El Chelsea como ejemplo a no seguir


El Chelsea, campeón de la Europa League 2011-12.

Llamativo inicio de la crónica en As sobre la victoria en la final de la Europa League del Chelsea sobre el Benfica. El periodista Guillem Balagué asegura que mereció ganar el Benfica -no lo niego, no vi el partido- pero que, si no ocurrió así es porque el Chelsea sabe competir. En el primer párrafo no he podido evitar las comparaciones mentales con el Madrid y Mourinho. El periodista asegura que con el fútbol que practica el equipo inglés, “sus victorias se olvidarán” y, esto es lo más llamativo, asegura que

(…) de repente se debe hablar de la era Abramovich como una época exitosa. Seguro que Roman no ha mostrado el camino a seguir (más a menudo, el que no hay que seguir) (…).

Está claro, como asegura el periodista, que el camino a no seguir es el del fútbol que se maneja bien en su área para defender, el decisivo a balón parado en área contraria. El camino a no seguir, aunque no lo dice, es el de la chequera mercenaria porque, según parece, así no se hacen equipos ganadores. Al fin y al cabo,

al Benfica le faltó marcar en las múltiples ocasiones que tuvieron sus delanteros, que es cosa de una maldición histórica, que tuvieron más posesión, que merecieron ganar, incluso por puntos.

Como vemos, no es que el Benfica no gane, es que plantea una tragedia griega contra el destino. Pero mi intención en esta breve entrada es destacar el mal camino señalado por Abramovich desde 2003, rodeado, supongo, de pésimos consejeros. Así que me voy a asomar al palmarés del Chelsea.

Torneos domésticos
Ha ganado cuatro ligas, tres de ellas con Abramovich.
También ha ganado siete copas, cuatro desde que llegó el ruso.
Tiene cuatro Copas de la Liga, dos desde 2003.
Y tiene otras cuatro Community Shield, dos de ellas, también con Abramovich.

Torneos internacionales
Tiene una Champions, lograda con el ruso; la reciente Europa League, culpa del ruso también; dos Recopas, torneo que dejó de celebrarse en 1999, por lo que el ruso nunca podrá ganarla; y una Supercopa de Europa.

Además, y esto en un club como el Chelsea debe considerarse un éxito, alcanzó una final de Champions. Sí, también con el ruso. Además, tiene la posibilidad, este verano, de ganar otra Supercopa.

Esto quiere decir que, desde que llegó Abramovich con su talonario hace diez años, el Chelsea ha ganado 11 de los 19 trofeos domésticos de sus vitrinas y 2 de los 5 internacionales, eso sí, los dos más importantes.

Pero recuerden, no es el camino a seguir.

En defensa de Mourinho (I)


Mayor Oreja, Savater y Redondo Terreros.

Mayor Oreja, Savater y Redondo Terreros.

Año 2001. El PP vasco y el PSE están más cerca que nunca el uno del otro en su lucha contra el terrorismo con Mayor Oreja y Redondo Terreros a la cabeza. En un acto de la plataforma ‘¡Basta Ya!’ del 24 de abril en la Kursaal, antes de las elecciones del mismo año, hay una imagen que produce urticaria en no pocos socialistas. Aparecen los dos líderes políticos vascos flanqueando a Fernando Savater. Años más tarde, Patxi López calificó la imagen como “nuestra esquela”.

Tras los resultados de las elecciones vascas celebradas en mayo, los socialistas mueven fichas de un plan B previamente trazado que cuenta con la aprobación del entonces líder de la oposición, Zapatero, cuyo objetivo consiste en forzar la dimisión de Redondo Terreros. El acoso y derribo lo urde meticulosamente José Blanco. Para ello, juega un papel clave la prensa cercana a los socialistas. El periodista José María Calleja da cuenta de ello en su libro Héroes a su pesar. En la entrevista que hizo Carlos LLamas a Terreros en la Cadena SER denuncia que

el tono interrogatorio con el que golpeó una y otra vez en las cejas del todavía líder socialista vasco, es una expresión acabada de la postura de algunos periodistas madrileños respecto de la posición representada por Redondo Terreros.

El enlace entre los dos partidos era ¡Basta Ya!, pues había trabajado duramente para una estrategia común que desbancara al PNV del poder (que tan sólo tres años antes había llegado a un pacto con ETA) y para que se trazara una estrategia política común contra el terrorismo. Por tender puentes, ¡Basta Ya! también fue objeto de duros ataques. Puede dar cuenta de ello Carlos Martínez Gorriarán, hoy diputado por UPyD y entonces portavoz de la plataforma, que siempre ha denunciado la dura entrevista a la que le sometió Iñaki Gabilondo en comparación con las balsas de aceite preparadas para los líderes del PNV.

