestos saltarse las leyes que no les gustan, uno por maldad, la otra por estulticia, siempre encontrarán una justificación para no hacerlo. Y los culpables serán ellos.

Todos éramos intrusos


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Si hubiera cerrado el Comercial hace 100 años, las tertulias no se habrían quedado huérfanas. Sólo en la misma glorieta de Bilbao, donde cierra la verja del Comercial, estaba el Café La Campana, de donde era asiduo Manuel Machado. Y cruzándola, el Café Europeo, donde también se celebraran tertulias literarias y taurinas.

Cierra el Comercial y abren las penas de los madrileños. De los que quedaban en la puerta pero no consumían. De los que se tomaban la última copa del año. Con clientes así no hay negocio. Sus amplios ventanales se han convertido en improvisados muros de post-it de corazoncitos en lo que parece una campaña orquestada por la morriña ciudadana. Muchos de los que los pegan quieren que siga abierto porque abrió en el siglo XIX, pero la caja no vería sus euros. Esos corazones vintage reclaman que es parte de nuestra historia, que Madrid se muere ante nuestros ojos, que se nos va algo de nuestras vidas o, cómo no, que Carmena haga algo. Un romanticismo nostálgico trasnochado. Si quieren hacer algo, que compren todos los días el periódico al kioskero de enfrente, que seguro venderá menos a partir de ahora.

Llevaba tantos años abierto que, de una manera u otra, todos tenemos algún recuerdo asociado a él. Y comprendo la emoción de los asiduos pero, ¿este ataque de morriña colectiva? Es como si, de pronto, nos consideráramos la guardia del café del retrato que le hizo Camilo José Cela:

El público de la hora del café no es el mismo que el público de la hora de merendar. Todos son habituales, bien es cierto, todos se sientan en los mismos divanes, todos beben en los mismos vasos, toman el mismo bicarbonato, pagan iguales pesetas, aguantan idénticas impertinencias de la dueña (doña Rosa), pero sin embargo, quizá alguien sepa por qué, la gente de las tres de la tarde no tiene nada que ver con la que llega dadas las siete y media; es posible que lo único que pudiera unirles fuese la idea, que todos guardan en el fondo de sus corazones, de que ellos son, realmente la viaje guardia del café. Los otros, los de después de almorzar, no son más que intrusos a los que se tolera, por no en los que se piensa. ¡Estaría bueno!

A putes


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Manuela Carmena fue noticia la semana pasada por invitarnos a reflexionar sobre las causas por las que los hombres se van de putas. Utilizó frases como “terrible crimen de la esclavitud sexual”, “hay que entender la sexualidad desde la cultura de los cuidados”, o “hay que reflexionar sobre cómo es posible que tengamos modelos sexuales que puedan hacer disfrutar a algunos con el dolor de otros”. Me parecen lugares tan comunes como desnortados cuando se trata la prostitución.

El doctor Francisco Traver apunta a la naturaleza y a la diferencia entre hombres y mujeres en los motivos por los cuales existe la prostitución en su artículo ¿Putas o esclavas?:

Lo cierto es que en el sexo el que paga es siempre el hombre y la que recibe el dinero es siempre la mujer (u otro hombre). ¿Por qué se produce este fenómeno tan asimétrico? (…) porque los hombres tienen más necesidades sexuales que las mujeres y además de eso se excitan con desconocidas, enteras o a trozos y buscan parejas nuevas y esporádicas. Pero ahí no acaba la cuestión sino que además los hombres buscan el sexo anónimo mientras que las mujeres sienten el sexo anónimo como una amenaza. Sexo anónimo significa tener sexo con alguien sin compromisos de ningún tipo, aquí te pillo aquí te mato y después adiós. Esta es la asimetría fundamental, así son las cosas, es por eso que existe la prostitución.

Esto no quiere decir que todos los hombres se vayan de putas, lógicamente. Existen límites morales, racionales, privados.

Huelga decir que la trata de mujeres y la explotación sexual son delitos execrables. Ahí no está el debate. La cosa cambia cuando se trata de una mujer (o en menor medida un hombre) que decide, libremente, dedicarse a la prostitución.

Los lobbies feministas tienen más organización y más poder de presión que los colectivos que se dedican a defender los derechos de las prostitutas. El feminismo actual considera que una prostituta es víctima de una sociedad patriarcal que la obliga, sin otra salida que la desesperación, a alquilar su cuerpo por horas. La ven, por tanto, como una esclava. Lucha por sus derechos (y aquí está su error) sin preguntar: sabe mejor que ella por qué hace lo que hace.

El feminismo, como lobby ideológico, tiene su agenda y utiliza cifras escandalosas sobre la trata de mujeres y la explotación sexual. Afirman que un 90% de las prostitutas trabajan obligadas. El Colectivo Hetaira, dedicado a la defensa de los derechos de las prostitutas y de la normalización de su trabajo, declara que esas cifras están hinchadas y que, además, no se cuenta con su organización cuando se tratan temas de prostitución. El baile de cifras es natural: ¿cuánto apoyo recibirían las reivindicaciones del feminismo si el 10% de la prostitución fuera forzosa?