En julio, Redondo Terreros asiste a una comida en La Moncloa, invitado por Aznar. Informó antes y después a Zapatero. Le acompañan su padre, histórico líder sindical Nicolás Redondo, y Enrique Múgica, Defensor del Pueblo, socialista. La comida no trasciende a los medios, pero se filtra en noviembre.

El socialista Nicolás Gutiérrez me respondió en una conferencia cómo los mismos que habían sostenido a Redondo Terreros, apoyaron sin problemas el nuevo rumbo del partido con Patxi López. “Se cambiaron de chaqueta sin problemas ante el estupor de unos pocos, que hemos seguido con Nicolás y que, por ello, hemos sido marginados”. Años después, el PSE le invitó a irse del partido. Lo que hizo fue irse del País Vasco.

Con ese halo de traición que transmitían los medios cercanos al PSOE, la continuidad de Redondo Terreros era cada vez más complicada. Los medios que antes le habían apoyado, igual que los políticos, trataban de hundirlo. Como todo buitre, se entró en el ámbito doméstico. Se aireó que tenía en su casa a una mujer inmigrante en situación irregular. Resultó ser falso: no era inmigrante, sino natural de Vizcaya y, además, estaba dada de alta en la Seguridad Social. Zapatero no puede decir lo mismo de aquellos años.

Pero lo que acabó con Redondo Terreros fue la invasión de lo personal y lo familiar. Continúa Calleja:

Se empezó a hurgar en las condiciones en las que se había realizado la adopción de la hija de matrimonio Redondo Terreros. No había ni atisbo de irregularidad, la adopción (…) de Susana se había hecho conforme a la ley, pero la elección de ese asunto reflejaba el empleo de métodos cainitas, certificaba la voracidad de sus enemigos tan cercanos y hacía caer en la red grasienta de las explicaciones sobre lo obvio y normal a quien se le ha puesto el foco encima, hasta achicharrarle.

Expulsada


El 20 de mayo de 2009, La Nueva España publicó una entrevista con Maite Pagazaurtundúa. Cuando le preguntaron si había menos miedo en la sociedad vasca, ella respondió:

Hay una parte importante con cierta pasividad. Tanto, tanto miedo ya no hay; programas de humor como «Vaya semanita» no hubieran sido posibles hace años. Hay todavía mucho miedo, pero se va avanzando.

En ‘Vaya semanita’ hacen gags sobre ETA como éste:

La Siete, que pertenece a Telecinco, lo emite todas las mañanas de lunes a domingo. No soy de ver realities, pero el timeline de Twitter tiene la peculiaridad de que tan pronto se recibe un enlace con una conferencia de Von Misses, como un tuit diciendo que una concursante de Gran Hermano, llamada Argi, ha tenido la lamentable ocurrencia de meter la pata en voz alta y asegurar que la única manifestación a la que ha ido ha sido a una “para que vuelva ETA”. Mostró su arrepentimiento inmediato, consciente de su barbaridad, pero acababa de firmar su sentencia.

La Asociación de Víctimas del Terrorismo protestó al hacerse eco del malestar de algunos de sus asociados, escuchó el sincero arrepentimiento de la concursante y publicó esto en Twitter:

Disculpas aceptadas por los agraviados, no parece que debiera haber pasado a mayores. Pero para entonces, la maquinaria de las redes sociales había puesto en marcha el imparable rodillo de la opinión pública. No sé en qué momento se anunció su expulsión, pero si el programa optó por mantener a la concursante en la casa un rato más del necesario, aprovechó el desafortunado comentario de Argi en nombre del share. Telecinco, los mismos que emiten ‘Vaya semanita’ todas las mañanas, decidió finalmente expulsar a la joven.

En cualquier caso, no es descabellado pensar que a Telecinco se le haya pasado por la cabeza lo sucedido con ‘La Noria’ en noviembre de 2011, cuando el programa pagó a la madre de El Cuco, uno de los presuntos asesinos de Marta del Castillo, para que concediera una entrevista. Las protestas no se hicieron esperar, el público presionó a las empresas anunciantes, desde Mercedes hasta El Corte Inglés, y éstas retiraron su publicidad del programa, que no fue capaz de sobrevivir.

Captura de pantalla 2013-05-03 a la(s) 05.08.33Una parte de la prensa online, por su parte, no ha tenido demasiado decoro. Me ha llamado la atención la violencia de este titular tan utilizado: “ETA irrumpe en Gran Hermano”. El titular, una vez confirmada la expulsión, ha sido cambiado en El Mundo y El País, por eso la captura de la izquierda. Quizás deberían cuidar más la elección de los verbos, pues ‘irrumpir’ ha sido casi siempre el utilizado para referirse a los asesinatos de ETA en campaña electoral.

ETA irrumpe

Anábasis

Reblogueado desde defensasiciliana:

Cuenta Jenofonte, el primer madridista de cuya remontada se tienen noticias, la historia de ésta en su Anábasis. Hoy su análogo sería la libretilla azul donde Mourinho apunta sus inescrutables jeroglíficos, sus líneas y geometrías misteriosas, disposiciones tácticas y la lista de la compra que le encargó su mujer. En la Anábasis se relata la excursión de unos cuantos hoplitas griegos al interior del imperio Persa en busca del botín que el príncipe Ciro les había prometido a cambio de que con sus espadas y lanzas le aupasen al trono de su hermano Artajerjes.

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Pedagogía


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Y luego dicen que la enseñanza va mal… Yo, sinceramente, jamás he visto a los alumnos aprender tantas cosas:

El mes pasado Beatriz Talegón twiteó el siguiente video, titulado ‘Un corto recortado’. Vayan al minuto 14, donde los alumnos cantan un alegre rap que resume bien los minutos anteriores.

Es éste un documental ameno, ligero y lleno de vida (sobre todo de vida infantil) que, si bien no está maravillosamente interpretado por los profesores que lo protagonizan, al menos no pretende ofender a nadie, según dice, sino hacernos echar unas risas. Niños que se pelean por un único ordenador portátil, clases que se llenan hasta reventar la puerta en jocoso homenaje a los Hermanos Marx, alumnos que comparten varias veces una misma tira de papel higiénico manchada de caca y otras cosas igualmente desternillantes se desarrollan a lo largo de la trama. Sin embargo no todo es humor en él, puesto que se predicen cosas muy serias. Pudiera decirse que se quiere denunciar una verdad tan clara y evidente que resulta imposible que ofenda a nadie; es más, ya era hora de que por enésima vez nos la descubrieran: con tanto recorte la enseñanza pública se va al garete.

Solo que ahora se introduce una importante novedad: esta vez son los propios niños los que inocentemente piden estas cosas al Gobierno (difícilmente puede creerse que se las estén pidiendo a Rubalcaba, aunque a lo mejor lo están haciendo, porque son niños e inocentes). ¡Señores, deberíamos estar todos rasgándonos las vestiduras al permitir que se les haga semejante daño (léase recortes) a los niños de Teruel! Y, efectivamente, es para rasgarse las vestiduras…

Decía don José Lasso de la Vega, que en algunos lugares de la antigua Grecia existió entre los maestros la tradición de raptar a sus discípulos. De la misma manera, un selecto grupo de profesores turolenses parece haber recuperado esta costumbre apoderándose, supongo que con el consentimiento de los padres, de estos pequeños y afortunados discípulos para derramar sobre ellos el conocimiento de lo que todo el mundo sabe que es bueno (la financiación estatal) y aborrece como malo (los recortes). No me cabe duda de que además lo han hecho con el mismo amor y respeto que sentían los antiguos griegos por sus discípulos. Pero desde luego lo que han demostrado amar por encima de todas las cosas es un tipo de verdad, la suya, que parece justificar cualquier método de enseñanza, incluido el adoctrinamiento ideológico utilizando, forzando, abusando, violentando de semejante manera el pensamiento todavía inocente de unos cuantos pequeños… ¡qué digo unos cuantos, de un colegio entero!

Quizás esta comparación pueda parecer un pelín exagerada… En cualquier caso, quisiera aclarar que yo también me encuentro muy lejos de querer ofender a nadie, y menos aún a este grupo de profesores. Es más, estoy seguro de que ellos saben muy bien lo que están haciendo, pues ya son mayorcitos. Quisiera, eso sí, agradecerles que nos hayan ayudado a enterarnos de una verdad tan evidente.

Enhorabuena.

Thatcher la punk


Johnny Rotten, vocalista de los Sex Pistols.

Johnny Rotten, vocalista de los Sex Pistols.

Cuando Pink Floyd estaba a dos cafés de cambiar las drogas por los láser, rondaba por la tienda de Malcom McLaren un flacucho John Rotten de pelo verde, con una camiseta de aquel grupo donde había escrito a mano las palabras “I hate”. El Punk nació como un movimiento de descontento social en el que todo valía. El Reino Unido era un país paralizado por las huelgas. Hasta los enterradores tuvieron la suya. Se necesitaba un brusco giro de timón porque nadie era capaz de ver un futuro.