El hilo patriarcal es el conductor del nuevo feminismo que, como movimientos ecologistas, ha pasado de defender posturas razonables a posturas radicales. Esto se produce porque en el proceso de la defensa de posturas lógicas se crean estructuras más o menos poderosas, más o menos fuertes, para las reivindicaciones. Cuando se logran los objetivos, o cuando se logran casi todos, o se buscan nuevos horizontes o se desmantela el chiringuito. Rara vez ocurre lo segundo. Decía que el hilo patriarcal es el conductor del feminismo actual. Se demuestra con los lemas proabortistas donde se reivindica a la mujer como dueña de su cuerpo para hacer con él lo que crea conveniente. Sin embargo, cuando se trata de la prostitución, se pretende que se multe al consumidor porque la mujer es víctima del sistema. Así, ven en la prostitución una forma de violencia contra la mujer. No conciben, pues hay límite ideológico, que una mujer decida con total libertad sobre cómo ganarse la vida de una forma que ellas consideran denigrante.

Es posible que el feminismo tenga razón y que no sea la forma más edificante de ganarse la vida. El problema es que choca contra la libertad individual y contra la realidad. Un ingrediente que se le elimina del debate es el dinero: no es lo mismo ganar 10 euros la hora que 100,150 o 200. Y eso es clave para determinar que hay mujeres que, libremente, decidan dedicarse a la prostitución. Como señala Silvia García, de Hetaria:

La prostitución es una estrategia de supervivencia económica. Es una decisión que suele tomarse por dinero, porque compensa el tiempo de dedicación con la cuantía que se obtiene. Muchas de ellas, la mayoría, han tenido otros trabajos, pero que tampoco estaban exentos de precariedad, un montón de horas de trabajo, por ejemplo en el trabajo doméstico, en los cuidados, como dependientas… por un salario mísero.

Señala que es en el salario donde encuentran la libertad.

La Barcelona de Robespierre



“Puesto que la patria debe vivir, Luis debe morir”, dijo Robespierre en su primer discurso sobre el juicio contra el rey Luis XIV el 3 de diciembre de 1792. Paradójicamente, el francés no era partidario de la pena de muerte, aunque pensaba que debía hacerse una excepción monárquica. Tampoco era amigo de pillajes y turbas, pero si tenían que producirse en nombre de la causa justa de la revolución, no sería él quien las impediría.

Hay un cierto tufillo jacobino en aquellas palabras de Ada Colau sobre leyes injustas que no tiene intención de cumplir. Pero ya no quedan revolucionarios como los de antes. Ahora, en vez de guillotinar borbones, las autoridades barcelonesas retiran el busto del que ya no es nuestro monarca en actos simbólicos de salón, para crear un grupo de estudio que decida o sugiera qué poner. Mi humilde aportación es que respeten el Art. 85.2 del Real Decreto 2568/1986 por el que se aprobó el Reglamento de Organización, Funcionamiento y Régimen Jurídico de las Entidades Locales que dice que

En lugar preferente del salón de sesiones estará colocada la efigie de S. M. El Rey.

Ay, estos revolucionarios posmodernos. Tan hijos del capitalismo, sin riesgo para su aburguesamiento. En cuanto quieren algo, crean un grupo, un comité o una asamblea en nombre del pueblo. Y deciden ellos, también, en nombre del pueblo. Se han acostumbrado a lo simbólico porque ya nadie se mancha las manos. Como aquel escritor catalán, Jair Domínguez, que disparó en TV3 a una diana con la caricatura de Juan Carlos I después de vomitar “esta monarquía española tan cutre“.

La decapitación de Su Majestad no se debe a que no sea ya jefe del Estado, como han justificado. Esa es la excusa, la puerta abierta para el show republicano. De lo contrario, habrían esperado a tener un busto a mano de Felipe VI para sustituirlo de inmediato.

Al representante de ERC, Alfred Bosch, se le ha colado su pata nacionalista cuando ha sugerido que sea sustituido por “una efigie que represente el único soberano, que es el pueblo catalán”. Será el barcelonés. Pero lo putrefacto ha llegado con la celebración de Josep Garganté, de la CUP:

Mostramos nuestra mayor satisfacción por la retirada del antiguo jefe de los torturadores, tal y como dijo el compañero Arnaldo Otegi, preso político vasco.

Es una prueba de que el discurso de ETA está en las instituciones, y no sólo en las vascas y en las navarras. Para este tipo, que representa a todos los barceloneses, Otegi está injustamente encarcelado y compañeros suyos, asesinos la mayoría, son también presos políticos torturados. Es posible que este indeseable se parapete en la libertad de expresión para defender su bajeza moral. La misma que callaban con pistolas sus amigos terroristas. Debe de ser de los que defienden la libertad sólo para su propio interés, como demostró al impedir el ejercicio de libertad de información, reventando una cámara de TV3 en la huelga general del 29 de septiembre de 2010 por la que fue condenado a pagar 5000 euros en febrero de 2012.