Musicalmente se acababa, de una vez, con el virtuosismo de dos minutos de solo de guitarra, los ocho minutos de canción casi en trance. El punk permitía ir al grano: gritar en poco más de dos minutos lo que a cualquiera le saliera de la gutural, supiese o no cantar, fuera o no capaz de acertar tres acordes seguidos en una guitarra desafinada. El golpe y el empujón eran el recurso estético salvaje, un teatro que el público se tomó demasiado en serio. No había futuro y no creían en un futuro, hasta el rock les había traicionado. El punk presentaba una imagen de ruptura absoluta: ya no había modas, ni en ropa ni peinados y, sin quererlo, crearon su propia estética, algo que cabreó soberanamente a los pioneros pues, de pronto, se vieron engullidos por esa imagen que ellos mismos habían creado… y con la que, por supuesto, no podían estar de acuerdo. El punk había creado esa estética de apocalipsis nuclear tan recurrida en el cine.

Como hoy no hay nada más conservador que las vanguardias, el punk necesitaba ese póster en la pared adolescente donde apuntar sus dardos. Así que cuando llegó al poder una punk como Margaret Thatcher, que en su etapa como secretaria de Estado de Educación y Ciencia en el gobierno conservador de Heath había eliminado el vaso de leche gratuito a los niños de siete a once años -en una medida que le obligó el Tesoro a tomar- y que se ganó, además del odio, el apodo de ‘Margaret Thatcher, milk snatcher’ (la roba leches), encontraron en ella su rostro perfecto sin darse cuenta de que era uno más de ellos.

thatcher-punk-460-300x200Thatcher sabía que el Reino Unido estaba estancado, y compartía el lema punk del “no hay futuro”. Así que salió del antro para ponerse a trabajar. Sus mensajes eran claros y directos, unos ganchos punk que ahorraban calificativos. Dos minutos para decirlo todo eran suficiente para no enredarse en la clásica verborrea política. Provocó una recesión para controlar una inflación que campaba a sus anchas por las gráficas, lo que llevó a un considerable aumento del paro. Frenó los últimos coletazos de la dictadura argentina al responder al ataque sobre las Malvinas, una dictadura que habría durado más sin la intervención británica. La rápida victoria en la guerra y la desintegración de la izquierda entre moderados y radicales -que llegaron a las elecciones de 1983 con un manifiesto que fue calificado como ‘La nota de suicidio más larga de la historia’- le otorgaron una nueva victoria política. Mientras el laborismo se buscaba a sí mismo, en 1984 comenzaron las fuertes movilizaciones sindicales del carbón. Lo sindicatos se habían llevado por delante al gobierno de Heath y al posterior laborista de Callahan, y ella no estaba dispuesta a que algo así volviera a suceder. No porque no le pudiera suceder a ella, sino porque no estaba dispuesta a que su país cayera, de nuevo, en aquel agujero punk de queja y anarquía. Las minas, aquellos años, se llevaban mil millones de libras en subvenciones y era un sector deficitario en casi todas las cuencas. La voluntad de transformar la economía pasaba por cerrar las que daban pérdidas -casi todas- y privatizar las demás, y eso significaba una guerra abierta. Una guerra de desgaste que perdieron poco a poco los sindicatos hasta quedar solos y debilitados y su líder, Arthur Scargill, con su prestigio por los suelos.

Llevó a cabo una oleada de privatizaciones, lo que permitió no subir demasiado los impuestos cuando fue necesario -incluso algunos los bajó- y creó sectores en los que ahora son competencia puntera, como BP, British Airways o British Telecom. La desregularización permitió a Londres convertirse en el centro financiero de Europa. Su alianza con Reagan y Juan Pablo II ayudaron, por fin, a liberar a Europa del Este del totalitarismo comunista. Hay que ser muy valiente para hundir un país en una recesión a corto plazo cuando, ese mismo corto plazo es el que manda sobre los votos. Y hay que tener muy claras las cosas cuando se decide que con terroristas no se negocia aunque mueran diez en la cárcel fruto de una huelga de hambre.

Margaret Thatcher era una admiradora de la escuela austriaca de economía y de Hayek, otro punk de su época. Por eso, Thatcher era capaz lanzar discursos como éstos, tan impropios de políticos:

Uno de los grandes debates de nuestra época es cuánto de su dinero debería gastar el Estado y cuánto debería quedarse usted para gastarlo en su familia. Si el Estado desea gastar más, sólo puede hacerlo pidiéndole más de sus ahorros o aumentando los impuestos. Y no es una buena idea pensar que otro pagará, porque ese otro, es usted.

El legado de Thatcher no está en los detalles. Está en la transformación definitiva de la industria del país y su liberalización de la economía. Sus políticas no hicieron ningún milagro. Se llevaron a cabo con mucho sudor y mucho trabajo. Gracias a ese esfuerzo colectivo, el país resulta hoy competitivo. Su legado no es lo que hizo, sino lo que llegó después, con un laborismo renovado personificado en Blair. Ella bromeaba al respecto, en parte, cuando afirmaba que ese era el mayor de sus logros. Y eso no se lo perdonaron nunca esos punks, aglutinados en los ochenta con el pop y el rock de Morrisey y Elvis Costello, todos con el mismo póster, con sus mismos dardos, y en la misma habitación con su misma pared setentera y adolescente desde donde le deseaban la muerte. Y es que Thatcher fue mucho más punk que ellos.

Tres años sin Rohmer


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Fotograma de El rayo verde (1986), dirigida por Éric Rohmer.

En el documental La direction d’acteur par Jean Renoir, Renoir imparte una clase magistral de interpretación a la actriz Gisèle Braunberger, y acaba siendo una cosa muy diferente de lo que ella esperaba, pues lo que le pide Renoir es, precisamente, que no interprete. “Lea usted como si estuviese recitando la guía de teléfonos”, le dice, y la actriz lo intenta una y otra vez, con mucha profesionalidad pero sin conseguirlo. “No interprete”, insiste Renoir, y ella lo mira desconcertada, porque eso es lo que se supone que tiene que hacer un actor, interpretar su papel. Finalmente, después de varios intentos, Gisèle Braunberger acaba cediendo, quizás por cansancio, sin importarle tener miedo o no saber qué pensar, y deja de creer que lo que le pide Renoir sea poco digno de una actriz profesional como ella, consiguiendo por fin leer el texto de manera anodina, totalmente impersonal, como si lo que tuviera enfrente fuera, efectivamente, una guía de teléfonos.

Entonces surge el milagro. Después de repetirlo varias veces, el texto se impone, comienza a fluir con toda naturalidad y el espectador, repentinamente, deja de ver a una actriz que interpreta su personaje -que incluso puede llegar a interpretarlo magníficamente- para encontrarse con el personaje mismo. Ahí está, al completo, y ha surgido además a través de ella, de la verdadera Gisèle Braunberger y no de la actriz Braunberger, dejando su impronta de manera espontánea. Creo recordar, aunque hace ya más de quince años que lo vi por la televisión, que ella se emocionó. Pero a lo mejor no, a lo mejor fui yo quien me emocioné, vaya usted a saber.

Se necesita mucho valor para apostar por lo que apostó Renoir, mucha fortaleza, tanta como para querer ser feliz. Apostar por lo más seguro es una de las cobardías más grandes que puede hacer cualquier persona, igual en la vida como en el arte. Renoir lo jugó todo al número más alto y apostó por el milagro. Esta misma fe fue la que tuvo Éric Rohmer, y no sólo en los actores sino también en la propia vida. Rohmer rodó de la misma manera que aquella mujer ‘recitó la guía de teléfonos’, es decir, sin imponerse sobre la obra, desapareciendo. Y el milagro se cumplió igualmente en sus películas. Quizás él no fuera consciente de aquello (¿qué más daba que la apuesta se ganara o no, si lo único que importaba era realizarla?), aunque seguramente sí, sí que lo era, pues se trataba de una persona demasiado honesta e inteligente como para acabar engañándose a sí mismo de una manera tan ingenua, creyendo que aquel acontecimiento era obra suya.

De esa misma fe, la fe en la vida, hablan inevitablemente muchas de sus películas, si no todas, y especialmente El rayo verde, Cuento de invierno o La marquesa de O. No llegar a verlas es como no haber escuchado a Mozart. Aunque tampoco pasa nada por ello, desde luego.

Echo de menos a Éric Rohmer, ya no hay casi nadie como él entre nosotros, nadie con una mirada tan limpia, nadie que sepa ver el mundo y las personas con tanta claridad como él lo hizo. No hay Woody Allen que lo sustituya, por muy genial que sea, ni Clint Eastwood que me lo recuerde, por mucha admiración que le tenga (y, creedme, es casi demasiada). Todos ellos son grandes, desde luego, y seguramente se merecen un lugar importante en la historia del cine. Pero a Rohmer… A Rohmer le corresponde un sitio allí donde esté la vida.